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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 19
Christian se sentía algo cansado, podía notar que los años le iban pasando factura, además la flecha en llamas que le había perforado el ala derecha no ayudaba mucho a huir que digamos. Pero no podía parar, no ahora, le daba igual lo que le podía pasar a él con tal de poner a su hija a salvo. No dejaría que Eva volviera a caer en manos de los Nuevos Dragones, sobretodo en manos de Covan, actual rey de Vanissar. Opinaba que la elección de los ciudadanos no había sido muy correcta a la hora de elegir a su rey, si es que habían podido llegar a opinar sobre ello... Kirtash miró hacia atrás y lanzó un siseo, tenía que perder a esos dragones artificiales, sería fácil volviendo a su forma humana y esconderse, pero también estaban los jinetes, que habían salido cabalgando de los terrenos del castillo en pos de él para acorralarlo en caso de que volviera a ser humano. Debía escapar y llegar a un lugar seguro. Y pronto. <<.Kirtash... ¿me oyes?>> <<¿Ziessel? ¿Cómo has llegado a Idhún si no puedes abrir un portal tú sola?>> Preguntó Christian algo confuso. Era imposible que Ziessel estuviera en Idhún y mucho menos sin la ayuda de alguien que le abriese un portal. Habían pasado más de diez años desde que dejó de ayudar a los sheks a buscar una forma de contactar con el Séptimo y solo la había visto cuando ella estaba cerca de Eva. <<.Eso ahora no importa. Ven, a Alis Lithban, allí estaréis seguros, no os encontrarán.>> <<¿Cómo sé que puedo fiarme de ti y que esto no es una treta?>> <<.Piensa un poco. Eva está inconsciente y tiene quemaduras, mientras que tú estás cansado y herido. En Alis Lithban los pilotos tienen prohibido acercar allí a sus dragones por expresa petición de feéricos y magos que estuvieron en la batalla hará 18 años. Ahora es un lugar sagrado en memoria de los unicornios.>> Se extrañó, era muy difícil que hubieran hecho eso, debía de haber algo más, pero debía decidir rápido, así que pensó con la cabeza fría. Christian pensó rápidamente en sus opciones, no tenía muchas y la más acertada sería la que le ofrecía Shizuko, pero no se fiaba de ella y si intentaba jugársela se la pagaría muy caro. Ella ni siquiera debería estar en ese mundo. <<.Bien, iré, pero como intentes jugármela, quien saldrá mal parado serás tú.>> <<.Tranquilo, no te arrepentirás, Kirtash.>> Shizuko cortó la comunicación y Christian volvió a la realidad, viró hacia la derecha, en dirección a Drackwen. Los dragones que iban tras suya quedaron rezagados a causa de la sorpresa, no estaban preparados cuando giró. Los jinetes no podrían seguir al shek, no por las montañas sin quedarse muy atrás, vieron como el shek junto a los dragones se alejaban y regresaron al castillo. Su lado shek, le decía que había algo más en ese bosque, algo que Shizuko no le había dicho, no tendría más remedio que ir para saber que era.
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— Además, ¿dónde están tus padres?— en ese momento se escuchó un batir de alas. Ariadna corrió a la terraza y se asomó. Una mujer de cabello castaño que portaba un báculo iba montada sobre el lomo de un dorado dragón que resplandecía con los rayos de los tres soles. Ariadna dejó escapar una exclamación y volvió emocionada dentro. — ¡Papá, mamá! ¡Hay un dragón de verdad hay fuera! — Jack— dijeron los dos con una sonrisa. Fueron a recibirle todos, menos Erik, a quien habían obligado quedarse en la cama ya que seguía algo convaleciente tras haber estado expuesto a los tres soles durante horas sin protección alguna en mitad del desierto. — Jack, cuanto tiempo viejo amigo— dijo Rando cuando Jack volvió a su forma humana. — Sí, mucho, ya echaba de menos este lugar. — Victoria, mira esta es nuestra pequeña Ariadna— presentó con una gran sonrisa Kimara a su hija pequeña. — Que guapa— Victoria observó a la familia, faltaba alguien—. ¿Y Dyanne? La última vez que la vimos fue poco antes de nuestra marcha. — Ella... no sabemos nada de ella desde hace cuatro años, Vic. No la volvimos a ver después de que viajara a Nandelt a ver a una amiga suya...— Kimara habló con tristeza, quería volver a ver a su hija, saber que estaba bien. Dyanne se había marchado con un escupefuego que se hizo como regalo para ella. — Seguro que estará bien, no creo que le pasase algo siendo hija de vosotros dos, ha tenido que aprender muchas cosas de vosotros, dudo que no pueda apañárselas sola. Estará ocupada viviendo aventuras, un día os volveréis a encontrar. Yo creo que será así. — ¡Oh! Victoria...— dijo conmovida por sus palabras Kimara, abrazó a Victoria con todas sus fuerzas. Victoria le correspondió el abrazo con una sonrisa. — Por cierto— intervino Jack—. ¿No os habréis encontrado con Erik por casualidad? Es por él que estamos aquí. — ¿Erik, dices? Jack y Victoria asintieron. — Está en la habitación de Dyanne, descansando, estuvo muchas horas expuesto en el desierto sin agua ni nada, totalmente desprotegido, pero ahora está bien, un poco convaleciente, pero solo necesita descansar. — Llévanos hasta él. Kimara les guió por la torre, los aprendices de mago que iban por la torre se quedaban mirándolos, algunos tenían pintado en su rostro la confusión al reconocer las caras del último dragón y último unicornio. — Es aquí. Victoria abrió la puerta y corrió a la cama para abrazar a su hijo. Jack se acercó a ellos y sonrió, mientras que Kimara se retiró. — Esta vez si que la has hecho buena, Erik. Erik sonrió y abrazó a su madre. — Mamá, tranquila, estoy bien. No me ha pasado nada grave. Los tres se quedaron hablando, le preguntaron cómo había llegado hasta Idhún y si sabía algo de su hermana. Erik los miró, extrañado, no sabía que Eva también estaba allí.
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— ¿Seguro que no nos harán nada? Al final no han venido con nosotros dos guardias. — ¿Cuántas veces tengo que decírtelo Ashier? Soy su sobrina, no nos harán nada a no ser que Anhoümerah se lo ordene. — Pero Sheyle... — Mira Ashier, deja ya de quejarte. Sigo sin entender por qué has venido tú si tenías que acompañar a Nigei. — Las cosas se complicaron cuando descubrieron el cadáver de Ha-Din. La semi feérica paró en seco y miró a Ashier sorprendida. — Espera, ¿qué Ha-Din qué? — Que Ha-Din ha muerto, lo asesinaron. ¿Nadie te lo había dicho? — N-no...— el labio le tembló. — Que raro que no te lo hayan dicho. — Sí... sigamos, estamos muy cerca. Sheyle y Ashier continuaron, no volvieron a pronunciar ni una sola palabra, continuaron atravesando Trask-Ban. Sheyle sonrió al ver que estaban en la entrada a los dominios de su tía Anhoümerah. Por lo que le habían dicho, debía de entregar un pergamino que había escrito el Padre Venerable. — Ya estamos. — Bien, pero ¿cómo vamos a entrar? — Entrando. — Entonces, tenemos que saltar los árboles, ¿no? — Que tonterías dic...— se quedó muda al ver que no había modo de pasar—. Que raro. Sheyle se acercó y tocó el muro de árboles. — ¿¡Qué quieres!? ¿Por qué osas interrumpir mi siesta?— gritó una voz áspera y ruda. — ¿Quién ha dicho eso? — Pues yo, ¿acaso estás ciega? Sheyle miró a todos lados hasta que se fijó en un trasgo entre el hueco que dejaban dos árboles. — Quiero pasar. — Nadie puede pasar sin el consentimiento de Anhoümerah. — Venga ya. Soy Sheyle, su sobrina, ella me deja pasar. — Olvídate féerica-humana, aquí no puede pasar nadie. — Pero... tengo que entregarle este pergamino. — Se lo entregaré yo, tú y tu amiguito no pasaréis. Sheyle sacó el pergamino enrollado y sellado, insegura de si hacer caso a ese trasgo. No pudo pensar mucho, el trasgo alargó la mano y le arrebató el rollo. Sheyle protestó, pero el trasgo desapareció y los árboles volvieron a su sitio volviendo a crear un muro sin ningún recoveco. — Marcharos de estos dominios... no podéis estar aquí... los humanos no son bienvenidos... ni aunque sean medio féericos... — Sheyle— Ashier le cogió del brazo—. Creo que será mejor que nos vayamos de aquí, no podemos hacer nada. — Pero ¿y el pergamino? — Olvídate de él. Vayámonos de aquí antes de que nos hagan algo. Sheyle suspiró. — Será lo mejor. Los dos se marcharon de allí, no tenían ganas de enfrentarse contra ellos, los superaban en número y ellos dos solo eran un aprendiz de mago mestizo y una mestiza. Salieron de Trask-Ban lo más rápido que el terreno y sus piernas les permitían, se sentían algo intimidados, los trasgos les habían vigilado a cada paso que daban. Sheyle le pidió a Ashier que los llevara a Celestia, eso hizo, con ayuda de la magia fueron hasta Celestia, a la ciudad de Kelesban, donde el chico vivía.
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— Hay que ir a Alis Lithban... — Con que Alis Lithban, ¿eh? Qaydar asintió. — ¿Por qué esperar entonces? Lucas volvió a transportarse llevándose consigo al Archimago, la puerta de la gruta se cerró sola al no haber nadie dentro, volviendo a ser una barrera invisible. Qaydar caminaba por el bosque mal humorado, ese dísiro... no le caía precisamente bien. Ese poder que tenía él y su "clan de pacotilla" según Qaydar era en contra natura. Ya estaban cerca, muy cerca, quedaba poco para llegar a la entrada de la Crypta. Continuaron atravesando el bosque, en silencio, Lucas iba detrás de Qaydar, se preguntaba si Alis Lithban solo era la entrada, por así decirlo, aquel bosque no parecía que hubiera sido alterado por nada, solo sus criaturas y su flora. Desde su posición se podía ver un poco la destruida torre de Drackwen, la única construcción humana que había alterado el paisaje de árboles. — Es aquí. Lucas observó a su alrededor, allí no había nada, como cabía de esperar, pero podía sentir un flujo de energía pura delante de ellos. — Dime el modo de abrirla. — Preferiría abrirla yo... — No, solo dime cómo, no precisaré más de tu compañía. Después de decírmelo podrás volver a tu patética torre de hechicería. Qaydar gruñó por lo bajo, ¿quién se creía que era ese dísiro? Estaba harto de ese chico, no quería decirle como había que abrir el paso a la Crypta. El silencio inundó el lugar, Lucas esperó pacientemente a que el Archimago hablara, pero parecía que no iba a decir ni una sola palabra más. — Como veo que no vas a decirme nada. La abriré yo, así que ya te puedes ir, no te quiero ver en mi presencia.— Lucas alzó una mano y con un movimiento hizo que el anciano Archimago regresase a Kazlunn. Sintió dos esencias por encima suya, alzó la vista hacia arriba, un shek y una chica desmayada apoyada entre las alas pasaron por encima de Lucas. — Cómo...— dijo extrañado, la chica desmayada era Eva, estaba en Idhún. ¿Cómo había llegado ella hasta allí? Tendría que estar en Madrid... Corrió hacia la dirección a la que iba el shek.
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— ¿Estás segura de que vendrá? Shizuko.— Preguntó Rhiz después de que Shizuko terminase la conversación con Kirtash. — Pues claro, no tiene otra alternativa, solo esperemos que no descubra mis intenciones antes de tener la oportunidad que necesitamos. Recuerda tu papel ahora, no quiero que haya ningún contratiempo. — De acuerdo. Un shek voló por encima de ellos, Christian se convirtió en humano nada más tocar el suelo, entre sus brazos llevaba a Eva, que seguía inconsciente. — Dime Shizuko, ¿cómo es que estás en Idhún? — Rhiz me ayudó a volver. Christian miró al mago, Rhiz, su rostro le era familiar, enseguida cayó en la cuenta de quien era, Rhiz había sido un fiel sirviente se padre ahora muerto. — No puedo quedarme aquí distraído, he de curar las quemaduras de mi hija, al parecer, la Roca Maldita ha estado en contacto con sus manos.— Miró las palmas de la mano de Eva, tenían un tono ennegrecido a causa de los restos de piedra que habían quedado en ellas cuando tocó los barrotes. Christian tumbó a Eva con delicadeza y en un rápido movimiento se colocó frente un chico, apoyando el filo de Haiass en el cuello de este. — ¿Quién es ese?— preguntó Shizuko. — Un maldito crío al que no me gusta ver con mi hija. — Esto... Shizuko... ¿él no es el hermano de las ìdhisäne?— preguntó Rhiz. — Creo que sí, eso o se le parece mucho. — Soy el hermano de las ìdhisäne. Y si no te importa, ¿podrías bajar tu fría espada? No es muy cómodo que a uno le pongan una espada en el cuello. Con expresión impenetrable y ojos de odio, metió a Haiass en su cinto. — Así que un dìsiro, ¿eh? Creía que erais un mito. — Eso es lo que hicimos creer a los que han llegado a saber de nuestra existencia. Lucas miró a Eva, preocupado.— ¿Qué le ha pasado? — Eso a ti no te importa. Christian le dio la espalda y comenzó a curar a Eva, cuando terminó Eva ya no presentaba las heridas de antes, sus quemaduras apenas se notaban, todavía le quemarían, pero no de la misma forma, sino que de forma suave. — ¿Cómo ha llegado hasta Idhún? Christian se dio la vuelta y se acercó hasta Lucas. Mientras los dos hablaban, su tono de voz no era nada amistosa. Shizuko vio que tenía una oportunidad y cogió de la mano a Rhiz, quien entendió que le tocaba hacer su parte del plan, Shizuko se acercó el escaso metro que la separaba de Eva y la cogió del brazo. Lucas y Christian miraron sobresaltados al oír los pasos de Shizuko, esta sonrió maliciosamente y miró a Eva. — Hasta que nos volvamos a ver, Kirtash. Christian intentó llegar rápido hasta ellas dos, pero Shizuko, Rhiz y Eva desaparecieron. — Maldita alimaña.
Siento no haber podido actualizar antes, pero lo de siempre me tiene muy ocupada u_u Le dedico este capítulo a:Para100pre, Alix12, valizisi, frikidhun_treslunas y marparra por comentar en el anterior.Please, dejad comentarios, quiero saber vuestras opiniones ^^ Besos Annie