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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 20
Capítulo XIX. Dolor Eva abrió los ojos lentamente, sentía un ligero quemazón en las piernas. Lo primero que vio fue un cielo estrellado, se le iba la vista y le zumbaban los oídos, pero oía voces muy lejanas que se apagaban en la distancia. Se preguntó donde se encontraba, nunca había visto esas estrellas en el firmamento o eso le pareció, lo que sí había visto eran las tres lunas. Se sentó en la hamaca en la que se mecía, la suave brisa movía su cabello con delicadeza. — ¿Qué ha pasado?— preguntó en un susurro. — Te desmayastes tras acabar mal herida por culpa de esos humanos— dijo una voz tras ella. Eva se dio la vuelta, extrañada al oír esa voz. — ¿Shizuko? — Me alegro de volver a verte, Lune. Tenemos mucho que hacer. Eva la miró confundida por sus palabras. ¿Qué tenían que hacer? ¿Cómo había llegado allí? — Sígueme. Shizuko se fue sin esperar a que se levantase y Eva tuvo que correr para alcanzarla. Caminó a su lado, algo inquieta, podía meterse dentro de la mente de Shizuko, pero no quería meterse sin su permiso. Recorrieron un gran trecho hasta llegar a un bosque. — ¿Dónde estamos? — En una de las islas de Riv-Arneth, aquí comenzarás tu entrenamiento. Los dísiros nos han dejado instalarnos aquí como refugio, pero solo para entrenarte. — ¿Los dísiros? — Sí, además podrás ver a tu novio Lucas. Pero me temo que él no sabe aun que estás aquí, ni lo planes de sus hermanas...— dijo lo último en un susurro. — Lucas. Sus ojos adquirieron un brillo especial al saber que podría ver a Lucas de nuevo. Shizuko le hizo una seña para que entrase en el bosque. — Puede que esto te parezca extraño, pero eres una pieza clave para que este planeta no vuelva a sucumbir en las sombras. — No-no... entiendo. — Es muy sencillo. Tus padres, son la Tríada... — Pero Jack no es mi padre— le interrumpió. — Déjame continuar. Como decía, tus padres son la Tríada: tu madre, es un unicornio, sabes que los unicornios son seres puros, tú tienes el poder de todos los unicornios dentro de ti, al igual que tu hermano, pero hay que añadir a ese poder la oscuridad que una vez tiñó el corazón de Victoria. Tu padre, es un shek, tienes el poder de un shek, aunque eso es de lo más obvio. Eva no dijo nada. — Tienes un vínculo con tu hermano Kareth, ese vínculo os une de forma especial, el vínculo hace que uno sienta lo que el otro siente, haciendo que las heridas de uno se reflejen en el otro, lo que aun no estoy del todo segura es si al morir uno moriría el otro. Eva no estaba muy segura que decir, sabía lo de ese extraño vínculo que la unía con su hermano, pero... — Tu poder es grande, crece más y más junto al poder de los dísiros que hay ahora en ti. Te enseñaremos a utilizarlo y a controlarlo, no sería nada bueno que te descontrolaras, podrías causar el fin para Idhún. Los seres de Idhún te necesitan para la lucha final, pero ellos creen que tú eres su enemiga. — ¿Lucha final? — Sí, te lo explicaré todo cuando llegue el momento, ahora debes descansar. Shizuko giró hacia la derecha, ahí había una casa hecha de una madera muy resistente, la más resistente de Idhún. Le habían dado magia para que fuera más segura, pero las islas Riv-Arneth ya eran bastantes seguras con los dísiros. — Dormirás aquí, ahora debes descansar. Todavía no estás del todo recuperada. Eva asintió y entró dentro de la casa, Shizuko sonrió y se fue. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
Un dragón dorado sobrevolaba las ciudades de Celestia, aquellos que lo veían pensaban que era uno artificial, pero no era así, ese dragón era real, era Yandrak. — Shail vive en esa casa— dijo Victoria señalando a una de las cúpulas de la ciudad. — ¿Shail? ¿El hombre que vino la otra vez?— preguntó Erik. Victoria asintió. — Vamos a hacerle una visita. Yandrak descendió y aterrizó en una plaza de la ciudad de Kelesban, cerca de la casa del mago. Erik y Victoria bajaron de él y Jack volvió a su forma humana. Todos los que se encontraban en la pllaza exclamaron sorprendidos al tener al último dragón delante suya. Los murmullos que creó su llegada se interrumpían cuando Jack pasaba al lado suyo, intimidados por la presencia del dragón. Llegaron a la casa de Shail, llamaron a la puerta, pero nadie salió a abrir. — ¿Shail? ¿Zaisei? ¿Hay alguien? Oyeron pasos apresurados y murmullos en el interior, un chico de 16 años abrió la puerta. Se parecía mucho al mago y a la celeste que vivían en aquella casa. Era alto y delgado, tenía el pelo negro, su piel era azul y sus ojos violáceos. — Hola, ¿qué queréis?— preguntó algo nervioso. — Venimos a ver a Shail, somos amigos de él y de Zaisei. — Ah... no está aquí, está en Kazlunn, pero no creo que tarde en volver. — ¿Quién es, Ashier?— preguntó una mujer celeste apareciendo tras él. — Dicen que son amigos vuestros. — ¿Victoria? ¿Jack? Cuanto tiempo— dijo sonriendo la celeste— ¿Este es Erik? — Sí. — Cuanto has crecido, la última vez que te vi tenías dos años. Entraron dentro de la casa, fueron al salón todos menos Ashier, que subió al piso de arriba a toda prisa. Sheyle estaba ahí escondida, le había llegado un mensaje anónimo de que las ìdhisäne querían algo de ella, pero ella no tenía ni idea de quienes eran las ìdhisäne, lo que sí sabía era que ellas eran las responsables de que el Padre Venerable hubiese muerto. — Sheyle, ¿estás aquí? — Sí, no me he movido de este lugar. Ashier la encontró sentada en la cama de su habitación, se sentó a su lado y se quedaron en silencio, un silencio que no duró mucho. — Será mejor que me vaya, no quiero meterte a ti ni a tu familia en problemas que ni siquiera yo entiendo, creo que lo mejor será que regrese al bosque de Awa. — ¿Quieres que te lleve? Así tardarás menos. — No hace falta, puedo arreglármelas sola. — Dile eso a Rue, que seguro que quiere dejarte su haai digas lo que digas. Sheyle se rió y salió de la habitación, bajó las escaleras tranquilamente y se detuvo al pie de las escaleras, en la sala estaba Zaisei y tres personas más, se fijó en la mujer y en el chico más joven, podía sentir en ellos un aura diferente, pura y grácil, pero podía sentir en el chico un aura oscura que estaba oculta. Algo que la intrigó muchísimo. — ¿Y eso que estáis aquí? Creía que no podríais volver tras lo que pasó con Eva. — Nosotros tampoco creíamos que volveríamos a Idhún, pero... a Erik y Eva llegaron aquí y tuvimos que venir a por ellos, a Erik le secuestraron, pero de Eva no sabemos, Christian fue a por ella a Alis Lithban, por lo menos nos dijo donde se encontraba, espero que estén bien— dijo preocupada Victoria mirando a Shiskatchegg. — Seguro que están bien, Vic— dijo Jack, puso su mano sobre el hombro de ella. Una puerta se cerró a su derecha, Sheyle se dio la vuelta y vio a una niña de 12 años mirándola con unos ojos oscuros brillantes. — ¡Sheyle!— exclamó la niña corriendo a su encuentro con los brazos extendidos. La semifeerica le dio un abrazo con una sonrisa y le revolvió el negro pelo. — Hola, Rue. — ¿Rue? Ven, que quiero presentarte a unas personas— dijo Zaisei desde la sala. Rue cogió de la mano a Sheyle y la llevó a sala en la que estaban los demás hablando. Esperaba no entretenerse mucho más ahí. — Victoria, Jack, Erik, os presento a mi hija Rue— presentó Zaisei a su hija, Rue tenía el perlo negro y unos ojos oscuros como su padre, el tono de su piel era normal y sus facciones eran el vivo retrato de la celeste. Rue tenía los poderes que tenía cualquier celeste, podía ver los sentimientos de cualquier persona, veía los lazos que unían a las personas, el poder de levitar. — Ella es Sheyle, su padre es amigo de Shail. — Encantada— dijo con una sonrisa, luego miró con cara de pena a Rue— Rue... lo siento, pero me tengo que ir, he de volver a Awa. La niña hizo pucheros provocando las risas de los demás. — Te dejo mi haai. Mamá, ¿le puedo dejar mi haai para que vuelva a Awa? — Claro, es tu haai. — Rue, no hace falta, prefiero volver caminando. — ¿Por qué te tienes que ir ya? ¿No te puedes quedar un rato más? — Mi padre me espera allí para ir a... a... en realidad no sé adonde vamos. Lo siento, tengo prisa, no quiero hacerle esperar más de lo debido. Hasta pronto— se despidió de ellos. Sheyle abrió la puerta de la casa y ahogo un grito, delante suya había un hombre encapuchado, muy robusto. — ¿Eres Sheyle? — Ah... sí, ¿por qué? El hombre la cogió de la cintura, la apoyó en su hombro y empezó a caminar como si nada, Sheyle se resistió, le dio con los puños en la espalda y patadas en el torso, pero parecía que el hombre no sentía los golpes que le daba. — ¡Suéltame! ¡Ayuda!— gritó con todas sus fuerzas. Ashier vio la escena desde la ventana, la abrió y saltó. En unas cuantas zancadas había alcanzado al hombre. — ¡Hey! ¡Suéltala! — Largo mocoso, a ti esto no te concierne— le empujó haciendo que cayera al suelo. Ashier se levantó del suelo y se puso delante del encapuchado. — Claro que sí, es mi amiga y no dejaré que te la lleves así como así. El hombre puso los ojos en blanco, dichoso crío, ¿creía que solo podía contra él? Iba muy listo, entonces. Lo esquivó y siguió caminando, oyó al chico decir unas palabras en idhunaico arcano. Un rayo salió directo al extraño, este volvió a poner los ojos en blanco y con un simple movimiento de mano hizo que el rayo se parada y se materializase en su mano en forma de esfera. — ¿Qué pasa aquí?— preguntó Jack, habían salido todos fuera después de oír a Sheyle gritar. — Nada, Yandrak. No metas las narices donde no debes. Aunque veo que Lunnaris y Kareth están contigo, ¿dónde están las serpientes? ¿Escondidas por qué tienen miedo de que los idhunitas vayan a por ellos? — Sí, sobretodo están escondidos...— en realidad no sabía donde estaban, pero eso era lo de menos ahora— Suelta a la chica, ¿por qué tienes interés en ella? — ¿Sabes? Podría desaparecerme de aquí, pero entonces estaría huyendo cobardemente de vosotros, algo que no esta muy bien visto de donde yo vengo. No había respondido a su pregunta, ¿a qué venía lo que había dicho aquel extraño? Jack sacó a Domivat y Victoria sacó el báculo de Ayshel. Le apuntaron amenazadores. "¡Alden! Te estás retrasando."— dijo mentalmente una voz al extraño. "Me están entreteniendo"— contestó. "Deja a la semifeerica, ya iremos a por ella en otro momento, ellas requieren de tu presencia inmediatamente" — Me temo que tengo que irme, me están llamando, pero eso no significa que no vaya a volver. Alden dejó a la semifeerica en el suelo y desapareció tras dar la vuelta y atravesar un agujero negro rodeado de un humo también negro del que salían pequeños rayos que daba vueltas a su alrededor que apareció segundos antes. Todos se quedaron extrañados ante el comportamiento del extraño. Llevaron a Sheyle de nuevo dentro de la casa y se quedaron allí. Erik se sentó en una silla y miró con curiosidad a Sheyle, Ashier no pudo evitar fijarse en la forma que miraba Erik a su amiga. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
Pasaron los días y Eva era entrenada por los sheks para controlar sus poderes de shek, su estilo de lucha había cambiado considerablemente gracias a Shizuko y Rhiz, este último seguía sin tener simpatía con Eva y era muy duro con ella, pero Shizuko hacía lo posible para que Eva no le clavase la espada al mago. Eva aun no había visto a Lucas en todo el tiempo que había estado en Idhún, los demás apenas le daban información sobre esa "lucha final", solo sabía que ella era esencial, nada más. Su forma de pensar empezó a cambiar, el tiempo que pasaba junto a los sheks hacía que se volviera más como ellos y en su mirada se podía ver la mirada que tuvo su padre cuando era un asesino, lo único diferente en esa mirada era la luz del unicornio que se mantenía viva en su interior. Los sheks no podían evitar fijarse en sus ojos. Ahora se encontraba en la casa que tenía en aquel bosque, parecía que estaba ella sola en aquel bosque, sin contar a las criaturas que ya vivían en él, a veces le costaba encontrar a los sheks que solían estar por la isla. Estaba comiendo y se aburría, echaba de menos a su familia, quería saber que había sido de ellos, que había pasado con su padre que había ido a buscarla para salvarla de Covan, esperaba que Christian se encontrara bien... Terminó de comer y salió de la casa, las criaturas que vivían en ese bosque sabían que ella podía ser un peligro, pero a la vez sabían que dentro de ella había la pureza que solo poseía un unicornio y eso evitaba que no huyeran de su presencia. Caminó hasta un árbol que tenía largas hojas, era igual que un sauce, salvo que tenía las hojas de un tono azulado, se sentó y apoyó la espalda a una de las raíces, cogió una piedrecita blanca y jugueteó con ella con los dedos mientras pensaba en eso del vínculo. El primer día de clase en la Academia ese verano, ahí es cuando por primera vez pasó, Erik se había cortado y luego en casa ella se había quemado la mano, luego cuando practicaron por primera vez, ese mismo día, su primera muestra de sus poderes, el halo... Una noche, estando con Shizuko tuvo su primera transformación y las heridas que le produjo, a Erik le aparecieron así sin más... Se le cayó la piedra al darse cuenta de una cosa, todo había empezado tras haber conocido la verdad, porque antes no había tenido muestras de poderes, solo tras hablar con Shizuko. Tal vez ella tuviese algo que ver, a lo mejor ahora estaría en la Tierra siguiendo su vida si Shizuko no le hubiese contado todo eso. Luego el amor que sentía hacia Lucas... le daba la sensación de que todo había pasado muy rápido, como si ya estuviese previsto. Retiró esos pensamientos de su mente, ella amaba a Lucas a pesar de no conocerle del todo. En lo más profundo de su corazón, quería salir de esa isla, salir de Idhún. — Por fin te encuentro— dijo una voz tras ella. — ¿Qué pasa, Shizuko?— preguntó molesta. — Venía a buscarte porque hay dos personas que quieren conocerte en persona. — ¿Son ellas las ìdhisäne? — Sí. — No quiero ir— dijo mirando la piedra blanca. — Tienes que venir, quieras o no. No puedes hacer lo que te plazca en este momento, recuerda que te quieren muerta y que si quieres sobrevivir las ìdhisäne serán las únicas que podrán salvarte. — Eso me da igual, si se supone que tengo tanto poder, digo yo que podré sobrevivir yo sola, conozco mejor la Tierra que todos los que me quieren muerta, puedo volver allí y seguir viviendo una vida normal. Shizuko suspiró, a Eva se le había pegado la cabezonería del dragón y parecía que eso ya no se lo quitaba nadie. — Eva... si vienes conmigo podrás salir de la isla e ir a donde te plazca, yo misma haré que habrán una brecha en la barrera que rodea la isla para que puedas pasar cuando se te plazca. La joven lo reconsideró unos segundos y después asintió. Shizuko sonrió y al lado de ella apareció un hombre encapuchado que abrió un agujero negro al que le rodeaba un humo negro con pequeños destellos de rayos. Shizuko cruzó y Eva, tras dudar un poco, la siguió. El agujero se cerró nada más pasase ella. — Así que ella es Lune. Eva se sobresaltó al oír detrás de ella una voz armoniosa y dulce, pero que a la vez era peligrosa. Se dio la vuelta lentamente, quedando frente a una mujer alta y esbelta, de facciones suaves y labios rosados, su pelo rubio le llegaba por la cintura y sus ojos eran de un tono verde grisáceo, llevaba una rosa dorada que adornaba su pelo, su ropa era de seda y de tonos de azul y rosa pastel. Eva nunca había visto a una persona tan bella. — Vaya, vaya, nadie me avisa de que ha llegado. Daliah, creí que cuando viniera tuviera un aspecto más peligroso a la de la última vez que la vi. Eva volvió a sobresaltarse y se giró de nuevo. Otra mujer, igual de bella que Daliah, acababa de entrar. Su voz era peligrosa y estremecedora. Era igual a Daliah, salvo que su pelo era negro como la noche e iba ataviada con ropa oscura. Eva se sentía pequeña y frágil comparada con ellas dos, miró a todos lados, pero no vio a Shizuko por ninguna parte. — Ella se ha ido, tiene algo que hacer— dijo Adrianneh acercándose a Eva, Daliah hizo lo mismo, haciendo que Eva quedase entre las dos. — Esto te va a doler un poco, pero es necesario para saber cuanto eres capaz de resistir— Eva las miró con cara de no entender. Las dos pusieron a la vez su mano sobre los hombros de Eva y esta recibió descargas de energía que desintegrarían a cualquier humano, intentó aguantarlas, pero cada vez eran más fuertes, se mordió el labio inferior con fuerza para no gritar, pero se lo mordía tan fuerte que le salió sangre. Sus ojos se anegaron en lágrimas, quería huir de ese dolor. Pasó un minuto y las piernas de Eva fallaron, cayó de rodillas al suelo y cerró los puños, dejó de morderse el labio y apretó con fuerza los dientes, el dolor era demasiado para ella, no sabía cuanto más podría resistir. Daliah y Adrianneh no se habían movido ni un ápice, ahora que Eva estaba en el suelo ya no la tocaban con sus manos, sino que de estas salía descargas de energía hacia la joven que no podía más. Las ídhisäne se miraron entre ellas y asintieron con la cabeza levemente para luego mirar a Eva. Sonrieron maliciosamente y esta vez el dolor se hizo más intenso, Eva no pudo contenerse y comenzó a chillar, sus chillidos se oían por toda la fortaleza, desgraciadamente nadie iría a salvarla de aquel sufrimiento. Lejos de allí, en una casa de Celestia,un chico se había caído de donde estaba sentado y se retorcía de dolor. <.Eva...> Pensó el chico antes de desmayarse. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
— ¡Shizuko! — Kirtash, me alegra verte de nuevo. — ¿Dónde está mi hija?— dijo este poniendo a Haiass en su cuello. — No te diré nada a no ser que quites tu espada de mi cuello. Kirtash retiró la espada y Shizuko sonrió pícara. El shek la miró con cara de pocos amigos, aun con espada en mano por si acaso. — Dime dónde está Eva. — Tranquilo, esta bien— dijo Shizuko y añadió en un susurro—. Si es que ellas no le han hecho eso... Christian le oyó y la observó inquisitivo. — ¿Quiénes son ellas? ¿Y qué es "eso"? Shizuko no supo si responder o no. — E-eso... no te lo puedo decir. Christian se metió dentro de la mente de Shizuko y rebuscó en sus recuerdos. Vio todo, los entrenamientos de Eva, los intentos de Eva de matar a Rhiz, todo. Después, encontró un recuerdo en el que Shizuko hablaba con las ìdhisäne, era confuso y lo veía borroso, pero pudo distinguir una frase: "Veremos cuanto es capaz de resistir Lune ante el mínimo poder que tiene un dios" Christian salió de la mente de Shizuko, la agarró del cuello y la levantó unos centímetros por encima del suelo. — Agradece que te deje con vida— dijo con voz fría e impasible. Luego se marchó, no muy contento. Gracias a los que comentan, leen y tienen el fic en favoritos.Please, dejad comentarios, quiero saber vuestra opinión y si tengo fallos. ^^