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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 21
No sabía cuanto más podría resistir aquello sin desmayarse, jamás había experimentado hasta tal punto el dolor, prefería tener que estar sufriendo a causa de la Roca Maldita. Le dolía la garganta tras cada grito que daba, esos gritos estremecerían a cualquiera, pero no a un dísiro o ìdhisäne. Eva clavó sus uñas en el suelo, las lágrimas le caían por las mejillas hasta llegar al suelo y nada más tocarlo se convertían en cristal. Quería que esto acabase ya, se arrepentía de haber dicho que sí a Shizuko. Daliah y Adrianneh intensificaron la energía que emanaba de sus manos, haciendo que una luz cegadora cubriese a Eva. Segundos después, Eva ya no pudo resistir más ante el dolor y acabó inconsciente. Daliah y Adrianneh sonrieron, la joven había aguantado más de lo que esperaban, retiraron su manos y llamaron a Alden. Nada más aparecer por la puerta Daliah le habló: — Llévala a la habitación que han preparado para ella y déjala en la cama. Después quiero que vuelvas, tenemos que hablar contigo seriamente. Alden cogió a Eva y se la llevó a la habitación correspondiente, luego volvió a la sala en la que se encontraban las ìdhisäne. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
Aquel chico se había desmayado y ella estaba sola, lo había llevado a la cama con esfuerzo ya que el joven pesaba bastante para ella.. Miró al rubio, al ser semi feerica podía ver la luz en sus ojos, pero no era una luz como la de Victoria, en la de Erik había un toque de oscuridad. Se sentó en una silla, no podía avisar ni a Jack ni a Victoria, se habían ido a Kazlunn junto a la familia de Ashier. No tenía modo de avisarles, esperaba que Erik despertase pronto. Tocó la frente del chico, estaba ardiendo. Fue a buscar un paño húmedo que luego le puso a Erik en la frente. Sheyle se quedó largo rato mirando a Erik, le parecía una persona maravillosa a pesar de no haber hablado mucho durante esos días. La semi feerica suspiró, cansada, no sabía que más hacer. Miró la ropa que llevaba puesta, aun manchada de comida, se le había caído cuando vio a Erik tendido en el suelo. Decidió que lo mejor sería ir a cambiarse de ropa, cerró la puerta de la habitación nada más salir y se dirigió a la de Run, donde dormía ella cuando se quedaba en aquella casa. Poco después, Erik abrió los ojos lentamente, tenía la sensación de estar envuelto en llamas. — Ah... Se levantó como pudo y salió de la habitación tambaleándose un poco. — ¿Hay alguien? Nadie le contestó. — ¿Sheyle? Llamó a la puerta de la habitación, pero como nadie contestaba la abrió, encontrándosela en ropa interior. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
— ¿Dónde has estado todos estos días, Lucas? — En mi habitación, encerrado porque tú no me has dejado salir— respondió este cabreado. — Mientes, saliste de la frontera y te marchaste los dioses saben donde. A mí no me puedes mentir Lucas, ya sabes las consecuencias que acarrea eso. Con una seña, el padre de Lucas indicó a Alden lo que tenía que hacer. Lucas, que no se esperaba aquello, recibió unas descargas eléctricas por todo su cuerpo, cayó al suelo de rodillas cerrando las manos en puños. El joven jadeaba, se sentía como si hubiera estado corriendo durante horas sin parar ni un segundo. — Dime, ¿dónde has estado? — En Kazlunn... te-tenía que resolver unas cuentas pendientes— dijo con esfuerzo. — Ya puedes retirarte, hijo. Lucas salió de allí tambaleándose, las puertas se cerraron al instante y Lucas se apoyó en la pared, aun jadeando, vio llegar por la derecha a dos dísiras que servían a las ìdhisäne. Le llamó la atención el tema del que hablaban. — Como te decía, esa chica no parece gran cosa, pero dicen que es poderosa. — Ailyn, claro que no parece gran cosa, solo tiene dieciséis años y ha sido criada en la Tierra, normal que no se parezca a la criatura que esperábamos. — ¿Dónde está la criatura?— preguntó Lucas cuando estuvieron a unos pasos de él. — En una habitación de la zona oeste, por lo menos es ahí donde la ha llevado Alden— dijo Ailyn, una mujer rubia de la misma edad de Lucas. Siempre que se encontraba con él le miraba seductoramente y coqueteaba con él, aunque a Lucas nunca le había interesado, para él ella era una sirvienta de sus hermanas. — Lucas, parece que has vuelto a desobedecer a tu padre, sigue siendo así de malo— dijo pícara. — Ya...— fue lo único que dijo el chico. Ailyn y la otra dísira siguieron su camino, pero Ailyn se dio la vuelta y añadió: — Por cierto, Lucas. Estaré en mi habitación por si quieres algo... de mí...— le guiñó y con un movimiento sensual se dio de nuevo la vuelta y siguió su camino. Lucas se quedó mirándola hasta que desapareció por el corredor, negó varias veces con la cabeza y siguió su camino. Ailyn parecía no entender que Lucas no quería nada con ella. Llegó a la zona oeste y buscó una puerta blanca con tallados, al encontrarla la abrió y allí vio a Eva, que estaba sobre la cama, dormida. — Eva— susurró cerrando la puerta detrás suya. Se acercó a la cama y acarició el rostro de la joven, se sentó y con cuidado puso la cabeza de Eva sobre su regazo.— ¿Qué te han hecho mis hermanas?— musitó. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
— ¿No sabéis nada de ellos? — No... ni siquiera sabemos si Christian está con Eva, lo único que puedo saber es si Christian está bien, nada más. — Venga, Vic. Seguro que estarán bien. Eva estará con Christian. — Pero ¿y si no lo está? ¿Y si a Eva le ha pasado algo malo? Jack, no sabemos nada desde hace días, desde que llegamos a Idhún. — No te sulfures, tranquilízate y veamos que es lo que nos quiere contar Shail. — Está bien, Shail, puedes empezar. — Bien, nos han llegado noticias de que Eva fue apresada por los caballeros de Nurgon y fue sentenciada a muerte— Victoria puso cara de terror—. Espera, déjame continuar. El momento en que iba a ser sentenciada, apareció Kirtash y la salvó, desde entonces todo Nandelt les ha puesto caza. Eso sucedió poco después de que llegarais, de momento nadie les ha visto, lo más posible es que estén a salvo en alguna parte de Idhún. Victoria pareció tranquilizarse un tanto. — ¡Yandrak! ¡Necesitamos a Yandrak!— exclamó un mago abriendo la puerta de golpe. — ¿Qué pasa?— preguntó Jack. — H-hay un shek, está viniendo hacia nosotros. Te necesitamos, los Nuevos Dragones están muy lejos como para llegar a tiempo. Victoria y Jack se extrañaron, ya no había ningún shek en Idhún, quedaban unos pocos en Umadhún y los demás se encontraban en la Tierra o en el mundo creado por el Séptimo. Victoria se asomó por la ventana y vio como se acercaba un shek, sonrió, podía reconocer a Christian en forma de shek aunque estuviera entre cientos de ellos. — No hace falta, no nos hará nada— dijo sonriendo. El mago se quedó confundido, pero los demás entendieron. El shek aterrizó frente de la entrada de la torre y se convirtió en humano, Victoria bajó corriendo los pisos que la separaban de él. Cuando llegó hasta Christian lo besó apasionadamente... Después de decir que era una falsa alarma y de ir sin que nadie viera Christian hasta la sala en la que se encontraban los demás, siguieron hablando. — ¿Por qué Eva no está contigo?— interrogó Jack. — Estaba conmigo, pero hubo un contratiempo. — ¿Cuál?— preguntó Victoria con el corazón encogido. — Shizuko se la llevó, pero... — Veo que estás perdiendo facultades, serpiente. Los años te están pasando factura. — Por lo menos yo pienso en lo que hago y no actúo por actuar. Jack se quedó sin palabras. — Parad los dos,— dijo Victoria— ¿dónde se la llevó? — A Riv-Arneth. Shail abrió mucho los ojos al oír el nombre. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
— ¡Erik! ¿No sabes llamar antes de entrar?— le cuestionó Sheyle furiosa después de taparse. — Yo... lo siento, lo mejor será que salga y deje que... te cambies— dijo Erik rojo. — Sí, será lo mejor— Sheyle también estaba ruborizada. Erik salió y bajó al piso de abajo, el estómago le rugió y fue a comer algo. Sheyle terminó de cambiarse y fue a la estancia, Erik estaba comiendo allí. Erik se la quedó mirando, la joven llevaba un vestido que era casi blanco con una cinta debajo de sus pechos del mismo color que su pelo, azul. — Lo que ha pasado arriba... jamás ha pasado, ¿de acuerdo?— habló Sheyle. Erik asintió y siguió comiendo. Sheyle suspiró y fue a coger algo para ella, si es que Erik no se había cogido todo. Comieron en silencio, el ambiente era incómodo para los dos. Erik no podía dejar de mirar de reojo a Sheyle mientras ella miraba a la ventana. Alguien llamó a la puerta con mucha fuerza, los dos se levantaron a la vez, Sheyle fue más rápida y abrió la puerta, lo que no se esperaba era ver al encapuchado de nuevo. — ¿Pensabas que me iba a olvidar de ti? Sheyle cerró la puerta de golpe y corrió hacia Erik. — ¿Qué pasa? ¿Quién era? — El hombre de la otra vez, está aquí— dijo asustada. El ruido de la puerta al caer sobresaltó a los dos jóvenes que miraron con los ojos muy abiertos al ver al extraño acercarse a ellos con tranquilidad. — Escapa mientras yo le distrago— murmuró Erik. Sheyle asintió apenas moviendo la cabeza. — Ven, Sheyle... no quiero hacerte daño— dijo Alden con malicia en su voz y un brillo acerado en los ojos. — ¡Ahora!— gritó Erik abalanzándose contra el hombre. Los dos cayeron al suelo y la joven aprovechó para huir de la casa. — Maldito crío— masculló Alden quitándoselo de encima de una patada que hizo que Erik saliera despedido medio metro de él. Se retorció del dolor en el suelo unos segundos, pero después se levantó y haciendo aparecer fuego de sus manos fue directo hacia Alden, que ya se iba por la puerta. Al percatarse de ello, Alden se dio la vuelta y mandó un buen chorro de agua directo a Erik, apagando el fuego de sus manos y empapándolo. — No soy yo el que debería cogerte a ti, pero viendo que mi compañero ya no puede ni respirar, me ocuparé yo por él— comentó Alden. Erik lo miró extrañado por las palabras de este. Alden se acercó a él y Erik al prever lo que iba a hacer cuando estuvo a unos centímetros de tocarle, levantó el brazo rápidamente y puso su mano sobre el rostro de este, haciendo que apareciera una llama de esta. Gritó de dolor y apartó a Erik de un puñetazo en el estómago. Erik retrocedió y al ver que solo no podría contra él, corrió hacia la plaza, que estaría llena de celestes. El encapuchado se tocó el rostro, la mitad de él estaba quemado, pero la otra mitad no. Abrió el ojo derecho y buscó a Erik. Lo vio correr hacia la plaza, pero estaba un poco lejos y tenía el tiempo suficiente para capturarle. Rápido, se deslizó por las calles cogiendo un atajo que le llevaría a la plaza. Nada más llegar a esta, corrió un poco más allá de la salida, se ocultó en la sombra de un callejón y vio a una semi feerica y a un humano correr. Sonrió, no creía que se lo pusieran tan fácil. Cuando la joven pasó al lado, Alden estiró los brazos y la metió dentro del callejón. Sheyle se debatió en los brazos de su agresor, pero este la agarraba con fuerza. — ¡Suéltame!— chillaba la semi feerica, Alden le tapó la boca y pronunció unas palabras en un idioma desconocido. Sheyle podía sentir como el cuerpo le pesaba más y más, cerró los ojos y quedó inconsciente. El encapuchado la dejó sobresaliendo del callejón para usarla de cebo y así hacer caer en la trampa al chico. Erik miró hacia atrás, pero no vio que aquel tipo fuera tras él, volvió a mirar hacia adelante, tenía que alcanzar a Sheyle, seguramente ya habría llegado a la plaza. Sus zapatos hacían "chop chop" al estar mojados, algunos celestes que salían de sus casas lo miraban entrecerrando los ojos. Erik se preguntaba cuanto quedaba para llegar a la plaza, tenía la sensación de que estaba muy lejos. Pero se equivocaba. Dos calles más adelante, vio a una joven en el suelo, no podía ver bien su rostro desde la distancia en la que se encontraban, pero corrió más rápido al reconocer el color del pelo de Sheyle. — Shey, ¿estás bien?— dijo después de ponerse de rodillas al lado de ella. La semi feerica no respondía, Erik la miró preocupado, tenía la intención de cogerla en volandas y pedir ayuda a algún celeste se puso de pie, pero su cuerpo comenzó a pesarle y cayó al suelo golpeándose la cabeza, después también se quedó inconsciente. ╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮
Kimara explicaba a una alumna yan el empleamiento de un hechizo de agua de avanzado nivel. Estaba contenta, siempre lo estaba cuando enseñaba a los aprendices que estudiaban en la Torre de Awinor. Tras terminar las lecciones, los aprendices salieron tranquilamente del aula mientras Kimara recogía sus cosas y salía poco después. Saludaba a los demás magos experimentados que enseñaban en la torre, a veces se paraba a hablar con algunos y el resto seguía con su camino, hoy tenía una reunión con los Señores de las Torres y magos importantes. Kimara quería conocer al de Derbhad, un feerico llamado Eralh, que se hacía respetar hacia los demás magos. Se dirigió hacia la sala en la que solía tener las reuniones, en ella ya se encontraba Eralh y otros magos importantes, como Qaydar y Shail, este último se había teletransportado poco después de que llegara Christian. — Bien, por lo que veo soy la última en llegar. Y eso que la que vive en esta torre soy yo— dijo Kimara con una sonrisa y disculpándose por la tardanza. — Será mejor que empecemos ya, el asunto es grave— habló seriamente el Archimago, el cual, se podía ver en su rostro la factura que le pasaban los años. — Cierto, esos extraños movimientos que han habido en las islas de Riv-Arneth ya son demasiado a lo que eran— intervino Eralh—. Ahora hay una barrera que impide pasar a otra de las islas, solo podemos acceder a la que está cerca de la ciudad de Isu— miró de uno en uno a todos los presentes—. De las cinco islas, cuatro no se pueden ver debido a un hechizo óptico. — ¿No se puede deshacer con otro hechizo?— preguntó Narshel, una maga ganti. — Me temo que no, quien ha hecho eso tiene un gran poder, más grande que todos nosotros juntos e incluso unos conocimientos más amplios. Los dísiros.— dijo firmemente Qaydar. — ¿Los dísiros?— preguntaron varios a la vez. — Verdad, vosotros no sabéis nada sobre ellos. — Empezaré desde el principio— dijo Qaydar— Todo se remonta a un tiempo muy lejano, en el que ni siquiera existía aun Idhún. Los dioses no estaban solos, sino que, tenían como consejeros a dos espíritus, casi tan poderosos como sus creadores, las ìdhisäne eran dos espíritus femeninos... Qaydar terminó de relatar toda la historia a la que solo pocos habían tenido acceso. — Y con eso dices que pronto habrá una nueva guerra y los dioses bajaran de nuevo, creando destrucción a su paso o incluso la destrucción de Idhún al igual que pasó con... ¿Umadhún? El Archimago asintió. — ¿Qué haremos entonces? — No hay nada que hacer, son mucho más poderosos que nosotros. Los dioses no han creado profecía alguna porque no se esperaban algo así. — Puede que haya algún modo...— dijo Shail pensativo. — ¿Cuál? — El otro día llegó a mi casa una mujer llamada Ankira que buscaba a Erik, el hijo de Jack y Victoria, diciendo que lo necesitaban para que estuviese al frente de no sé qué lucha. Rue, que fue quien la recibió y al no saber a que se refería le dijo que Erik no estaba en la casa... — ¿Erik dices? Shail asintió. — Tenemos que hacerle una visita a ese muchacho, eso o que él venga aquí. — Esperad, la hermana de Erik. Dijeron que una mujer se la había llevado a Riv-Arneth, quizá eso explica por qué no se puede acceder a la isla más pequeña. — Podría ser el motivo. Ahora debemos decidir que hacer para impedir que los dioses vuelvan a Idhún. — Tenemos que hablar con la Madre Venerable, Karale. Nos vendría bien tener a Ha-Din al haber sido el Padre Venerable, pero teniendo en cuenta las circunstancias, necesitamos a Gaedalu con nosotros también. — Yo puedo ir al Reino Oceánico a entregarle nuestro mensaje— dijo una varu, que a pesar de ser tan joven, era una maga de muy alto nivel. — En ese caso, nos encontraremos de nuevo en el plenilunio de Erea, dentro de veinte días, hasta entonces, esperemos que las cosas no se agraven. En esa reunión me gustaría que estuviese presente el hijo de Yandrak, pero solo a él. Poco a poco, todos se fueron retirando, cuando se quedó sola, Kimara suspiró y salió de la torre, necesitaba dar una vuelta en Ayakestra para despejar su mente. Abrió la escotilla y cuando se iba a meter sintió a alguien detrás suya. Se dio la vuelta y ahogó una exclamación. — Hola, mamá— susurró la joven mirando a Kimara.