Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Memorias de Idhún IV: La traición · de

Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 22

Kimara se quedó estática al ver a su hija.

— ¿Dyanne?

— Sí, mamá. Soy Dyanne— dijo la joven con una sonrisa.

Kimara saltó ágilmente de Ayakestra y le dio un abrazo a su hija.

— ¿Dónde has estado?— preguntó con lágrimas en los ojos.

— Estuve unos meses en Nandelt, pero hubo unos problemas y tuve que ocultarme— respondió apoyando su cabeza sobre el hombro de Kimara.

— Ven, te hemos echado todos mucho de menos— la cogió de la mano y se la llevó al interior de la torre. Subieron al quinto piso, donde Ariadna jugaba con Rando. La niña y su padre dejaron lo que hacían para mirar en silencio a Dyanne, estaba tan cambiada, que tardaron unos segundos en reconocerla.

— ¡Hermana!— exclamó Ariadna corriendo a su encuentro, Dyanne la cogió en brazos y le estampó un beso en la frente.

— Hola, pequeñaja— dijo con una sonrisa.

— Has vuelto— dijo Rando acercándose a ella—. Bienvenida a casa, hija— le dio un abrazo de los suyos dejando a Dyanne sin respiración.

— Esto... Rando... la vas a ahogar.

Rando soltó a su hija mayor y todos se sentaron a hablar. Dyanne les contó el por qué de haber estado tanto tiempo fuera sin dar noticias suyas, Rando y Kimara se miraron preocupados, aquello que les había contado su hija era muy preocupante. Dyanne siguió hablando mientras acariciaba el pelo de su hermana pequeña, que se había sentado en el suelo apoyando su cabeza en las rodillas de su hermana.

— Esto que nos acabas de contar es... demasiado horrible, quizá haya que pedirle ayuda a Jack y Victoria.

╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮

Tenía el cuerpo adolorido y se sentía agotada, lentamente fue abriendo los ojos y vio un dosel hecho de seda blanco. ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba es que estaba en aquella habitación con las ìdhisäne, nada más.

Sintió a alguien moverse a su lado, intentó girar un poco la cabeza para poder ver quien era, pero un agudo dolor la recorrió entera y no pudo evitar gemir débilmente.

— Eva— susurró el joven de pelo negro mirándola con cierto brillo en los ojos.

El corazón de Eva comenzó a latir con fuerza al reconocer la voz de Lucas, quiso decir algo, pero el chico posó un dedo sobre sus labios. Con ternura, acarició la mejilla y el cuello de la joven.

— Tranquila, te pondrás bien— dijo haciendo aparecer unas chispas en su mano, las chispas comenzaron a brillar de forma cegadora y Eva tuvo que cerrar los ojos. Sintió la mano de Lucas rozar su cuerpo, una cálida sensación la recorrió entera, renovándola...

— ¿Mejor?— preguntó Lucas poco después.

Eva asintió sonriendo con algo de timidez.

Lucas la miró enternecido y la besó, Eva le correspondió y pasó sus brazos por detrás de su cuello, Lucas puso sus manos sobre las caderas de la joven y la besó más apasionadamente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron…

╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮

— ¿Cómo saldremos de aquí?— preguntó la joven de pelo azul, sus lágrimas no cesaban de resbalar por sus mejillas.

— No lo sé— susurró Erik, que estaba sentado apoyando la espalda contra la pared— no lo sé...— volvió a repetir en un susurro inaudible.

Sheyle apartó un poco su pelo de la cara y observó a Erik en silencio, no sabía cuánto tiempo llevaban en aquella húmeda celda, cuando ella se despertó Erik estaba inconsciente a su lado y ya se encontraban encerrados.

— Y si…— Erik miró a Sheyle— ¿Y si intentas fundir los barrotes? Quizá podamos salir así.

— Es una opción, pero dudo de que funcione, estos barrotes no parecen normales.

Erik se levantó y tambaleándose se acercó a los barrotes, los observó detenidamente, tenían un extraño halo azulado envolviéndolos, seguramente sería para reforzar los barrotes y así no pudieran escapar.

Erik suspiró, no sabía si la magia que protegía los barrotes reaccionaría de forma negativa al intentar fundirlos, algo que no quería saber. Suspiró de nuevo y colocó las manos sobre los barrotes sin llegar a tocarlos, se concentró un poco y las llamas salieron de sus manos con violencia, para su sorpresa, el fuego rebotó y cubrió casi toda la celda.

Sheyle gritó y se acurrucó aun más en la esquina cubriéndose la cabeza con los brazos. Gritó de dolor al sentir el fuego rozar su brazo derecho, Erik, que estaba envuelto en llamas, contuvo el fuego que salía de sus manos y al desaparecer corrió hacia la semifeerica.

— Sheyle, ¿estás bien?

— D-duele— dijo apretando los dientes con fuerza.

Erik examinó la quemadura con cuidado, no era my grave, pero lo mejor sería curarla cuanto antes.

Puso su mano sobre la quemadura sin tocarla, había visto muchas veces a su madre hacerlo y con un poco de suerte quizá él también fuera parte de unicornio. No sabía cómo debía hacerlo, cerró los ojos e intentó concentrarse, pero no sucedía nada.

— ¿Qué pasa?— preguntó Shey en voz baja.

— Eh… nada, solo que no sé cómo va esto— contestó con la cabeza gacha algo avergonzado.

— Tienes que dejar fluir la magia, nada más— sonrió la joven de pelo azulado.

— ¿Cómo lo sabes?

— Shail tiene un cuerno de unicornio y Ashier es mago, he visto como usan su magia para curar heridas— susurró.

Erik entrecerró los ojos. *"Dejar fluir la magia. ¿Será como con el fuego?"*Pensó volviendo a poner la mano, cerró los ojos y sintió como la energía pura le recorría el brazo para llegar a su mano, aunque…

Sheyle que miraba como la quemadura sanaba, lanzó un chillido de dolor al sentir algo más. Sintió como algo oscuro entraba dentro de su alma produciéndole daño tanto en ella como en su cuerpo. Volvió a chillar y Erik apartó la mano rápidamente.

— ¿Por qué has hecho eso?— preguntó entre llantos la joven.

Erik miró su mano, no sabía que había pasado, la luz de pronto se había convertido en oscuridad y no sabía cómo.

— No quería, lo siento— dijo abrazándola arrepentido.

La joven se sonrojó entera aun con lágrimas en los ojos y apoyó la cabeza en el pecho de Erik…

Las horas pasaron, monótonas. Erik miró a la joven que yacía dormida en sus brazos, no sabía bien, pero creía que había empezado a sentir algo por ella.

Cerró los ojos y recordó cuando Jack le contó lo sucedido en Idhún dieciocho años atrás. Meditó sobre cuando todos creyeron que su padre había muerto, el alma de Victoria solo anidaba oscuridad y quería asesinar a Kirtash. Quizá aquella oscuridad había permanecido en Victoria muy en el fondo y ahora él la poseía, ese debía ser el motivo por el que había emanado de su mano oscuridad produciéndole daño a Sheyle.

Erik se quedó dormido  poco después.

Varios pasos se escucharon bajar por unas escaleras de piedra, incluso se oían unas risitas. Una mujer rubia bajaba acompañada de otra morena, sus pasos parecían los de una bailarina y daba la sensación de que sus pies no tocaban el suelo.

— Es aquí— dijo la morena.

— Sí— asintió Ailyn—. Las ìdhisäne quieren que no les falte comida, pero no entiendo su interés por la semifeerica, entiendo que sientan algo de interés por el dragón, pero por ella…

Ailyn deshizo el hechizo que cubría la celda y la dísiramorena dejó una bandeja con comida y agua para los dos.

— Mira que monos los dos juntitos.

— Es mejor que nos vayamos, nuestro trabajo ahora es otro y debemos darnos prisa.

— Cierto, hay que enseñar a la criatura a deshacer el vínculo que la une con su hermano— dijo la joven de pelo rizado y moreno mientras echaba una última ojeada al joven dragón.

Ailyn cerró la puerta y rehízo el hechizo que la cubría.

Después se marcharon.

Sheyle, que se había despertado por el ruido de la puerta, no sabía qué pensar, ¿la criatura de la que hablaban era la hermana de Erik? Si era así, se preguntaba que era ese vínculo.

Contempló a Erik, que tenía la cabeza apoyada contra la pared y se ruborizó cuando la estrechó entre sus brazos aun dormido, la joven se quedó dormida poco después algo sofocada, a decir verdad, hacía algo de calor en la celda.