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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 24

Corrió y corrió por la oscura senda. Parecía que nunca saldría de ella, no había luz, todo era oscuridad, completa oscuridad. Un extraño aire gélido hizo que temblase de frío y él no solía tenerlo. Frenó en seco en cuanto una sombra pasó frente de él a una velocidad sobrehumana y pequeñas risas chillonas sonaron en la lejanía, como distantes. Asustado, miró hacia todos lados, sabía que aquella sombra era el que le había llevado allí, lo presentía…

El silencio volvió a reinar sobre aquel lugar y él decidió que lo mejor sería seguir la senda, salir de allí. Si por lo menos pudiera tenerla a ella cerca, ella era su guía, la luz que le iluminaba el camino. Respiró con fuerza y reanudó su carrera por la infinita tierra que se abría paso ante él; tenía la sensación de estar dando vueltas, pero sabía que solo era una ilusión, que el final estaba ahí, en alguna parte. Era aquella oscuridad lo que le impedía ver.

Jadeando, sus piernas le fallaron y cayó arrodillado en el suelo escarpado. Sus fuerzas le estaban abandonando; la criatura que albergaba en su interior ya no estaba latente o por lo menos, no como antes.

Una gota de sudor frío recorrió su frente y una brisa suave, pero a la vez helada, le azotó en el rostro. Cerró los ojos y dejó que aquella brisa le refrescara, enseguida se quedó dormido, pero era un sueño inquieto y pocos minutos después se desveló al escuchar los lentos pasos de un animal acercarse. Se levantó, en guardia, y desenvainó su espada que refulgió brillante en aquella oscuridad iluminando su rostro. No podía ver mucho, pero podía oír los pasos del animal acercarse a él, no sabía si era peligroso, pero no dudaría en atacar en caso de que lo fuera.

"Jack" "Jack" "Jack" "Jac…" "Ja…" "J…" Escuchó en un susurro anhelante.

— ¿Quién eres? — gritó.

"Un viejo amigo" Volvió a oír.

Jack frunció el ceño e intentó ver más allá de lo que Domivat le permitía, distinguió la figura de un gran lobo que cada vez estaba más próximo.

— ¡Muéstrate! ¿Qué quieres?

"Advertirte, pero no hay mucho tiempo, pronto regresarás y el tiempo se agota, las arenas del reloj comenzaron hace tiempo a caer en una cuenta atrás que decidirá el verdadero destino"

— ¿Advertirme de qué? ¿Dónde regresaré?

"Sobre Erik, tu hijo" La voz sonaba más cerca. "Está en grave peligro"

El lobo entró en la zona que Domivat iluminaba con la luz de su fuego y miró fijamente a Jack.

"Debes cruzar la frontera de entre los inocentes y los traidores a los Seis, Jack. Solo así conseguirás salvarle"

— ¿Cómo sé que puedo fiarme de ti?

"En vez de mirar en los ojos del presente mira en los del pasado, así hallarás la respuesta de mi identidad"

Jack observó fijamente al lobo, le resultaba familiar, pero no conseguía saber de qué. Incluso su voz, aunque sonara anhelante en su mente le era terriblemente familiar, pero no conseguía caer en la cuenta. Su cerebro comenzó a trabajar a toda prisa, buscando la respuesta. Se había olvidado por completo del lugar en el que se hallaba.

Dejó escapar todo el aire en un jadeo y abrió del todo los ojos, al comprender. Negó con la cabeza con ferocidad y lágrimas le llegaron a los ojos, era imposible, él estaba muerto…

— No puede ser… tú… estás… muerto.

El lobo asintió levemente.

"Ha pasado mucho tiempo, Jack. Y me alegro mucho verte, cometí muchos errores en el pasado, pero ahora no importa, debes darte prisa"

— Alsan…

El lobo dio media vuelta y se alejó lentamente.

Jack, que tenía los ojos llorosos, comenzó a derramar lágrimas. Intentó llamar a Alsan, pero no conseguía que las palabras salieran de su boca. Volvió a intentarlo, pero sabía que estaba solo.

— ¡Alsan! — gritó.

— ¡Jack! — Él abrió los ojos— Jack. Tranquilo, solo ha sido un sueño— dijo Victoria preocupada acariciando el pelo rubio de Jack.

Jack miró a Victoria, llevaba un camisón blanco y su pelo caía por su espalda en una cascada, estaban los dos sobre una cama y estaban tapados con una sábana. Solo había sido un sueño.

— Solo ha sido un sueño— susurró citando las palabras de Victoria.

— Será mejor que te vuelvas a dormir, es muy tarde.

— No creo que pueda, me he desvelado, quizás me viene bien tomar un poco el aire— dijo Jack levantándose de la cama.

— Como quieras— sonrió Victoria.

— Vuelvo enseguida.

Le dio un beso a Victoria en los labios, cogió una camiseta y se la puso, luego salió de la habitación.

Victoria miró hacia la ventana cerrada que daba a la terraza, preocupada por Jack, poco después, se quedó dormida. La débil luz de las lunas iluminaba un poco la habitación, quedaban once días para el plenilunio de Erea.

Jack vagó por los solitarios pasillos de Kazlunn, no entendía por qué Alsan había aparecido en aquel sueño, sobre todo con forma de lobo. Suspiró cansado, no creía que Erik estuviese en peligro, sabía que se encontraba en Celestia, junto a aquella semifeerica llamada Sheyle, además, Zaisei, Ashier y Rue habían salido en día anterior para volver a Celestia. Pero se sentía inquieto.

Se apoyó en la barandilla de las escaleras. Estaba molesto porque Kirtash se había marchado sin siquiera decir nada, ni siquiera se había despedido de Victoria. Se había quedado un rato allí, pero luego se había ido enseguida. Cerró los ojos y evocó en su mente los últimos acontecimientos.

Escuchó pasos en las escaleras de más abajo, eso hizo que saliera de sus recuerdos y se centrase en los pasos, tenía curiosidad por saber quien más se encontraba despierto a esas altas horas de la noche. Bajó tranquilamente los escalones y llegó a un pasillo por el que los pasos se perdían. Un hombre de pelo negro caminaba por lo que parecía hacia la sala de reuniones.

— ¡Shail! — le llamó.

El mago paró y se giró.

— Hola, Jack. ¿Qué haces despierto a estas horas?

— Me he desvelado, ¿y tú?— dijo acercándose.

— No tengo sueño, iba hacia la sala de reuniones, aunque no vaya a reunirme con nadie, iba a pasar leyendo este curioso libro que me ha prestado Qaydar, lo rescató del monte Lunn el otro día. Lo que me gustaría es saber cómo— su expresión era pensativa, Shail seguía creyendo que la cueva había sido destruida tras el paso de Karevan en el pasado.

— Ni idea, a lo mejor levantó unas cuantas rocas.

— Mm… podría ser.

— ¿Puedo acompañarte?

— Claro, no me vendría mal un poco de compañía.

Jack siguió a Shail hasta la sala, donde se sentaron y Shail enseguida se enfrascó en el libro que le había dado el Archimago, mientras, Jack reflexionaba sobre el sueño que acababa de tener, no creía muy oportuno contárselo a alguien, pero sentía curiosidad sobre que era la frontera entre los inocentes y los traidores a los Seis.

— Shail, ¿sabes dónde se encuentra "la frontera entre los inocentes y los traidores a los Seis?

Shail dejó de prestar atención al libro y observó a Jack.

— ¿De dónde has sacado eso? — preguntó.

— No sé, creo lo leí en alguna parte— mintió.

— Creo que Qaydar me mencionó algo sobre eso— dijo pensativo—. Algo sobre que los inocentes eran las razas creadas por los dioses: humanos, gigantes, varus, celestes, etc. Y que los traidores eran unos humanos con poderes excepcionales que no necesitaban de la magia de los unicornios para tenerlos.

— Ya veo…

— Eso quiere decir que la frontera es el agua que separa el continente de las islas de Riv-Arneth, pero teniendo en cuenta que hay unas barreras que impiden llegar a cuatro de las islas, será que la frontera es esa, el espacio que divide las islas del continente.

Jack miró hacia las lunas, recordando el influjo que ejercían sobre su amigo ahora muerto.

╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆╮

— ¿Preparada?— preguntó la dísira.

Eva asintió, luego de haberse recuperado de lo que hicieron con ella las ìdhisäne y tras haber estado con Lucas después de tanto tiempo sin verle, Shizuko la había llevado de vuelta a la cabaña en la isla más pequeña de Riv-Arneth. Allí le había contado todo sobre cómo romper aquel vínculo que la ataba a su hermano, Eva había sido algo reacia con lo de romperlo, pero cuando le dijo que aquella era su mayor debilidad ya que si a uno le pasaba algo el otro lo sufriría ajenamente, incluido la muerte, Eva no dudó en aceptar, pero por unos motivos que no revelaría a nadie.

— Solo debes concentrarte.

"Ojalá sea tan fácil como lo describió Shizuko." Pensó la joven de ojos azules, fríos como dagas de hielo.

— De acuerdo, cierra los ojos y deja tu mente completamente en blanco— dijo Ailyn acercándose a ella con los tenues pasos de una bailarina. Puso una mano sobre el hombro de Eva. Lune cerró los ojos y dejó su mente en blanco—. Bien— susurró Ailyn y se apartó de ella.

— ¿Crees que lo conseguirá para cuando soltemos al hijo del dragón?— preguntó en un susurro otra joven, morena y de pelo rizado, que había acompañado a Ailyn a dejar la comida en la celda de Erik y Sheyle.

— Esperemos que sí, Pain. Sino Daliah y Adrianneh nos comerán vivas— contestó lo suficientemente bajo para que solo la oyera su amiga.

— Lune, quiero que temimetices con el terreno en el que estas, quiero que formes parte del paisaje y sientas dentro de ti lo que es ser cada animal, planta y demás de esta isla.

Eva tenía la mente en blanco, no sabía cómo lograría romper ese vínculo del que tan poco sabía, pero antes debía aprender otra cosa.

Movió levemente el dedo anular de su mano izquierda al sentir la suave brisa levantando sus cabellos y trayendo el suave olor del bosque que tenía enfrente. De fondo oía las voces de Ailyn y su compañera, Pain. Notó como una de las dísiras posaba sus manos en su cabeza, cada una a un lado. De pronto, sintió que sus sentidos estaban más agudizados e incluso veía miles de imágenes pasar por su mente como si estuviera viéndolas con sus propios ojos, a pesar de tenerlos cerrados. Escuchó el susurro del agua fluyendo por el riachuelo y el ruido de pisadas que hacía un paske, vio los vivos colores que llenaban el bosque, podía oler el suave aroma de la hierba. Sintió el miedo de un pequeño animal al sentirse acorralado por otro que quería comérselo. Con lo demás igual, vio a los sheks sobrevolando la isla, el azulado cielo, las blancas y pequeñas nubes, los tres soles brillando sobre su cabeza. Por último, vio la playa, escuchó el sonido que producían las olas al chocar y el rico olor de la sal llegaban hasta ella; sonrió y se mordió el labio inconscientemente al ver a un joven de pelo negro saliendo del agua casi desnudo.

Un carraspeo hizo que abriera los ojos y volviera a la realidad.

— ¿Qué ha pasado por tu mente? ¿Has sentido, has visto todo lo que ve cada animal o planta de la isla? — le cuestionó Pain.

Eva asintió aun pensando en la imagen de Lucas saliendo del agua.

— ¿Para qué sirve esto? — preguntó la adolescente.

— Sirve para que puedas saber que ocurre en cualquier lugar, solo podrás ver todo mientras el máximo de la zona sea igual de grande que esta isla. Imagina que tienes que perseguir a alguien y pierdes su rastro, solo con hacer esto podrás saber el lugar en el que se encuentra y volver a seguirle la pista— dijo Ailyn con una media sonrisa— Esto no lo podrás hacer cuando quieras, es más, solo lo usarás una vez y será después de que rompamos el vínculo. Luego de haberlo usado una vez, no podrás seguir haciéndolo ya que esto no forma parte de ti, solo Daliah y sus, por así decirlo, oradores, podemos usarlo. Esto es préstamo de una vez para una pequeña empresa.

— ¿No sería algo así como hacer trampas?

Ailyn y Pain cruzaron una mirada.

— Mira querida, no sé cómo será en tu mundo, pero lo más lógico es que será como aquí. La vida nunca fue justa, no lo es y jamás lo será. Y no es hacer trampas, es algo… práctico.

— Ya, eso ya lo sé, pero…

— Pero nada, ahora vamos. Hay un vínculo que debe dejar de existir.

Ailyn y Pain comenzaron a caminar hacia un claro y Eva las siguió a un metro de distancia. Ahora vendría lo duro de verdad, romper el vínculo, ahora que lo pensaba, tenía la sensación de que iba a sentir dolor, pero no un dolor físico, sino emocional en cuanto comenzara a romperlo. Eva se fijó en su ropa, era de fina tela y la de Ailyn era de tonos claros y grabados dorados, mientras que la de Pain era tonos oscuros y grabados plateados. Quizá Ailyn servía a Daliah y Pain a Adrianneh, a Eva le dio un escalofrío al recordar a las ìdhisäne.

— Espera un momento— dijo Ailyn.

Eva se quedó en el sitio y observó lo que hacían. Ailyn y Pain comenzaron a hacer trazos en el suelo que comenzaron a brillar, los de Ailyn se volvieron blancos y luminosos, los de Pain negros con pequeñas cargas eléctricas. Terminaron de trazar y se pusieron al lado de Eva. La joven vio que habían hecho un círculo perfecto, dentro de él otros pequeños círculos y en su interior extraños símbolos que Eva ya había visto antes, eran iguales a los que había en Limbhad cuando había cogido su espada, pero estos tenían un brillo extraño y oscuro.

Ailyn le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que ya estaba todo listo. Eva volvió a mirar hacia los símbolos y reconsideró si lo que iba a hacer valdría la pena, pero… ¿y algo resultaba mal y pasaba algo que no debería pasar? ¿Y si a Erik le pasaba algo mientras ella contribuía a romper su vínculo? Eva observó con el rabillo del ojo primero a Ailyn y luego a Pain. Suspiró, sabía que tras haber aceptado ya no podría echarse atrás. Se acercó con pasos quedos hasta el círculo y se adentró en él, vio que uno de todos aquellas prolongaciones uno estaba vacío y se arrodilló en él.

Una energía diferente hizo que cerrara los ojos. Esperaba que el dolor no fuera como antes, cuando las ìdhisäne querían comprobar la resistencia que tenía ante su poder.

Con sus andares de bailarina, Ailyn se metió dentro del círculo y con un chasquido se formó una perfecta cúpula de fino cristal sobre ellas. La cúpula, lo suficientemente grande, se posicionó en el suelo, dejándolas encerradas.

Pain observaba la escena, cuando Kirtash trajese el Grenorhai, ella se encargaría de que Erik se lo bebiera. Decidió que lo mejor sería regresar y terminar unos asuntos con su superior, Ailyn podría tardar toda la noche en romper el vínculo…

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Kirtash se introdujo en una de las cuevas del frío Nanhai, tenía que hacer una visita a un viejo amigo. Se adentró más y más en las profundidades de aquellas cavernas, comenzó a llegar a él calor proveniente de una de las cavernas, cuanto más descendía más podía percibir el calor.

Una luz comenzó a iluminar el camino, poco después estaba en la entrada de la caverna en la que Ydeon trabajaba sus armas.

El gigante se encontraba trabajando, con su enorme mano le daba golpes al trozo de metal que acababa de calentar para darle forma. Kirtash observó el trabajo del gigante, esperó a que Ydeon terminara, sabía que el gigante ya se había percatado de su presencia a pesar de ser tan silencioso, pero no le prestaría atención alguna hasta que no hubiese terminado de forjar la espada.

Ydeon dio un fuerte golpe que hizo que las paredes de la caverna vibrasen, cogió la espada y la metió en el cúmulo de nieve para enfriarla. Luego la dejó en un recipiente de metal y de gran tamaño junto a otras espadas.

— He hecho todo lo que ha estado en mis manos, Kirtash. La clase de espada que me pediste es muy curiosa, nada común en Idhún. Ya fue forjada una parecida por uno de mis antecesores y por ello conseguí crear esta.

— ¿Es vinculante con la otra?

— Lo será— contestó el gigante cogiendo un paño y limpiándose la manos— cuando las dos espadas choquen, se creará el vínculo que las hace poderosas y a la vez, débiles.

Christian asintió levemente.

— Muéstrame la espada.

Ydeon caminó con sus largos pasos hasta una de las cavernas contiguas. Kirtash se quedó en el sitio, esperando pacientemente.

Enseguida llegó el forjador de armas legendarias con una caja de madera vieja alargada y estrecha, la puso sobre una roca con forma plana por la superficie y esperó a que Kirtash la abriese.

El shek se acercó y abrió la caja con lentitud. Dentro se hallaba una espada dentro de una funda de tono rojizo. Kirtash la cogió y la desenvainó, era muy ligera, pero la soltó en cuanto sintió como la espada se revelaba contra él haciéndole un corte en la mano sin tocar el filo. La espada cayó al suelo haciendo un ligero "tic", observó la espada sin hacer mucho caso a su mano adolorida. Era una espada oxidada, de un metal desvaído dando la sensación de que se fuese a quebrar con solo empuñarla aunque no fuera así, observó con atención el cristal bajo el mango, rojo, opaco y sin vida.

— Solo la podrá tocar aquel a la que va destinada. No es como Haiass o Domivat, las cuales podrían ser usadas por otros híbridos como Jack y tú, si existiesen más, claro.

— Entonces, ¿la espada se quedará con este aspecto? O ¿se convertirá en algo diferente en cuanto sea empuñada?

— Se convertirá en algo completamente diferente— dijo pausadamente el gigante.

Kirtash miró el corte que le había provocado el mango, no era muy profundo, pero dolía.

Ydeon cogió una tenaza y con cuidado agarró la espada con ella para meterla de nuevo en su funda. Miró el mango que tanto había trabajado, era cierto que esa espada no era común, era una rareza y por ello el gigante se sentía maravillado por su obra, el material que había usado era muy difícil de conseguir y solo había en un lugar en todo Idhún.

Christian cogió la espada ya en su funda y se dio media vuelta.

— Gracias, Ydeon.

— De nada, Kirtash. Pero recuerda, te estás metiendo en un campo peligroso, lleno de espinas dispuestas a clavarse en ti.

— Lo tengo en cuenta.

Christian salió de la cueva dejando a Ydeon allí, se convirtió en shek y precavido, voló bajo en zonas que había poca población y no solían haber dragones. Iba de camino a Trask-Ban.

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Quedaba una hora para el alba y un haai volaba los terrenos de Kazlunn, se dirigía a la torre, en su lomo llevaba a un hombre de mediana edad que llevaba consigo un pergamino con un mensaje.

El mensajero bajó del haai en cuanto este aterrizó y entró corriendo en la torre, apresurado, tenía un mensaje importante que entregar.

Un mago le salió al paso e hizo que parase su carrera.

— ¿Qué pasa? ¿Quién eres? — preguntó Shail.

— Vengo…de…Celestia — jadeó—. He de entregar un importante mensaje a Jack y Victoria.

Alzó el pergamino enrollado que llevaba en la mano.

— Yo se lo entregaré, vete a las cocinas y diles de mi parte a los sirvientes que te preparen algo de comer.

El mensajero le entregó el pergamino y Shail se dirigió a toda prisa hacia la habitación en la que se encontraban Jack y Victoria. Llamó a la puerta y en cuanto oyó el "pasa" de Jack entró.

— ¿Ocurre algo Shail?

— Ha llegado esto, para Vic y para ti de Celestia. El mensajero ha dicho que es algo importante.

Jack cogió el mensaje, lo abrió y leyó su contenido. Cuando terminó tenía la cara pálida.

— Jack, ¿qué pasa? — habló una voz detrás de ellos.

— Debemos irnos— dijo rápidamente.

— ¿A dónde? — preguntó Victoria entrecerrando los ojos.

— A…a… la frontera entre los inocentes y los traidores a los Seis— citó las palabras del lobo.

— ¿Q-que frontera Jack? ¿Por qué?

— Por Erik— dijo mirándola seriamente—. Alsan me dijo que estaba en grave peligro y este mensaje me acaba de confirmar que es cierto.

Victoria se quedó de piedra, Alsan estaba muerto desde hacía años, era imposible; además, Erik estaba en Celestia, en casa de Shail.

Shail miró a Jack con el ceño fruncido. Jack cogió a Domivat y se la colgó en la espalda.

— Será mejor que vaya cuanto antes.

— ¿Pretendes ir solo hasta allí?

Jack asintió.

— Voy contigo. Y no acepto un no como respuesta.

Jack suspiró y se encogió de hombros.

Victoria cogió algo de ropa del armario y echó a Jack y a Shail de la habitación, se vistió rápida y cogió el báculo de Ayshel.

Jack y Shail se encontraban hablando cuando Victoria salió.

— Yo me iré a Celestia a ver si están bien. Espero que encontréis a Erik.

— En el mensaje decía que cuando Zaisei, Ashier y Rue llegaron a la casa, se la encontraron vacía y además la puerta principal había sido arrancada de cuajo.

— Estoy lista— dijo Victoria.

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Evanor ya había comenzado a asomar desde el horizonte, comenzando un nuevo día.

Una dulce y oscura voz susurraba palabras ininteligibles para la joven, los símbolos se arremolinaban a su alrededor de forma extraña y oscura. Llevaban toda la noche así, Eva sentía su pecho oprimido, un vacío se instauraba en él, llevándose la calidez que la mantenía vinculada a su hermano. Podía sentir en lo más profundo de su alma como se partía en dos el vínculo que la unía con Erik. Se sentía herida por dentro, quería llorar, desahogarse, pero no salían lágrimas sino que sus ojos se volvieron aun más fríos y el corazón de cristal que pendía en su cuello vibró y se volvió absolutamente negro, una extraña sonrisa se formó en su rostro.

Ailyn, que susurraba y danzaba sobre los círculos negros trazados de Pain, por fin terminó. Con un chasquido hizo que la cúpula que se cernía sobre ellas desapareciera, se apartó y vio como los trazos cambiaban convirtiéndose en una flor de color negro conlos bordes blancos. En el centro, donde estaba sentada Eva, los símbolos se unieron y frenaron bajo ella dejando de brillar para quedarse quietas y opacas.

— Bienvenida, Lune— dijo Ailyn cuando Eva abrió los ojos.

La joven volvió a sonreír, pero esta vez era maliciosamente. Sus ojos, azules y completamente fríos, habían reparado en la dísira, que tenía una sonrisa mordaz.

— Buen trabajo, Ailyn— dijo una voz a sus espaldas.

Las dos jóvenes pusieron toda su atención en Daliah.

— Lune, espero que estés lista para la caza— habló la ìdhisäne.

Eva asintió y se retiró de allí.

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El shek se convirtió de nuevo en humano nada más tocar el suelo. Pain le esperaba de brazos cruzados, algo impaciente, Kalinor había comenzado ya a salir y Ailyn ya debía de haber terminado su parte cuando Evanor había asomado por el horizonte. Ahora le tocaba a ella.

— Ya era hora.

— Ten, el Grenorhai.

Christian le tendió el frasquito en el que se encontraba el líquido. Había tardado más de la cuenta en llegar ya que había dejado escondida la espada y la panacea, no entraba en sus planes que los dísiros husmeasen en donde no debían.

Pain cogió el frasco y dio media vuelta si decir palabra, caminó rápida a las cocinas, donde habían dejado una bandeja con comida para los prisioneros. Abrió el frasco y echó el líquido en la jarra de agua, el Grenorhai y el agua se mezclaron, las dos eran transparentes e insípidas, no notarían nada. El Grenorhai solo le haría efecto a Erik, así que no pasaba nada si Sheyle se lo tomaba.