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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 26
— Un poco más. ¡Vamos Sheyle!
— Es-espera— dijo jadeando la joven.
Llegaron a un acantilado de gran altura, la única forma que tenían de volver al continente era nadando, Erik no sabía si podía convertirse en un dragón y aquello le irritaba al joven, si pudiera ya estarían de camino a Celestia. Miraron hacia atrás, no podían volver por ahí, los sheks les habían perseguido y haber cruzado el puente a esa isla había sido un gran error, no sabían que estaría tan llena de sheks, los cuales al ver a Erik se habían lanzado con todo su odio hacia él, un poco más y no habría sobrevivido de no ser porque Sheyle había recuperado parte de su fuerza al salir al exterior. Erik tenía la sensación de que les habían conducido a una trampa, la única forma de salir de allí era volando.
— ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo saldremos de aquí? — susurró la joven.
— Ni idea— musitó Erik mirando al vacío, debían de haber unos quince metros de altura, como mínimo.
Sheyle sintió una presencia detrás de ella, se dio la vuelta y ahogó un grito, hizo que Erik se diera la vuelta y mirara a quien estaba allí. Este cuando lo hizo abrió mucho los ojos.
Era su hermana.
— ¿Eva?
— Hola, Erik— dijo esta con voz fría e impasible, tan fría que hizo que Erik se estremeciera.
— ¿Dónde has estado? Están muy preocupados por ti.
— ¿Preocupados dices?
Erik asintió.
— Lo dudo, los únicos que se preocupan por mí están aquí, en estas islas, la demás gente me quiere muerta— dijo secamente.
— ¿Qué dices Eva? ¿Te has vuelto loca?
— No, es la pura verdad. ¿Por qué no te quedas aquí? Ella también puede quedarse, seremos felices, sin más sufrimientos, sin más muertes.
Eva comenzó acercarse a Erik lentamente con un brazo extendido.
— No, Eva. No nos quedaremos, este lugar es horrible y lo único que conseguiréis será la destrucción de Idhún.
— En ese caso…— Eva sonrió maliciosamente, esperaba que su hermano respondiera aquellas palabras— no tengo más remedio que matarte.
Lucas, que se encontraba en la espesura del bosque, observaba todo tras un árbol; apretó los puños con rabia, aquellas palabras que salían de la boca de Eva, no eran suyas, sino de sus hermanas.
Eva se volteó hacia ellos dejando ver una media sonrisa, sus azulados ojos se enfriaron aun más y extendió el brazo derecho. Agua cristalina le recorrió el brazo formando círculos entrelazados hasta llegar a su mano, donde se formó una empuñadura y después el filo, todo de cristal, el cristal debajo del mango se convirtió en una serpiente alada que se enroscó en la espada y una inscripción de hielo en el filo comenzó a brillar. La espada refulgió haciendo que Erik tuviera que cerrar los ojos.
Bajó el brazo y el corazón de cristal, ahora negro, que pendía de su cuello comenzó a emitir un suave brillo y se volvió más frío al contacto de su piel.
Se quedó quieta, esperando a que su hermano hiciera algún movimiento, claro, si es que pensaba luchar.
Erik, al contrario, se había quedado mudo por la actitud de su hermana. Y al ver que Eva pretendía matarlo no es que le hiciera mucha gracia que digamos… A su mente llegaron las palabras de aquel hombre sobre la espada que llevaba envainada sujeta a su espalda.
"No la desenvaines ni toques el mango hasta que no te encuentres con… "ella"."
Con "ella" se refería a Eva.
Desenvainó la espada y la miró, tenía un aspecto oxidado y era de un metal desvaído con un cristal rojo bajo el mango, opaco y sin vida, pero sobre todo, era muy ligera y fina. Miró aun más extrañado la espada, ¿con eso se suponía que iba a luchar contra su hermana? Christian tenía que estar muy mal de la cabeza para pensar que esa chapuza iba a poder contra la espada de su hermana.
De pronto, sintió una fuerte corriente hecha de fuego, luz y oscuridad recorriendo su interior convirtiéndose en un flujo de energía que iba directa a su brazo derecho con destino a la espada oxidada que sujetaba. Abrió la boca al ver como un espeso líquido plateado caía sobre la fresca hierba, dejando ver un reluciente filo de cristal color negro. Extraños símbolos aparecieron en la hoja formando una inscripción, haciendo que la espada adquiriera un halo rojizo.
Eva sonrió enigmática, no parecía impresionarla el hecho de que Erik apareciera con una espada similar a la suya, ¿cómo si no iba a enfrentarse a ella? ¡Así estarían más igualados!
Erik solo tenía ojos para observar su espada, miró sucesivas veces la de su hermana y la de él, el cristal rojo seguía siendo opaco y no se había convertido en nada como la de su hermana. Observó el mango, en la punta había grabado un pequeño unicornio y su cuerno brillaba.
Un jadeo detrás suya hizo que volviera a la realidad y se olvidada de la espada por unos momentos, se volteó a tiempo de ver como Sheyle era arrastrada hacia una mujer japonesa y un hombre que rondaba el medio siglo.
— ¡Sheyle! ¡Suéltala maldito! —gritó a Rhiz haciendo ademán de ir hacia ellos.
— Olvídate de ella, no le pasará nada —dijo Eva tranquilamente.
Erik la miró con poca confianza, ¿en serio tenían que hacer eso? Volvió la vista hacia Sheyle preocupado, la joven sonrió un poco y asintió para indicarle que estaba bien.
— Bueno, ¿empezamos? —preguntó una voz tras suya.
Erik se sobresaltó y se giró viendo a su hermana, ¿cómo había llegado ahí tan rápido? Eva rió y caminó alejándose un poco del acantilado, quedando a dos metros de Erik.
El joven asintió a su pregunta con el ceño fruncido, si su hermana era tan rápida tenía que estar muy atento a sus movimientos.
Agarró con firmeza la espada y algo inseguro corrió hacia su hermana con la espada en un ángulo vertical, sabía que no era nada difícil parar el golpe, pero lo que más le apetecía ahora mismo en el mundo era pelear contra su hermana a muerte, nótese la ironía, apenas se lo acababa de creer. Las espadas chocaron cuando Eva alzó la suya en forma horizontal y al hacer contacto unas chipas rojas y azules aparecieron.
Erik y Eva se miraron a los ojos, él intentando buscar en lo más recóndito de sus ojos la Eva que conocía, pero solo veía hielo. Ella simplemente comprobaba que los hilos que les unían habían desaparecido por completo.
Eva lanzó una estocada que no dio en el blanco, pero rápidamente giró su cuerpo y bajó los brazos para detener el contraataque de Erik. Las espadas chocaron y esta vez, Erik giró y asestó un golpe semicircular que Eva detuvo anteponiendo su espada.
De pronto, los haces que cubrían las espadas envolvieron a sus dueños dándoles un aspecto más temible. Erik parecía envuelto en llamas y Eva en un vapor azulado.
Aquella fue la señal que Lucas esperaba, salió del bosque y con un movimiento de manos y dos palabras en un idioma desconocido, creó una barrera que les protegería a todos en caso de que la lucha entre los hermanos fuera a mayores.
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La joven frenó el golpe de su contrincante con una rapidez y una agilidad propia de su padre cuando tenía quince años.
Erik dejó de moverse con la razón, la cual le decía que aquello era un error y siguió al instinto que había heredado de Jack. Sus golpes se volvieron más seguros, serenos y más fuertes. A Eva alguna que otra vez le costaba frenar las estocadas por la fuerza de su hermano, pero eso no era un inconveniente para ella, era más rápida, ágil, silenciosa y letal, sino ¿cuáles serían los resultados de haber entrando con los sheks, Shizuko y Rhiz durante todo aquel tiempo? Para ellos dejó de existir todo lo demás, solo estaban ellos en aquel lugar, peleando, uno por la vida y el otro por la muerte. Ni siquiera les era relevante que fueran hermanos.
Sus espadas volvieron a chocar y Eva aprovechó para darle una patada en el estómago, Erik se agachó y recibió un codazo en la espalda. Soltó un gemido y escuchó que alguien gritaba su nombre.
Erik cayó de rodillas al suelo y soltó la espada para apoyar las manos en el suelo. Eva sonrió, apartó la espada con el pie y alzó la suya, lista para matar a su hermano.
La espada cayó sobre él. Sheyle contuvo el aliento al ver como Erik estaba a punto de morir y no podía hacer nada para evitarlo, dio golpes a la barrera y le chilló a Lucas para que la quitase. Este, lo único que hizo fue arrugar la frente y hacer que mirara a la escena. Era demasiado, no veía conveniente que Erik muriera, y menos a manos de su hermana. Si moría las ìdhisäne estarían más cerca de ganar su estúpido juego de querer ser diosas.
La sangre resbaló por el filo lentamente, Eva miró impasible a su hermano, había sido rápido, aunque pocos centímetros los separaban. La mano izquierda le sangraba mucho, había agarrado la hoja con la mano antes de que la espada le atravesara. No se iba a rendir tan fácilmente, empujó lentamente la espada hacia Eva, haciendo que su mano sangrara mucho más.
Se fue levantando poco a poco con la ayuda de su otra mano mientras con la izquierda empujaba la espada. Cuando estuvo de nuevo en pie, ladeo un poco la cabeza y le mostró a Eva una media sonrisa, algo que la desconcertó por unos instantes antes de sentir como su brazo se quemaba y una extraña magia oscura entraba a su interior. Lanzó un chillido de dolor y soltó la espada al ver que Erik había puesto su mano derecha sobre su brazo, la mano estaba rodeada de una llama roja y negra que penetraba en su piel, hiriéndola.
Erik la soltó al oír el chillido, lo sintió como un latigazo que lo volvió a la realidad. Buscó su espada y nada más cogerla echó a correr por el frondoso bosque, la mano le sangraba y la apretaba contra la camisa que llevaba para que la sangre no cayera al suelo y su hermana pudiera seguirle.
Se ocultó entre unos matorrales que crecían salvajes. Creó una pequeña llama de fuego iridiscente para alumbrar un poco y la dejó flotando a su alrededor. Arrancó un cacho de su camisa y la enrolló en su mano izquierda para detener la hemorragia, esperaba que Eva no le siguiera, es más, puede que pareciera cobarde, pero no quería luchar contra su hermana; cada vez que le envolvía el halo rojo era como si dejara de ser él y sacara al dragón que llevaba dentro y siguiera el instinto de matar sheks, mas él no podía transformarse.
Apoyó la cabeza en una roca y cerró los ojos, estaba agotado tras la huir de los sheks y la pérdida de sangre hacía que se mareara. Lo que no vio, fue como unas gotas de sangre quedaban atrapadas dentro del cristal opaco con forma ovalada, haciéndolo brillar. La sangre hizo círculos y formas extrañas, el cristal se transformó en un dragón, que danzó sobre la superficie de la espada, enrollando la cola en el mago y posicionando su plano cuerpo en el filo, como si de un grabado se tratara.
Eva, que podía ver unas extrañas líneas negras que recorrían su brazo derecho, se había recuperado un poco del dolor que le había causado la combinación de fuego y oscuridad de su hermano. No sabía que había heredado a gran medida la oscuridad que había poseído su madre tiempo atrás, no hasta ese punto.
Buscó con la mirada a Erik, si se había internado en el bosque le sería mucho más difícil encontrarle, así que puso en práctica lo que esa mañana le habían enseñado Pain y Ailyn.
Cerró los ojos y concentró su poder en su corazón y en su mente. Segundos después comenzó a ver miles de imágenes y sentir un millar de emociones a la vez. Sintió el temor de Sheyle y el odio y resentimiento de Lucas, la duda de Shizuko y el aburrimiento de Rhiz; le hizo gracia y no pudo evitar sonreír. Se vio a sí misma a través de los ojos de Lucas y no pudo evitar sentir una punzada en el corazón, esa no era ella… Apartó aquella imagen de su mente y rebuscó en las demás, entre los árboles, de criatura en criatura. Le llamó la atención una especie de mariposa azul, que alzaba el vuelo espantada por una llama roja. Un joven rubio algo demacrado y muy cansado estaba apoyado contra una roca escondido entre unos matorrales.
Eva sonrió con malicia y abrió sus azulados ojos, pestañeó varias veces para quitarse las imágenes que aun veía y se internó en el bosque.
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Cuando Erik se dio cuenta de lo que hacía, iba corriendo a través de la espesura, ¿cuándo lo había encontrado Eva? No lo sabía, solo era consciente de que si una bola de energía le alcanzaba, ya podía ir despidiéndose del mundo. Algunos árboles se habían convertido en cenizas por el impacto de la energía. Salió del bosque y se giró, se concentró y reunió fuego en sus manos. Extendió el fuego a su alrededor creando una franja de llamas para impedirle el paso a su hermana.
Sacó su espada de la vaina que llevaba colgada de la espalda y dio pasos hacia atrás, con cautela, esperando a cada segundo ver a su hermana aparecer de cualquier parte.
Minutos después, una capa de hielo cubrió el fuego y con un chasquido proveniente del otro lado, se rompió.
— ¿En serio creías que esto me detendría? —preguntó Eva de brazos cruzados y con los ojos entornados.
— No —contestó Erik—. Necesitaba comprobar una cosa.
Eva ladeó la cabeza, extrañada.
Pero, le había costado usar su brazo para crear la capa de hielo, las extrañas líneas negras se habían extendido al otro brazo, dificultando la movilidad de los dos. Si Erik ya estaba en una clara desventaja desde el principio, ahora Eva también lo estaba.
Eva se acercó y quedando a unos metros, hizo desaparecer su espada y con un gran esfuerzo creó en sus manos dos perfectas esferas de agua. Erik permaneció alerta, a la espera de que le atacase. Eva hizo que las esferas se contrajeran para lanzárselas a Erik.
El chico pensó que lo único que tenía que hacer era esquivarlas y ya está. Se preparó para esquivarlas cuando Eva cerró los puños y las esferas se convirtieron en diez cristales largos y finos.
Erik rápidamente alzó la espada para detener los cristales, tres cayeron al suelo sin darle, cinco los destrozó con la espada, pero no le dio tiempo con los dos últimos, los cuales uno se le clavó en el hombro derecho y el otro le rozó la pierna. Gritó de dolor y con la mano izquierda lanzó una gran llamarada de fuego a Eva.
Eva apenas lo esquivó, las puntas de su pelo se chamuscaron y le dio de lleno en una pierna.
El joven caminó hacia atrás, dejó caer la espada al suelo y con sumo cuidado retiró el fino cristal que atravesaba su hombro. Apretó con fuerza los dientes y una que otra lágrima se escapó de sus ojos. Jadeó al cortarse más la mano izquierda y al sentir como el cristal se movía dentro de su hombro.
Eva se cayó al suelo, los brazos le parecían una carga muerta. Durante cinco minutos ninguno de los dos se movió. Erik apenas podía mantenerse en pie del cansancio, del dolor y de la pérdida de sangre. Y Eva se había quemado una pierna y apenas podía mover los brazos.
"Eva… Eva… Eva…"
Escucharon todos, los susurros los traía el viento desde muy lejos. Todos se estremecieron, incluida Eva al reconocer la voz.
"Debes terminar tu trabajo… él está muy débil, solo necesita el golpe de gracia…"
Eva gimió.
"Levántate… tus heridas no son más que un pequeño obstáculo. Olvida el dolor y lucha por mover tus brazos… él está muy cerca… no necesitas hacer mucho…"
Eva volvió a gemir, la cabeza la tenía apoyada contra la fresca hierba, era incapaz de moverse, pero sentía temor hacia aquella voz y obedeció. Reprimió un grito en su garganta y obligó a su cuerpo a moverse. Tras varios intentos, logró levantarse y nada más hacerlo, una risa macabra se escuchó en la lejanía, haciendo que todos se quedaran helados.
Erik, que se apoyaba en la espada como si fuera un bastón, observó como su hermana caminaba cojeando lentamente hacia él, el pelo castaño le cubría el rostro y lanzaba pequeños gritos ahogados.
Cuando estuvo a medio metro de Erik, alzó la cabeza dejando ver su rostro pálido del dolor. Erik no supo muy bien qué hacer, si atacar o quedarse quieto. Solo tenía clara una cosa, Eva solo se había levantado para terminar su trabajo.
Todo ocurrió muy rápido, la espada se volvió a materializar en la mano de Eva y esta, haciendo un gran esfuerzo corrió hacia su hermano. Erik se preparó para detener la espada con la suya, pero algo salió mal. Notó un puñetazo en el estómago y luego frío.
En un segundo, sintió como el filo se hundía en su cuerpo mortalmente muy cerca del corazón.
Se escuchó un jadeo proveniente de Sheyle al verlo. Eva retiró la espada del cuerpo de su hermano y este se tambaleó hacia atrás, hacia el precipicio.
— ¿¡Erik!? — se escuchó un grito de gran dolor que atravesó a los demás, menos a Eva, que sonrió con cansancio.
Ella ya había cumplido con su parte.
Aquí tenéis otro capítulo. Y va dedicado a ,ypor comentar en el capítulo anterior.
Sinceramente, este capítulo no me ha gustado mucho, no por lo que ocurre, sino porque parte de él lo he escrito sin muchas ganas. Y eso que lo he leído varias veces para intentar mejorarlo -.-'