Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Memorias de Idhún IV: La traición · de

Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 27

Capítulo XXVI. La suerte está echada

— ¡Erik! — gritó.

Jack se lanzó al vacío, no podía dejar que su hijo cayera al agua y se perdiese en las profundidades. Victoria se aferró al dragón para no caerse, sus lágrimas no cesaban de salir, no podía creer lo que había hecho su hija. Era imposible, no podía haberles traicionado.

El dragón recogió a Erik a pocos metros del agua, Victoria lo cogió de forma que no se cayera y colocó la cabeza del chico en su regazo. Ahogó un grito al ver la gran cantidad de sangre que cubría su cuerpo, sus hombros se convulsionaban con los sollozos y sus lágrimas no cesaban. Con la mano temblando, cortó las hemorragias con su poder y miró hacia atrás, hacia la isla. Su mirada se cruzó con la de Eva, la cual ladeó la cabeza con una extraña sonrisa en la cara.

— ¿Cómo has permitido que Eva hiciera eso? ¿Qué le has hecho? ¡Ella no es así! — gritó Lucas mientras sacudía a Shizuko. Señaló a Eva, que iba vestida con un vestido negro que le llegaba hasta las rodillas medio chamuscado y con una mano sujetaba su espada, que aun tenía en el filo la sangre de su hermano, seguía mirando el lugar por el que Jack y Victoria se había llevado a su hermano, en su rostro seguía aquella sonrisa y esa mirada asesina. Lucas aun no podía creerse que Eva pudiera seguir en pie con todas aquellas heridas de diferentes clases que cubrían parte de su cuerpo.

— Y-yo solo sigo las órdenes de tus hermanas— pudo decir apenas, la forma en que le agarraba y sacudía Lucas le impedía respirar.

— Como no, mis hermanas…— dijo con desprecio.

Soltó a Shizuko, que se cayó al suelo y se marchó sin siquiera mirar a Eva. Tenía unos asuntos que atender, sus hermanas pagarían por haber convertido a Eva en una asesina, él estaba enamorado de ella, pero no soportaba que Eva cambiase tanto de la chica cariñosa y dulce, aunque un poco fría que había conocido en Madrid.

Shizuko se acercó a Eva.

— Eva, tienes que ir ante las ìdhisäne. Te darán una pequeña recompensa por haber cumplido con tu papel.

Eva asintió y las dos desaparecieron de allí.

╰☆╮╰☆╮╰☆╮╰☆ ╮

— ¿No podemos hacer nada por él? — preguntó Shail a Qaydar.

— Me temo que no, entre la gran pérdida de sangre y el extraño veneno que contenía la espada de Eva lo está matando. Que lo haya hecho tan cerca del corazón solo empeora la cosa, acelera el proceso del envenenamiento y lo más curioso es que solo parece afectarlo a él. Lo único que se puede hacer es evitar que pierda más sangre y curarle las heridas — dijo abatido—  Ya no podemos hacer nada más, lo siento Victoria, si ni tú has podido curarle es que es imposible hacerlo, nadie más puede— terminó de decir con la cabeza gacha.

— No puede ser— susurró Victoria sollozando.

Jack la abrazó por detrás, él también lloraba, pero en silencio. Shail, Victoria y Jack seguían sin poder creer que Eva les hubiese traicionado, eran incapaces de creerlo, además, a Victoria le había parecido ver a Christian mirando la lucha de los dos hermanos desde las sombras del bosque. Aquello la destrozaba por dentro.

Una joven de pelo azulado bajó del lomo de un shek con ojos azules, fríos como el hielo, y le dio las gracias por llevarla a la torre.

<<.Espera.>> Habló mentalmente Kirtash.

Se convirtió en humano y de un bolsillo sacó un pequeño frasco.

— Toma, haz que Erik se lo beba, pero no dejes que nadie te vea.

— ¿Qué es esto? — preguntó.

Christian no contestó.

— ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Curará a Erik? ¿Terminará de matarlo? ¡¡Qué hará maldita sea!! —gritó al ver que no le contestaba.

— Tú simplemente dáselo— la miró fijamente a los ojos, Sheyle no pudo apártalos — Dáselo, por mucho que sufra cuando se lo beba, has que se beba hasta la última gota y no dejes que nadie te lo impida, hay que terminar el trabajo y tu de momento eres la única que puedes acercarte a él sin llamar la atención. Es una orden— dijo con voz fría.

Shey asintió como hipnotizada y tomó el frasco, luego Christian desapareció sin dejar constancia de haber estado allí, sabía que la semifeerica lo haría en contra de su voluntad, era demasiado fácil manipular a alguien en su estado.

La joven semifeerica entró a la torre y subió corriendo las escaleras, apartando a todo aquel que se interponía en su camino. Las lágrimas apenas le dejaban ver, pero eso no le impedía continuar, debía llegar hasta Erik y darle el contenido del frasquito.

La muchacha llegó a la planta en la que estaba la habitación de Erik. No había nadie, habían obligado a todos despejar la zona para que Erik no fuese molestado, estaba en sus últimos latidos y debían darse prisa en buscar alguna forma de frenar el veneno, pero no conseguían nada, no entendían que clase de veneno era ese, les frustraba que solo le afectara a él.

Sheyle fue abriendo con cuidado cada puerta, no sabía en qué habitación se encontraba Erik y eso la frustraba. Oyó las voces de Qaydar, Shail, Victoria y Jack en una habitación más adelante, abrió apenas la puerta y miró si Erik estaba ahí, pero eso no era una habitación. No pudo evitar escuchar la conversación y con el corazón encogido escuchó todo lo que decían. Agarró con fuerza el frasquito y sus ojos se anegaron en lágrimas al oír que a Erik le quedaban pocos días de vida.

Ahogó un hipido, era consciente de que si la oían no podría estar a solas con Erik y hacerle beber el líquido que terminaría el trabajo. Cerró con cuidado la puerta y probó suerte en unas habitaciones un poco alejadas.

Erik estaba en una de ellas.

Shay abrió una puerta cualquiera y se quedó muda al ver a Erik tendido en la cama, con una palidez fuera de lo normal, con su esencia feerica comprobó como su vida espiraba poco a poco, tan lentamente que podía sentir la agonía por la que atravesaba en aquel momento.

Cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama, acarició con ternura la mejilla de Erik y sonrió al ver que entreabría los párpados y la miraba fijamente a sus ojos azul petróleo.

— She… cof… cof…

— Sh… no hables, estás muy débil. No debes hacer ningún esfuerzo — susurró la joven, que con delicadezaapartó un mechón rubio de la frente del chico.

Erik cerró los ojos y dejó escapar un leve suspiro, resignado, sabía perfectamente que le quedaba pocos días de vida antes de que el veneno terminara de atacar a sus órganos. No necesitaba que nadie se lo contara, era algo demasiado evidente y sabía que Shay lo sabía nada más verle los ojos.

— Erik, tengo algo para ti. Esto hará que tu sufrimiento termine.

Erik abrió los ojos de golpe, ¿dejar de sufrir? ¿Qué quería decir? ¿Haría que el veneno desapareciese o terminaría con su… vida? Apartó aquellos pensamientos de su mente y buscó en los ojos de Sheyle algún atisbo de maldad, pero solo los veía sombríos, como si un gran peso acarreara sobre ella.

La joven sacó el frasquito y se lo mostró.

— Te lo tienes que beber todo, el dolor se aplacará — dijo con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora, aunque solo consiguió que le saliera una extraña mueca.

Lo destapó y miró hacia la puerta cerrada, esperaba que no apareciera nadie así de improviso. Con suavidad levantó un poco la cabeza del rubio y le hizo beber el contenido. Erik comenzó a toser por el fuerte sabor al primer trago e intentó apartar de un manotazo el frasco, pero estaba demasiado débil y apenas podía levantar el brazo sin que le diera un ramalazo de dolor.

La manilla de la puerta se movió y Shay, presurosa, obligó a Erik a beberse el resto antes de que unas manos la agarraran y la tiraran hacia atrás. La muchacha se golpeó con bastante fuerza y un poco borroso vio como Jack llamaba a gritos a los demás y como estos entraban.

En aquel momento ninguno pareció percatarse de su presencia, estaban demasiado ocupados tratando de que Erik dejara de convulsionarse con gran violencia. Sheyle sacudió la cabeza y como si despertara de un sueño miró a todos lados, preguntándose donde estaba, hasta verlo… Con horror dejó escapar un grito ahogado al ver la escena. ¿Cómo había llegado allí? ¿Qué le pasaba a Erik? Se preguntó temblando entera.

Jack se dio la vuelta y con furia se acercó a la joven. La agarró de los hombros y la sacudió con fiereza preguntándole cosas, pero Shay no parecía darse cuenta. Lo único que sintió fue como la obligaban a levantarse y caminaba a empujones. Antes de salir de la habitación miró a Erik y sin saber cómo, supo que su corazón apenas latía. Victoria la miró con ojos acusadores y dolidos antes de que se cerrara la puerta tras ellos.

Desde las sombras, Kirtash observaba todo en silencio, sin ninguna emoción. Solo era cuestión de tiempo de que todo pasase.

La suerte estaba echada y solo esta decidiría el destino del joven.