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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 28

La suerte estaba echada y solo esta decidiría el destino del joven.

Capítulo XXVII. Plenilunio de Erea

— Los recientes sucesos que han tenido lugar en Riv-Arneth y aquí, nos han hecho cambiar el lugar de encuentro con mucha prisa. Me alegra ver que todos habéis podido llegar a tiempo a Kazlunn con el tardío mensaje que os mandamos— se dirigió a todos los presentes Qaydar — Debido a que Erik está a punto de morir, hemos tenido que acceder a dejar que Jack nos acompañe en esta reunión.

Kimara, Eralh, Narshel, la maga varu, la Madre Venerable y Gaedalu asintieron a su pequeña explicación.

— Si me disculpáis Archimago, ¿cuál es mi papel en esta reunión? Entiendo la presencia de Karale al ser la Madre Venerable, pero la mía no— preguntó Gaedalu. Aria no le había contado el motivo cuando fue a buscarla al Reino Oceánico.

— Es muy simple, hace veinte días, tuvo lugar otra reunión en la torre de Awinor. Como Ha-Din ya no está entre nosotros, queríamos que fueras tú quien estuviera presente ya que fuiste la Madre Venerable en el pasado. Y para no alargar mucho la reunión, espero que Aria os haya informado sobre la existencia de las ìdhisäne.

Gaedalu asintió, conforme.

— Jack, háblanos de lo que viste en aquella isla cuando recogiste a tu hijo.

Jack dio un paso al frente.

— La zona representaba grandes signos de lucha, cuando llegamos, Eva acababa de hundir su espada en el cuerpo de Erik. A los se les veía grandes heridas y Eva parecía moverse con mucha dificultad. Nada más que Eva retirada su espada, Erik se tambaleó hacia atrás y cayó al precipicio. Pero no estaban solos, había cuatro personas más con ellos, una mujer japonesa, un hombre ya entrado en años, Sheyle y Lucas, el novio de Eva. Los cuatro parecían estar en una especie de burbuja que les protegía de los ataques de los dos.

— Ya habéis oí...— Jack interrumpió a Qaydar.

— No he terminado. Había alguien más, escondido en la sombra de los árboles. Kirtash observaba todo sin intervenir. Como si le diera igual quien viviera o muriera, o ya supiera quién sería el vencedor.

— ¡Teníamos que habernos deshecho de él cuando tuvimos la oportunidad! ¡Al igual que su hija! ¡Los sheks no son de fiar!— exclamó con rabia Gaedalu sobresaltando a todos.

— Calma Gaedalu— dijo Karale con suavidad—. La sangre de Lunnaris recorre las venas de esa joven, solo hay que traerla al bando correcto. Lo más seguro es que ha sido corrompida por los dísiros.

— Karale tiene razón— intervino Shail—, no creo que Eva le hiciera eso a su hermano por voluntad propia.

Gaedalu rechistó y miró con mala cara a Shail, sabía que tenía perdida la batalla por muchos argumentos que diera.

— Como iba diciendo, ya habéis oído. Eva y Kirtash están en el bando del mal. Y por lo visto Sheyle también. Anteayer le suministró a Erik un extraño líquido y ahora está a un hilo de la muerte. Creemos que se lo dio su tía, la feerica renegada que vive en Trask-Ban.

— Está claro que ya no podemos fiarnos ni de nuestra sombra— dijo Eralh—, si por lo visto cualquiera puede traicionarnos.

— Nosotros solos no podemos contra ellos. Tendremos que pedir ayuda a los Nuevos Dragones— sugirió Kimara— y odio decir esto, pero creo que necesitaremos a Covan y su guardia.

La reunión siguió cuarenta y cinco minutos más, entre discusiones y . Los magos, Jack, Karale y Gaedalu se pusieron de acuerdo en solicitar el llamamiento a los ejércitos de los reinos de Idhún entre otras cosas. Jack parecía saber la fecha exacta, cosa que sorprendió a todos. El plenilunio de Ilea, del año siguiente de este mes. Tiempo más que suficiente para prepararse bien.

Os preguntaréis como es que Jack lo sabía, los encuentros con Alsan en sus sueños no habían cesado, Alsan, en forma de lobo, le hablaba con enigmas, ya que hablar con un vivo era algo peligroso.

— ¡Jack!

El rubio se detuvo, la reunión había terminado hacía poco. Se dio la vuelta y vio a Kimara correr hacia él.

— Kimara, creía que te habías ido como los demás.

— Ah, no.  Antes de irme quería preguntarte algo. ¿Cómo sabes esas cosas? Las fechas, el lugar...

Jack la miró, algo incómodo, no sabía si debía decirle que Alsan le aparecía en sueños desde el más allá.

— Me... lo contó un lobo— dijo dejando confusa a Kimara.

— ¿Un lobo? Jack, no pasa nada porque me lo digas, no se lo diré a nadie— pidió.

Jack suspiró y se dio la vuelta. Comenzó a andar dejando más confusa a Kimara, pero a los cinco pasos se detuvo y sin girarse dijo en voz baja.

— Fue Alsan, él... me ha contado muchas cosas.

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Victoria tenía muy mal aspecto. No quería que Erik muriera, pero tampoco que siguiera sufriendo. Tres feericos sometían a Erik en un extraño cántico durante las noches, pidiendo a la diosa Wina que no dejara que el alma de Erik cayera en el oscuro abismo y lo recogiera en su seno.

Victoria sabía que pedir algo a los dioses era inútil, no escuchaban las plegarias de nadie. Cada vez que miraban a Idhún, veían generaciones distintas.

En aquel momento, estaba arrodillada frente a Erik, acariciándole el rubio pelo con ternura. Aunque tuviera dieciocho años, para ella seguían siendo su niño, aquel niño que correteaba por la casa que tenían en Celestia.

De pronto, sintió por Shiskatchegg que Christian estaba muy cerca de ella. El corazón comenzó a latirle con fuerza al notar que estaba detrás suya. Lentamente, se puso en pie y volteó para quedar frente al shek.

— Christian— musitó con lágrimas en los ojos.

Kirtash ladeó la cabeza, Victoria seguía con muy mal aspecto por su culpa, aunque ella no lo supiera. Victoria corrió hasta él y le abrazó, apoyó la cabeza en su pecho y empezó a sollozar. Christian la rodeó con sus brazos y la miró con preocupación, si le decía que él había sido uno de los causantes del estado de Erik, le partiría el corazón y ya tenía el corazón lo suficientemente roto para soportar aquello. Cerró los ojos y hundió la cara en el pelo de la mujer, y dejó que se desahogara. Las palabras no servían en aquel momento.

Durante cinco minutos Victoria lloró sin descanso.

— Te vi allí— dijo con voz ronca.

Christian abrió los ojos y se separó un poco de Victoria.

— ¿Qué has dicho?

— Te vi entre los árboles, observando como se peleaban— dijo con lágrimas en los ojos.

Christian no contestó.

— ¿Por qué no hiciste nada? ¡Podías haberlo evitado!— exclamó, las lágrimas se escaparon y recorrieron su rostro.

— No tenía opción, así es como ha de ser— dijo impasible, tan fríamente que hizo a Victoria estremecerse.

Victoria le dio una bofetada y salió corriendo de la habitación. Le había dolido la manera en que lo había dicho. ¿Ser así? ¿Por qué? Su hijo no se merecía aquello.

Christian se quedó unos segundos mirando a la puerta abierta. Se tocó la mejilla, la cual se había enrojecido por le bofetón. Se acercó a la puerta y la cerró. Luego fue hacia Erik y con sumo cuidado revisó su estado. La panacea funcionaba, aunque nadie parecía darse cuenta. La suerte había decidido estar a favor del shek.