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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 30

Antes de que empecéis a leer los que aun no han leído este capítulo. Puede que os perdáis al leerlo, por lo que tranquilos, en el siguiente pondré un pequeño resumen sobre todo lo que ha ocurrido para que no tengáis que estar leyendo todo de nuevo (me lo han dicho que han perdido el hilo en los comentarios de este capítulo Valizisi y frikidhun_treslunas).

Así que si os perdéis o no entendéis nada, dejad un comentario con las preguntas que tengáis y os contesto en el propio comentario y si es un poco largo de explicar lo haré en el siguiente con una nota al principio del capítulo.

Siento las molestias,

Annie

Capítulo XXIX. Fugitivos

— Sigo pensando que esto es demasiado arriesgado, nos estamos metiendo en la boca del lobo.

— No digas tonterías, no nos van a pillar, ¿por qué si no nos ha dado esto Dyanne? — preguntó Ankira señalando su colgante.

— Ya lo sé, nos vuelven invisibles durante media hora, pero…

La limyati dejó de escuchar a su compañero al ver un ser extraño rondando por Vanissar. Le dio un codazo a su compañero y dejó de caminar. — Mira, otro de esos espectros, me pregunto qué será lo que "vaticinará" este. ¿El caos, la paz o algo completamente diferente? Me pregunto de dónde han salido, cómo han sido creados.

— Seguro que habrán sido ellas.

Ankira comenzó a andar hacia el ser, la gente parecía evitar toparse con él y también fingían no verle mientras se paseaba a un ritmo desesperadamente lento. Su compañero exclamó algo y fue tras ella observando con recelo al espectro.

— Ankira, olvídate de ese engendro, tenemos que ir a la plazoleta, Iris nos está esperando.

— Mira que eres pesado, no tardaremos. Además, no perdemos nada por escucharle, nadie se toma en serio lo que dicen estas criaturas desde que aparecieron. Solo tienes que ver a tu alrededor como la gente lo está ignorando.

Su compañero, Caleb, rodó los ojos, para él era una pérdida de tiempo aquello. Se acercaron al ser y cuando estuvieron a su lado, Caleb puso una mueca de asco mal disimulada. El aspecto del espectro era horrible, una sucia capa roída por todos lados cubría parte de su huesudo cuerpo como si fuera una capa. Su negruzca piel parecía haber sido carbonizada recientemente por el olor que desprendía

— ¿Y ahora qué?

Ankira bufó. — No seas impaciente.

El engendro clavó sus ojos completamente blancos en la limyati y en el humano, a pesar de ser invisibles, parecía que podía verlos. Caleb miró ceñudo a Ankira, preguntándose si los colgantes funcionaban o se les había ido la magia, pero Ankira no se inmutó, simplemente observó sus ojos y Caleb, tras mirarla, hizo lo mismo…

De pronto, el cielo se tornó completamente negro, los relámpagos iluminaron el cielo y la tierra que pisaban, pero daba igual cuanto lo iluminase, la lluvia caía copiosamente dificultando la vista. Ni siquiera se atisbaba un rayo de luz por parte de las lunas. El suelo se desquebrajaba creando grietas que dejaban atrapadas a varias personas. Había gente muerta en el suelo, dragones de madera destruidos y gente luchando en una ardua batalla.

Temblaban, sí, temblaban por lo que el espectro les acababa de mostrar. Acababan de ver una lucha y no una lucha cualquiera. Ankira podía jurar haber visto a personas que conocía yaciendo muertas en el suelo. La limyati se giró hacia Caleb completamente pálida.

— No podemos perder el tiempo.

Caleb no contestó, el joven no hacía nada más que mirar con rabia al espectro. Odiaba que esos seres jugaran de esa forma con los posibles futuros y como había hecho ya en otras ocasiones, sacó su espada y atravesó al horripilante ser de par en par. El espectro no se movió ni un ápice, pero cuando una brisa pasó por su lado, se convirtió en cenizas.

— Ahora podemos irnos — masculló con fastidio. Guardó la espada de nuevo en su vaina y echó a andar por la larga cuesta que les llevaría hasta la plazoleta, donde se encontrarían con una persona llamada Iris.

— ¡Ey! ¡Espera!

Caleb no hizo caso, prefería que la limyati le alcanzase a esperarla. No estaba nada contento por lo que había visto, Ankira no debía haber ido al encuentro del engendro.

— Gracias por esperar, eh — le recriminó la limyati.

— ¿No teníamos prisa?

Ankira bufó y en el resto de la caminata ninguno volvió a abrir la boca.

Pronto llegaron a una plazoleta abarrotada de gente que iba de un lado a otro, los niños jugaban mientras sus madres hablaban entre ellas y miraban a sus hijos para no perderlos de vista, había diferentes puestos en los que los mercaderes de diferentes zonas de Idhún vendían sus mercancías, la gente miraba y compraba, unos hablaban detenidos en la plaza, otros iban a algún lugar y los últimos…

…parecían esconder algo.

Ankira observó con atención a la gente de la plaza, sabía que si la magia de los colgantes desaparecía los ciudadanos no se percatarían de ellos, todos estaban ocupados con sus cosas, pero estaban los guardias…

Durante los últimos tiempos había soldados por cada calle de Nandelt, vigilando que no ocurriese nada extraño. No sería nada bueno que los soldados les viesen, sus rostros eran más que conocidos entre ellos. Covan se había asegurado bien de ello.

— ¿La ves? — preguntó Ankira frunciendo el ceño.

— No, hay demasiada gente. ¿Por qué hay tanta?

— Hoy es fiesta, por eso. Y es mejor, así no llamaremos mucho la atención.

Ankira se puso de puntillas, intentando alcanzar a ver a la persona que buscaban hasta que divisó una larga melena rubia recogida en dos coletas algo descuidadas que se le hizo conocida.

— ¡Mira! Allí está, al lado de ese pequeño puesto yan.

Caleb estuvo a punto de echar a correr, de no ser por Ankira, quien le agarró de la capa para que no fuera muy lejos.

— Tranquilo Romeo, ten paciencia.

El chico sólo bufó, fastidiado por la frustración de su intento de llegar más rápido a la joven rubia y de ojos violetas que fingía poner interés en los productos de un yan.

— No es por nada, pero creía que teníamos que darnos prisa. Iris arriesga mucho su vida con lo que hace por nosotros.

— Lo sé, pero la necesitamos.

Llegaron al lado de la joven, pero antes se metieron detrás de un carro en el que los yan viajan y solían llevar productos con los que a veces traficaban. Allí se quitaron los colgantes y se pusieron las capuchas de sus capas para que nadie pudiera ver sus rostros. Luego, se acercaron a Iris.

— Nos han dicho que tienes algo para nosotros, Iris — dijo Ankira con voz seria.

Iris se dio la vuelta, sobresaltada. Pero recuperó la compostura al ver quién le había hablado.

La mujer rubia asintió levemente con la cabeza y les hizo una seña para que la siguieran.

Los dos encapuchados la siguieron a través de la plaza. Caleb se había fijado en que Iris llevaba una especie de mochila hasta los topes, parecía que iba a reventar con tantas cosas que tendría ahí metidas. Soltó una pequeña maldición al saber lo que aquello significaba.

Iris frenó su paso en una de las esquinas de la plaza, justamente donde más sombra había y donde los puestos del mercado ambulante les tapaba lo suficiente sin que nadie llegara a sospechar nada extraño.

— ¿Quiénes sois? — preguntó.

Ankira y Caleb se quitaron las capuchas, haciendo que Iris abriera mucho los ojos al ver al chico. Caleb hizo como si no se hubiera dado cuenta y con voz molesta preguntó:

— ¿Qué tienes para nosotros? Espero que sea algo de utilidad, más vale que no hayamos venido aquí por ninguna nimiedad.

Iris ocultó su desilusión por la forma en que Caleb le había hablado. Se mordió levemente el labio y abrió la mochila que llevaba. Sacó unos pergaminos enrollados de entre todo el bulto de cosas que había en ella.

— Esto es lo que tengo para vosotros, habría ido yo misma a Lim Hadikah (*) a dároslo, pero pondrían sospechas sobre mí si desaparezco de repente sin ninguna razón.

Ankira cogió uno de los pergaminos, lo abrió y lo observó unos instantes.

— ¿Un boceto?

— Sí, es el nuevo modelo en el que los Nuevos Dragones estamos trabajando. Son mejores que los Escupefuego, su madera es la misma, de olenko y en las garras también llevan trozos de la Roca Maldita. Pero su madera, aparte de ser más resistente a fuego, es más resistente a daños que pueda sufrir el artefacto en una pelea y ahora que han sido avistados de nuevo sheks en el cielo, entre ellos al hijo de Ashran, Kirtash, se ha mezclado Roca Maldita con las escamas para una mayor eficacia. Por supuesto, necesitan un poco más de magia que un Escupefuego corriente.

— Que ingenioso la forma en que los Nuevos Dragones os la gastáis para pelear sucio contra los sheks.

— No peleamos sucio, Ankira. Solo utilizamos la Roca Maldita a nuestro favor, recuerda lo que los sheks pueden hacer, nosotros solos no podemos combatirlos con armas, por ello que necesitamos a los dragones artificiales y tras ver los efectos que la Roca Maldita tiene sobre ellos es indudablemente suficiente para nosotros. Ellos son nuestros enemigos y ahora están siendo liderados por esos espíritus.

Ankira no dijo nada, se limitó a coger los demás pergaminos con bocetos del nuevo modelo de dragón artificial y se los guardó.

Caleb, que no había dicho nada, dio un paso adelante — ¿A dónde vas, Iris?

Iris lo miró, algo alarmada, preguntándose cómo sabía que se iba a ir.

— A ningún sitio, tengo muchas cosas que hacer en los Nuevos Dragones, Tanawe me necesita para terminar el primer dragón — mintió.

— No me mientas, si fuera así no llevarías esa mochila llena de cosas. ¿A dónde vas?

Caleb se acercó a ella, algo amenazante.

— ¡No miento! Además, si fuera a algún lugar no tendría por qué decírtelo. Es mi vida y yo hago lo que quiera con ella.

Caleb la tomó del brazo y la miró intensamente, luego le susurró:

— No quiero que te metas en líos, ¿comprendes? Ya tengo suficiente con tener que esconderme como para que tú ahora también corras peligro. Dime, ¿los dísiros saben sobre ti? ¿Los Nuevos Dragones sospechan que eres una traidora?

Iris miró hacia otro lado, luchando internamente por si decirle la verdad o no.

— Voy a Puerto Esmeralda, mi hermana ha caído enferma y tengo que ayudar a mis padres con el negocio. Ningún dísiro sabe sobre mí, ni los Nuevos Dragones sospechan. Ahora iré con Tanawe a terminar mi parte con el nuevo modelo y luego partiré a Puerto Esmeralda con un pájaro haai que me prestará una amiga celeste — mintió como mejor supo — Ahora tengo que irme. Adiós.

Iris se puso de puntillas y besó a Caleb en los labios, pero el beso no duró tanto como a los dos les habría gustado. Iris se alejó sin decir nada más, dejando a Caleb con la palabra en la boca.

— ¿Qué? ¿Nos vamos? — preguntó Ankira, quien había estado observando la escena algo apartada para no interrumpir.

— Sí…

Se pusieron las capuchas, el amuleto no les serviría ya de mucho. Avanzaron por la plaza, Caleb miraba todos los artilugios que vendían hasta que se fijó en una pequeña botellita de fragancia, si no recordaba mal, aquello era Aroma del Desierto, una sola gota y en aquello en lo que cayera ardería al instante. Sonrió, aquello no era algo fácil de encontrar, los yan raramente traficaban con aquella sustancia por lo peligrosa que podría llegar a resultar, aparte de que era endemoniadamente difícil de encontrar, solo algunos yan sabían en qué zona de Kash-Tar se hallaba.

Con discreción, alargó el brazo y cogió y metió rápidamente el frasco en un bolsillo. Nadie se había dado cuenta, o eso era lo que él creía.

— ¡Eh, tú! ¡Eso tienes que pagarlo!

Caleb no hizo caso.

Una mano le cogió el brazo por detrás.

— He dicho que tienes que pagarlo, chico.

Caleb se giró. — No sé de qué me habla, mercader. Si me disculpa.

Se deshizo del agarre tirando al suelo al hombre y continuó caminando como si nada, Ankira se había alejado, ajena a lo que acababa de hacer él.

— ¡Ladrón! — gritó el mercader señalándole. La gente se volteó a ver, curiosa por saber lo que ocurría. Caleb lanzó una maldición, con el grito los soldados irían hacia él.

Con el rabillo del ojo vio que unos soldados se acercaban hacia él amenazadoramente. Comenzó a caminar más rápido, hasta el punto en que, en un tramo de la plaza, echó a correr.

— ¡Tú! ¡Ven aquí! — exclamó uno de los soldados.

Caleb corrió más deprisa, sorteando a la gente como mejor podía, en algunas ocasiones tenía que dar empujones y la gente se quejaba preguntándose qué pasaba.

Se preguntó dónde se habría metido Ankira, no la veía por ninguna parte y eso le preocupaba. Apretó el paso esperando encontrársela pronto, debían salir de allí ya.

En otra parte, en la misma plaza.

Una mujer rubia creía que todo iba a salir bien, que su plan era perfecto, que nadie se daría cuenta. Pero cuán equivocada estaba…

Una sombra se movía veloz acercándose a ella más y más. Silencioso y letal cogió su espada y la sacó sin que nadie se diera cuenta, era el momento. Se puso detrás de ella y colocó el filo de la espada en la garganta de su presa.

— ¿Acaso creías que no te encontraríamos, Iris? —preguntó con una sonrisa maliciosa en el rostro el hombre encapuchado con una túnica negra.

Iris dejó escapar un grito ahogado, consternada. ¿Cómo era posible que la hubiesen encontrado? Se había encargado personalmente de que creyeran que estaba en otra parte.

— ¿En serio pensabas que íbamos a caer en tan burda trampa? No, porque los dísiros somos la creación de los espíritus observadores. Con una simple bola de energía podemos ver el presente, lo que está ocurriendo ahora mismo. Así que no puedes escapar de nosotros tan fácilmente — susurró a su oído con malicia.

— No, por favor… Alden, no me lleves ante ellas… hicimos un trato.

— Lo siento, pero lo que me pides es imposible, Iris — el dísiro besó el cuello de la joven antes de desaparecer en un agujero negro rodeado de humo del que salían pequeños rayos que daban vueltas.

Iris chilló de dolor nada más aparecer en una sala redonda, el lugar en el que le había besado Alden se había formado una marca de tres puntos formando un triángulo. Se acurrucó en el suelo, temblando de terror.

— Estos mortales son incapaces de soportar nada… — se quejó una voz a sus espaldas.

— Adrianneh, esa marca haría daño hasta a un dragón, shek o unicornio — dijo otra voz, esta era suave y aterciopelada.

A Iris se le congeló la sangre al reconocer a las propietarias de esas voces. Ahora estaba perdida.

Por otro lado, Ankira caminaba tranquilamente por la plaza. Sabía que había dejado atrás a Caleb, pero no le importaba, ya se encontrarían más tarde en el dragón artificial que Dyanne les había prestado para ir hasta allí.

De pronto, Caleb apareció a su derecha corriendo:

— ¡Ankira corre!

Ankira miró sorprendida a su compañero, luego hacia atrás para ver a varios soldados correr detrás de ella. Abrió los ojos desmesuradamente y maldijo por lo bajo antes de echar a correr a pos de Caleb.

— ¿¡Qué has hecho idiota!? — le gritó Ankira cuando le alcanzó.

— ¡Nada! ¡Solo cogí prestado Aroma del Desierto!

— ¿Te has vuelto loco o qué?

— ¡Déjalo! ¡Ahora tenemos que despistarles!

Ankira puso los ojos en blanco y tiró de Caleb hacia un callejón.

— ¿Pero qué haces?

— Calla idiota, ponte el amuleto. El tiempo que le queda será suficiente.

Caleb le hizo caso y los dos se volvieron invisibles.

— Se han metido por aquí — dijo un soldado en la entrada del callejón —. Caso error… aquí no tienen escapatoria.

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— ¿Cómo va el chico?

— Aguanta bastante bien a pesar de que está a un hilo de la muerte.

— Debe ser un golpe mu…— Shizuko no pudo continuar.

— Mejor que se muera ya. Está más que claro cuál es el bando ganador.

Kirtash mandó una mirada amenazante a Rhiz, nunca le había caído bien ese mago, además, nadie le había dicho que pudiera meterse en aquella conversación. Rhiz se achantó un poco al ver la mirada fría del shek dirigida a él.

— Como iba diciendo, debe ser un golpe muy duro para Victoria y Jack. Victoria ha perdido a Eva de una forma indirecta tras romperse el vínculo, pero Erik será otra cosa. Con su muerte el otro bando tendrá más que asegurada la victoria.

— Cierto, ¿qué hay de nuevo con las ìdhisäne?

— Hace un rato mandaron a Alden a buscar a una chica a Vanissar. Le he preguntado a Pain y Ailyn por qué querían coger a la chica, ya que como tutora que soy en los entrenamientos de Eva creo conveniente estar al tanto de ciertas cosas…

— ¿Y qué te han dicho?

— Shizuko, no deberías decir nada a este híbrido. No es de fiar.

Kirtash se volvió hacia Rhiz, esta vez más amenazante.

— Una sola palabra más y te clavo a Haiass en el corazón.

Rhiz escupió encima de Christian. Estaba más que claro el desprecio que sentía hacia el shek. Kirtash cogió a Rhiz de la camiseta y lo levantó unos centímetros por encima del suelo.

— Deja de incordiar mago mugroso o pagarás tu insolencia.

— Puede que seas el hijo de Ashran, pero no me das ningún miedo shek. Una escoria como tú no debería existir.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Rhiz estaba tan seguro de que Shizuko le impediría a Kirtash hacerle algo que no veía que a ella no le importaba lo más mínimo. En poco segundos sintió como el filo de una espada se le clavaba en el estómago, congelándole el órgano con el frío de la espada.

Kirtash lo tiró al suelo, dejando que se desangrara solo. Rhiz miró suplicante a Shizuko, pero ella no hizo ningún ademán de ayudarle, simplemente se limitó a responder a la pregunta de Christian.

— Evaden mis preguntas, Kirtash. Creen que yo no lo sé, pero algo muy gordo se está cociendo detrás de esto. Esa mujer no será la única a la que van a secuestrar, habrá más.

Christian asintió con aire pensativo, Shizuko tenía la sensación de que el shek estaba procesando la nueva información para quién sabe qué cosa.

— Será mejor que me vaya. Tengo que confirmar una cosa…

Acto seguido, Shizuko estaba sola con Rhiz desangrándose.

— Shizuko, ayúdame.

— Pst… ya no me eres de utilidad.

*Lim Hadikah: significa "frontera del refugio" en idhunaico.

Cada vez queda menos para que este fic se acabe, no diré cuántos capítulos quedan porque a lo mejor acabaré dividiendo algún capítulo en dos independientes y tal... A partir de este capítulo se empieza a explicar cosas que han quedado sueltas, espero que os haya gustado el capítulo ;)

Annie˜

PD: Dedicado a KimaraMdi por pedirme por Twitter que subiese el capítulo y mil perdones porque te dije que actualizaría el viernes o el sábado y al final no lo hice D:

PD2: Dedicado también a monny666 (por cierto, me encantó tu comentario ^^ me quedé con una cara de sorpresa al leerlo...), valizisi (que no sé cuántas preguntas le quedarán por hacerme de todas las que tiene y la curiosidad me puede xD), frikidhun_treslunas, Baby aniika, Lunnyet y bellarose_riddle.

PD3: Mi twitter: @LilithNever  por si alguien quiere insistirme a que actualice más a menudo (?) xD

PD4: Queda poquito para los 100 comentarios y las 10.000 lecturas O_O Que feliz soy n.n

Y con esto me despido, creo que no me queda nada más que decir ._. (Creo que ya he dicho bastante)

Au revoir!