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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 5

Victoria no sabía en que pensar, acababa de ver como sus hijos luchaban utilizando dos de los cuatro elementos, también le había parecido ver que Erik lanzaba un ráfaga de viento, pero no estaba segura; creía que, como máximo recibirían los instintos de sus padres, no sus esencias. No podía parar de preguntarse como demonios había salido de la palma de la mano de Eva una llama y en la de Erik agua, tendría que ser al revés, y ese halo que los cubría... Christian caminó hacia Eva, al parecer no se dio cuenta de que su padre estaba allí, intentando que reaccionara, pero toda su atención estaba dirigida a Erik, igual que él a ella.Jack que también intentaba que su hijo reaccionara, cruzó una mirada de entendimiento con Chris, Jack asintió y el shek se acercó a Erik, nada más rozarle el pelo, este pegó un brinco prendiendo fuego la pared, las llamas empezaron a comerse la madera con violencia, pero Christian rápidamente lo apagó acercando a Haiass y Jack tuvo que sujetar a su hijo para que no se cayese del susto.

  • ¿Qué ha pasado? - Eva miraba a todos lados, al parecer había una fina capa de hielo por el suelo y la pared, pero no solo eso, algunas zonas estaban completamente quemadas, dejando el suelo completamente negro.
  • Creo que tendremos que enseñaros a controlaros por si acaso, hasta entonces es mejor que no salgáis a la calle - Victoria los miraba con el ceño fruncido.
  • ¿Qué? ¿No podremos salir?
  • No, hasta que tengáis algo de control y, solo podréis salir si uno de nosotros os acompaña.
  • ¿Qué? ¡Si tampoco estamos tan descontrolados! ¡Solo hemos quemado y helado alguna parte de este sitio, pero estábamos luchando nada más!
  • ¿Tú crees, Eva? ¿Acaso has mirado lo que estas haciendo ahora mismo? Eva fijó la vista al suelo y vio como el hielo se extendía con una gran rapidez por toda la habitación, pegó un salto antes de que se resbalara quedando al lado de su padre; le miró suplicante, pero este negó con la cabeza.
  • ¡Uf! Vale... - se cruzó de brazos y refunfuño algo que nadie entendió.
  • Un momento, ¿por qué tanto interés por ir a la calle? Tal vez, ¿quieres ir a la academia? - preguntó Erik acordándose de cuando volvían a casa.
  • Yo no he dicho nada sobre que quiera ir a la academia - su voz sonó cortante dando por entendido que no pensaba hablar más, su padre pudo comprobar que mentía, sentía curiosidad, así que, intentó indagar más, se adentró en su mente, todo iba bien, hasta que un muro de hielo le cortó el paso, luchó por intentar atravesarlo, mas era inútil, el muro cada vez era más grueso. Salió de la conciencia de su hija, preguntándose a qué se debía tanto secretismo y, como había cerrado de esa manera su mente, acababa de empezar y no parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de pasar, algo tendría que haber en esa academia para que Eva se mostrase de esa manera.

* * * Era viernes por la mañana, estaba agotada de los días anteriores, su padre le había dicho que tenía que unir su alma con la de shek, a saber como, por mucho que lo intentó no lo conseguía, solo se cansaba más y más, aparte de congela toda la sala de entrenamiento. Hasta que al final, lo consiguió sin saber como, fue muy agotador, casi se desmaya por el esfuerzo. El reloj marcaba las nueve y media, tenía una hora para dejar todo listo y escaparse para ir a la academia, aunque lo tenía prohibido, ella solo quería volver a verle, nada más; había soñado con él, tenía curiosidad por saber que era lo que escondían aquellos ojos negros... Un silencio espectral reinaba en toda la casa, después de vestirse, bajó con mucho cuidado las escaleras para ir a la cocina y desayunar, si tenía suerte, tal vez todos despertasen cuando ya se hubiese ido. Terminó de desayunar y fue al baño, donde se arregló, aquella vez lo hizo a conciencia, quería estar guapa. Miró la hora, diez y media. Volvió a su habitación y cogió sus cosas, antes de abandonar la habitación dejó unas almohadas debajo de la cama, seguramente creerían que estaría agotada y la dejarían descansar. Al abrir la puerta de la entrada pensó  "Mm... demasiado fácil"  justo en el momento en el que oye una voz. Se dio la vuelta, Erik estaba con los brazos cruzados y mirándola con el ceño fruncido.

  • Eh... hola, hermano - Eva puso cara inocente - Tu por aqui.
  • Si, yo por aquí. ¿Adónde vas?
  • Erik... por favor, no les digas nada, tengo que ir a la academia, es importante - puso cara de cachorrito, sabía que, con esa cara siempre acababa consiguiendo lo que se proponía. Erik no pudo aguantar esa cara, la detestaba, era imposible no ceder.
  • Vale, esta bien. Pero, si te descubren, no es mi problema. Eva sonrió y le abrazó, segundos después, Erik observó como se iba su hermana corriendo a la academia, volvió dentro y fue a su habitación para practicar con su guitarra. Lo que Eva no sabía era que, Christian estaba observando desde el tejado como se alejaba, corriendo.

* * * ¡Lo había conseguido! ¡Había llegado a la academia! ¡Estaba feliz, iba a volver a verle! Nada más entrar, buscó con la mirada al chico, apenas habían hablado, pero no podía quitarse esos ojos de la mente. Lo encontró apoyado en la pared del fondo, al parecer ahora era cinturón negro y sintió como el corazón le iba cien por hora en cuanto la miró. No sabía si acercarse o quedarse allí, quieta, aunque dio igual, apareció el entrenador y enseguida ordenó que todos se pusieran con la misma pareja que el primer día de clase, eso hizo que Eva se sonrojada un poco, pero enrojeció aún más cuando Lucas se puso a su lado para ir a una zona libre de parejas y para que nadie les molestase.

  • ¿Qué tal?
  • ¿Eh? - Eva se dijo a si misma que se tranquilizara, pero no podía - bien, ¿tú?
  • De maravilla. Se pusieron uno frente al otro, Eva no se atrevía a mirarle, él no le quitaba los ojos de encima.
  • Dentro de un mes empezará un campeonato de taekwondo, la participación es libre ya que habrá varias categorías, en la siguiente clase os diré lo necesario para, los que se quieran apuntar - habló fuerte el entrenador para que todos le oyeran, se calló después de una corta pausa - Bien, ¡empezad! Eva y Lucas empezaron a luchar, pero en vez de una lucha parecía un baile bien aprendido, ella ya le miraba, parecía deseosa de abrazarle, besarle, a él también le pasaba lo mismo, pero no podían, no allí, los dos ocultaban esos deseos con la cara semblante, aunque sus ojos les delataban. Terminaron la clase y todos se dirigieron al vestuario correspondiente para cambiarse. Eva se duchó rápido y se vistió, poniéndose la falda negra con una bonita camiseta roja con rayas negra que le dejaba la espalda al descubierto y unas sandalias negras. Nada más salir, vio que Lucas la esperaba, la miraba de arriba abajo, con una media sonrisa. Se pusó colorada como un tomate, él se acercó, entonces, pudo comprobar, sin saber como que tenía la misma edad que su hermano.
  • ¿Te vienes a dar una vuelta?
  • Si, ¿por qué no? Este asintió y se marcharon en silencio, pero lo que no sabían era, que alguien los observaba con un gran interés. Ese alguien no era de ese mundo, sino de Idhún y buscaba a unas personas de allí, y curiosamente, Eva era una de ellas...

Dieron una vuelta, Eva estaba contándole que nunca había tenido amigos, que todos la evitaban porque le tenían miedo. Lucas se paró enfrente a un parque, donde se llevó a Eva a un banco.

  • ¿Cómo? ¿Te tienen miedo? - enarcó una ceja intrigado, a él no le daba miedo, sino que, le atraía como un imán.
  • Sí, no me preguntes por qué, no tengo ni idea - pero sabía perfectamente la causa por la que todos esos años no quería que nadie estuviese cerca y preferían no toparse con ella, se quedó un momento reflexionando sin darse cuenta de que Lucas se acercaba a ella.
  • Sabes, el otro día... llegó una chica a la que no consigo quitarme de la cabeza - Lucas se puso frente a ella mirándola fijamente a los ojos.
  • ¿A sí? ¿La conozco? - preguntó Eva intentando no mostrar la decepción que sentía por dentro.
  • Más de lo que crees...
  • ¿Y qué crees que siente ella por ti? - esta vez se sentía confundida... ¿Acaso era ella aquella chica? No, no podía ser, pensó.
  • Pues... - Lucas no sabía que decir. La miró a los ojos esperando que de su boca saliera un "yo siento lo mismo". Pero en aquel momento Eva no podía hablar y, aunque pudiera, no habría dicho nada.Ella prefería el silencio... los gestos... las miradas. Posó sus ojos sobre la boca de Lucas, luego le miró y volvió a mirar su dulce boca. Lucas entendió aquel gesto y se acercó lentamente hacia ella, fundiéndose así en un largo, ardiente y apasionado beso. Eva se quedó sin respiración. Era su primer beso y sentía como se derretía por dentro. Se dejó llevar, pasó sus brazos alrededor de su cuello y Lucas la agarró de la cintura atrayéndola más a él. Se separaron cuando sus pulmones pedían a gritos aire, el corazón de ella latía con mucha fuerza y los labios le ardían. Apoyó la cabeza en el pecho de Lucas y estuvieron abrazados durante un buen rato. Lucas aspiró el dulce aroma a fresas de su pelo y apoyó la cabeza en la de esta. No sabía que le pasaba, solo había habían pasado cuatro día desde que la conoció y solo habían hablado en uno, y ya estaba perdidamente enamorado de ella, apenas se conocían y lo único que quería era protegerla con su vida y tenerla cerca de él, el máximo tiempo posible.

* * * Eva regresaba a casa, Lucas le acompañaba, pero solo hasta quedar a una calle de ella, era mejor que no la descubriesen, si se llegan a enterar de que se había escapado...

  • Aquí vale.
  • ¿Segura? - Eva asintió, entonces notó como unos ardientes labios la besaban por quinta vez ese día, se volvió a quedar sin respiración y se dejó llevar, pero para su decepción duró poco.
  • Hasta otro día - sonrió y se quedó esperando en la esquina hasta ver que Eva entraba dentro. Eva dudó de si darse la vuelta, quería quedarse con él un ratito más, pero enseguida la razón le dijo que debía volver a casa si no quería meterse en líos, si es que no se había metido ya en uno. Agarró su bolsa y fue aproximándose a la mansión D´Ascoli. Se tocó los labios, los sentía ardientes por el beso y se quedó embobada pensando en Lucas. No se dio cuenta de que Victoria la esperaba en la puerta de la casa mientras ascendía por el camino que había desde la verja. Se dio cuenta a la mitad del camino, vio que su madre, precisamente no tenía cara de buenos amigos, tragó saliva, prosiguiendo su camino imaginando que le tocaría como castigo.