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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 6
Erik estaba apoyado en la ventana, sombrío, mirando como se acercaba un desconocido por el camino que cruzaba el jardín. Sentía como la energía de Eva le llegaba ardiente, pero apenas le dio importancia, tenía toda su atención en aquel desconocido. Era un hombre de cuarenta años apróximadamente, no estaba muy seguro. Siguió mirando, vio como Victoria salía descalza de la casa, corriendo a su encuentro y se daban un abrazo, parecía que no se veían desde hace mucho. Dejaron de abrazarse y caminaron hacia la casa, justo cuando se iba a apartar del cristal, su madre le señaló, el desconocido sonrió, como si le conociese. Erik frunció el ceño, ¿quién era ese hombre? Erik se apartó de la ventana con brusquedad y cogió su guitarra, tenía que terminar de componer las notas de la canción que iba a tocar con sus amigos, eran dos guitarristas, un bajo, una voz y un batería. Estaba tocando las notas para asegurarse que quedaban bien con la letra, cuando se oyeron unos golpes en la puerta. Suspiró, era su madre, inconfundible.
- Pasa - Victoria abrió y se quedó en el umbral de la puerta.
- Erik, ha venido un amigo y quiero que bajéis tú y Eva, tiene muchas ganas de volver a veros - Erik se puso nervioso al oír el nombre de su hermana, todavía no había vuelto.
- Ahora aviso a Eva - "Como si pudiese..." pensó - ¿Quién es?
- Cuando bajéis lo sabréis - sonrió - ¿avisas tú a Eva, entonces? - Erik asintió - Bien, pues os esperamos abajo. Vic cerró la puerta. Y Erik dejó escapar un suspiro. Haber que hacía ahora. No podía avisar a Eva, no se había llevado el móvil y a saber donde demonios se encontraba. Salió de la habitación, preguntándose que haría. Entró en la habitación de al lado, las almohadas seguían en su sitio, debajo de la sábana. Se le ocurrió decir que Eva no se encontraba bien y no quería que la molestasen. Les dio un poco de forma a las almohadas para que pareciese que había una figura humana debajo de la sábana. Salió y se dirigió al piso de abajo dejando la blanca puerta cerrada. Se encontró a todos sentados en el salón, a excepción de Christian que, por supuesto estaba de pie. "¡Mierda! ¡Cuando mienta, Christian se dará cuenta enseguida!" No había contado con ello y se pusó pálido, no sabía que iba ha hacer entonces. Respiró hondo varias veces para tranquilizarse, decidió intentarlo, no le miraría a la cara, ni dejaría que él se la viese.
- Hola, Erik. ¿Y Eva? - Jack miraba detrás de él por si la veía. Erik intentó hablar si que se le notase el temblor en la voz - No se encuentra bien. - Uf! Por poco deja que Christian le mirase los ojos, este no parecía dejar de mirarle, cosa que, le ponía aún más nervioso. "Eva por favor, entra por la puerta, por la ventana, ¡por donde sea! ¡Pero arrastra tu cara de serpiente hasta aquí ahora mismo!" imploraba a si mismo.
- Voy a ver como esta - Victoria se levantó, pero Erik la detuvo.
- También me dijo, que no quería que nadie subiese a su habitación, le dolía bastante la cabeza y quería silencio, osea, estar sola, quería dormir. Todavía esta cansada de los días anteriores.
- Mm... - Victoria le miraba poco convencida. Erik sintió como algo se adentraba en su mente. No, no podía ser, se suponía que tenía que mirarle a los ojos. Entonces cayó en la cuenta de que no le hacía falta, solo lo necesitaba para matar bajo su forma humana. Intentó dejar la mente en blanco, pero no podía, no podía dejar de pensar en esa mañana como Eva le convenció, como se quedó mirándola mientras corría para salir del lugar y dirigirse a la academia. Notó como su mente volvía a ser suya y oyó una maldición proveniente del shek. <¡Arggg! ¿Por qué tendrías que ser una serpiente??> pensó malhumorado, Chris dio un respingo, había oído lo que había pensado Erik, cuando estaba saliendo de su mente y el chico se dio cuenta, maldiciendo para sus adentros. Eva se acababa de meter en un buen lío. De pronto, sintió una energía ardiente apoderarse de él. Provenía de Eva, ¿qué estaría haciendo? Sintió como los labios le quemaban, conocía aquella sensación, pero nunca lo había sentido tan intensamente, entonces comprendió que hacía y se puso colorado, maldijo en voz baja aquello que los unía de tal manera que podían sentir lo que el otro sentía, se preguntó que sentiría uno cuando muriese el otro, sacudió la cabeza, prefería no saberlo. Christian se llevó a parte a Vic y a Jack, que fruncieron el ceño. Erik vio como su madre abría la puerta de la calle para quedarse en el umbral de brazos cruzados. Sintió a su hermana, estaba cerca y sentía como ella se sentía, quería parar, no quería sentir eso, prefería no saber que hacía. Se sentó en el sillón abatido. Se dio cuenta de que el desconocido le miraba con curiosidad, parecía haber oído lo que había maldecido hace unos segundos, le miró, era alto y delgado, de cabello negro que llevaba corto, moreno, ojos oscuros y facciones agradables.
- Hola, no sé si te acordarás de mi, pero por tu cara deduzco que no. Me llamo Shail Fesbak.
- Hola, eh, bueno, tu cara me suena, pero nada más.
- Normal, la última vez que nos vimos fue hace 16 años, has crecido un montón. Erik abrió la boca para decir algo, pero no pudo, su madre se puso a gritar a Eva enfadada, ella no parecía prestarle mucha atención, cosa que sacó de sus casillas a Victoria. Erik la miró fijamente, cosa que también hicieron Christian, Jack y Shail; parecía estar en otro lugar, aunque mirase a su madre sus ojos la delataban, estaban brillantes, recordando lo que había pasado. Erik se estremeció, no iba a soportar mucho más lo que sentía en todo su interior, por lo menos era menos de lo que sentía su hermana, cosa que tampoco lo consolaba gran cosa. ¡PUFF! Se oyó en todo el piso de abajo, todos se habían quedado anonanados al ver como Victoria le pegaba una bofetada a su hija, ella había salido de su ensimismamiento, sacudió la cabeza y en sus ojos se asomaron lágrimas. Erik sintió el dolor, y así dejando de sentir lo otro, por una parte se alegró, pero por otra se preocupó por su hermanita.
- Yo... Eva... no quería... - Victoria le iba a tocar la mejilla, pero Eva salió corriendo escaleras arriba, a los dos segundos se oyó un portazo. Victoria no sabía que hacer, se sentó en el sofá, Shail le pasó el brazo por los hombros intentando consolarla. Jack y Christian se quedaron quietos al lado del sofá. Erik sentía que sobraba, se levantó y subió al piso de arriba sin que se diesen cuenta. Se paró enfrente de una puerta, era la de Eva, no sabía si entrar o no. Dio media vuelta para entrar a la suya, pero una voz le detuvo. - ¿Erik? ¿Puedes pasar un momento, por favor...? Abrió la blanca puerta, la habitación estaba a oscuras, las negras cortinas estaban cerradas, Eva se encontraba en un rincón de su cama de sábanas negras y blancas, apoyada contra la pared. Sostenía un cojín.
- ¿Estas bien? - preguntó al verla llorar - ¿Es por la bofetada?
- No.
- Entonces, ¿qué es? - pasó el tiempo, Erik creía que no iba a contestar y decidió que lo mejor sería dejarla sola, pero Eva habló con un hilo de voz.
- ¿Sabes lo que se siente cuando oyes lo que piensan los demás de ti? - Erik negó con la cabeza - Pues yo sí, puedo leer su mente, aunque no quiera, oigo lo que piensan y eso me hiere, sobretodo cuando lo piensa mamá.
- Oh, Eva... - se acercó y la abrazó, Eva hundió su cara en el pecho de su hermano y lloró mojando la camiseta roja que llevaba - Venga, tranquila. Mamá te quiere, con todo su corazón, tranquila.
- ¿En serio? Porque lo que piensa dice todo lo contrario - A Eva se le rompió la voz, sus hombros se convulsionaron, dejando escapar más lágrimas que antes. Erik no le preguntó que era aquello que pensaba su madre, sabía que, quería mucho a Eva, tal vez esos pensamientos fuesen cuando se enfadaba, nada más. Eva le agradeció que no le preguntase lo que oía, se quedó allí, llorando, hasta quedarse dormida.
* * * En otra parte del mundo. <¿Cuándo podremos marcharnos?> <¡Tranquilízate, Zassel!> <¿Cómo quieres qué nos tranquilicemos? ¡Llevamos años esperando salir de este estropicio que han hecho de la Tierra lo humanos!>
- ¡Tenemos que poner a la pequeña Lune de nuestra parte! O, ¿es que lo habéis olvidado?
- ¡Shizuko! - Rhiz tembló unos instantes, cuando los sheks fijaron sus ojos en él, miró a Shizuko - El portal esta listo.
- Bien, voy a ver a Lune, y esta vez, vendrá con nosotros.