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← Te vi venir · de

Te vi venir — capítulo 11

10º

Pvo. Leila

Iba a asomar la cabeza cuando de repente, escuché el sonido de algo metálico caer al suelo y cristales rotos. Me quedé inmovil en mi sitio a la espera de algún sonido más.

-¡Rebeca!-era uan voz masculina, noo sabía de quién se trataba.

Y tampoco me apetecía saberlo por lo que me di la vuelta y volví a la fiesta. ¿Qué habría sucedido con Rebeca? Ea pregunta estuvo presente en mi cabeza sin dejarme pasarlo bien al lado de mis amigos. Me preguntaron en varias ocasiones por mi ausencia del tema de conversación y yo le quitaba importancia con un gesto de la mano.

Pvo. Aly

Volviendo a la cocina cargada con una bandeja llena de vcopas, vi que alguien venía hacia mi en sentido contrario desde la cocina. Dejé la bandeja en el suelo y me apresuré a agarrarle del brazo.

-¡Rebe, por Dios!-dije al ver sus lágrimas.- ¿Qué ha sucedido?

Ella respiraba entrecortadamente, una mezcla rara entre el llanto y el dolor.

-¡CAPULLOS DE MIERDA!-exclamó llorando, se soltó de mi agarre y se perdió por los bordes del jardín.

Ok. ¿Qué había sucedido? ¿A dónde coño iba Rebeca a estas horas y sola? ¿Por qué estavba llornado? Tantas preguntas y ninguna respuesta para mi. Recogí la bandeja del suelo con cuidado de no romper nada y entré a la cocina. Las luces estaban apagadas, y cuando las encendí, todo estaba en silencio. La nevera estaba abierta, y tras la ouerta se encontraba Marian.

-¡Aliana!-me dijo sorprendida y con uan simpatía poco usual en ella.

-Em... señorita-la saludé.

Dejé las copas en el fregadero y me volví para preguntarle si se le ofrecía algo, pero ya se había esfumado y había dejado la puerta de la nevera abierta. La cerré ya dispuesta a irme a buscar a Rebeca cuando pisé algo extraño. Fruncí el ceño, me agaché, y recogí lo que parecía ser una pulsera masculina de Dolce&Gabbana.Salí escopetada de la cocina al darme cuenta de lo que había sucedido... ¡No podía ser posible!

Busqué a Rebeca por todos lados, entre la gente de la fiesta, en el interior de la casa y habitación por habitación. Pero no había ni rastro de ella... ¿Dónde se había metido? Por que esta chica, cuando está así es capaz de hacer cosas muy malas.

Pvo. Bruno

Me senté a su lado, impotente por no saber cómo consolarla ni qué le pasaba para estar así, llorando desconsoladamente, sollozando de manera desmesurada. La noche estaba tranquila, pero sospechaba que nada en su interior podía estarlo ahora. Dubitativo, pasé una mano sobre sus hombros y la acerqué a mi. Ella no objhetó nada, simplemente se dejó llevar y se acuirrucó contra mi pecho. Me mojaba la camisa con sus lágrimas pero eso poco me importaba ahora. Apenas habíamso hablado, poco nos conocíamos, pero de repente pude sentir cuan angustiada y mal estaba. ¿Qué le habría sucedido? No pude preguntarle hasta que estuvo más calmada.

-¿Puedo saber qué ha pasado para que llores de esta manera?-pregunté con mi barbilla apoyada en su cabello.

-Hay gente capaz de hacer lo que sea con tan de conseguir sus objetivos-me dijo. Se sorbió la nariz y se incorporó. Apoyó la espalda en la pared y abrió sus marrones ojos para mirar a un punto indeterminado, parecía ida y enfadada. La manera en que se enjugó las lágrimas me dió a entender que la rabia era poca cosa comparada con lo que sentía.- Y les importa una mierda pasar por encima de los demás.

Se hizo el silencio, hasta que ella se dignó a seguir con su discurso, que em pareció uan verdad como un templo.

-Y luego estan otras personas, a las que les entregas todo-una lágrima rodó por su mejilla-, y recibes puñaladas a cambio.

Pvo. Rebeca

()

Esa fiesta era un ajetreo y una locura interminables, cuando creía que no me iban a pedir más alcohol, habían personas que me sorprendían y me pedían vodka con limón o cualquier otra cosa de esas sofisticadas que nada iban con migo.

-Disculpa, niña-dijo una mujer algo rolliza, vestida con un traje rosa pastel y coimplementado con innumerables joyas plateadas.

-¿Sí?

-Trae dos martinis.

-En seguida.

Con la bandeja hasta los topes de copas vacías para meter al lavavajillas cuanto antes, avancé hacia la puerta trasera de la cocina, que desembocaba al jardín y daba un mejor acceso a la casa en estas ocasiones para el servicio. Abrí la puerta con el codo para no soltar lo que tenía en las manos. Qué raro. Las luces estaban apagadas. Todo se iluminó en cuanto entré a la estancia, y me quedé paralizada donde estaba. 

Frente a mi, habían dos personas. Una de ellas la conocía vagamente, y a la otra demasiado, o eso pensé hasta ese preciso momento en que mi alma se rompió junto con mi corazón. La mujer estaba sentada encima de la encimera, con el vestido subido, y las piernas enroscadas al cuerpo del hombre, que la embestía de manera brutal, ambos gemían bajo para que nadie les escuchase, pero eso no quitaba que yo pudiera verles claramente y supìera identificar sus rostros. La mujer era nada más y nada menos que Marian Giovanelly, pero el hombre no era Bruno Sanchez, como cabría de esperar de una relación tan fantástica e idílica, qué va. Era alguien a quien creía conocer, del que se suponía que sabía todo y con el que supuestamente iba a pasar elk resto de mi vida. 

Todo el mundo se equivoca, y yo no soy la excepción.

Él era Max.

La bandeja se me cayó al suelo, y no me preocupé en los cristales rotos ni en recoger el estropicio. Ambos me miraron sorprendidos, más él que ella. Sucedieron tres cosas, tan rápidas que me costó asimilar cual fue la primera. en mi garganta se posó un gran nudo díficil de tragar, mis ojos se aguaron rápidamente y yo eché a correr, no sin antes escuchar tras mi espalda como él me llamaba. Si creía que iba a detenerme, estaba totalmente equivocado. 

No podía creerlo. No cabía dentro de lo posible... Mi novio me engañaba, él esa misma mañana me había dicho que me amaba. Hipócrita, eso era él. Un hipócrita sin sentimientos. Las lágrimas bañaban mi rostro sin descanso, y yo sabía a dónde tenía que ir, dónde podía desahogarme en paz. Me crucé con mi mejor amiga, que me preguntó por lo que me sucedía. Lo único que salió de mi boca fue un grito rozando el llanto desconsolado; "¡CAPULLOS DE MIERDA!", grité. Hice que Aly me soltase y volví a correr para escapar de esta pesadilla. Mis pies rozaban las ramas del camino que tenía que seguir para llegar a aquel lugar. 

Lo había descubierto hacía unos días, en una de mis tardes de desocupación. Era un lugar precioso y tranquilo, aparentemente desocupado y en donde se podía estar en paz. Me había aguantado las lágrimas delante de ellos. Ahora me dolía el recordar esa escena, el shock de ver a mi novio tirarse a otra delante de mis propoios ojos fue algo que no pude soportar, y tuve que largarme de allí lo más rápido posible. Decepción. Le había confiado todo, él sabía msi secretos, mis pasiones, lo que me gustaba, lo que odiaba, lo que me alegraba y lo que me entristecía. No podía creer que una persona a la que había contado todo sobbre mi vida me hubiera traicionado de esta forma. 

¿Desde cuándo estaría viendose con ella? ¿Y si me había engañado con otras antes? Eso explicaría sus casmbios de humor repentinos, pero no podía sacar nada en claro, pues la rabia y la impotencia me cegaban y me hacían pensar lo peor. Pero la cuestión era... ¿podía pensar bien de lo que había visto? respuesta sencilla y sin dudas: No. Maximo Lares era un traidor, un infiel, un falso y un fantasma. 

Cuando llegué a la casita, me apoyé en la primera pared de madera que encontré y dejé resvalar mi cuerpo sin fuerzas de seguir a delante. Caí en el parqué, me abracé las piernas y sollocé como nunca lo había hecho en mi vida. Pero no de tristeza, si no de rabia, de asco, de repugnancia y por que em sentía como una verdadera estúpida de mierda que no se daba cuenta de las cosas. Aly lo había dicho: "Sigo pensando que Max no es una buena persona". Y yo, de ciega enamorada, no le había hecho caso. 

-Eh... ¿estás bien?-escuché que una voz decía al poco tiempo. yo el miré, y pude ver borrosamente de quién se trataba. en estos momentos, hasta que me viese él así me daba igual.  -¿Me ves cara de estar bien?-espeté.

Él calló de inmediato, y yo volví a enfurruñarme y llorar como una niña pequeña a la cual le quitan el chupete, sucede que a mi no me habían quitado eso, a mi me había arrebatado el corazón. Sentía un vacío en el pecho, y ganas de mandarlo todo a la mierda sin importarme demasiado. Bruno estaba mi lado, me di cuenta de que le había tuteado, y también me pregunté qué haría aquí, pero ahora no podía hablar, necesitaba llorar. Él se sentó a mi lado, y pasado un rato de llanto, pasó un brazo por encima de mis hombros y me atrajo hacia sí.

En cualquier otra circunstancia le hubiera reprendido, pues soy su empleada, él tiene novia y esa muestra de consuelo se vería muy mal, pero ahora no podía pensar, sóolo me dejaba llevar. Me acurruqué contra su pecho sabiendo que necesitaba el calor que alguien pudiera brindarme sin hacer preguntas. Max había significado muchas cosas para mi. Cosas importantes que había vivido a su lado ahora me hacía daño recordarlas. Mi pecho se encogía con cada sollozo, estaba poniendo perdida su camisa pero al parecer no le importó.

Una vez me hube calmado un poco, sentí su respiración en mi coronilla. Luego habló.

-¿Puedo saber qué ha pasado para que llores de esta manera?-preguntó.

No podía decirselo. Aunque me muriera de ganas por cotarle que u novia le era infiel, no podía hacerlo. La razón era simple; algo en mi interior me decía que no lo hiciera, que callase por que si hablaba iba a ser peor. Pero tampoco podía mentirle.

-Hay gente capaz de hacer lo que sea con tan de conseguir sus objetivos-le dije. Me incorporé y apoyé la espalda en la pared. Parecía una niña tonta por estar llorando tanto por algo así, pero no podía evitarlo. Me sequé las lágrimas con el dorso de las manso, cabreada conmigo misma. - Y les importa una mierda pasar por encima de los demás.- Me callé un momento, silencio absoluto, sentía su mirada clavada en mi, pero no me importaba. -Y luego estan otras personas, a las que les entregas todo-traicionera la lágrima que bajó -, y recibes puñaladas a cambio.

Respiré hondo intentado relajarme hasta que él decidió decir algo.

-No sé todavía exactamente qué te ha pasado-me dijo, giré mi rostro y clavé mi mirada en la suya, azul como el cielo, un azul que transmitía tranquilidad y paz.- Pero debe de haberte dolido mucho. Lo siento.

Apreté los labios en un intento de acallar mi llanto, pero no pude retenerlo. En sus ojos vi que estaba preocupado e intrigado, pero yo no podía disipar sus dudas, y desde luego no esperaba encontrarle en este lugar tan escondido y alejado de la mano de Dios. Volvió a atraerme hacia su cuerpo, y yo gustosa accedí a que me abrazase para consolarme. Pocoi a poco, pude calmarme, controlar mis emociones y dejar de llorar, aun con la pena en el alma.

-Siento haberle hablado así-le dije una vez reparé en que le había tuteado y había sido grosera.

-No importa, eso da igual-me contestó.- Puedes tutearme si te apetece, me suenta mejor cuando no me hablas de usted. Que no soy tan viejo.

Me hizo sonreir, luego miró su reloj y yo me preocupé por la hora. Eran las tres de la madrugada. Había estado llorando desde la una. Ya estaba más calmada y relajada, y me sentía capaz de levantarme.

-Tengo que volver a al casa, he dejado a las chicas plantadas, atendiendo a los invitados y...

-La fiesta ha acabado hace media hora-me dijo él cuando se levantó al tiempo que yo.

-Oh... Dios entonces tengo que volver para ayudar a limpiar.

Mi uniforme estaba hecho un asco, manchado de restos de alcohol, parecía que la borracha era yo en vez de los estirados empresarios y sus acompañantes. Con él siguiéndome los pasosllegué a la casa. Estaba cerca de mi, notaba su presencia tras mi cuerpo. Cuando em di cuenta de que tendría que volver a entrar en la cocina, maldije por lo bajo y me eché el cabello hacia atrás con las manos mientras cerraba mis ojos.

-¿Qué sucede?-preguntó él.

-Nada, es solo que... me duele la cabeza.

-Ve a descansar entonces.

-No, tengo que trabajar.

-Yo soy el jefe-dijo autoritario, le miré sorprendida, pues nunca alardeaba de su puesto en la casa.- Y quiero que vayas a descansar.

-¿Es una orden?-pregunté a punto de sonreir.

-Exacto, así que espero que la cumplas.

Acabé por mostrar una leve curva en mi boca y luego me giré para desaparecer en el iterior de la casa. Ok, no estaba bien escaquearme de mi trabajo, pero si que era verdad que la cabeza me daba vueltas, y prefería no entrar en esa maldita cocina, aunque tarde o temprano tuviera que hacerlo. Prefería que fuera más tarde. Entré a mi habitación, en el pasillo había poco ajetreo, y el que se escuchaba era en la cocina. Cogí mi pijama y consuklté mi móvil. 

Cinco llamadas perdidas y dos mensajes, uno de voz y uno de texto. Las llamadas eran de Max. Apreté los labios y pasé de largo, no pensaba contestarle. El mensaje de texto era otro tanto ala hipocresía y a lo básico de la situación:

"Rebe, no es lo q parec, djam explicartlo xfavor, tq!"

Bufé y tiré el móvil a al cama con fuierza, mejor ni escuchaba el de audio, de seguro era suyo también. Si escuchaba su voz me pondría allorar como una magdalena. Aunque tendría que hablar con él, no iba ahacerlo ahora, no iba a buscale yo, no iba a arrastrarme por algo que no era mi culpa y en un asunto donde yo era la víctima. Fui al baño, abrí el agua y la puse a temperatura ambiente. Me duché pepnsando un poco en todo, y sintiéndome una tonta y estúpida por creer sus mentiras. ¿Me amaba? ¡Claro que no! todas esas muestras de afecto, todo lo que habíamos pasado ahora se quedaría en el olvido.

O eso intentaría que sucediese.

Salí de la ducha más refrescada y con la mente menos abrumada que antes. Me puse el pijama y volví a mi habitación. Eran las tres y media y aly no había vuelto. Estaría ayudando a limpiar. Entré a la habitación y encendí la luz. Sentada en mi cama había una persona, visita non grata para mi gusto y los anteriores sucesos. Alcé una ceja inquisidora, ¿qué quería ahora? ¿joderme más la vida de lo que había hecho?

-Creo que tenemos una charla pendiente-dijo Marian, clavándome uan mirada aesina.

Este día estaba siendo demasiado largo para mi gusto.

Pvo. Aly

En la cocina, pregunté a las chicas por Rebe.

-¿No al habéis visto?

-Qué va-me dijo Carla.

-¿Dónde se ha metido esta niña?-decía Issa más para sí misma.

-Quizás ha sucedido algo y se ha tenidoq ue marchar-aventuró Selene.

Mi móvil bibró, metí la mano en el bolsillo del delantal. Rocé con lso dedos la pulsera de Dolce&Gabbana que había encontrado hacía dos horas y media, ¿estaría equivocada en mi teoría? La poantalla del móvil decía un número desconocido. Fruncí el ceño y lo cogí.

-¿diga?

-Aliana, necesito que me ayudes. He intentado llamar a Rebeca pero no me coge el móvil y...

-¡Tendrás cara!-le espeté-, ¡¿Después de lo que has hecho tienes el puto morro de venir a decirme que necesitas ayuda con algo?! Mira Max, ¡Que te den!