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Te vi venir — capítulo 12

11º

Pvo. Rebe

-Creo que se equivoca-repliqué.- Usted y yo no tenemos nada de lo que hablar.

-¿Quieres que te recuerde lo que viste hace unas horas en la cocina?-me interrogó. Mi pecho se encogió, y cerré los ojos.- Veo que no hace falta...

-¿Qué quiere?-pregunté.

-Que te calles, que no le digas nada a Bruno de lo que viste.

-¿Y qué recibo yo a cambio? 

-Que no te despida y puedas darle dinero a tu pobre familia.

-Mi familia no es pobre-objeté.

-De momento, guapita-me corrigió.

-¿Cómo que de momento?

-Segun mis fuentes, tu madre es la que os mantenía, pero si por un casual de lso casuales ella se quedase sin trabajo...

-No-la interrumpí.- No sería capaz.

-Creeme que cuando quiero a una persona soy capaz de haceer lo que sea.

-Si lo ama, ¿por qué le ha engañado con... otro?- me negaba a pronunciar su nombre.

-Voy a ser sincera con tigo... Quiero que te largues de aquí. Por eso lo he hecho.

-¿Por qué quiere que em vaya?-pregunté.

-¿No es obvio? Quiero que dejes en paz a Bruno, él es mío, entérate. 

-Yo no tengo ninguna intención con el señor Bruno, él es mi jefe y punto, señorita-dije lo más educadamente posible.

Por mi le hubiera tirado de los pelos a la primera frase que dijo. 

-Díselo a quien te crea.

-No tiene que pagarla con mi familia, con ellos no se meta, si el problema es cvonmigo, pues dígamelo.

-Ya te lo eh dicho, estoy harta de que le mires de esa forma, no me gusta que toquen lo que es mío.

-Si quería que me marchase, ¿por qué no me echó?

-No quiero que Bruno piense que soy una mala persona-dijo inocentemente.- Por que yo soy muuy buena.

-Permítame que discrepe-dije por lo bajo, pero me escuchó... ¡Qué pena!

-si te echo, él me pedirá razones y yo no podré dárselas, ¿te imaginas que le diga: la eché por que te tenía en el punto de mira? No mi niña, no soy tan estúpida. 

-Con esto se ha puesto asi misma en peligro-le dije.- Podría ir en cuyalquier momento y contarle a él lo que vi.

-Tienes dos cosas en contra. La primera... ¿A quién creería? ¿a una criada o a su novia? la segunda, que si lo haces...- Se levantó y se encaminó a donde yo estaba, quedando muy cerca. Me sacaba unos pocos centímetros, pero era por los taconazos que llevaba.- Adiós mami trabajadora.

-Si me dices de una vez qué es lo que quieres me harías un favor, por que quiero dormir-le dije enfadada y harta. 

Me había cansado de tratarla con tanto trespeto cuando no se lo merecía, no pareció molestarle que la tuteara.

-Soy consciente de que con lo que hice me pongo en riesgo a mi misma, pero claro, me da la satisfacción de molestarte-se había quedado corta.- Haremos un trato; tú te callaras y te alejarás de Bruno, a cambio, yo te dejaré tu puesto de trabajo para que mantengas a tu familia y no haré que despidan a tu madre.

¿Estaba loca? repasemos... Se había tirado a... ese, para hacerme daño, y luego poder chantagearme con algo y mantenerme alejada de Bruno... ¿Pero por qué me aleja de él si ni siquiera estoy cerca! Dios a este elemento, por que ni a mujer llega, no hay quien al entienda. Salí de mis pensamientos para centrarme en el trato que iba acerrar. No pensaba dejar a mi familia desamparada por el capricho de una niña mimada.

-Muy bien, te has salido con la tuyas, trato hecho, no diré nada... Ahora, por favor, señorita Marian-dije volviendo al respeto.- Salga de mi cuarto y déjeme descansar.- Duije educada.

-Claro, Rebeca...-contestó, pasíoa mi lado dándo con su hombro en el mío, reprimí las ganas de partírle la cara.- Pero no te creas que tu trabajo va a ser facil.

Luego salió dejandome flipando, con la palabra en la boca y una rabia en el cuerpo increibles.

Pvo. Leila

Al día siguiente, me levanté con dor de cabeza, menos mal que era domingo y no tenía que ir a la "universidad". Eran las doce cuando abrí los ojos. Me puse mis sandalias de andar por casa y bajé para desayunar a la cocina.

-Buenos días...-canturreé llegando a al cocina. Issa me recibió con uan sonrisa y Carla, su sobrina, igual. Las otras chicas no estaban.

-Hoy durmió mucho, mi niña-dijo Issa.

-Oh si, y me ha reparado todos los madrugones del día-me reí.

Después de comerme un tazón de cereales con leche y una fruta, subí a mi habitación enconmtrándome con Rebeca.

-Hola-le dije.

-Oh, Leila, si quiere vuelvo luego.

-No, tranquila, yo solo voy a cambiarme en el vestidor, que voya salir.

Me fijé en que tenía un poco de ojeras y entonces recordé que ayer alguien desde la cocina la había llamado. Me metí en el armario a buscar qué ponerme.

-Rebeca-la llamé.

-¿Sí?

-¿Puedo saber qué sucedió ayer, en la cocina?

Se quedó callada durante unos minutos, hasta me dio tiempo a buscar qué ponerme.

-Bueno, no importa... oye-dije cuando vi otra cosa que me llamó la atención.

Salí del armario para encontrármela a ella de pie, inmovil con la cabeza gacha y limpiándose algo de la cara que parecieron lágrimas. lo hacía con rapidez, y con la misma prisa me miró.

-Disculpeme-me dijo.

-¿Te disculpas por llorar?-pregunté, luego em acerqué a ella y le pasé el brazo por los hombros.- Bueno Rebe-dije al ver que no estaba dispuesta a hablar.- ¿Puedo llamarte así?

-Claro.

-Lo primero, tutéame, que seguro que soy más joven que tú mujer-ella se rió un poco.- Y lo segundo, si loi que pasó ayer no te mató, entonces es que no fue tan malo.

-Bueno, se podría decir que estaba sensible y...

-Si no quieres contarlo por que así te sientes mejor, no lo hagas. 

-Vale, vale-me respondió.

-Y cambiando de tema... ¿me puedes ayudar?

-¿en qué?

Alcé las dos perchas delante de mi.

-¡No sé cual ponerme!

Se lo pensó un momento.

-Mm... este-dijo escogiendo el de la derecha.

Yo sonreí. este era un modelito que tenía algo arrumbado y hacía muchoq ue no em ponía. Consistía en un vestido corto y sencillo, en su mayoría gris y con algunos detalles en negro. Simple pero bonito.

-Podrías pònertelo con unas romanas negras, coimo accesorios te aconsejo solo una diadema de pelo fina y un collar plateado.

-¿Sabes qué? ¡Eres una genia!-no pude evitar abrazarla.- Tienes un gusto muy bueno, espero que puedas escogerme la ropa más a menudo.

Se rió.

-yo tengo que seguir limpiando-me dijo.

Le dejé con su trabajo y fui a vestirme. Cuando acabé me dejé el cabello suelto y ondulado, cogí mi bolso y justo cuando iba a bajar las escaleras sonó mi móvil.

-¿Sí?

-Leila, necesito que vengas ¡pero a la ade Ya!-me dijo Bernard.

-¿Se puede saber qué te pasa ahora?

-Ok, no sé qué ha pasado aquí, ¡y te necesito!

-Vale hombre no me vuelvas loca que allá voy-le dije.

Colgué y me subí al coche. Aparqué cuando llegué a su departamento en el centro de Roma. Subiendo las escaleras, me tropecé con alguien.

-¡Leila!-me dijo.

-¡Aly!-le dije, la saludé con dos besos.

-nio esperaba verte por aquí-comentó.

-Bueno, aquí vive un amig mío.

-Y aquí tengo yo mi apartamento.

-Ah... oye, tengo que irme, me están esperando, te veo luego-le sonreí y nos despedimos.

Subí a toda prisa las escaleras y toqué la puerta, ni cinco segundos tardó en abrir. Muy bien, esto tendría que estar prohibido. Me recibía nada más y nada menos que en boxer azul claro, y sin nada más. Su cuerpo esbelto, su tableta ligeramente marcada, sus amplios hombrtos y sus perfectas y morenas piernas estaban a la vista. No era que no le hubiera visto así, qué va. El trabajo de modelo implica que veas a tus compañeros en ropa interior y los desfiles de lo mismo abundaban, pero seguía flipando con su cuerpazo. 

-¡Leila!-me dijo para hacerme reaccionar.

-Em... ¿cuál es la urgencia?-respondí.

-Entra y lo ves tú misma-me dijo, se hizo a un lado y me dejó pasar. 

En el interior del depa, todo estaba más o menso en orden, hasta que me fijé en el suelo. Fruncí el ceño cuando divisé prendas de ropa que hacían un camino, desde la puerta hasta su habitación. Un pantalón, una camisa, un sujetador, corbata, zapatos... ¡Un momento! ¿sujetador? 

-¿A quién te trajiste anoche?-pregunté entre divertida y mosqueada.

-¡Eso es lo que me choca, que no lo sé!-me dijo.

Entré a su dormitorio, las sábanas color carmesí estaban revueltas de lo lindo y el edredón nordico en el suelo tirado de cualquier manera.

-¿Me llamas por que te tiraste a alguien anoche y no sabes quién es?

-¡Pues sí! ¿Y si la tía tenía alguna enfermedad venérea?

-qué paranoico-murmuré por lo bajo, pero me escuchó.

-Paranoico una mierda, ¿y si ahora tengo el sida o algo? ¡No recuerdo nadas, Leila! No sé si usamos condón o no, ¡ni nada!

-Vale... ¿tienes alguna pista de la... fugitiva?

-dos, pero no servirán de mucho.

Me enseñó en sujetador que vi antes y de su dedo íncice, colgaba un tanga negro.,

-¡Eso no es una pista! No averiguaremos quién se acostó contigo por su sujetador y su tanga. 

Me puse a explorar la habitación, cuando en una de las mesitas de noche vi un papelito pisado por el despertador. 

-Mira, parece que tu amiguita ha dejado algo.

Era un número, y un nombre que me dejaron boquiabierta, más por que los conocía que por otra cosa: 

Christina, 722 564 891

Pvo. Rebe

Cogí el teléfono y llamé a casa.

-¡Hola!-dijo al bonita voz de Carol.

-Hola pequeñaja, ¿cómo estás?

-Pues muy bien, te extraño.

-Y yo a tí, no te creas.

-¿qué tal tu trabajo?

-Pasable-comenté sin querer preocupar a la niña.- ¿Está mamá?

-Sí... ¡mamá!-escuché que la llamaba a lo lejos, mi madre no tardó en ponerse.

-¿Rebe?

-sí, ¿qué tal todo por allá?

-Muy bien, gracias a Suzie que m,e ayuda con lso niños, que si no no sé lo que haría.

-Ya... Bueno mamá, pasado mañana es mi día libre, estaré por allí casi todo el tiempo. +

-¿Y no vas a ver a Max?-inquirió, suspiré y cerré los ojos.

-Em... no, lo hemos... dejado-le comenté. No quería preocuparla.

-¿Y eso? Se os veía tan bien...

-No quiero hablar de ello, mamá, bueno, nos veremos pasado mañana,. Un beso.

-Chao, te quiero.

Colgué y dejé el móvil en la cama. Salí de la habitación y me dirigí al salon superior, me habían comunicado que el señor Bruno quería hablar con migo. Estaría arriba con su amigo mientras se tomaban algo. Subí maldiciendo en mi interior. Se suponía que tenía que alejarme de él, pero era una orden y no podía desobedecer. Cuando toqué la puerta escuché que me daban el paso.