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Te vi venir — capítulo 14

13º

Pvo. Rebe

Giré la cara, para encontrarme con unos ojos azul grisáceo, la mare de misteriosos y enigmáticos. Le sonreí y empecé a secarme las lágrimas. 

-Gracias.- Terminé de secarme con el dorso de la mano, cuando Aaron me tendió un pañuelo. Sonreí de nuevo, em sentía tonta.- Debe de pensar que soy una llorona.

-No-me dijo.- No lo pienso. Si lloras es por que tus razones tendrás.

Su expresión permanecía neutral, parecía un poco más... ¿sociable? que la primera vez que le había visto, aislado del mundo leyendo el preiódico de la mañana. 

-Pensé que la casa estaba sola.

-Volví hace un rato, daba un paseo por el jardín cuando escuché que estabas tocando. 

-Ya... bueno-me levanté.- Debo irme. Hay que preparar la cena.

Me di cuenta de que me estaba siguiendo cuando llegué al recibidor.

-¿Hay alguien más en la casa, señor?

-No, o eso creo... Mi abuela salió con una amiga, mi hermano salió con su novia y mi hermana con sus amigos, así que creo que no.

Me metí a la cocina, me puse un delantal para no asquearme la ropa y empecé a preparar la cena. Él seguía mirando todo lo que yo hacía. Me estaba poniendo un poco nerviosa.

-Señor...¿Y usted no tiene nada que hacer?-pregunté sin dejar de cortar las zanahorias. No respondió.- No quiero ser grosera, pero ¿se va a quedar mirando mientras preparo la cena?

-Lo siento, es que no, no tengo nada que hacer y la verdad es que me aburro un poco.

-Bueno, si lo desea puede ayudarme-le ofrecí en broma.

Me sorprendió ver que se encogió de hombros.

-Duime qué tengo que hacer.

-¿En serio?-le dije, asintió. y fui a buscar un delantal.- Pongase esto, no queremos que se manche ese traje.

Dejó el delantal en al encimera y se deshizo de su chaqueta negra. Quedó en una camisa de botones azul oscuro que le quedaba pintada. Recogió las mangas para no mancharse y pude ver que su antebrazo estaba bien fornido. Desde fuera se dividaban unos amplios hombros, buen cuerpo, aunquie no tanto como el de Bruno. Aaron era más esbelto, pero bruno estaba más... En fin, que es mejor dejar de comparar a los hermanos. Le expliqué cíomo hacer un bizcocho, que era el postre para la cena de hoy. Saqué los ingredientes y empezó hacerlo sin esfuerzo mientras estábamos en silencio.

Me sorprendió su maestría con los utensilios culinarios. 

-¿Cocina?-pregunté.

-¿Qué?-dijo, parecía estar concentrado en batir la mezcla de huevos, azucar y harina.

-Que si sabe usted cocinar.

-Oh... Sí. Issa nos enseñaba a todos los hermanos pero fui el que más se interesó por la cocina.

-Ya veo.

Cuando todo estuvo preparado para meterlo al horno, pasñé por al lado del hombre, con tanta mala suerte que él también empezaba a girarse y juraría que vi a cámara lenta cómo se le resvaló la bandeja del horno de las manos y cayó al suelo. Maldecí y dejé en al encimera la otra bandeja con el pollo preparado para el horno. 

Oh... Lo siento-me dijo.

-No lo sienta, ha sido mi culpa que iba apresurada-le contesté.

Caminé sin mirar por dónde pisaba para ir a buscar la fregona cuanto antes. PPero resvalé, y me vi con la cabeza partida en el suelo hasta que unos brazos detuvieron mi caída. Aaron había evitado que me cayese sobre el potingue del suelo, pero claro, él no contó con que estaba encima. Acabó resvalándose y nos caímos los dos manchándonos la ropa. Acabó atravesado sobre mi barriga. al incorporarnos y ver las pintas que él llevaba no pude evitar empezar a reirme. Él o se contagió o era que yo tenía un aspecto igual de ridículo que el suyo, fera lo que fuese también empezó a carcajearse.

-Vaya, ¿qué ha sucedido aquí?-dijo la voz de Issa. 

Nosotros la miramos. Tenía varias bolsas de supermercado en las manos y a sus francos iban Carla y Selene, con sonrisas en sus rostros al ver la cómica escena. Me pregunté dónde estaría Aly. 

Pvo. Aly

-¿Y pretendías que ella te perdonase?-inquirí una vez estuvimos a solas en un baño.

-No, sabía que Rebeca no iba aperdonarme-dijo.- Pero nada perdía con intentarlo.

-Sí que has perdido-lke dije.- La perdiste para siempre, Max, y todo por el calentón.

-No sabes cómo ocurrieron las cosas.

-Déjhame adivinar. Marian se te insinuó. Te llamó, no sabes ni cómo consiguió tu número a pesar de que yo tengo al certeza de que cogió el móvil de Rebe a escondidas. Luego la señora te invitó a su casa el mismo día quie se celebraba una fiesta. Y claro, como estás buena y es una fiera en la camano pudiste resistirte a tirártela en la cocina por que la situación te daba morbo.

-¿Cómo sabes todo eso?-preguntó, yo bufé.

-Llevo casi un año trabajándo en esa casa como para conocer a sus habitantes de sobra aun si haber entablado una conversación decente con ellos. Y Marian no es una excepción.

-Aly me arrepiento-me miró fijamente a los ojos en el espacio reducido en el que estábamos, donde podíamos mantener una conversación en voz baja.-, y lo sabes, me conoces lo suficiente.

-Sí, te conozco, y por esa razón es por la que no me fio ni un pelo de lo que dices.

-Pero...

-De peros nada-le interrumpí.- ¿No querías morbo?-susrré.- ¡Pues toma morbo!

Salí del lugar y lluego cogí el autobuas hasta llegar a la mansión, donde me esperaban para terminar de preparar la cena. Resulta que Max me había ido a pedir consejo al supermercado después de hablar con Rebeca, y esta decirle que habían cortado y que no quería volver a verle. ¡Será gilipollas! Lo que hay que aguantar... en fin. al entrar me vi a Rebeca limpiando el suelo y a Selene y Carla hablando con ella.

-Dios, en serio, ¿cómo has conseguido que se ría?-dijo Selene.

-Tía, lo tuyo es fuerte, ¿le has puesto a cocinar?

-Sí, y es que nos caimos y empezxamsoa reirnos coño, y estaba aburrido, y le sugerñi en broma que se pusiera a cocinar, pero mis orpresa fue que dijo que sí.

-¿De quién habláis?-pregunté.

-Del señor Aaron-respondió Carla.- Cuando llegamos nos los encontramos sentados en el suelo, manchados de preparado de bizcocho y partiéndose el culo.

Me quedé algho asombrada cuando me lo contaron todo. El señor Aaron se había reido muy pocas veces en lño que yo llevaba trabajando en esta casa, y la mayoría no las había visto yo sino que me las habían contado. Luyego de servir la cena a os señores fui a subirsela a la señora Evangeline, que hoy no había bajado a cenar. Toqué la ppuerta y me dio el paso.

-Señora, su cena-le anuncié.

-Acércate, cariño.-me dijo.

Hice lo que me pidió, estaba sentada en la cama, con la vista dfija en un libro que dejó de lado para empezxar a cenar mientras hablabamos.

-Aly, ¿qué tal con los hombres?-pregutnó.

-Oh, pues,... no sé, supongo que bien.

-Entonces tienes novio-dijo ella.

-No, no tengo. Se podría decir que no em he epeñado mucho en buscar el amor.

-Ya. ¿puedo saber por qué?

-Ver a mi alrededor cómo la gente acaba dañada por amor, saber que puedes llegar a sufir irremediablemente por ello... No alienta mucho a mis espectativas.

-Eso mismo pensé yo, pero conocí a Hector... Aunque murió hace ya varios años aun conservo su recuerdo. Admito que sufrí mucho por su fallecimiento, pero era algo irremediable. El amor es un camino de rosas con grandes espinas.

Pvo. Christina G

Mi hjermana estaba un poquito chalada. Sí, hablo de Marian. Pero no me he presentado como es debido. Me llamo Chrstina Giovanelly, tengo diecisiete años recién cumplidos. Estudio en el instituto, aunque el año está a punto de acabar y yo de irme a la universidad. Podría decirse que a ojos de mis padres soy uan chica que no rompe un plato, pero eso no es cierto. No es que a sus espaldas beba, fume, tome drogas y me tire cual cosa con rabo se me pasa por delante, pero tampoco soy la santa que ellos creyeron educar. Mi hermana empezóa salir con Bruno hace casi un año, y desde hacía unos meses vivían juntos. 

Ella ya contaba con veintiun años y podía hacer lo que quisiera, en cuanto a mi, yo vivía con mis padres por ser menor de edad. auynque pasaba la mayor parte del tiempo con mi hermana mayor, también tenía a dos amigos más. Una de ellas era mi tocaya, pero teníamos algo muy distinto. Yo iba para psicóloga, y ella para modelo. Y el otro era un chico, de casi diecioco años, que se llamaba Marco.Italiano al igual que yo, de cabello oscuro y ojos negros como la noche. Le conocí por medio de Christina, y hasta ahora no ha pasado nada entre nosotros. Pero eso estaba a punto de cambiar. 

Para qué mentir, Marco me gustaba, oh claro que me gustaba. Yo también tenía mis asuntos propios y prefería no meterme enlos de mi hermana para no salir mal parada. Esa tarde me acerqué a Marco. Estabamos en un parque, en realidad él lo estaba antes y solo pero yo había llegado. Sus inseparables gafas de sol, la chuipa de cuero y el cigarrillo en al mano le daban ese toque malote que tanto me gustaba en él. A pesar de ser un chico de buenos sentimientos y actitud positiva se había dejado llevar por Christina y su vida independiente e irresponsable.

Yo no iba a hacerlo, pero eso no significaba que no me encantase lo atractivo que se veía en esa posición.

-Hey-le saludé.

-Hola-dijo después de exhalar una bocanada de humo.

-¿Hoy no vas a la uni?-pregunté. Estaba estudiando filosofía, se le daba bien, pero no le agradaba la idea de un horario fijo y encima por la tarde, cuando quedaba con los amigos para fumar un pitillo o dar una vuelta.

-No, no me apetece-me dijo. Giró su vista hacia mi, lo supe aun viendo que tenía las gafas puestas.- ¿Y tú qué haces aquí? Qué raro que no andas con tu hermana.

Me mordí el labio. ¿Qué? Una también tiene sus armas de seducción, y una de ellas eran mis labios. Me acerqué un poco a él y le quité las gafas con un movimiento lento, sin dejar de mirarle a sus profundos ojos, donde no se distinguían el iris y la pupila. 

-Quería estar un rato contigo-le dije en tono bajo. Sabía que yo le atrañía, al menos fisicamente, por que cuando tenía oportunidad me pasaba el brazo por los hombros, me abrazaba, posaba sus grandes y firmes manos en mis caderas y mi cintura... Señales que le dan a entender a una mujer si te gusta. Por todo ello, me atrevía decir con lña voz más sensual que em fue posible:- A solas.

Él me respondió con una sonrisa de lado dibujada en sus finos y apetitosos labios.

Pvo. Leila **Aquella mañana en la academia de modelaje hacíamos uno de los tantos desfiles para que los diseñadores pudieran vernos a nosotros y sus ropas en acción. Era lencería. En el vestuario de detrás de la pasarela que allí se había montado, todas estábamos vistiéndonos y maquillándonos. El primer conjunto que tuve que ponerme era muy sencillo y bonito. Sujetador y braga brasileña rosa, con dos pequeños lacitos, uno en el centro del suje y el otro en la braguita.**Eva tenía que salir detrás de mi. A ella le habían puesto algo más sexy. Era un conjunto de lencería en negro y rojo, de encaje y como complementos unos guantes de la misma tela.

Salimos muy seguras deseandonos suerte. Pasos en línea, tal y como nos habían enseñado, mirada al frente. Llegada, pose y luego volver, giro sobre los talones, pose y caminar ligero con una leve sonrisa que le daba más encanto a las prendas que llevábamos.

**Al entrar al backstage, tuve que cambiarme a prisa por que me tocaba después de otras dos chicas. y no iba a salir sola, conmigo iba a estar Christina. La lencería que nos tocaba era bastante provocativa. La mía era un sujetador de encaje a blanco y negro con braguita minúscula, a ella casi lo msimo pero en rosa y negro.**Antes de salir, nos estaban arreglando debidamente la ropa cuando ella me habló.

-Deberías cuidar tu dieta-me dijo mirándome a de arriba abajo.

-¿Por qué?-dijo el chico que me estaba vistinedo, Paolo.- Está estupenda.

-Esa pequeña barriguita que sobresale de ahí no dice lo mismo-comentó para luego volver a lo suyo.

Miré hacia abajo... Yo vbeía mi vientre muy plano. Estaba segura de mi propio cuerpo, pero empecé a pensar en lo que me había dicho.

-No le hagas caso-me dijo Paolo.- si no fuera gay, te comería enterita cariño.

Le sonreí un poco justo antes de volver a la pasarela y modelar con ganas. Esto era lo mío, y nadie podía decir nunca lo contrario. Auinque a estas alturas seguía teniendo miedo de que alguien me pillase en el engaño que le estaba haciendo a mi familia, no podía evitar modelar, por que sin la moda, la pasarela y la música que acompañaba mis seguros pasos, no era nada.

Pvo. Bruno

Marian me había obligado a venir. Según ella era un desfile muy sencillo, nada engalanado y algo casi rutinario que hacían las modelos. Tuve que acompañarla. al entrar a la sala, nos pusimos atrás, por que la parte de alante estaba dedicada a los diseñadores y periodistas. Las modelos eran realmente guapas y con cuerpazos, ¿qué pasa? soy un hombre y se apreciar lo que veo. Rubias, morenas, pelirrojas... ¡Un segundo! ¡No me jodas!