← Te vi venir · de
Te vi venir — capítulo 16
15º
Pvo. Bruno
Al entrar, Rebeca se tambaleó, y tuve que ayudarla a sostenerse mejor.
-Vas mal, eh...-le dije a broma, sabiendo quie no me prestaba atención.
-Tu casa es muy bonita-dijo ella, luego hipó.- Y tu familia muy agradable.
Me hizo gracia por lo que me reí en voz baja, luego caminé agarrándo casi del todo su peso sin dificultad, hacia su habitación. Pero a mitad de casmino cambié de opinión, y fui ala puerta de enfrente.
-Eh-dijo ella.- Si mi cuarto es por ahí.
-Ya-le respondí.- Pero ahora necesitas otra cosa.
-¿Y qué necesito?-preguntó.
-Algo fresco-le dije.
-Oh... fresco... ¡El fresco de mi ex!-dijo repentinamente enfadada.- Capullo...
-Vale, le odias, me queda claro...
La senté en la taza del vater, y pensé en cómo meterla en la bañera con agua fría sin que se manchase ese vestido que el quedaba tan bien... Me encogí de hombros. En su estado probablemente no el importaría. Se reía a lo bobo mientras me agachaba a quitarle los zapatos, bastante bonitos por cierto, y luego le quité el vestido por al cabeza. Madre mía, ok, estaba con Masrian y todo eso... Pero... Rebeca era... impresionante. su piel tersa, la suavidad de ella. sus caderas bien formadas, sus esbeltas piernas. Tenía un cuerpo digno de una bailarina como era. Decidí dejar de pensar en sus facultades físicas y la cargué para dejarla en la bañera.
-Oye... ¿qué pasa ahora?-me dijo.- El piso está muy frío y... ¡aaaah!-chilló cuando abr´ñi el grifo,.
El agua helada la llenó de arriba abajo, y creo que si que desperttó un poco, por lo menos dejaba de decir burradas. Cerré el grifo y m,e miró estupefacta.
-¡¿Pêro qué em has hecho?!-exclamó demasiaodo alto.
-Shhh-bisbiseé a punto de carcajearme.
-No tiene gracia-respondió después de bajar la voz.
-Sí que la tiene.
-¡¿Por qué lo has hecho?!
-Tenía que espavilarte y no se me ocurría nada más que una refrescante ducha fría.
-Vale, ¿y tengo que darte las gracias?
-No es necesario-respondí. Sí, estaba más despejada, pero seguía un poco ebria.- Vamos, te ayudo a lñlñegar a tu habitación.
Se envolvió en una toalla y caminó descalza y con mi ayuda hasta su cama, donde se tiró.
-¿Sabes?-le dije.- Borracha estás muy graciosa.
Cuando me dui la vuelta, ella ya estaba durmiendo. Sonreí y neguré con la cabeza. Esta chica es muy divertida. La aropé con el edredón, se quejó un poco pero finalmente se quedó sopa. Apagué la luz dándole una última mirada, justo antes de cerrar la puerta.
Pvo. Christina G
Al día siguiente, volvía mi casa a cambiarme de ropa. Habíamos decidido que yo ligaría con otro chico delante de Marco, para ver si reaccionaba un poco. Chris era una maestra en cuanto a tíos se trataba. Después de ponerme mona iba a salir hacia la casa de mi hermana, pero me la encontré bajando las escaleras.
-Hola querida hermanita-me saludó. Le di dos besos.
-Iba de camino a tu casa para pàsar el día en la piscina, tengo cosas que contarte.
-Las piscinas vna a tener que esperar amore-contestó.
-¿Y eso?
-Tu hermana y tú vais a ir a la casa de vuestros abuelos-contestó mi madre legando del salón.
-¿Los de Grecia?-pregunté.
-No-contestó mamá.
-Nos vamos a Canadá-me informó Marian.
-¡¿Canadá?!-casi grité.- Pero... ¿Los abuelos de Canadá? Madre, si hace siglos que ni les vemos.
-Ya-dijo mi hermana.- Yo estoy igual que tú, pero... Aquí mamá se ha empeñado en que vayamos.
-Necesitais alejaros un poco de Italia.
-¡Pero si en Canadá hace frío y..!-dije yo.
-Por eso mismo, teneis que tomar aire fresco, cambiar un poco-dijo mi madre.
-Y a mi no me vendría mal-dijo Marian.
-¿Y por qué tengo quie ir yo?-interrogué.
-Cariño, no hagas drama de esto-dijo mamá.
-Está bien-acabé cediendo.
A Marian se la veía ilusionada, y eso me extrañó. Nos íbamos en dos días. Cuando nos subimos a su coche para empezar a comprar ropa la interrogué.
-Hermanita, ¿no estabas preocupada por que esa criada se le subiera encima a Bruno?
-Digamos que tengo eso controlado-contestó con ua sopnrisa.
-Oh dios, ¿qué has hecho?
-Lo que tenía que hacer... Me aseguré un espía en la casa, así que me enteraré de todo lo que suceda en mi ausencia. Y como Rebequita se acerque mucho a mi hombre... Me temo que su madre se tendrá que poner a la cola del paro.
-Eres rematadamente mezquina, no creo que esa chica sea para tanto, Bruno no te dejaría a ti por ella.
-Claro que no, mi elegancia es algo que ella no posee-contestó.
Fuimos a varias tiendas con mucho estilo para comprarnos ropa de abrigo. Los abuelos vivían al norte de Canadá, y por allí hacía un frío impresionante. Le conté todo lo referente a Marco, bueno, ya se lo sabía de cabo a rabo, pero le estaba contando las novedades. Me dijo que tenía que hacer lo que Chris me había aconsejado. Cuando salíamos de la cuarta tienda, ya con tres bolsas en cada mano, me quedé paralizada en mitad de la calle. Estábamos cerca de aquel parque al que la mayoría de veces iba apara estar con Marco. Él estaba allí, y no me había quedado shockeada por que estuviera muy bueno precisamente. Marco estaba de espaldas a mi, reconocería ese cuerpo aun trajeado. Su inconfundible y amplia espalda y su ideal trasero el delataban. Ahí el problema no estaba, ¡estaba en que una largarta, rubia de bote y perra del tres al cuarto le estaba comiendo la boca de mala manera!
-¿Qué te pasa, amore?
-¡Eso me pasa!-casi chillé señalándole.
-Oh... Pero... ¿no supuestamente le gustabas?
-¡Eso creía!-exclamé.
Rabiosa, marqué el número de mi amiga.
-Cuéntame-me dijo dirtectamente.
-Marco está aquí, delante de mis narices, pegandose el lote con una rubia de bote.
-¡¿No me jodas?!-exclamó.
-Lo que oyes... ¿Y qué hago?
-¡Niña, que pareces nueva en esto! ¡Págale con la misma moneda!
-Pues eso tendrá que esperar.
-¿Por?
-Me voy a Canadá a ver a mis abuelos.
Pvo. Marian
Ya en el aeropuerto, me acerqué a Bruno. Había ido a despedirme. Le di incontables besos cortos en sus preciosos labios.
-Pórtate bien-le dije.
-Por supuesto-contestó.
-Muy bien-dije con una sonrisa, pegada a su frente.
-Marian, tenemos que irnos-me dijo mi hermana.
-Bueno, te quiero, ¿de acuerdo?
-Y yo a tí-contestó. Me dio un beso corto en los labios que yo me encargué en profundizar.
Luego mi hermana se despidió de él, y ambas nos fuimos hacia la sala de espera. Me aburría un poco allí, sentada sin hacer nada, hasta que vi que aun quedaba media hora para embarcar.
-Voy a retocarme el maquillaje-informé a mi hermana.
Asintió distrasida, sumergida en uno de esos absurdos libros que nunca llegaré a querer leer. Entré al servicio de señoras y me puse a repasar la línea de los ojos. Una mujer se puso a mi lado. Era oriental. cu cabello corto, despuntado y castaño claro con mechas rubias y tonos rojizos. sus ojos rasgados eran de un color marron oscuro, casi negro.Spoiler:Era muy guapa... Juraría que me sonaba. Ella se estaba retocando el brilo de labios, y dirigió su mirada hacia mi.
-¿Marian Giovanelly?-preguntó con perfecta pronunciación italiana.
La miré.
-Sí, ¿me conoces?-pregunté.
-¿No me recuerdas?-dijo ella riendose un poco.
-La verdad es que no, aunque tu cara me es familiar.
-Ok, quizas mi nombre te ayude. Soy Kira Washimaru.
Abrí los ojos desmesuradamente al recordarla. No, no podía ser...
-Veo que me has reconocido-dijo con una sonrisa en sus suaves labios brillantes.- Después de tanto tiempo, volvemos a encontrarnos...
-Pe... pero... ¿qué haces tú en Italia?
-Ya sabes, después de estudiar aquí me largué a China, pero ahora soy una gran empresaria y viajo mucho. Ahora iba de camino a Estados Unidos.
empecé a echarme hacia atrás, al respiración me fallaba. ¿Cómo podía estar tan tranquila después de lo que había pasado? ¡No! ¡Ella no pdía estar aquí de nuevo, presente en mi vida!
-Pero ¿qué te pasa, Marian?... ¿sabes? Te he echado de menos.
-No... Te... acerques.-dije palabra por palabra.
-¿Por qué?-preguntó, hizo caso omiso a mis peticiones y se acercó de un paso hasta donde estaba, luego susurró en mi oído.- ¿Tienes miedo de que cuente a alguien nuestro... secretito?
-Olídate de que existo-le contesté de igual manera.
Salí del baño apresuradamente, me senté al lado de mi hermana e intenté que ella no em viera cuando salió del servicio. Y esperaba que así siguiera para siempre. No quería recordar, no quería seguir pensando en aquel pasado... que dejé atrás.
Pvo. Leila
Dos días después de aclarar las cosas con mi hermano Bruno, me fui a la agencia con Bernard. Ese día teníamos poco que hacer. yo eld ejé en al entrada y fui a cambiarme como de costumbre, pues aunque Bruno supiera lo que hacía por las mañanas, tenía que seguir engañandoles a todos si quería ser modelo. Terminamos de rellenar un impreso en el que pedíamos modelar en una pasarela muy importante, no tanto como la de París, pero sí que era una que evocaba a los mayores diseñadores de Roma. Luego pasamos para ver qué tal iban las prendas de ropa que estaban haciendo a nuestra medida.
Me dirigí al baño a cambiarme dejándo a Bernard fuera, en recepción para disimular un poquito. Me puse los vaqueros, las sandalias y la blusa. Al salir, me extrañó no ver a mi amigo ya que le había dicho que a los diez minutos tenía que estar en la puerta del baño. Al lado de este, había una puerta, de la que provenían ruiditos... Mm... ¿Qué pasará? ese era el cuarto del conserje. Abrí despacio la puerta y me quedé flipando cuando le vi a él, a Bernard, besándose con... ¡Con esa! ¡con esa pelirroja mosca muerta! Cerré de un portazo, y esperé fuera, en el aparcamiento a que él saliese.
Estaba muy enfadada. Y me encargué de demostrárselo cuando se metió al coche y se restregó la cara con las manos. Luego se echó el pelo hacia atrás.
-¿Te divertiste?-pregunté.
-No sé por qué la dejé-respondió.
-¿No es obvio? A pesar de que dices que la tía te cae gorda, vas y la besas... ¡Te gusta!
-No me gusta.
-¿Cómo que no? ¿Entonces qué haces encerrándote para morrearla en el cuarto del conserje?
-¡Dios Leila! Ella fue la que se em acercó. Habló conmigo muy poco, luego me dijo: "hay algo que deseo hacer desde aquella noche". Y literalmente se me echó encima. no pude haer nada para evitarlo.
-¡Sí que pudiste!-reclamé.- Podrías haberle dicho: "no me interesas".
-¿Crees que soy así de capullo?
-No, sé que eres buen apersona, pero con esa tía no tengo paciencia ni yo misma, y eso que no em ha hecho nada.
-Mira, ¿por qué no le das una oportunidad?
-¿A doña mosca muerta? No, gracias.
-Pues vale, no te voy aobligar a nada.
-¿Y tú qué piensas hacer?
-Decirtle que... Lo que pasó entre nosotros fue genial, pero que prefiero tenerla como amiga.
Pvo. Rebe
Desperté sin saber muy bien dónde me encontraba. En cuanto me incorporé, un uerte dolor de cabeza me asaltó. dios... ¿Tanto había bebido? ¡y eso que era yo la que no quería! Miré el reloj... ¡Mierda!, ¡Las ocho! Hacía ya media hora que tendría que estar en pie, no holgazaneando en la cama. A mi lado, la otra cama estaba vacía. Me pregunté dónde estaría Aly. Saqué mi cuerpo adormecido del lecho, y al ponerme de pie me di cuenta de que estaba en ropa interior, que estaba mojada por cierto... Vale, ¿qué ha pàsado?
no tenía tiempo de nada, así que con unso dolores punzantes en la cabeza y puse el uniforme y luego fui a la cocina. Estaba todo agetreado. Issa ponía cosas en las bandejas, unas cuantas chicas iban y vbenían del comedor yotras tantas se calzaban los guantes y los productos de limpieza.
-¡Hasta que por fin despiertas!-me dijo Issa.
-Siento la tardanza-le dije.- ¿Hay aspirinas?
-Sí, en el botiquín de allá, pero date prisa que tienes que limpiar la habitación del señor Bruno, el bar-salón de arriba y los alrededores de la piscina.
-Shh... por favor, siento que me vaa estallar la cabeza-le dije.
Ella se rió y luego de beberme la pastilla, fui a limpiar lo que me había pedido. todasvía me preguntaba, ¿qué hacía yo en ropa interior mojada?