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Te vi venir — capítulo 18
17º
Pvo. Rebe
Al día siguiente de aquel encuentro con Bruno, me encontraba por la mañana limpiando. Marian se iba por tiempo indefinido a la otra punta del planeta, y yo estaba cada vez más relajada y contenta de que esto fuera así. Llegué al final del pasillo superior, a la derecha, donde estaba el despacho del señor y esas cosas, cuando me entró curiosidad. Dejé las cosas sobre una mesa y me acerqué a la puerta del fondo del pasillo. Puse la oreja pegada ala puerta, pero no escuché nada. ¿Qué habría allí para que Bruno no quisiera que entrase nadie? Eso era un misterio que em encantaría resover, pero claro, no me apetecía que me despidieran.
Así que me despegué de la puerta justo cuando se escuchaba algo. volví a acercarme lo suficiente como para prestar atención al sonido. Vale, no sonaba mal, pero no sabía si salía de un instrumento o de un equipo de música. Fuera como fuere terminé por separarme de esa puerta e irme a limpiar lo siguiente que me tocaba.
Pvo. Aly Lo dicho, estos días estaban siendo rarísimos. Me enciontré a Rebe por el pasillo cuando subí por que el señor Aaron me había mandado a llamar. Ella se fue hacia el piso de abajo, y yo toque la puerta. Esta vez si que escuché cómo me daba el paso. Abrí tímidamente y me lo encontré frente a mi, con unos pantalones negros de vestir, zapatos igual de formales y el torso al aire. -¿Me llamó?-pregunté. -Sí-me dijo.- Cierra la puerta. Hice caso y luego me acerqué a él. -Señor, ¿qué necesita? -Mi hermana no ewstá, ella sabe de estas cosas... Así que te llamo a tí para que me ayudes a escoger una camisa y una corbata para ella.-Le miré extrañadísima, pero él prosiguió.- Estoy entre esta azul oscuro, la azul claro, y la roja oscura. -Mm... para usted, mejor la azul clara. -De acuerdo. -¿Qué corbatas tiene? -Esas de allí-señaló un perchero dentro del armario con muchísimas corbatas. Me puse a buscar la adecuada. -Señor-le dije.- ¿Tienen hoy reunión en el trabajo? -Así es. Siento si estabas haciendo algo cuando te he llamado, pero tengo que irme en menos de quince minutos y no sabía qué ponerme. Leila es una genia para esto pero como está en la universidad... -Ya, entiendo, no se preocupe, no estaba haciendo nada.-Saqué una corbata negra, a rayas sencillas que apenas se notaban en azul.-Esta le irá perfecta. Ultimamente este hombre sonreía mucho, por que ahora me dedicó uan sonrisa y se puso la ropa que yop le había escogido. -Si no desea nada más... Me voy. -Gracias de nuevo-me dijo justo a tiempo para que le escuchase antes de cerrar la puerta. Cuando bajé, las chcias me preguntaron qué había pasado. -¿Para qué te llamó el señor Aaron?-preguntó Selene. -Para que le ayudase a escoger camisa y corbata-expliqué. -Qué hombre más extraño-dijo Carla. -Ni que lo digas-corroboró Rebe. Pvo. Bruno Durante todo el día no había visto a mi hermano por la casa. Desde la mañana había desaparecido sin dejar rastro, y eso era muy raro, ya que los domingos MaxSa cerraba y no teníamos reuniones ni nada de eso. Ayer había escuchado la idea de Rebeca, y la verdad es que era muy buena idea. Se veían pocos anuncios así. Fui a Beauty y se lo comuniqué al vicepresidente. También el encantó al idea. El lunes empezaríamos las grabaciones. Cuando salí de la biblioteca, vi a mi hermano entrando en casa. Llevaba el traje puesto, y su maletín le acompañaba. -¿Dónde has estado?-pregunté. -En una reunión-contestó secamente. -Hy no había reuniones, ¿o había alguna de la que yo no supiera nada? -Había una, pero en esta no hacía falta que estuvieras tú, señor presidente. -Aaron, sabes que no quiero dármelas con el puesto que tengo, pero si hay que hacer uso de él pues lo hago. -¿Qué vas a hacer? ¿Vas a despedirme, a caso? -No, no voy a despedirte, no tengo ninguna razon para ello. Pero quisiera que para la próxima reunión me avisases. -Te he dicho que no hacía falta que estuvieras presente, conmigo bastaba. Y ahora si no te importa, estoy cansado y quiero irme a mi habitación. Me dejó con la palabra en al boca y subió las escaleras apresuradamente. Me había enfadado, ¡Pues claro que me había enfadado! Salí de la casa como alma que lleva el diablo, atravesé la piscina y el jardín, y luego me introduje por la puerta donde anunciaba que estaba prohibido el paso. ¿Por qué no me había avisado paar esta reunión? él sabía que siempre íbamos juntos a ellas, ¿y ahora iba sin mi alegando que no hacía falta mi presencia? No me creía eso ni de lejos. Cuando llegué al lago, me fui hacia el muelle, encontrándome a alguien. sonreí, ahora me salía instantáneamente uan sonrisa cada vez que la veía. Rebeca estaba de espaldas a mi, descalza y con los pies metidos dentro del agua. Me senté a su lado, tenía los ojos cerrados y no se había dado cuenta. Llevaba auriculares puestos, y un ipod sobre la falda. -Hola-le dije. Abrió los ojos y me miró con una suave sonrisa dibujada en su rostro, no pareció sorprenderle mi presencia aquí. Pvo. Rebe Salí aquella tarde de la casa para distraerme un poco. Me llevé mi ipod para escuchar música mientras me relajaba con los pies metidos en el lago. Llevaba rato allí, sentada, sintiendome calmada y alejada del mudno, cuando una voz que escuché me hizo sonreir. -Hola-dijo él. Al abrir los ojso me encontré con Bruno. Sentadoa mi lado pero sin meter los pies al agua. -Hola-le dije sonriendo. -¿Ya no te asustas cuando me ves aquí? -No, sé que este lugar solo lo conocemos tu y yo. No tengo por qué pensar que otra persona entre aquí. -Ah... Nos quedamos callados unos minutos, hasta que yo el ofrecí uno de mis auriculares. -¿Te gusta ne-Yo?-preguntó extrañado. -Me encanta, más bien. -No tienes pinta de ser una chica que escuche música de este tipo. -¿Y de qué tengo pinta? -no sé-sonrió.- No me lo esperaba, eso es todo. De nuevo el silencio mientras Ne-Yo sonaba en nuestros auriculares. Nos sobresaltamos cuando se ecscuchó un trueno en el cielo. Este se había nublado poroco a poco, no nos habíamos dado cuenta por el simple hecho de que la música nos desviaba a otro mundo muy distinto al real. -Parece que va a llover-dije yo. -Eso...-no terminó de hablar cuando unas gotas nos cayeron en la cara. -Joder... con el buen día que hacía-dije yo. Empezó a llover más fuerte, las gotas cada vez eran más grandes. -Vayamos adentro-me dijo él. -¿a la cabaña?-pregunté, él asintió.- No creo que deba entrar... Me iré a la casa, si quieres entra tu., -Si ahora te vas caminado a la casa acabarás emnpapada y con una neumonía acepchando salir de tu interior. Mira cómo estamos, y sólo hace dos minutos que empezó a llover. Miré de arriba abajo nuestors cuerpos, yo iba con el uniforme chorreando casiemte, pero él... Tenía la camiseta bastante mojada... Y ¡era blanca! Por lo tanto... Se pegaba mucho a su torso, y se transparentaba. su cuerpazo em dejó hipnotizada. Sabía que él también em estaba mirando tanto como yo el miraba. -¿Entramos o no?-preguntó. -Está bien-accedí. Primero se levantó él, y luego me tendió la mano. Todo estaba resvaladizo, así que en cuanto me puse de pie me resvalé. Me agarró por el codo para impedir que me cayese y cuando me quise dar cuaenta estaba pegada a su cuerpo mojado. -Vamos-me dijo él. Caminamos apresuradamente hacia la entrada, luego él sacó una llave de las antiguas de su bosillo y abrió la puerta. el interior era seco y cálido. Olía a madera. Frente a mi, habían unas puertas dobles que conducirían probablemente hacia un dormitorio. Al lado derecho de al casita había una cocina, y al derecho una sala de estar con televisión plana, equipo de música, estanterías con libros y enciclopedias, y una chimenéa bajo la televisión. -Vaya por Dios-dije yo.- Esto es precioso. -Coincido, pocas veces entro, y cuando lo hago es por que no me apetece volver a casa. -¿Cómo es que hay una pantalla plana, en un lugar así? -¿Cómo crees que paso el tiempo libre que tengo aquí?-me sonrió. Suspiré y luego miré mi ropa. -Estoy hecha un desastre. -No tanto... Espera un segundo. Desapareció por las puertas dobles. Tardó menos de cinco minotus en volver con un albornoz blanco puesto, y con otro en la mano. -Es mejor que te quites esa ropa mojada, la dejaremos secar y luego nos iremos cuando deje de llover. -Vale-asentí. -Puedes cambiarte en la habitación. Andé hacia donde me dijo y cerré las puertas tras de mi. En el interior había una cama de colcha de seda blanca, una mesita de noche a cada lado, una puerta que iba hacia el baño. Me quedé flipando al darme cuneta de que tenías un gran jacuzzi en medio. Definitivamente, esta era una cabaña de en sueño. Me desvestí y luego em puseel albornoz. Al salir con la ropa empapada en las manos, me lo encontré en la cocina. -Estoy haciendo chocolate caliente-me informó al girarse un poco con una sonrisa. -Mm... qué rico. Me tendió la taza y lo probé. Estaba delicioso. Cogió mi uniforme y lo tendió en la chimenea, yo el seguí. Me senté en el sofá, subí los pies hacia un lado para acurrucarme, empezaba ahacer frío. Mientras él extendía el delantal encima de la chimenéa, me di cuenta de que a mi lado, apoyada en el mueble, había una guitarra. -Oh... ¿y esta guitarra?-pregunté. Él me miró, y sus ojos fueron de mi hacia el instrumento. -Si quieres puedes cogerla. Asentí, dejé el chocolate caliente en la mesa de madera y agarré entre mis manso la preciosa guitarra española. Empecé a tocar algunos acordes, nada sin importancia, hasta que me percaté de que Bruno em miraba desde el sillón de en frente con curiosidad. -¿Sabes tocarla? -Sí-contesté.- Algo sé. Por si no te acuerdas, se de casi todo lo que tenga que ver con la música. -¿Por qué no tocas algo?-dijo después de un silencio. -No sé qué tocar, además de que pr alguna extraña razon que desconozco, me da verguenza tocar delante de ti. -¿Y por qué? -Tu abuela me dijo que casi toda la familia nace con dotes musicales, y como no sé si túy eres uno de ellos, tengo mieod a que me encuentres fallos. - Él sonrió. -Estoy seguro de que lo puedes hacer estupendamente. -De acuerdo, pero no te quejes si desafino. Esperó a que empezase, y cuando me decidí por la canción, la toqué. Los acordes se me hicieron fáciles de tocar por que me los sabía de memoria. Cuando acabé, quité mi vista de la guitarra, y le miré a él. Sus ojos azules brillaban, y me miraba a los ojos. Una conexión se abrió entre nosotros. No sabía qué tipo de conexión, pero era muy fuerte.