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Te vi venir — capítulo 19

18º

Pvo. Bruno

Poco después de que ella tocase la guitarra magníficamente y hablasemos un poco, escampó. Era de noche ya. Nuestra ropa estaba seca, así que nos vestimos y volvimos a casa sin ningun tema de conversación en particular. Esa noche me hizo falta alguien am mi lado para dormir. no cené, no tenía ganas. Al día siguiente me levanté, fui al trabajo.

Todo fue muy monótono. Presencié las últimas tomas, y el anuncio estuvo hecho a las tres de la tarde. Cuando salí de la empresa, llamé a Leo para que fueramos a dar una vuelta. cuando nos encontramos frente a un pub al que solíamos ir, puso cara de asombro. Entramos y nos sentamos después de pedir algunas bebidas.

-¿Quién se ha muerto?-preguntó.

-¿Eh?

-Algo rasro ha tenido que pasar para que tú te decidas a salir de tu cueva, alias casa.

-No exageres, no me la paso allí metido, salgo...

-¡Pero no conmigo tío! A mi eso no me cuenta, tenemos que vernos más.

-Se intentará tío, se intentará, no es facil salir mucho cuando hay cosas que hacer.

-Soy médico, se de lo que me hablas, ¿pero eso me impide quedar con gente y ligarme a dos o tras nenas? 

-No.

-Pues ya está.

-Yo no tengo que ligar, te recuerdo que aunque ella esté de viaje, tengo novia. 

-Ya ya...-me dijo.- Estar a pan y agua no es bueno, hermano.

-Pero... ¿tú qué clase de tío eres?-le dije a broma, y él se carcajeó.

-Un tío que quiere que te diviertas. 

-Vale, vale-le dije.- si quieres hoy podemos divertirnos por un rato, pero el que va a ligar eres tú.

Pvo. Rebe

Mi día libre en esa semana había llegado. Tenía quinientos euros disponibles para gastármelos en lo que quisiera. Le había dado a mi madre la mitad de mi sueldo todos los meses. Y también ahorraba un poco para lo que pudiese ofrecerse. 

-¡aly!-la desperté a las siete de la mañana.

-Joder nena...-dijo por lo bajo, miró el reloj de su mesa de niche.- ¡Queson las siete coño! ¿Por qué me levantas tan temprano?

-Te tengo notición.

-A ver, espero que sea interesante y tan importante como para no matarte por haberme despertado. 

-¡Nos vamos de compras!-anuncié.

-Ay... No sabes las ganas que tengo yo de ir, pero... Hoy me toca trabajar.

-¡Mierda, se me ha ido la olla!

-Lo siento... 

Aly no podía venir conmigo de compras... ¿Qué hacía yo ahora? Fui a la cocina y me bebí un vaso de zumo. Desganada de todo, me senté en una silla.

-¿Te pasa algo?-preguntó Leila cuando se sentó frente a mi, bebiéndo un vaso de zumo también. 

-Hoy es mi día libre, iba de compras, pero Aly tiene trabajo, y no me apetece ir sola.

-Oh... Estás de suerte, yo también quería ir de compras.

-¿Pero no tienes que ir a la universidad?

-No, hoy hay fiesta. Y estoy totalmente disponible para ir contigo. 

-Vale, si no te importa acompañarme.

Salimos juntas de la casa, me ofreció ir en su coche y acepté de buena gana. Era deportivo y muy del estido de Leila. Llegamos al centro de Roma y visitamos varias tiendas.

-Anda, pruebate esto-me dijo dándome un modelito.

-No sé... Nunca me he puesto algo así.

Era un vestido muy bonito, gris, pegado a las caderas y el trasero, y luego arriba suelto y abombadon un hombro caído.

-Venga mujer, tienes unas piernas prteciosas, seguro que te queda perfecto. 

Pues había acertado. entre risas y tonterías, acabé por comprarme tres vestidos, cuatro vaqueros, tres camisetas preciosas de estilo casual que me hacían falta y tres pares de zapatos. Ella se compró creo que lo mismo que yo o incluso más cosas. 

-Eh, Rebeca-me llamó.

-Llámame Rebe, que Rebeca es más formal.

-Ok, Rebe, vamos allí.

Me había señalado uan tienda de ropa interior.

-Madre mía, estás un poco loca tú.

-Sí, y así de feliz soy con mis desvaríos.

-Venga, vamos-le dije.

Entre risas me dio un conjunto, era un picardías, muy sexy.

-¿Pero tú tienes edad para ver estas cosas?

-Eh, solo me llevas dos años, así que tampoco soy tan pequeña, y veo estas cosas desde los quince.

Solo pude reirme. os probamos varias cosas atrevidasd y otras ridículas. Al final nos llevamos unos pocos conjuntos. Leila eras muy madura y centrada, no como estas chicas que desde que cumplen la mayoría de edad, se desmadran. Nos sentamso en una cafetería para tomar un refresco.

-Y... ¿tienes novio?-me preguntó.

-No, estoy soltera, y no tengo muchas ganas de cambiar eso. ¿Y tu?

-Tampoco tengo novio, y no hay nadie a la mira.

-Te voy a dar un consejo... Nunca se lo des todo a un hombre, me refiero a tu vida. Nunca dependas de él, puedes llevarte una desilusión.

-¿Habla a caso la voz de la experiencia?

-Más o menos-respondí.- Pero tuve más suerte, nunca dependí de él, pero si que llegó a formar una parte muy importante de mi vida-con ella me sentía a gusto y podía contarle algunas cosas.

-Y... ¿puedo saber por qué no estáis juntos si tan bueno fue?

-¿Bueno? ¡Por favor, Leila! Al parecer se cansó de mi, y me puso los cuernos bien puestos.

-Será hijo de...

-Ya, un caso perdido, la verdad.

-Lo siento.

-No lo sientas, la verdad es qwue estoy mejor sin él. 

-Ya veo... Se te ve fantástica.

-Y a ti también. 

-Digamos que las cosas me van bien por una vez en la vida-sonrió.

Luego nos volvimos a la casa. Leila era una chica formidable y muy buena persona, seríamos muy buenas amigas. Cuando volvía a mi habitación, me encontré con Aly.

-Eh-le dije.- ¿Qué tal tu día?

-De asco, estoy muerta-contestó.- No he parado quieta.

-Vaya hija, espero que te alegre el regalito que te traje.

-¿En serio?

-Pues claro...

Pvo. Aaron

Al día siguiente del enfado de mi hermano, no quise salir de mi habitación. Me la pasé allí encerrado sin nada que hacer, solo. Ya bien entrada la tarde, tocaron la puerta. Era Leila.

-Hola-me saludó.

-Hola-contesté.

-Aaron, ¿qué te pasa?

-¿A mi? Nada.

Se puso frente a mi y se agachó para estar a mi altura. Yo estaba sentado en el suelo de mi habitación, mirando por la gran ventana que la adornaba.

-No me mientas, te conozco lo suficiente como para saber que algo te sucede.

-Leila... ¿de verdad soy tan... despreciable?

-¿A qué viene eso?

-Tengo la impresión de que todo el mundo me odia.

-No digas eso... Nadie te odia.

-Bruno no opina lo msimo.

-No creo que Bruno te odie, no seas bobo.

-Esto no es un berrinche ni nada por el estilo. Tengo veinticuatro años, y a estas altuyras he hecho cosas de las que em arrepentiré para siempre.

-no hace falta que las digas-me contestó.- Sé que no te gusta recordarlo.

-Hasta tú me miraste con resentimiento e incluso miedo cuando todo salio a la luz. No puedo olvidar ni tu expresión ni la de toda la familia. 

-Aaron, lo siento, de verdad...

-Yo me lo busqué. ¿Por qué lo habré hecho? Todavía me cuesta pensar que todo fue de verdad.

-No te martirices... Yo no te odio. Has cambiado mucho en este tiempo.

Sin que lo viera venir, ella me abrazó. 

-No tanto como piensas-susurré contra su pelo.

Una lágrima cayó por mi mejilla cuando todo lo pasado volvió a mi mente.

#Flash Back #

-¿Lo tienes?-me pregunto Marc, un chico de dieciseis años con ojos saltones a causa de la abstinencia. 

-Sí, mira, recién sacado del horno-le dije enseñándole la bolsita disimuladamente. En aquel callejón oscuro no había nadie, pero a mis diecisiete todavía me intimidaba esto.

-¿Cuánto?

-cien por cada gramo.

-¡Vamos tío! ¡Eso es mucho!

-Te jodes, es lo que vale, me cuesta conseguirlo.

-Cincuenta.

-Setenta.

-De acuerdo-me dijo. Me tendió el dinero correspondiente a los veinte gramos que le daba. Iba a dárselo, pero de repente, miró por encima de mi hombro.

-¡Mierda!

Se echó a correr, y tuve poco tiempo para reaccionar antes de que unas manos grandes y férreas me agarrasen pos los brazos.

Fin FlashBack#