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Te vi venir — capítulo 2

Siento que sea corto, irán tomando más tamaño según avance la historia :D

1º

Pvo.Rebe

Abrí los ojos deslumbrada por la luz que entró esa mañana a mi habitación. Sabía que sería un día pesado y agobiante pero tenía que levantarme de todas formas. Salí de mi cuarto y vi que en la sala se encontraba mi madre, ella hablaba con mi hermano y mi hermana pequeños. El niño se llama Justin, tiene doce años y la pequeñaja tiene diez años y se llama Carolina, pero todos le decimos Carol. 

-Buenos días-les dije a todos, me acerqué a mi madre y le di un beso en la mejilla. -Buenos días-me dijo con una leve sonrisa. Yo pasé la mano por el pelo despeinado de ambos niños. -¡Eh!-me refunfuñó Justin, Carol solo se rió. Le saqué la lengua a mi adorado hermano pequeño.

Me dirigí al pollo de la cocina para cooger de un estante unas rebanadas de pan para tostar. Costaba creer que ella fuese mi madre. Se llamaba Maica. Me había tenido a los dieciocho, desgraciadamente mi padre falleció cuando yo tenía diez años y mi madre quedó embarazada de mi hermana, con un niño de dos años y otra de diez, es decir yo misma, a su cargo. Mi madre lo pasó fatal pero gracias a Dios hemos podido salir adelante con ayuda de mis abuelos, trabajando duro y ganándonos la vida humildemente. 

Mamá tenía treinta y ocho años pero, como ya dije antes, casi nadie se cree que elal sea mi madre. Se conserva muy bien, hace ejercicio y come sano para mantenetrse y le funciona a las mil maravillas, hasta creen que somos hermanas. Ella es más morena de piel que yo y con un cabello rizado castaño oscuro y unos ojos marrones preciosos. 

-¿Vas a salir hoy?-me preguntó. -Ajá-le dije después de dar un bocado a al tostada untada con mantequilla. -¿A dónde vas todos los días?-preguntó Carol pues hacía días que salía tempranísimo y llegaba por la tarde. -A buscar curro, pequeñaja...-le dije sonriendo. -¿Ya tienes que trabajar?-preugntó ella. -Sí... ahora come rápido que no llegas al cole.

Les dejé a lo suyo y fui hasta mi cuarto para cambiarme. No tenía suerte en esto de buscar trabajo.... a pesar de haberme sacado un master en Artes Escénicas con una nota bien alta, más bien en baile y canto, no me servía de mucho, pues los empresarios no quieren a una bailarina en sus negocios. Opté por que ese día iría a buscar trabajo a clubes de ciudad privados. Habían muchos regados por la zona Norte de Italia donde vivía desde que tenía uso de razón a pesar de mi ascendencia mexicana. En ellos había puesto de muchas cosas. Bailarina de las actuaciones era lo que me interesaba pero si me daban puesto de limpiadora, camarera o lo que fuese también me valía. Mi madre ya había trabajado suficiente para cuidarnos.

Me duché y me puse un pitillo vaquero, unas plataformas de esparto marrón claro con una camisa de asillas de estampado de leopardo, un brazalete marrónancho y un bolso como complementos, para terminar agarré la chaqueta por si hacía frío. Peiné mi cabello dejándolo suelto y desordenado y salí al calor de la primavera en Italia. Cogí el autobús y esperé a llegar al centro de ciudad, donde se encontraban los clubes. Salí del autobús cuando llegó a mi parada y me propuse a buscar algun lugar donde trabajar.

Dos horas después había hecho dos entrevistas y entregado tres currículums, pero en las entrevistas sólo me decían "Ya te llamaremos" y los currículums estaban encima de una gran montaña de ellos, por lo que podía perder las esperanzas de que me aceptasen allí. Paré en un supermarket a comprar una botella de agua. La cogí de la nevera y me puse en la cola para pagar. Mi móvil sonó en el bolso cuando estaba en la caja. Lo saqué y contesté. -¿Si?

  • ¿Puedes venir mañana a mi casa? -¿Para? Sabes que ando buscando trabajo como loca y casi no tengo tiempo. -Venga mujer, sólo son unas pocas horas por la mañana... es mi día libre y quiero estar con mi amiga -Vale; ¿a las once en tu apartamento? -Ajá... Venga, hasta mañana guapetona.

Me mandó un beso que resonó en el auricular y colgó. Suspiré.

-Son cincuenta céntimos, señorita-me dijo la dependiente, la envidié por tener un trabajo...

Entregué el dinero y salí de allí. Después de un corto descanso, me di cuenta de que la tarde había caido sobre Roma, por lo que fui a entregar un último currículum. Esta vez el lugar se llamaba MidnightClub, según tenía netendido era uno de los más importantes. Y al entrar por la puerta que me habían indicado vi los lujos que se gastaban. Sólo la oficina del jefe y su secretaria era enorme... a imaginarse todo lo demás.

-Buenas tardes-le dije a la secretaria.- ¿Aquí se necesitan empleados? -Si-contestó algo pasota, frunció el ceño ante la pantalla del ordenador-Mierda-dijo en voz baja pero la pude escuchar perfectamente-Disculpe-me dijo cuando se dio cuenta de que estaba presente-¿Ha dicho algo? -¿Hay vacantes de puestos de empleados en este club? -Sí... pero tiene que rellenar uan solicitud, entregar un currículum y esperar hast aque la llamemos.

Sn esperanzas y ya rendida dije que sólo era curiosidad y salí pitando de allí. Debí imaginarlo... ¿Cómo iban a aceptarme tan rápido? Seguro que esa lalmadita tardaría un mes como mínimo. Volví a mi casa caminando, tampoco estaba tan lejos de donde había llegado. 

-Buenas noches-les dije a todos. -Buenas noches-me dijo mamá-Hija, te veo mal...-me comentó cuando em acompañó a mi habitación. Me quité los zapatos y me tiré en la cama. -Normal que este mal, mamá... no encuentro trabajo por ningun lado y esto empieza a ser frustrante. -no te desesperes, ya llegará alguno.

Mi madre siempre me consolaba, pero yo ya había tirado la toalla. Parecía que nadie, en toda Italia, quería darme trabajo. Mi nombre es Rebeca Torres, tengo veinte años recién cumplidos. Soy morena, cabello castaño oscuro con alguna que otra mecha rubia, nariz aguileña y ojos marrones. Pero eso no es lo más importante, lo importante es que... ¡no consigo curro! Vaya asco.