← Te vi venir · de
Te vi venir — capítulo 3
2º
Pvo. Rebe
Me quedé dormida Dios sabe cuando. Desperté antes de que sonase el despertador y miré el messenger en mi portátil. Había poca gente conectada pues era temprano (Sólo las siete y media), pero también me encontré con alguien que era igual de mañanero que yo.
Ciao (hola)-me dijo. buongiorno-contesté-q tal? ottimamente (muy bien) ... pero tngo ganas de vert. jajaja yo tbm... si quieres pueds venir. Hoy no sales a buscar trabajo? No, Aly me invitó a su ksa a las 11 Me pasaré x ahí ahora tngo k irme. Ok, TQ (L) Xao wapetona (L)
Cerró sesión y suspiré. Él era Max, le conocía desde hacían muchos años. A mi madre le encantaba pues la elogiaba y esas cosas, pero a mis hermanos no le agradaba mucho. Miré el correo, tenía un correo Spam diciendo no se que de un nuevo cantante... mierda de publicidad, siempre ocupando espacio. Borré todo lo que no necesitaba y después de eso me levanté para ducharme.
-Rebe-dijo mi madre entrando al baño, se había levantado-¿Hoy no sales? -Voy a casa de Aly-le contesté después de enjabonarme el pelo-iré luego, si quieres pudo llevar yo a los niños al cole. -Vale, tengo que ir al trabajo. -¿No librabas hoy?-pregunté extrañada. -Sí, pero la jefa me ha llamado y tengo que ir.
Asomé la cabeza y vi que se estaba recogiendo el ondulado cabello en una coleta alta, y llevaba el uniforme de limpiadora. Mi madre trabajaba de camarera de pisos en el hotel más concurrido de Italia, le pagaban novecientos euros al mes. Todos los días se levantaba temprano y sin descanso para trabajar, y luego llegaba por la tarde, cerca de las cinco, cansada con la belleza de su rostro apagada. Desde siempre recuerdo a mi madre así, luchadora por sacar a sus tres hijos a delante, y esa era mi necesidad de trabajar cuanto antes; quitarle el peso de tener que mantenernos. Quería un buen trabajo que me diese el dinero necesario para ayudarla lo suficiente.
-Yo les llevaré-le dije una vez salí y me envolví con la toalla-pedro sigo pensando que tu jefa es una aprovechada. -Hija... lo mejor es trabajar cuanto se pueda. -Espero que te paguen las horas extra.- Repliqué.
Mi madre negó con la cabeza pensando que no tenía remedio. Me puse un pantalón corto vaquero, una camisa holgada y suelta color crema con unas bailarinas del mismo color y un bolso negro. -¿Y mamá?-preguntó Carol de camino al colegio. -Ha tenido que irse a trabajar-le contesté. -Siempre hace igual-protestó Justin enfurruñado-dice que se pasará dos días con nosotros y luego se pasa uno y gracias. -No digas eso, Justin-le dije al niño-Mamá hace todo lo que puede para que nosotros tengamos una buena vida y creo que ya eres bastante grandecito como para entenderlo.
No contestó, les dejé en el colegio y luego fui a mi casa, tenía que recoger y limpiar todo en unas pocas horas, a las once tenía que irme. Me encontré una sorpresa en la puerta.
-¡Has venido!-le dije emocionada, me acerqué a él y sonrió, encogiéndose los hombros. -Te dije que lo haría-dirigió a mi una sonrisa seductora y pícara.
Acerqué mis labios a los suyos y nos besamos, no podía decir que sus besos eran tiernos, por que no era así, pero sí que tenían la capacidad de encender a cualquiera en el mismo instante en que rozaba cualquier parte del cuerpo de una mujer, o por lo menos a mi.
-Venga, entremos-le susurré riendome.
Abrí la puerta y, de la mano, nos dirigimos al interior de mi casa. Comenzó a besar mi boca de manera ansiosa, casi febril. Me estampó contra la puerta de la entrada y posó sus manos por debajo de mi top, tocando mi cálida piel.
-Max...-susurré contra sus labios.
Su lengua exploró mi cavidad vucal de manera enloquedecora, recorriendo cada rincon de esta y sin dejarse ni uno por registrar. Bajó para besar mi cuello haciendo que soltase pequeños gemidos.
-Max... no... podemos-le dije. -¿Por?-preguntó con voz ronca y baja en mi oído. Chupó levemente el lóbulo de mi oreja. -Oh...-gemí- Dios, no hagas eso, por lo que más quieras. -Sabes que lo que más quiero eres tú-me dijo. -Y yo a tí también te quiero pero... -¿Pero qué?-susurró ahora separándose de mi un poco, pero sin despegar nuestros cuerpos. -No tengo ganas, y tengo más cosas que hacer.
Se rió incrédulo, se separó de mi y me miró a dos metros de distancia.
-¿Que no tienes ganas?-dijo incrédulo-vamos, ¿desde cuando tú no tienes ganas de hacerlo con migo? -¿Qué ahora tengo que tener ganas de acostarme contigo todos los días? ¡Por Dios Max! Tengo más cosas que hacer. -¿Entonces para qué me dijiste que viniera?-dijo exasperado. -¡Por que quería ver un rato a mi novio!
Él se masajeó las sienes y comenzó a pasearse de un lado a otro de la sala.
-Me voy-me dijo de repente. -¿Te vas por que no em apetece acostarme ahora con tigo? -No-esa negativa no fue muy convincente-Yo también tengo cosas que hacer. Iba a salir por la puerta cuando le llamé.
-Oye... no te enfades, por favor-le dije. -No estoy enfadado-el portazo que dió me dijo otra cosa.
Respiré hondo y decidí poner música para relajarme y comenzar a recoger. Acabé como siempre, bailando como una loca mientras barría al casa y fregaba lso suelos. Volví a ponerme mona y salí de mi casa justo a las diez y media, la media hora sobrante me hacía falta para llegar al departamento de Aly. Toqué el telefonillo y le pedí que me abriese. Cuando llegué arriva, la puerta ya estaba abierta. Ella vivía en un loft, en el centro de Roma.
-Buenos días-saludé a mi amkiga. -¡Vaya diva que estás hecha, cariño!-me dijo riendose y luego se acercó para saludarme.
Ella en realidad se llama Aliana Longman, no sé por qué, pero su nombre no le gusta y quiere que simplemente le digan Aly. Es uan alegra muchacha de veinte años, como yo, pero no nos parecemos en nada. Ella es rubia de cabello ondulado a media espalda, sus ojso son marrones y es algo blanquita. Es muy divertida y hace que mi moral se suba cuano em siento mal; por eso es mi mejor amiga y siempre lo será.
-Por cierto-le dije cuando em quité los zapatos y me senté en el sofá del salón-comedor-, Recuerdame para qué quieres este piso si casi no lo usas. -tía-me dijo-aunque em quede en la casa de mi jefe, no puedo descuidar mi piso, para algo me lo regalaron mis padres. -Ah... -Vivo allí por que es algo normal que el servicio viva en casa de sus jefes... además sería una verdadera lata andar de un lado para otro todas las mañanas para luego volver en la noche. -Ya, te entiendo-le dije.
Después de estar un rato más hablando, bajamos de su loft para coger el coche e irnos de compras. Conducir en Italia es una locura, pero eso no quita que sea divertido. No permití a Aly comprarme nada, ella tenía su trabajo y yo no iba a hacerle gastar el dinero que tenía. Nos sentamos ceca de la Fontana de Trevi a tomar algo.
-Oye, ¿entonces lo de buscaar trabajo es una mierda?-me dijo. -Sí, no encuentro nada... -Tía, hoy en día lo de Artes Escénicas casi no sirve... sí, hay muchas cosas en las que peudes trabajar pero mirame a mi: cursamos la misma carrera, ambas copn una snotas envidiables y trabajo de criada en la casa de un empresario. -Por lo menos trabajas... Ayer fui al club Midnight, una tía borde que creo que estaba jugando a un solitario en su ordenador me dijo que había que rellenar una solicitud, entregar un currículum.. -y esperar a que te llamen-completó ella-pasa tantas veces... tía, lo bueno es que somso jóvenes, sólo veinte años, no debemos amargarnos por esto. -Sí, Aly... pero mi madre necesita descansar, lleva toda la vida trabajando y me apetece que por lo menos sepa lo que son las vacaciones. -Tienes razón...- Se quedó pensando un rato-¡Oye!-una sonrisa s diujó en su rostro.-¿Y si te vienes a trabajar con migo a la casa de mi jefe? Creo que hace falta una criada, el trabajo nos desborda a las pocas que somos, apenas cinco y esa casa es tan enorme... pagan super bien, mil doscientos euros al mes, normal si estan podridos en pasta... ¿Qué me dices?