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Te vi venir — capítulo 21
PEOPLEE! El capítulo que le sigue a este escrito es bastante revelador, lleno de cosas nuevas, resolviendo pasadas e implantando alguna que otra dudilla , mi imaginación no se cansa de darle momentos nuevos a Te vi venir, por ello me va a salir larga así que espero que os guste tanto como para seguirla a partir de este intenso y largo capítulo Muchas gracias por seguir ahí Aquí vaaa!
20º
Pvo. Rebe
Las ganas de sonreír que tuve en ese momento fueron inmensas. Después de la fiesta nos quedamos hasta las dos de la madrugada para recoger el desastre que habíamos armado, porque no íbamos a dejárselo todo a mi madre y mi tía. Bruno y yo no cruzamos muchas palabras mientras tanto, pero sí miradas que me obligaban a preguntarme por qué él me observaba de esa forma tan... admirable. No lo entendía. El ver la mansión Sánchez y escuchar el sonido del motor del coche pararse me devolvió a la realidad, ¿qué coño se suponía que estaba haciendo al mirarle tanto? ¿Tontear con mi jefe? vale que estuviera guapísimo, y con eso me quedase corta, pero no podía tener absolutamente nada con él por razones obvias.
-Te juro que nunca me había divertido tanto como hoy, creo que he sonreído más que en toda mi vida, tu familia es muy agradable.
Cometí un error al mirarle cuando dijo esas palabras, se veía demasiado guapo con la vista puesta en la casa y con esa sonrisa tan perfecta. ¡Deja de pensar tonterías, Rebeca por Dios! No te conviene pensar en eso.
-Mi familia es así de loca, y mira que es herencia. Los Torres siempre hemos sido muy alegres. Espero que no te hayan hecho pasar vergüenza ni nada así.
Giró un poco su torso en el asiento permitiéndome ver su rostro por completo; parecía irradiar luz propia. Yo también me giré un poco para poder verle mejor.
-No te preocupes, todos son encantadores.- Lo dice por compromiso, pensé. Bajé la mirada, pero él me hizo alzarla con un dedo bajo mi barbilla. Ese contacto me tranquilizó, pero a la vez me puso nerviosa. Cuando le miré estaba más cerca de lo que nunca hubiera imaginado tenerle, a casi cinco centímetros de mi rostro si no era menos.- Casi tanto como tú-me dijo en un susurro que pude oír perfectamente.
No podía creer lo que había dicho y tampoco era correcto pero no pude evitar alzar los bordes de mi boca y esbozar una pobre imitación de su alegría. A la poca luz que había pude distinguir que sus orbes de un azul tan bonito como el cielo mismo, brillaban. Nos miramos atentamente, y no capté la razón por la que miró hacia abajo hasta que se acercó un p0oco más, yo no me moví de donde estaba, es más... me acerqué yo también.
La Rebeca impulsiva me obligaba a lanzarme, a besarle para ver qué sucedía y que la víbora no podía enterarse desde el otro lado del mundo, pero la yo prudente no estaba tan segura de eso, Marian seguro me había dejado vigilada y yo... me había dejado llevar demasiado, no había pensado en esa posibilidad ni por asomo y esta situación se estaba saliendo de los límites. Ella me advirtió que me alejase de él, y cuanto ella más me insistía para ello yo más me acercaba.
La tentación apoderó por completo de mí, sumándose a la inseguridad y las ganas de fundirme en su boca se mezclaban para llenarme de una adrenalina deliciosa al pensar que eso fuera posible ahora. Todo, absolutamente todo entre nosotros dos estaba prohibido y aunque intentase adivinar qué era lo que pensaba, qué razones le empujaban a estar tan sumamente cerca de mi, a sentir mi respiración sobre sus labios, y a casi poseerlos; sospechaba que él estaba igual de confuso que yo.
Capturé el momento en que nuestros ojos se cerraron a la vez, nuestras bocas se entreabrieron a milímetros de separación. Un sonido hizo que nos separásemos sobresaltados y yo con el corazón terriblemente acelerado: su móvil. Me recosté en el asiento y en un gesto de puro nerviosismo me pasé la mano por el cabello para echarlo todo hacia atrás y escuchar lo que decía su inoportuno interlocutor.
-¿Diga?-parecía molesto.-Oh, eres tú-se restregó la cara.- No, no esperaba otra llamada.- Se quedó en silencio un momento, distinguí que era una voz femenina la que ¿chillaba? por el auricular del teléfono.- Mira, no tengo ganas de discutir, y mucho menos de aguantar una escenita de celos ¿de acuerdo? Ok, entendido, ¿qué querías?-¡Vaya! hasta a kilómetros de distancia era molesta esta tía.- Gracias, ¿y tú qué has hecho?-no tenía ganas de escuchar más, así que me propuse salir del coche.-Chao, un beso.-Había colgado, y lo siguiente fue que sentí su mano en mi hombro para detenerme.
-Espera-me dijo. No me di la vuelta, no iba a mirarle a menos que fuese totalmente necesario, y ahora no lo era.
-Tengo que irme-espeté.- Mañana debo trabajar, y ya es muy tarde.
Fue una excusa estúpida, lo sé, pero tenía que salir de ese coche cuanto antes. En cuanto estuve a solas en mi dormitorio me tiré a la cama cerrando los ojos para intentar relajarme, todo inútil ya que lo primero que vi fue a él. Gruñí y abrí los ojos con brusquedad, prácticamente salté de la cama para encararme con mi reflejo.
-¿Qué diablos te está pasando?-me pregunté a mi misma.
Dios, ¿cómo había sido tan estúpida? Marian me lo advirtió, ella me había dicho que como yo me acercase a SU NOVIO, movía sus sucios contactos, hacía que despidiesen a mi madre y me pondría a mí de patitas en la calle. Y todo eso quedando ella como la madre Santa Teresa de Calcuta. Y yo, de idiota y tozuda, me había dejado ir, había aceptado ser su amiga a pesar de las amenazas a las que estaba sometida.
No podía ocultármelo más, no podía seguir engañándome a mi misma si lo que me pasaba era tan obvio. Lo supe desde el primer momento en que le vi, cuando recorrí con mis ojos su cuerpo y sus profundos ojos azul celeste. Bruno provocaba cosas en mi, cosas que nadie podía saber. Y con todos esos inconvenientes y detenciones por delante, negándomelo de todas las maneras humanamente posibles... Bruno Sánchez había acabado gustándome demasiado. Nadie, absolutamente nadie podía enterarse de esto.
Pvo. Marian
-Marian Giovanelly, ahora mismo me vas a contar qué demonios te pasa antes de que tenga que sacártelo a la fuerza-me exigió Chris.
Ya llevábamos varios días en Canadá y durante ese tiempo yo había estado algo ausente. Los abuelos no se habían dado cuenta de ello, contaba con que mi hermana tampoco pero al parecer estaba equivocada.
-¿De qué me hablas?-contesté sin apartar la vista de la revista de moda que ojeaba.
-Desde el aeropuerto en Italia estás tan sumamente rara que no puedo evitar preguntártelo.
-No me pasa nada, y lo que me suceda no es de tu incumbencia así que ve a meter tus narices a otro lugar.
-¿Ves?-soltó.- Por eso tienes pocos amigos, cuando estás de mal humor lo pagas con quien quiera que se te ponga por delante, todo con tal de guardártelo para ti.- No le respondí, ni siquiera la miré.- Vale, pues cuando a la señorita le de la **** gana de dejar de martirizarse por cosas que no sé ni entiendo, y desee contármelo para así sentirse mejor pues que lo haga... Marian-me dijo con un tono de voz más dulce.- soy tu hermana, y me preocupo por ti, pero si no quieres contarme nada tampoco voy a obligarte, solo quiero que sepas que aquí me tienes para lo que sea.
Salió de la habitación un poco enfadada, lo supe por el portazo que dio. Ese portazo me llevó al pasado, un pasado que me había encargado de enterrar y olvida, pero que había vuelto a mí con la aparición de Kira. No fui feliz, al menos no al final, un final que me obligué a olvidar, y un pasado... turbio y oscuro.
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-Marian y Kira-dijo la mujer sentada frente a nosotras en un sillón de cuero negro. Estaba nerviosa, y me puse más nerviosa todavía cuando ella nos hizo levantarnos y dar una vuelta sobre nosotras mismas, lentamente, bajo su atenta mirada y la de un hombre fornido y con cara de tío duro que estaba tras ella.- Buenos cuerpos-dijo como para evaluarnos.- Podéis sentaros.- Cuando lo hicimos, retomó la palabra.-Supongo que ya sabéis en qué clase de negocio os estáis metiendo.
-Sí, señora-contestó Kira.
-Esta profesión no es como las demás, es fácil siempre que se tengas una actitud y empeño correctos. ¿Os ha sido fácil llegar hasta mi?-asentimos ambas, por que en verdad había sido sencillo.-Pues no os resultará tan fácil salir de este lugar y olvidaros de todo así como así. Por lo tanto, seniorinas, ¿estáis listas para ello?
Kira me miró y asintió para darme valor y fuerzas, yo apreté su mano en señal de agradecimiento.
-Lo estamos-dijimos al unísono sin saber las consecuencias de esas palabras.
Porque la verdad era que no estábamos listas para lo que sucedió.
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Pvo. Bruno
Algo confuso, salí del coche y me metí a mi dormitorio en seguida. ¿Qué había estado a punto de suceder? y lo más importante, ¿por qué no quise detenerlo? yo me consideraba una persona capaz de tomar decisiones o recapacitar en cualquier momento, pero me preguntaba por qué no lo hice hace unos minutos. Sea como sea no me arrepentía de lo que casi sucedió. Al parecer el tiempo estaba en mi contra, por que cuando me puse en camino al bar de la planta superior, mabuela me llamo a su habitación.
-Abue, ¿qué haces despierta a esta hora?-pregunté, pues eran más de las dos y media de la madrugada.
-Estaba esperándote para darte tu regalo.
-No deberías haberte molestado, ya sabes que no me gusta que me regalen cosas.
-Esto te va a encantar, mira-me extendió una cajita pequeña de aspecto caro.
Cuando lo abrí, pude ver que era un collar de mujer muy bonito, con un trenzado fino y elegante en oro normal y oro blanco. La medalla consistía en una placa algo gruesa y cuadrada. Encima tenía dibujadas las palabras "Ti amo" con zafiros incrustados muy pequeños, podía abrirse y salía como un pequeño libro que tenía grabado: "Tuo ochi iluminate la mia vita comme las estelles il cielo". Miré a mi abuela significativamente.
-¿A qué viene esto?
-Este precioso, elegante y sofisticado collar de oro, oro blanco y zafiros me lo regaló tu abuelo antes de casarnos, cuando se dio cuenta de que estaba locamente enamorado de mio y de que yo le respondía de igual forma.
-¿Y por qué me lo das a mi? es un recuerdo del abuelo, deberías tenerlo tu que lo conociste más que yo.
-Cariño debes quedártelo. Es para cuando encuentres a alguien especial, para cuando sepas de una persona que signifique tantas cosas para ti que llegue al punto de indescriptible. Esa mujer es la que merece esto.
Iba a insistir en que se lo quedase ella, pero al final acabé por aceptarlo. Y por muy claras que yo tuviese mis ideas con respecto a mi vida amorosa, cuando mi abuela me habló de esa persona tan especial... No pensé en Marian precisamente.
Pvo. Aaron
A la mañana siguiente del cumpleaños de mi hermano, me encontraba durmiendo cuando mi móvil sonó para despertarme.
-Joder-dije por lo bajo, lo agarré sin mirar si quiera quien era.-¿Sí?
-Bonjorno.- Ni siquiera pregunté, esa voz la reconocería en cualquier parte.
-¿Qué coño quieres, Marian? ¿El tiente no deja que te llegue el suficiente oxígeno al cerebro como para saber que aquí son las seis de la mañana?
-Haré como que no he oído eso. Te llamo ahora por que sé que te vas al trabajo a las ocho y luego no hay quién te localize.
-Ya, ¿y?
-¿No tienes nada que contarme?
-¿Sobre qué?-salí de la cama y me desperecé con un bostezo.
-Te recuerdo que accediste a hacerme un favor, cuñadito, por que me adoras y por que puedo darte lo que más deseas...
-Ah, eso...
-Sí, eso mismo, ahora desembucha, ¿qué ha hecho la pobretona en mi ausencia?
-Pues ella...- Vale, ¿qué tenía que decirle? Rebeca hablaba de vez en cuando con mi hermano, claro que eso era lo normal entre jefe y criada. Lo que no fue tan normal es que cuando llegué ayer por la noche a la casa ninguno de los dos estaban, claro que tampoco puedo probar que estuvieran juntos.- Se ha portado bien.
-Eso quiere decir que se mantiene alejada de Bruno en un radio de por lo menos dos metros.
-No exactamente.
-¡¿Cómo?!-exclamó con un chillido, casi me deja sordo.
Tocaron la puerta por lo que me dirigí hacia allí mientras intentaba calmar a Marian.
-A ver, no se le ha acercado mucho, no he visto que...-tuve que callarme. Frente a mi se encontraba Aliana aun con el pijama puesto, se estrujó los ojos y bostezó. He de decir que se veía bastante linda, parecía una niña pequeña a la que acababan de levantar. Desvié mis pensamientos al móvil y recordé que Marian esperaba una respuesta.- Tengo que colgar-espeté, cerré la llamada y miré a Aliana con la cara más agradable de desvelado que em salió.- ¿No fuiste a tu casa?
-Sí, pero legué hace unas horas por que hoy quiero trabajar; oh y hablando de trabajo, le buscan.
-¿A esta hora?
-Sí señor.
-¿Quién?
-No quiso decirme su nombre, me mando a que le comunicase que le espera abajo en el salón y que es un viejo amigo suyo.
-Todos parecen haberse propuesto no dejarme dormir hoy, pero bueno.. da igual.
-Siento haberle despertado señor, no era mi intención-se disculpó.
-No pasa nada, haces tu trabajo-kle sonreí y ella me devolvió la sonrisa.
Así nos quedamos, en silencio y observándonos, como en un trance que ninguno de los dos quería romper todavía.
-Em... Debo irme-dijo ella.
-Gracias por avisarme.
-Para eso estamos-respondió, luego se fue por donde había venido.
Fui a ponerme una camiseta cualquiera y bajé a ver a mi repentina visita. De espaldas a mi y observando al parecer la decoración del recibidor, había efectivamente un hombre de cabellos color caramelo. Iba vestido con ropa informal, vaqueros, camiseta y zapatillas deportivas. No tenía ni idea de quién se trataba.
-Disculpe... ¿me buscaba?-le dije, él se dio la vuelta con una gran sonrisa.
No podía creerlo, mi expresión fue de impacto a incredulidad.
-E... ¿Eres tú?
-Sí Aaron...
-Cuánto tiempo sin verte, Alessandro.
Terminé de bajar las escaleras aun asombrado por su presencia y le di la mano, me dio un apretón y luego me jaló hacia él.
-Dame un abrazo viejo amigo-me dijo riéndose, yo también me reí.
-Dios, no puedo creer que estés aquí.
Alessandro Martí era un gran amigo mío. Nos conocimos en el instituto, al acabar esos años él tuvo que mudarse a otra parte de Italia, y desde ahí nunca nos habíamos vuelto a ver. Alessandro siempre fue una persona muy importante para mi, como puede serlo Leo para Bruno. Él sabe todo de mi, incluso sabe de aquellos tiempos en los que em dedicaba a... mejor no recordarlo. Y a pesar de saber todo eso sigue siendo mi amigo y me trata de igual manera.
-Ya ves, he decidido volver. Si supieras...
-Estoy deseando escucharlo, ¿qué ha sido de tu vida?
-Pues después de acabar la universidad, hace como cuatro años, me fui a Japón para sacarle provecho a la carrera que había sacado, y me han dado vacaciones así que, ¿qué mejor que disfrutarlas en mi país y con mi mejor amigo?
-Vaya, pues me encanta que hayas venido, pero algo me dice que no has venido solo por volver a Italia y por ver a tu mejor amigo.
-Me has pillado. Hay alguien.
-¿Una mujer?
-Exacto.
-¿Y vive aquí?
-Sí, en Roma según tengo entendido. La conocí en mi primer año de universidad, ella estaba inscrita en la de al lado. Dios Aaron, ¿puedes creer que no la he olvidado?
-No me dirás que te has pasado estos tres años a dos velas.
-Tío, han pasado varias por mi cama, pero ninguna ha hecho que la olvide.
-Debe de ser una buena chica.
-Ella es... vamos, que ni lo puedo describir.
-Y... ¿Piensas aparecerte ante ella así, sin más?
-No lo sé. Aaron ella no es como las demás, ella es muy especial, sigo enamorado como un tonto de ella, cuando seguramente ya me habrá olvidado... Dios, estoy haciendo el gilipollas, ¿no?
-No del todo pero si un poco-contesté. Miré el reloj.- Vamos a mi habitación, en una hora tengo que estar en el trabajo.
-¿Al final hiciste empresariales como querías?
-Sí, pero es otra larga historia, ya te lo contaré, ahora quiero que me cuentees lo que te pasa.
-Está bien.
Una vez en mi dormitorio, retomamos el tema.
-Como te decía, solo haces un poco el gilipollas-comenté.- ¿Y si ella tampoco te ha olvidado?
-Cabe esa posibilidad. Estábamos muy enamorados. Nuestra relación a penas si duró un año y tres meses, pero fue muy intensa, de estas que siempre se recuerdan.
-Sigo flipándo, osea que aun estás enamorado de una novia que tuviste hace más de cuatro años, y eres tan cabezota que vuelves para reconquistarla.
-Eso espero, hermano.
-Buena suerte, espero que todo te salga como quieres. Por ciertto, ¿qué son estas horas de visita?
-Llegué hace dos horas, fui a mi hotel a dejar las maletas y vine por aquí en seguida, lo siento pero quería verte cuanto antes.
-Ya, ¿sabes? me alegra mucho que estés aquí, aunque sea de visita nada más.
Pvo. Leila
Ahora Rebe y yo éramos algo así como amigas, es más, me caía mejor que mi propia cuñada y era muy divertida, sentía como si fuese la hermana mayor que nunca tuve, con la cual copartir las cosas de chicos y de más. Quien me preocupaba era Aaron, lo que hizo hacia un tiempo estuvo muy mal, tanto como para que papá y mamá rehusasen a darle la presidencia a pesar de ser el mayor de los tres hermanos... mejor dicho, los antecedentes que tiene en el registro policial no son los más adecuados para ese puesto tan importante.
Hoy tendríamos en la agencia un photoshoot para una marca de ropa sport. Que hiciera estas cosas no quería decir que no estuviera consciente del peligro que corría mi carrera ya que se podrían enteraren mi familia y eso sería catastrófico, pero tampoco era plan de perder las oportunidades que me daban de realizar mi sueño. Hice la misma rutina de todos los días, luego me dirigí a la sala de la sesión, la número tres, y saludé a todo el que se me puso por delante, hoy estaba de muy buen humor, pero de todas formas tenía un mal presentimiento.
Por lo que vi había llegado temprano, en la sala sólo habían tres personas, dos maquilladores y... ¡ag! ¿Por qué tiene que estar en todo lo que hago? En fin... Ya me habían puesto de mal humor. Bajé a la cafetería para desayunar, porque la sesión empezaba en media hora.
-Un zumo natural y un donut de azúcar-pedí.
-Ahora mismo-el camarero me sonrió y se fue a preparar el pedido.
-Vaya-escuché tras de mí, ni me giré para ver quién era por que ya lo sabía.-¿donut de azúcar? Hoy estás valiente, Leila.
-Eso no te importa-contesté.
-Aquí tienes, son dos cincuenta.-Pagué y me fui a sentar en unos taburetes, por desgracia ella me siguió.
-¿No tienes nada que hacer?
-La sesión empieza en treinta minutos, de los cuales quedan quince que puedo usar para aconsejarte sobre las grandes cantidades de calorías que tiene esa cosa que vas a comerte.
-¿Debería interesarme esa información?
-Sí, eso creo.
-¿Qué insinúas?
-Cariño, solo te pido que te cuides de no salirte de las medidas adecuadas, no queremos que te vaya mal en tu carrera como modelo.
Rodé los ojos, agarré el donut y lo mordí con todas mis ganas, luego medio vaso de zumo y cuando la volví a mirar, tenía cara de espanto.
-A ver, Christinita, parece que no te ha quedado claro que la opinión que tengáis tú y tu lengua viperina sobre mi cuerpo y mis medidas, me la paso por donde tú ya sabes. Hoy no estoy de buen humor como puedes observar, así que déjame en paz.
Ella me miró con odio y se levantó.
-Aunque me hayas contestado de esa forma tan grosera, si necesitas ayuda... solo llámame, no soy rencorosa.
Cuando iba a protestarle ya era demasiado tarde. Se había ido y había dejado sobre la mesa un papelito con su número y nombre. ¿Esta tía era tonta o se lo hacía? Terminé de desayunar y volví a la sala para las fotos. De camino me encontré con Bernard y no pude evitar contarle lo sucedido.
-¡Y encima la tía tiene la cara de dejarme su número por si necesito su inútil ayuda!
-Venga, no te estreses mujer-me dio con ambas manos sobre mis hombros desde detrás de mi.- Sabes que no debes hacerle caso.
-No lo hago, y espero que tampoco tu, ya has visto qué cosas en su juegos me quiere meter en la cabeza.
-Todo está bien siempre y cuando no caigas tú. Porque aunque no lo creas…-me abrazó rodeándome con sus brazos, cerré los ojos instintivamente, y escuché cómo me susurraba:-me importas mucho.
Sonreí como una tonta. Luego quedamos para ir a su departamento después de la sesión. Me adjudicaron un conjunto de falda-pantalón y top sport con zapatillas deportivas. Todo muy bonito, sí, pero una vez me miré al espejo… hubo algo que no encajaba del todo. Me sentía incómoda con esa ropa tan pequeña y ajustada, podría ser que me había vuelto un poco loca o que no había ingerido bien el desayuno pero… me veía ¿gorda?
Pvo. Rebe
Al día siguiente con respecto al cumpleaños de Bruno, había estado evitándole durante toda la mañana, y casi al mediodía, Issa me había enviado al supermercado a hacerle unas compras en el coche de Aly, por lo que aproveché para pasar por mi casa y ver un momento a mi familia. Abrí con mis llaves y entré. Había gente, podía escuchar la risa de la tía Suzie proveniente de la cocina, ¿habría visita?
-¡Tía Suzie!-la llamé.
-¡Oh, Rebe!-me dijo, iba a entrar a la cocina cuando me paré.
-¿Visita?-interrogué.- Siento interrumpir.
-No pasa nada, además, la visita es para ti-dijo ella, me guiñó un ojo y luego se fue de la cocina.
-Luego hablamos guapa-me dijo antes de salir.
Me dejó allí parada. Quien quiera que fuese ese hombre, estaba sentado de espaldas a mi y yo no tenía ni idea de su identidad hasta que se levantó y me saludó.
-Hola-me dijo con una gran sonrisa.
Dios… ¿Era en serio? Ante mi se encontraba un chico de media melena ondulada castaño claro, con ojos gris oscuro preciosos, cara amable, alto y piel bronceada suavemente.
-¿Qué… haces aquí?-le pregunté aun sin poder creérmelo.
-Es algo largo de explicar, R.-R, sólo él me llamaba por la inicial de mi nombre. Avanzó y me abrazó.-Pero puedo decirte que… Volví por ti -respondió en voz baja, tan solo yo pude oírle.
-¿Por mi?
-Sí. Siento si me he pasado al venir a tu casa a buscarte, pero necesitaba verte.
-Ale...-mierda, le había llamado como antes.- Alessandro, no puedo creerlo. Después de tanto tiempo y estás aquí-sonreí un poco.
-¿Te sorprendes para mal o para bien?-preguntó bastante interesado.
-Dios, para bien joder. Te he echado mucho de menos.
-Me alegra saberlo.
Hablamos un poco más, pero tuve que interrumpir la conversación.
-Oye, me ha encantado volver a verte, pero tengo que irme que estoy trabajando.
-Oh... ¿y qué haces? ¿Algo en una compañía?
-Te sorprenderías si lo supieras. Bueno, Ciao-me acerqué a él y le di un beso en la mejilla como era normal, luego fui hacia la puerta.
-¿Cuándo volveremos a vernos?
-Llámame, pídele mi número a mi tía.
Me despedí de nuevo y volvi a la casa Sánchez, en la cual estaba todo muy silencioso por cierto. En la cocina no había nadie. Pero sí una nota de Issa, iba dirigida a mi.
Rebe, Carla y yo hemos ido al hospital para ver a su madre que ha tenido un accidente. No se cuando volveremos, ya hemos informado al señor.
Un beso.
Supongo que entonces la encargada de cocinar era yo si Aly y Selene estan limpiando. Me las crucé por la parte de abajo de la casa, me saludaron y me informaron de que estaban al tanto de la situación. Me puse a cocinar tranquilamente y luego ayudé a las chicas a servir la comida en la mesa. Allí estaban Aaron, la señora Evangeline y... Bruno. Evité mirar a este último con el fin de que el gusto que tenía por él no fuera a más. Terminamos con éxito de servir la comida y luego volvimos a la cocina.
-Aly, ¿es verdad que el señor Aaron ahora te trata diferente?-preguntó Selene.
-No, me trata igual que trataría a las demás-dijo Aly.- Sucede que todas os alejais de él e intentais no cruzar palabra por que os parece arisco y eso, pero no lo es.
-¿Y cómo sabes tú eso, cariño?-pregunté.
-A ver, digamos que he cruzado más palabras con él de las que habeis cruzado vosotras.
-A mi me consta que el señor Aaron no es tan arisco, o si no recordad el día en que lo visteis desternillándose con migo.
-Es cierto-dijo Selene, dejamos el tema a parte.
Cuando terminamos con nuestras tareas las chicas salieron a ver a sus respectivas familias, y yo me quedé sola en la casa. Los señores habían salido. Así que hice lo de todas las tardes; explorar. Subí a la planta superior y agudicé el oído, no tuve que hacerlo mucho. Escuché música, como la otra vez. Supuestamente ahora la unica que estaba en la casa era yo, pero aun así se escuchaba música, eran unos acordes de guitarra. Caminé siguiendo el melódico sonido y me llevó hasta aquella puerta que estaba prohibido atravesar.
Cada vez que pasaba por allí delante me incitaban la intriga y la curiosidad propias de una mujer, pero ahora me empujaba algo más. Frente a esa puerta, todavía no estaba segura de qué iba a encontrarme. Ahora a la melodía la acompañaba una voz. Me atrevería a decir que era una de las mejores voces que había escuchado desde mi interés por la música. Empujé suavemente la puerta. Estaba abierta y eso era muy raro. Respiré hondo y me aventuré a entrar. El interior no era muy luminoso, más bien oscuro, y lo que vi al entrar no lo hubiera imaginado ni en mis sueños. ¿Era esto posible?
Quedé impactada.
Espero que os haya gustado tanto como a mi, un besazo y espero vuestros comentarios