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Te vi venir — capítulo 22

21º

Pvo. Rebe

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Lo que había tras esa puerta era lo que menos hubiera imaginado. Un estudio de grabación de extendía ante mis ojos. Y allí, tras el cristal, se encontraba el causante de la más bella melodía que mis oídos habían escuchado. Un estremecimiento que me salió de la nada se extendió por todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, dulcemente electrizante. No se daba cuenta de que yo estaba allí, estaba demasiado concentrado en el instrumento que tocaba con los ojos cerrados. 

Si su imagen ya me parecía perfecta, ahora se acercaría a una apariencia celestial. Terminé de entrar y cerré la puerta despacio tras de mí sin apenas hacer ruido. No me senté en la silla que allí había, simplemente mi cuerpo no reaccionaba. Lo hizo cuando me propuse algo, no podía quedarme mirandolo. Abrí la puerta corredera de aluminio negro para entrar al otro lado del cristal, e hice lo mismo con esa que con la de la entrada.

En un instante abrió los ojos, y me quedé helada al ver que clavaba su vista en mí sin dejar de cantar. ¿Cómo se había dado cuenta de que había una intrusa? Justo cuando dijo "besame", fue cuando sus ojos parecieron echar fuego a pesar de ser azules. No me dijo que me fuera, seguía cantando con la vista fija en mi, no se movió, no se sorprendió, simplemente no dijo nada y siguio a lo suyo. Esa canción era preciosa y de pronto me llegó ala cabeza una verdad; estábamos solos. Solos y sin nadie que pueda interrumpir este momento.

Era ahora o nunca... Pero se me había adelantado. Cuando quise darme cuenta, él ya estaba de pie y acercándose a mi. Yo también avancé, este era el momento, no podía esperar más por ello, debía dejar volar mis instintos, que actuasen por sí solos. Cuando ya nuestros cuerpos estuvieron muy cerca, él hizo que ese espacio se disminuyera a la nada. Pasó su brazo por mi cintura y me pegó a su pecho, y con la otra mano acarició mi mejilla. Mis brazos estaban inertes a mis costados, sin poder hacer nada a causa de la impresión delñ inesperado momento.

Repasó cada rasgo de mi expresión tal y como yo lo hice con la suya. Sus ojos topacio brillaban como diamantes a la luz tenue del lugar, sus labios entreabiertos eran tentación para pecar. Sentí su esencia, sentí que algo más fuerte que la amistad nos unía, algo que no se comparaba con nada existente. Él estaba acariciando mi mejilla justo cuando habló para provocarme aun más a la tentación. 

-Besame como si el mundo se acabara después-susurró cantando.

-No puedo-susurré.- No debo.

-Pero quieres tanto como yo-me contestó dejandome sin palabras, con nuestras bocas muy cerca.

Terminé por hacerlo, le hice caso, y rocé sus labios con los míos. La electricidad me traspasó como un rayo, mis ojos se cerraron, sus ojos también, y esta vez era de verdad. Besé su labio inferior, y él a su vesz el mio superior. Mi brazo derecho subió hasta osarse en su hombro, y luego acaricié con mis dedos su nuca, él se estremeció, al igual que a mi me estremecía el contacto que formaban nuestras bocas. Mi lengua delineó su labio inferior, y al instante su lengua empezó a jugar con la mía, primero fueron roces suaves, lentos, intentábamos disfrutar del momento.

Ahora si que era cierto, todas esas veces que había soñado, que se me había pasado por la cabeza el besarle, todo se resumía a esto. Muchas veces intenté contenerme, decirle a mi corazón que se estuviera quieto cuando quería salirseme del pecho si él me tocaba. Antes tenía miedo, pero una vez dado el paso... Ya no, no valía la pena arrepentirse ahora que tenía sus labios para mi. Bruno se separó un poco de mi, solo para volver a besarme con más ansias si era posible, parecía que él también había estado esperando este momento. 

Nuestras bocas y lenguas jugaban una batalla en la que ninguno quería perder, solo ganar el beso más increible que hubieramos tenido. Al separarme de él, no quise abrir los ojos por temor a que esto solo fuera una fantasía más.

-Esto está mal... No puede pasar-susurré.

-Pero ha pasado, y no me arrepiento-me contestó.

Abrí los ojos a la vez que él, y mirándole a los ojos, con una tímida sonrisa, le respondí.

-Yo tampoco.

Pvo. Leila

-¿Qué quieres de postre?-preguntó Bernard-, ¿helado o tiramisu?

-Tiramisu-respondí sin dudar.- Y helado, claro.

Se echó a reir y fue hasta la nevera para preparar el postre. 

-Así que... no vas a decirme qué fue lo primero que pensaste cuando me viste-dijo.

-No, ya te dije que no te lo iba a decir.

¡De ninguna manera! Era algo que él me había preguntado muchas veces y yo nunca le había querido responder. ¿Qué iba a decirle? "Pensé que estabas buenisimo y que si te agarraba pensarías de mi que soy una pervertida sexual". ¡Ni de coña!

-¿Era malo?

-No sé, y te dije que no te lo voy a decir nunca.

-Venga ya Lei, que tenemos confianza, yo ya te dije que la primera vez que te vi pensé que eras muy guapa, ¿no?

-No, mira tú eso no me lo habías dicho, pero gracias por la información.-Me levanté y fui a su lado.-déjame ayudarte.

Iba a sdacar uan bola de helado de ron-pasa, pero estaba muy duro, así que tuve que hacer fuerza. 

-¡Oh!-dije cuando vi que sin querer le había manchado la camiseta de helado.- Lo siento-pero no pude evitar carcajearme.

-¡Qué graciosa!-dijo él, cogió una cucharada de helado, y fue acercándose a mi. 

-Oh no, no lo harás-dije todavía riendome.

-Oh sí, si lo haré... ¡Aquí va!

Fue a mancharme, le agarré la mano y entramos en forcejéo mientras nos desternillábamos de risa. el helado cayó al suelo, y yo lo pisé y resvalé llevándome a Bernar conmigo por el camino. Acabó él encima de mi, no podía dejar de reirme a carcajada limpia. Claro que la risa se fue lentamente, mi pecho dejó de colvoulsionarse y me di cuenta de que Bernard me miraba muy serio, también de que estábamos demasiado cerca el uno del otro. 

Sacudió la cabeza, luego se levanto y me ayudó a mi.

-Eh, Bernard, ¿qué te pasa?

-No, nada-dijo.

-De repente te has puesto muy serio, a mi no me engañas.

-Leila no me pasa nada-dijo de espaldas a mi.

-Si quieres decirmelo, ya sabes que puedes.

-Esto no-dijo en voz baja, tanto que pensé que lo dijo para, él, pero que yo también pude oírle.

Pvo. Aly

Después de ir a visitar a mis padres en el hotel salí de la habitación dispuesta a volver a la mansión Sanchez para conseguir preparar la cena, ya que eran las ocho de la noche. Le di al piso cero y esperé a que bajase. Los ascensores me ponían nerviosa, pero tampoco era plan de bajar veinte pisos por una escalera. Mi desesperación fue en aumento cuando se paró en la planta diecinueve, y me sorprendí cuando alguien entró, le dio al mismo piso que yo y luego se apoyó a mi lado, no se había dado cuenta, o eso creía yo.

-Hola Aliana-dijo él.

-Eh... Hola señor Aaron-contesté.

-Qué sorpresa verte aquí.

-Mis padres se quedan aquí en sus vacaciones. Salí con mis compañeras a comprar algunas ncosas y aporveché para venir a verles.

-Por cierto, fuera de la casa tuteame si quieres, somos personas y ahora no estás en tu trabajo. Yo no soy como mi cuñada.

Sonreí.

-Está bien.

Nos quedamos callados mirando el indicador de plantas. A este aparato el sucedió algo raro a partir del piso quince. Un estruendo, seguido de un chirrido, y luego el aparato se movió bruscamente haciéndome caer al suelo desprevenida. Luego el temblor cesó. Aaron me ayudó a levantarme.

-¿Qué demonios ha pasado?-pregunté.

-Parece que se ha atascado-dijo como si nada.

-¿Atascado?

-Sí, eso creo, entre los pisos catorce y quince.

-Dios mío...-comencé a tener dificultades para respirar. Solté el bolso en el suelo.

-Aliana, ¿estás bien?

-No mucho, la verdad-contesté. 

Resvalé en la pared hasta llegar a sentarme en el suelo, él se puso de cuclillas con una mano sobre mi rodilla.

-¿Qué te pasa?

-No me gustan los ascensores, me ponene de los nervios, y encima este jodido cacharro se ha parado.

-Tranquila-me dijo.

-No puedo estar tranquila-dije yo.

-A ver-dijo, luego se sentó a mi lado.- Vamos a intentar algo. ¿Qué es lo que más te gusta hacer?-preguntó.

-¿Qué?-pregunté atónita.

-Es para que te relajes un poco mujer.

-Ah... pues me encanta bailar.

-¿Por qué?

-Tengo una carrera de artes escénicas, al igual que Rebe, a ambas nos encanta la música, ya sea para cantar o bailar.

-Ya veo... entonces, ¿os llevais muy bien?

-Siempre hemos sido amigas-le contesté, apoyé la cabeza en la pared del ascensor.- Desde el colegio nunca nos hemos separado, nos hemos apoyado en todo.

-Yo solo he tenido un amigo de esa manera, y aun así le oculté algunas cosas, aunque se acabó enterando pero... ahora preferiría haber sido yo el que se las contó.

-¿Puedo saber qué le ocultaste?

Me miró misteriosamente, negó con la cabeza.

-No es muy conveniente que lo sepas, no te gustaría.

No insistí, bastante hacía él con ayudarme a distraerme para que no entrase en pánico atrapada en ese bicho. Pero aun así la intriga me mataba... ¿qué había hecho que fuese tan malo?