← Te vi venir · de
Te vi venir — capítulo 24
23º
Pvo. Rebe
-¿Estás ocupada?-me preguntó.
-No, estaba habllando con Ay, ¿la recuerdas?
-Por supuesto, salúdala de mi parte.
-Lo haré, y... ¿qué se te ofrece?
-Pues... ¿quieres sair a cenar mañana por la noche conmigo?
-¿A... A cenar?-Aly me miró con cara de "¿qué tiene de malo?", yo me encogí de hombros.
-Sí claro, si te apetece...
-Oh por supuesto, está bien. ¿A qué hora y en donde?
-En la Fontana de Trevi, a las ocho, ¿puedes?
-Mejor a las nueve, a las ocho sigo trabajando.
-Muy bien pues... Hasta mañana.
-Ciao-le dije, y colgó. Miré a mi amiga, que esperaba saberlo todo de la brebe conversación.-Te manda saludos.
-Qué fuerte, no puedo creer que haya vuelto.
-¡Ni yo!-le dije, pero no sabía si sorprenderme gratamente o todo lo contrario...
Nos dormimos al cabo de unos minutos. No sabía qué hora era cuando abrí los ojos y al mirar por la ventana vi que todavía la lluna estaba en su mayor espendor. Miré el reloj digital de la mesita de noche; las dos y media de la madrugada. Genial. Me envollví en un albornoz blanco de saten y me puse las pantufllas para llegar hasta a cocina. Cogí un vaso de leche fría y fui a sentarme cuando se me ocurrió sair un momento.
Empezaba a hacer frío, ya se acercaba diciembre y era algo norma. Con un brazo me abracé, y observé la una y las estrellas que se podían ver perfectamente desde mi posición. LLas constelaciones me hicieron pensar en el día tan intensso que había sido el de hoy. Primero, me reencuentro con el amor de mis años uiniversitarios, luego beso a Bruno sin tener claro qué demonios es lo que siento por él. ¡Oh demonios! ¿Por qué me hago a tonta si ya sé lo que me sucede?
Rebeca Torres, estás tonta y locamente enamorada de un hombre que tiene novia, la cual te amenazó para que te alejases de él, y tú no haces caso, sino que todo lo contrario, tú vas y le besas sin compasión. No tengo remedio. Y ahora mi ex novio volvía de Japón para hacerme recordar el tiempo que habíamos pasado juntos. Alessandro habái sido encantador conmigo, pero ese amor que sentía por él ahora nada más que era cariño de amigos. Suspiré.
-¿Y esos suspiros?-preguntó una voz a msi espaldas. Me sobresalté. Al girarme, allí estaba él.
Llevaba una camiseta nadadora blanca, un pantalón de chándal gris y unas zapatillas de andar por casa. Estaba guapísimo.
-Eh... Hola.
-Hola.
-Esto... me desvelé y... Salí a tomar el fresco.
-Hace una noche preciosa-me dijo.
-Sí-corroboré.
Bruno se puso a mi lado, con los brazos tras la espalda y mirándo al cielo, yo en cambio no podía apartar la mirada de él.
-Bruno... ¿crees que este bien lo que estamos haciendo?
-No, pero no voi a echarme atrás ahora-contestó, y luego me miró y me sonrió un poco.
-Tienes novia-le recordé.
Se giró un poco hacia mi, estiró su mano derecha para posarla en mi mejilla, y acariciar el pómulo de la misma.
-Esa novia está a millas de aquí, y no sé cuando voverá.
-¿Pretendes que sigamos con esto hasta que ella vuelva, o incluso más, es que ella no te importa?.-pregunté, de todas formas, a idea no me parecía tan mala. Yo sería la otra, sí, pero... le tendría a él.-¿Y en secreto?
-Pretendo que sigamos con esto hasta que el corazón nos diga que paremos.
Se acercó más a mi, y nuestras bocas se unieron dulce y suavemente bajo a luz de la Luna. Cada roce, cada poro de mi cuerpo que él tocaba con sus manos se activaba con una descarga de electricidad deliciosa. Él sacaba de mi lo que una sola persona había sacado, y ese era Alessandro.
Pvo. Leila
A la mañana siguiente, no sabía cómo comportarme ante Bernard. ¿Qué se suponía que tenía que hacer, quedarme como si nada después de su reacción o pedirle explicaciones? No tenía nada claro, y no quería decirle nada a nadie. Hoy no haía sesiones de fotos, pero sí mediciones para ver cómo estábamos todos. Crucé miradas con Bernard pero no supe identificar su estado anímico. En cuantto acabaron de tomarme las medidas, las observé por encima de hombro de a chica. ¡No! Había aumentado dos centímetros de cintura, y uno de musos.
Recogí mis cosas y salí de a habitación para meterme en el baño y cambiarme de ropa. Cuando me estaba poniendo la busa, me paré y me la quité. Pelizqué mis muslos para ver si tenía celulitis o algo... pero nada, también agarré de mi barriga y no me encontré nada extraño... Pero me sentía mal conmigo misma, como si hubiera pasado de ser modelo a ser... simpe y vulgar.
Pvo. Aaron
Alessandro me llamó cuando salía del trabajo.
-Hermano, necesito tu ayuda.
-¿Para qué?-pregunté.
-No sé qué ponerme.
-Tío, no creo que vayas a hacer nada especial, ¿o si?
-¡He quedado con ella!
-¿Y por eso tanta alarma?
-¡Sí!
-Pues vale, ahora mismo voy para el hotel, y de pas me invitas a comer y me cuentas quién coño es esa mujer que te tiene tan pirado.
-Ok.
Me monté en el coche y fui de camino al hotel, una vez allí me dirigí hacia su habitación, ni em dejó entrar, fuimos al restaurante y empezó a contarme.
-Pues... Dios es tan bonita, increíble, buena, inteligente...
-Tío dime el nombre al menos.
-Se llama Rebeca, pero le dicen Rebe.-Flipé. ¿Rebeca? ¿Era la misma?-Tiene veintiun años, es tostada de piel, cabello largo y castaño oscuro, ojos marrones que quitan el hipo y cuerpazo de bailarina.-Sí, era a misma.
-Oye... ¿su nombre completo es Rebeca Torres?
-Sí-me dijo.-- ¿LLa conoces?
-Te sorprenderías de qué manera.
-Oye... ¿cómo es que sabes su nombre?
No sabía si decírselo no, pero opté por que no había nada de malo en que éll supiera esto.
-Trabaja en mi casa.
-¿De qué?
-Es empleada allí, ya sabes, limpieza, cocina...
-¿Una sirvienta?
-Exacto.
-No lo esperaba, su sueño siempre había sido convertirse en una gran bailarina o cantante,. ¿cómo ha acabado así?
-Puede ser que no haya trabajo, y ya sabes cómo está el mundo: totalmente jodido.
Pvo. Rebe
Al final de la jornada de trabajo, me quedaba media hora para ponerme la ropa y salir pitando hacia la Fontana de Trevi. Al entrar a a habitación, ya con e delantal desatado, vi que había una ropa encima de mi cama. Consistía en un pantalón largo negro, se veía que bien pegado a cuerpo, uan busa gris oscura con dibujos negros sencilla, un abrigo negro muy bonito, una cartera negra de mano y en e suelo unas botas bajas de tacón alto y negras. Al lado de la ropa había una nota. Cariño, hoy tienes que deslumbrarle Así que te he dejado esto para que te lo pongas Pásatelo muuuy bien, yo he salido a divertirme un rato ¡te quiero guapa! Aly
Sonreí mirándo a letra de mi amiga. Esta chica era increíble. Mientras me duchaba a toda prisa, me sentí mal por no poder hablar con ella sobre lo de Burno. Pero era necesario, no podía contárselo, y por ahora me veía caspaz de guardar el secreto de esta relación. Una vez acabé de vestirme, me dejé el cabelo liso y con volumen en algunas partes, y remarqué mis ojos con sombras marrones, negras y doradas para resaltar su color.
Me subí al coche y conduje hasta los aparcamientos de centro, a estas horas casi no había nadie ocupándolos así que me fue fácil encontrar uno. Mierda, llegaba cinco minutos tarde. Y no me gustaba hacer esperar a nadie dado que a mi no me gusta que me lo hagan. Le vi de pie allí, mirándo el reloj de su muñeca. Vaya, iba vestido de una forma informal pero se veía muy bien. Le toqué el hombro, al girarse y reconocerme, me sonrió.
-Vaya, estás fantástica.
-Gracias, pero no deberías decirme eso. Te hice esperar y...
-No le haces a nadie lo que no quieres que te hagan a tí-completó, me conocía bien. Me recordó a lo de Bruno, yo era la otra, y no me gustaba que a mi me pusieran los cuernos. Iba en contra de mis principios, y ahora pasaba de eso.- Lo sé, y no debería, pero tampoco puedo evitarlo.
Sonreí allgo cortada, era uan situación un poquito incómoda. Y uan de las incomodidades era que siempre que cuando fuimos novios, siempre quedábamos en la Fontana de Trevi para ir a cuaquier lado, ese era nuestro punto de encuentro.
-¿Vamos, entonces?
-Sí.
Me llevó hasta un restaurante de los más caros de la ciudad, en la última planta de un hotel. Era La Terrazza dell'Eden. Cuando entré, no podía creerlo.
-Ales, es demasiado dificil conseguir mesa en este sitio-dije en un susurro.- Y ni hablemos de los precios de cada plato.
-Lo sé-me dijo, se dirigió al señor que se ocupaba de las reservaciones.- Bonjorno, tengo uan reserva a nombre de Alessandro Martí.
El hombre estaba muy serio. Miró el ordenador revisando la lista, y luego esbozó una amplia sonrisa.
-Señor Martí, por supuesto... Venga hacia aquí-le dijo.
Me miró y me guiñó un ojo. Seguimos al hombre hasta la parte trasera de restaurante, por la cuel se divisaba una cristaera, y tras ella, un paisaje precioso. Las luces ténues de Roma hacían que todo tuviera un toque romántico. Alessandro me arrastró la sila y me ayudóa sentarme, luego él o hizo a frente de mi. Me quité la chaqueta y la puse a respado de la confortable sila. El maitre nos llevó la carta. -Bueno, ¿me vas a decir por qué aquel hombre ha fipado tanto al ver quién eras?
-Bueno... Sabes que siempre he sido muy humilde, pero hay momentos en los que es necesario creerselo para que te respeten.
-No te sigo.
-Dirijo una empresa de tecnoclogía en Japón. Digamos que ahora mis financias están en muy buen momento.
-¡Vaya!-me asombré.- Cómo ha cambiado tu vida entonces.
-Sí, para mi suerte sí, pero sabes que el dinero no hace la felicidad, R.
-Cierto-le contesté.
-Y dime... ¿qué tal tu novio? Tiene que ser muy afortunado de estar con alguien como tú.
Pvo. Aly
Salí de la casa con la intención de despejarme un poco. Había dejado una ropa nueva sobre la cama de Rebe para que se pusiera en su cita con Ales. Yo me había decidido por una busa bllanca olgada, un pantalón negro un poco más abajo de la rodilla mqu tenía unos tirantes que yo me dejaba sueltos, unos taconazos color crema y un gorro blanco y negro con mi cabello rubio onduado y suelto.Definitivamente iría sola por que hoy todo el mundo tenía planes. Me decidí por un club al que iba muy de vez en cuando, pero era más tranquio que al que iba con mi amiga.
Fui hasta la barra y saludé al camarero.
-Hola Touluse.
-Buenas noches Aly, ¿cómo estás?
-Podría estar mejor, la verdad, pero seguro que se me pasa con uno de tus tequilas.
-Marchando comanda-me dijo con una sonrisa.
()
Se fue y a los dos minutos, el tequila estuvo frente a mi. El alcohol y ell pensar se llevan muy bien, por que me puse a recapacitar en lo sucedido estos días. Primero, Aaron se comportaba bien conmigo, y no es precisamente que antes se portase mal, sino que no me trataba y yo a él tampoco. Ahora había descubierto que tras la máscara de tipo duro se escondía un completo caballero italiano que haría desfallecer a cualquier dama que se le antojase con sus maneras.
Y he de admitir que a mi me gustaba que me tratasen así, con respeto y sobre todo, seductoramente. No tenía ni idea de si lo hacía con intenciones o si solo era su forma de ser, pero me gustaba cómo hablaba conmigo. Lo que había hecho por mi en el ascensor me ayudó mucho, no pasé miedo como otras veces, me olvidé de casi todo excepto de que él estaba a mi lado para tranquiizarme y acompañarme. Y ocultaba algo, algo que supuestamente no me iba a gustar.
-¿Aliana?-dijo uan voz conocida. e di un último trago al tequila y miré a mi lado.
-Ho... Hola-dije algo tonta. Y hablando del rey de Roma.
-¿Qué haces aquí?
-Vine a despejarme un poco.
-Pongame lo mismo que a la señorita-dijo al camarero. No sabía dónde había estado, pero no tenía su típico traje de oficina puesto, ahora llevaba un vaquero oscuro, una camisa de botones oscura también y zapatos negros. Todo su look lle daba un aire misterioso.-¿Ahogándo las penas de amor en el acohol?
-No tengo penas de amor, Toulus ponme otro.-dije al camarero.-Me aburría y decidí salir un rato.
-Me parece bien.
-Oye... ¿por qué ultimamente a cada sitio que voy, apareces tú?
-Será cosa del destino-aventuró.
-Es posibe-contesté.
-Ahora que ambos tenemos el vaso lleno, quiero que brindemos.
-¿Por qué, por aburrirnos en la casa?
-No, simplemente... por que el destino quiere juntarnos a toda costa.-Sonreí y alcé mi vaso para chocaro con el suyo y beber un trago.-¿Vienes mucho por aquí?
-Antes venía más, ahora ya no tanto.
-Ya...
Seguimos tomando tragos de los vasos y hablando de cosas sin importancia hasta que casi estuvieron vacíos.
-¿Y Rebeca ha salido?
-Sí-contesté.
-Seguro que con Alessandro.
-Sí, ¿cómo lo sabes?
-Es el mismo.
-¿Qué?
-El Alessandro que es el ex de Rebeca, es mi mejor amigo.
-¡No! ¿en serio?-vaya, no me lo esperaba.
-Sí, yo le he ayudado a escoger la ropa.
-Me extraña, ya que veo que tienes problemas hasta para escoger tu propia corbata.
Se quedó callado un momento, y uego habló muy serio.
-En realidad... Era soo un pretexto, yo... quería verte, nada más. Aliana...
-Aly, llámame Aly.
-Aly, estos días los he pasado muy a gusto en tu compañía, solo quería que lo supieras.
Nos quedamos callados, como tantas otras veces, mirandonos a los ojos. El azul oscuro de los suyos me hacía sentir como si volase, y me hacía pensaar en la remota posibiidad de que yo a él le pareciese más que una amiga. Como él lo era para mi.