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Te vi venir — capítulo 25

24º

Pvo. Rebe

Vale, ¿mi novio? lo más correcto sería decir mi amante... No, esto nadie podía saberlo. 

-No tengo-dije rapidamente.

-¿Ah no?Qué extraño, una mujer tan bella y agradable como lo eres tú, y sin novio...

-Digamos que el amor no espara mi. Tuve una relación de la cual salí mal parada hace poco.

-Yo creo que no miras en la persona adecuada-convino.

-Posiblemente sea eso.

Mira que ahora gustarme un hombre con novia... ¡Hay que ver, Rebeca!

-Entonces...-sirvió champan en las copas yme tendió una.-Brndemos para que encuentres a esa persona.

Chocamos las copas y bebimos de ellas. No me quitó la mirada de encima durante todala niche. La verdad Alessandro ra un cielo y ahora me sentía estúpida por haberlo dejado con él, claro, que no iba a seguir una relación a distancia. Al acabar de cenar, salimos a dar una vuelta por los alrededores de Roma, a pie y sin prisas. Ya eran las doce y media.

-Alessandro, hemos hablado mucho de mi pero... ¿qué hay de ti? ¿qué fue de tu vida amorosa?

-Te sorprenderías.

-Pruebame entonces.

-No he tenido una novia seria desde que lo dejamos.

-Ah, ¿no?

-No. Ninguna ha sido capaz de enamorarme.

-Estoy segura de que las japonesas son sumamente guapas, con sus rasgos exóticos...

-Creeme que no hay ninguna que se compare a ti.

Me quedé callada y me sentí vocazas. ¿Por qué le había dicho eso? En fin. Seguimos andando y hablando e cosas sin importancia,hasta que nos entamos en unos bancos de un parque cercano al coliseo. Allí nos quedamos en silencio, mirando al frente, cada uno inmerso en sus pensamientos. 

-Rebeca... Tengo algo que decirte.

Le miré espeando una respuesta, pero lo que hizo fue acercarse más a mi. Me quedé paralizada al adivinar sus intenciones. Quería besarme. Casi no reacciono, pero lo hice,giré mi cara, y acabó dándome un beso en la mejilla. Me sentíaun poco culpable por haberle hecho esto, tan bien que se ha portado siempre conmigo. Pero no podía besarle así como así. Por que si lo hacía, puede que para mi no significase nada, pero para él significaría muchas cosas. 

-Lo siento-le dije.

-No, discúlpame tu a mi. Me he precipitado...

-Da igual, no importa.

-Sí que importa, no puedo venir de buenas a primeras y besarte por que me apetezca, eso no está bien. De verdad que lo siento.

-¿Si teperdono dejarás de decir eso?-asintió.-Muy bien, pues estás perdonado.

-Gracias-nos reimos, y en verdad se le veía aliviado.

Pvo. Bernard

Recibí una llamadaa mi móvil cuando estaba tirado en el piso de midepartamento.

-¿Diga?

-Bernard-era ella.- ¿Puedes venir a mi casa?

-Leila,son las nueve de la noche, te has parado si quiera a pensaren qué dirá tu familia?

-¿Y tú crees que me importa algo lo que me digan?-se la notaba un poco alterada.

-No, pero...

-Bernard, te necesito... Por favor.

Me lo pensé un momento, no me apetecía verla, pero si me lo pedia así... 

-De acuerdo, en cinco minutos estoy en tu casa, pero me debes una.

Colgué y me levanté en seguida, agarré las llaves del coche y me monté. En cinco minutos exactos estuve ante su puerta. Cuandola vi salir, tenía los ojos húmedos y se abalanzó sobre mi dándome un abrazo. 

-Eh, pequeña-le dije.- No llores.

La rodeé con mis brazos y nos metimos a su hatación, cerré la puerta trasde mi y solo scuché sel snido de su llanto amortiguado contra mi pecho. 

-Leila, ¿qué te está psando?-le dije entono bajo para no sobresaltarla. No contestaba, seguía llorando. N megustaba verla llora, ni a ella ni a naide, pero menos a ella. La separé un poco de mi y le squé las lágrimas con mis dedos.-Eh, no llores más, por favor.

-Para tí es muy facil decirlo-quitó mis manos y las reemplazó por las suyas, luego se separó de mi.-Tú no te sientes como una mierda.

-Te equivocas, me siento muy mal por cómo te traté ayer, no debería haber reaccionado así.

-Por fin estamosde acuerdo en algo.

-¿Me vasa decir por qué te sientes como una mierda?

-¡¿Esque acaso no lo ves?!-estalló, y extendió sus brazos.-Mírame, estoy gorda, joder.

Me quedé impactado por su reacción, no esperaba aque me dijera eso, creí que e solo que estaba en "esos días", o que tenía un mal momento, pero nunca creí esto.

-Leila, i lo dices por lasmediciones de hoy...

-¡Sí, por eso mismo lo digo! Joder Bernard, qe tengo queestar en lasmedidas perfectas y ahora me estoy pasando de ellas. Como eche a pwrder mi cuerpo, a la mierda mi carera y a la porrami sueño.

Empezó de nuevo a llorar y esta vez se sentó encima de la moqueta, me agaché a su lado y puse una mano en su hombro. Mepartíi el alma y sobre todo, me cabreaba mucho qe pensase estas cosas.

-Leila... No digas eso, eres una chica preciosa, te lo juro, no estás pasándote de la raya. Eres perfecta así como estás. No vas a echar a prder tu sueño solo por medir dos o tres centímetros mas de lo que deberías.

-¿Lo dices en serio?-inquirió levantando un poco la mirada.

-Claro que sí, nena si yo tuvieraue elegir entre la modelo 90 60 90 o tú, sin dudarlo te escogeria a ti.

-¿Por qué? Eres guapo, alto, inteligente, un francesito que muchas quieren y puedenobtener, ¿or qué conformarte con una miera de chica como yo?

-Que por qué... Dios Leila por que te quiero, ¿vale? te quiero. Y no me apetece que digas esas cosas de ti misma si ni yo ni nadie piensa lo mismo. Je t'aime.

Me levanté y salí de la habitación con un gran peso liberado de mi pecho y una enorme duda en la cabeza. ¿qué pensaría Leila de mí ahora?

Pvo. Aly

Había llegado a la mansión a las dos. Aaron se había quedado en el bar de copas. Miré en mi habitación y vi que Rebe ya había llegado y estaba durmiendo, mañana tendría que contarmelo todo todo. Me puse el pantalon corto y la camiseta que utilizaba para dormir y fui abeber agua a la cocina. Me quedé allí por un rato, el sueño se me había quitado. Cuando ya iba a irme, tocaronla puerta de la cocina, extrañada miré tras la cortinilla que había. Meausté un poco al verle pero abrí la puerta en seguida.

-Aly...-dijo con voz débil. Iba a caerse pero yo le agarré un poco. 

Echó la cabeza hacia atras y pude ver que estaba prácticamente lleno de sangre en la caa, sus ojos mdio crados me hicieron saber que estaba agonizano un poco. Su ropa también estaba manchada de sangre y tierra. 

-Dios Aaron, ¿qué te ha pasado?-no me contestó.-Hay que llevarte a urgencias.

-No-dijo rapidamente.-No.

-Pero estás herido y...

-Llevame a mi habitación-dijo tajante, no pude negarme.

Spoiler:

Pasé su brazo por mis hmbros y le ayudé a llevar hasta su dormitorio. Una vez allí, le senté en la cama. Encendí la luz y pude apreciar mejor sus heridas. No era muy profundas en la cara, pero si tenían mala pinta. Vi que seguían a partir de su cuello. 

-Ya que no quires ir al hospital y se que no voy a hacerte cambiar de parecer, quitate la camisa y esperame aquí, voy a por algo parra curare todas esas heridas.

Asintió a duras penas y le dejé solo por unos momentos. me hic con el alcohol,pues no había agua oxigenada,algodón, vendas y tiritas. Cuando volví con él, estaba sentado en la cama, sin camisa como yo le había dicho, y sin zapatos, solo llevaba el pantalón. Trangué saliva y supiré inaudiblemente. Me acerqué ydejé las cosas sobre la mesilla de noche.

-No hay agua oxigenada-le informé mientras mojba el algodón.-Así queesto te va a escocer un poco.-No contestó, al parecer se le habín quitado las ganas de ser amable, pero a mi no.-Túmbate.

Se acostó en la cama y y me senté a un lado, cerró los ojos y empecé a currle lasheridas de la cara. Hizo una mueca de dolor que duró bastante, soplé para que le doliera menos. Tenía varios rasguños, un moratón en la mejilla y más de ellos por el torso, también el labio roto. Tenía que saber qué le había pasado. Cuando terminé de curarle la cara, fui hacia el cuello, tenía un hematoma algo feo. Puse mala cara,y él lo notó.

-¿Está muy mal?

-Tienes consuelo, los he visto peores-reclamé.

Intentó reirse, pero le dolió. Sonreí negándo la cabeza y pasé a los rasguños del pecho, no eran muy profundos pero estaban muy manchados de sangre e infecrados. Intentaba no pensar en que le estaba tocando el pecho a él para que no me temblasen las manos al ponerme nerviosa. Le vendé el pechopara qu no le doliese tanto por que tenía los músculos muy fastidiados, y lugo empecé a cerrarel alcohol, a guardarlas cosas...

-¿Me vas a contr qué te ha pasado?-inquirí.

-No, no puedo-me dijo.

-¿Sabes algo? Estoy un poco cansada de tus cambios de humor, hace apenas una hora estabas muy bien, m voy del club y vienes con sñales de qu te han dado una palza, uego alegas que no quieres contarm naada, ni deesto, ni de tu pasado, y yote he dicho mil vces que estoy aquí para lo qe ncesites,para algo soy más o menso tu amiga, per no... Tú te aferras a guardártelo todo. Puedo ver en tus ojos que está sufriendo, que o estás orgulloso de lo que hiciste.

-No pienso contártelo, no quiero que pienses que soy un capullo, es más,deberías pensarlo y y pasar de mi.

-¡Pero bueno! ¿Quién teentiende?-espeté.-¡Y luego la mujres somos complicadas, coño!

Ya me iba, estaba muy enfadada, demasiado diría yo, y no me daba pena que estuviera tan magullado. Con la mano sobre el manillar de la puerta, sentí cómo una mano me sosteníapor el codo y me jalaba hacia atrás. Mire hacia arriba y l vi más cerca de mi de lo que nuncahabía estadio, sus ojos reclamaban atención.

-Espera-me dijo él con voz ronca.-No te vayas.

-¿Por qué?-pregunté exigente.

-Si te quedas conmigo... Te lo contaré, no solo el por qué he vuelto asi, sino también lo que sucedió hace tiempo.

Estaba entre irme y mndarle a la mierda, o quedarme para escucharle, pero definitivamente una mujer era muy curiosa.

-Está bien, pero solo me quedaré si me cuentas la verdad.

Asintió y se separó, me pidió que em sentase y yo obedecí, le estaba mirando expectante, estaba sentad en una silla frente a mi con la cabeza gacha.

-Cuando tenía dieciséis años... Hice muchas cosas de las cuales no estoy nadaorgulloso, pero en esemomento solo pensaba en serel guay, en ganar dinero rápido, propio y fácil, y en conseguir el máximo numero de chicas en mi cama. Lo primero que hice fue contactar con un conocido, le planteé mis planes y él emdijoque la manera de conseguir dinero m´s facil que existía... eran las drogas. l principio, lo rechacé de inmdiato, pero un día necesit´dinero ymis padresno me lo dieron, así ue... acepté el trato. Yo sería el camello e los alrededores de mi instituto, pasaría drogas aquien quisiera siempre y cuando no se chivasen a a poclicía.

Y en ciertomodo, me fuemuy bien. Vendía mucho yconseguía un pastón cada mes. Con ello me daba el lujo y la comodidad que pocos puden permitirse, incluso másque ahora. Tenía un pequeño departamento que habíalquilado con un carnet falso donde se confimaba que tenía los dieciocho años, y allí me llevba a mis ligues. Fueron muchas chica las que pasaron por allí, pero me sentía vacío. Un día, juraría que me enamoré de la chica más popular del instituto, pero ella no me hacía caso por que creía que yo era un niño mimado. En la fiesta de primavera, me propuse camelámela, y en ciertomodo lo conseguí. Ella se dogó esa noche,yyo tambiénlo hice por ella, pero nunca habí probado la mercancía que yo mismo vendía.

Un día, me negué a hacer el reparto, estaba harto de esa vida de mierda, por que la chica aquella me había querido para un polvo y ya está, yno me apetecía seguir con las ventas. Mi jefe se cabreó y me mando a vende na gran cantidad de cocaína en dos días, y si no lo hacía, pagaría las conscuencias. Muy asustado, me pusene el callejón deatrás del instituto, me saltéls clases ese díay estuveallí metido sin comer nada ni ver a nadie más que a los clientes comunes. Casi a media noche, un chico de mi edad y de mi curso empezó a regatearme los precios. Me entretuve y reaccion´tarde. La policía me hbía pillado, y el chico se había ido con la mercancía gratis.

<<Lo de después, todo fueron acusacions muyciertas, me recluyeron en un centro demenoresdel cual mis padres me sacaron al año. Tenía antecedentes penals, y aunque em quisiea ponr a trabajar no podía. Por eso mis padres no me dejaron la empresa.-levantó su mirada, sus ojos llenos de lágrimas. yo estaba muy asombrada, no podía creerque él hubiera sido capaz de hacer lo uecontaaba, parecía todo muy irreal, pero era cierto.-Aliana, soy un jodido delincuente.

Melevanté de la cama y me pusede cuclillas ante él. Posé mi mano en su mejilla suavemente y luego, sin apenas medir mis actos, me acerqué a su rostro. Él no se movió, sus mejills estaban mojadas y sus ojos llorosos, su boca entreabierta, y la mia igual. Le besé. Rocé mis labios con los suyos, un beso corto al principio,y después tomando forma para dar pie a uno mayor, donde nuestras lenguas se buscaron con ansiedad.

Pvo. Bruno

Me levanté más tempraoque de costumbre y fui hacia la cocina, ya vestido para la oficina. La encontré allí sola, rodeé su cintura con mis brazos y susurre a su oído.

-Buenos días.

-Buenos días-contestó sonriente-, me hs asustado.

-Lo siento, ¿hay alqguien más levantado?

-No, yo me levanté temprano para cocinar.

-¿Y quépreparas?

-Tortitas-dijo con una sonrisa. Se la veía muy tierna con la mejilla manchada de harina.

Acuné su rostro entre mis manos y la besé suavemente, con dvoción. Era tan bella... Cuando nos separamos, siguió batiendo la masa de tortitasmientra hablaba.

-Bruno... No me gusta sto.

-¿Qué no te gusta?

-Serla otra, mesiento como que estoy en medio de tu y de Marian, por que sea como sea,tú res su novio oficial y...

-¿Sabes algo? -la interrumpí-. Lo he estado pensando, yme he dado cuenta deque no soy feliz con Marian.

-¿Y eso quire decir...?

-Eso quieredecir que en cuanto vuelva de Canadá... cortaré con ella.

Una gran sonrisa se entendió or todo u rostro, iluminándole hasta los ojos. Dios ¿por qué era tan hermosa? Soltó el bol en la encimera y me abrazó. Sentía su sonrisa pegada a mi pcho, pero luego dejé desentirla, sepuso sria por un momento. Miré la hora, eran casi las siete, hoy yo tenía una reunión muy importante a primera hora que tenía que preparar desde temprano. 

-Rebe, tengo que irme-le dije, se separo y se puso de puntillas para besarme.

Sus labios se moieron iernos sore los míos, al igual que su lengua exploró mi boca y jugó con la mía por corto pero delicioso tiempo. Se iba a separar para volver a sus tareas, pro yo s lo impedí, y po un impulso o po que lo quería hacer realmente, pronuncié dos palabrasmuy significativas en su oído.

-Te quiero, Rebeca Sanchez.

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Cuando llegué a la oficina, todavía estaba en el aire, ella no había contestado, se había quedado paralizada y yo prefería dejarla tranquila. Sí, quería a Rebeca, y no era amor de amigos. Esto era inevitable, no me lo propuse cuando la contraté a pesar de que cuando la vi por primera vez, pensé que era muy guapa y al conocerla supe que era agradable. Simplemente... ha pasado. Llegué a mi despacho, encendí las luces y casi se me cae el maletín de lasmanos cuando vi quién estaba en el interior.

-Hola, Bruno... ¿me echabas de menos?