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Te vi venir — capítulo 27
26º
Pvo. Christina G
Todavía me parecía increíble lo de mi hermana. No había conseguido sacarle la causa de su tormento durante nuestra estancia en Canadá, pero al poner un pie en Italia se le ha pasado todo, m ha dejado con sus maletas como encargo y se ha ido a ver a su novio en la oficina. Genial. Cogí un taxi desde allí y fui hasta la casa Sánchez, dejé las maletas y me fui para mi casa después. Respondí n si y no a las cuestiones que m hacía mi madre sobre la visita a los abuelos. Estaba cansada por lo que me introduje en mi dormitorio y me propuse dormir.
Cuando me levanté eran las siete y media de la tarde. No había dormido muy bien, algo me lo impedía. Marian. Marco. Dos incógnitas, un objetivo, una intriga. Marian me había echado de malas maneras de la habitación cuando descubrí que estaba buscando información sobre accidentes acaecidos en el 2003 y desde ahí si le preguntaba algo con esa referencia no hacía más que decirme que me metiera en mis asuntos, claro, que ella no entiende que también es mi asunto. Es mi hermana y me preocupo por ella aunque no quiera.
Maco es mi objetivo en estos momentos. Son las once, ¿dónde estará? Hice un llamada a m fiel tocaya.
-¡Bonjorno!-saludé.
-¡Oh Chris! ¿Qué tal?
-Bien, he vuelo, ahora mismo estoy en mi casa.
-¡Oh qué bien!
-Amore… ¿Sabes dónde está Marco ahora?
-Tiene que estar en su departamento supongo.
-Gracias por la información amiga.
-¿Vas a ir?
-¿Tú qué crees?-se rió de el otro lado del teléfono.-Luego te llamo.
-Mucha mierda.
Colgamos. Me vestí rápidamente y salí escopetada de mi casa hasta subirme a mi coche, un Ford Fiesta 2010.Spoiler:
Conduje hasta su departamento y llegados al portal, el portero me abrió. Pude ascender las escaleras hasta su piso. Después de tocar el timbre dos veces la puerta se entreabrió dejándome ver a alguien. Era una chica m de pelo corto y recto negro como el carbón y ojos grises. Me miraba con expresión curiosa en su carita de no haber roto nunca un plato. No sería muy mayor, incluso parecía más pequeña que yo.
-Hola-dijo sonriendo un poco.- ¿Puedo ayudarte?
-Soy Chris, una amiga de Marco, ¿está él por aquí?
-No, ha salido un momento, pero pasa si quieres a esperarle. No tardará en llegar.
Asentí y me dio paso. El departamento estaba en un orden que nunca habría sospechado capaz en Marco, aunque claro, quizás no era cosa suya, sino de su novia.
-¿Te apetece tomar algo?
-Una cola estaría bien-asintió, desapareció un momento en la cocina y volvió dándome una lata de coca-cola.-Gracias…
-Shena, me llamo Shena.
Shena. La novia de Marco y mi competencia. Eso iba a ser muy interesante.
Pvo. Aaron
Después de haber besado a Alina había pasado toda una semana en la que no había ido al trabajo. No podía arriesgarme a aparecer por allí con la cara así de maltratada y que empezasen a hacer peguntas por lo que me recluí en mi dormitorio y de allí no había salido durante ese tiempo. Marian había vuelto y con ella el martirio de tener que espiar a Rebeca. Yo no tenía nada en su contra, pero si diciéndole a mí cuñada todos los movimientos de ella iba a provocar que la empresa quedase en mis manos… Tenía que hacerlo. L relación entre Aly y yo se limitaba a miradas cómplices, sonrisas disimuladas y algún que otro guiño de ojo tímido.
Cundo me senté a recapacitar sobre el rumbo que estaba tomando mi vida me pregunté… ¿qué diablos estoy haciendo? Estaba flirteando con Alina descaradamente, pero a pate de es también intentaba que Rebeca y Alessandro estuvieran juntos para apartarla a ella de Bruno a pesar de que a ella no se le veían intenciones d nada con mi hermano, y si las tenía disimulaba muy bien.
Tocaron la puerta interrumpiendo el hilo de mis pensamientos, ¿qué hora será? Al consultar en mi mesta vi que eran las doce de la noche. Abrí la puerta y me quedé allí parado, probablemente tendría cara de tono.
-Em…. Hola-me dijo tímida.-¿Puedo pasar?
Tardé en reaccionar pro finalmente hablé.
-Sí, claro.
(Ambiente -> )
Me hice a un lado y la dejé entrar, luego cerré la puerta para girarme y mirarla a ella. En ese momento me sentí insignificante a su lado. Ella era hermosa aun con un infantil pijama de corazones puesto, con su precioso pelo rubio suelto y su pequeña y tímida sonrisa que la hacían ver muy dulce. Yo en cambio era todo lo contrario.
-Aaron, creo que tenemos que hablar.
-¿Con respecto a qué?
-Lo sabes muy bien-Se refería al beso. Yo asentí.- No sé lo que me pasó aquella noche...-se quedó pensativa.-No, sí que lo sé. Lo hice porque quería besarte.
-Aly yo…
-Espera, déjame acabar por favor.-Asentí en silencio de nuevo.- Te besé porque tenía ganas de hacerlo. Aaron yo siento que hay algo muy fuerte que nos une y no sé si tu o percibirás también.-Me miró a los ojos y dio un paso hacia mi.- Estas semanas en las que he hablado más contigo me han hecho dame cuenta de que eres muy especial, un hombre como de los que hay pocos hoy en día, y del que es muy fácil... enamorarse. Como lo he hecho yo. No pretendo que me correspondas porque es prácticamente imposible. Solo quería dejar claro por qué te besé el otro día. Si no quieres volverá hablarme lo entenderé.
Fue hacia la puerta, estaba indecisa. La agarré suavemente del brazo para impedírselo.
-No-le dije.-Te equivocas.
-¿En qué?-inquirió.
-En todo. Aliana te equivocas en decir que no te correspondo, te equivocas en decir que soy un caballero y sobre todo te equivocas en decir que nunca más quiera volver a hablarte.-Sus ojos estaban brillosos, casi llorosos, y los míos serenos pero con ese brillo especial también.- Porque lo cierto es todo lo contrario. ¿Cómo no iba a estar enamorado de ti si eres la persona más bella que he visto en mi vida? Dime cómo, porque yo no lo sé.
-Aaron…-susurró.
-Pero no, yo no soy ningún caballero de buenas maneras como tú crees. Yo No te convengo, siempre hago todo lo posible para conseguir todo lo que me propongo, y nunca me ha importado si tengo que pasar por encima de alguien cercano a mí.-En ese momento recordé lo que estaba haciendo con Ales, le estaba utilizando como una marioneta.- Soy una mala persona. Puedo parecerte un ángel caído del celo pero la verdad es otra muy distinta.
-¿Qué intentas decirme?
-Que te alejes de mi.-Acuné su bello rostro entre mis manos y le sostuve la mirada, pero pronto bajé junto con mis manos. No merecía mirarla a los ojos.- Aléjate de mí por favor.
-No-susurró.
-Engaño, hago sufrir a quien más quiero si eso significa conseguir lo que me propongo, no te merezco Aliana. Y no quiero perderte, te lo juro, yo te quiero con toda mi alma. Pero eso no es suficiente si voy a hacerte sufrir tarde o temprano. Tú vales oro, en cambio yo… No valgo nada.
Ahora fue ella la que se aceró a mí, hizo que la mirase a los ojos. Eran tan oscuros y penetrantes… Preciosos.
-No digas eso Aaron.-murmuró.-Tu no eres así.
-Ni siquiera me conocer del todo. Los tipos que me dieron una paliza la otra noche fueron los mimos que se quedaron esperando el dinero que les debía cuando trabajaba de camello. Mi pasado me persigue y no te quiero meterte en esta mierda de vida que tengo. Aléjate de mí, es lo mejor.
-Ahora el que se equivoca eres tú. ¿Crees que por qué me lo digas así voy a hacerte caso y voy a irme de tu lado?-Bajé la cabeza.-Aaron mírame.-Hice caso.- Te equivocas en creer que voy a irme de esta habitación ahora, y de tu vida algún día. Prefiero correr el riesgo que perderte. Sean cuales sean los problemas, todo en esa vida tiene solución menos la muerte.
-No pienso exponerte a los peligros que correrás si estás conmigo-susurré.
-No me expones tú, yo misma lo he hecho al decirte que te quiero.
Miró mis ojos al igual que yo miré los suyos: con amor. Un amor que nunca había sentido. Levanté una mano para posarla en su mejilla suavemente. El hizo lo mismo.
-Tú vales mucho más de lo que nadie se imagina.-Dijo antes de que nuestros labios se uniesen.