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Te vi venir — capítulo 5

4º

Pvo. Rebe

A la mañana siguiente me levanté con ganas de mandar el mundo a la mismísima mierda. en el móvil no había ningún mensaje ni llamada perdida, y mi paciencia se estaba acabando. Me puse algo de un estilo más profesional, mi trabajo, si es que el jefecito me aceptaba, no sería de ir lo más emperifollada posible pero Aly me había dicho que tenía que dar buena impresión. 

Mi ropa consistía en un pantalón vaquero sencillo y de pata algo ancha, taconazos negros, blusa blanca sencilal con chaqueta de manga corta a rayas blancas y negras y como complementos un gorro y un bolso negros. El pelo me lo dejé suelto y desordenado. Me maquillé un poco y lista para mi entrevista de trabajo. Llevé a mis hermanos al colegio, pues mi madre hoy también trabajaba, y luego volví a casa. No tardé mucho en recoger y sonó la pita de un coche. Cuando salí al balcón extrañada, vi que era Aly, que me saludaba con la mano apoyada en un coche rojo, un Seat Ibiza.

-¿Sacas hoy el coche?-pregunté asombrada, yo sabía que ella tenía transporte propio, pero conducir en Italia digamos que no es muy seguro. -¡Sí! Me ha dado por ahí-dijo ella. -¡Ya bajo!

Me apresuré a llegar a la puerta y me subí al coche de mi mejor amiga.

-¿Qué tal estoy?-pregunté preocupada, ella arrancó. -Estás perfecta... deja de preocuparte que vas muy mona.

Respiré hondo y Aly me llevó hasta la mansión. Nada más verla me quedé flipando, la fachada era asombrosa, muy grande. Como a cincuenta metros de al casa había unas verjas, luego se abrían para dar paso a una villa muy bonita. Paramos antes de llegar a unos metros de la casa, donde el piso de piedra caliza se convertía en mármol. La puerta era doble, Aly tenía llaves. En el interior, el suelo era muy fino, las escaleras subían hacia el piso superior, a ambos lados habían unas puertas, a la derecha una sencilla y a la izquierda una doble corredera.

Delante de mis ojos había un salón sofisticado, muy bonito rodeado de cristalera y con una estantería, en la cual habían cosas electrónicas. Una televisión de pantalla plana, un DVD, una radio antigua y mini-cadena. También tenía discos de música y varios porta-retratos. Los sofás eran de un gris claro combinado con el oscuro.

Aly me llevó por las esaleras hasta un pasillo que se veía estrecho, pero luego se hacía amplio y luminoso, con cortinas en las ventanas de un color anaranjado, distinguí que las puertas salían a varios balcones de la fachada de la casa.

-Bien, ¿Estás lista?-me preguntó. -Ajá...-dije no muy segura de mi misma. 

Ella me sonrió y tocó una de las puertas del pasillo. Se escuhcó un "adelante" del interior, y no sé por qué me puse nerviosa. miré a mi amiga y ella me sonrió para darme confianza. Abrió la puerta y vi que había un hombre de espaldas a nosotras, justo delante del escritorio en una sillA de cuero giratoria. -Señor... le traigo a mi amiga-dijo Aly-como usted me lo dijo. -Gracias, Aliana-le dijo, me sorprendió que no hiciese ni la más mínima intención de un rictus al escuchar su nombre completo. Pero no me extrañaba, el sólo timbre de su voz era muy, pero que muy varonil y sensual, aun hablando normal. -De nada, señor-el otro no se giró, tenía el cabello bastante corto por lo que podía apreciar-, yo estaré por la cocina si me necesita.

¡dios! ¿Me iba a dejar sola? ¡No! A ver, no es que em diese miedo estar a solas con el que, si todo saliese bien, sería mi jefe, pero... ¡Qué nervios! Me quedé mirando la puerta por donde se había ido mi amiga, suspiré pesadamente.

-¿Tanto te disgusta estar buscando trabajo?-preguntó esa increíble voz a mi espalda. Me puse rígida al instante, y me obligué a dar la vuelta, no era plan de dar impresión de malos modales.

Me quedé callada, el silencio era absoluto. Evalué al hombre que tenía enfrente como estaba segura de que él me evaluaba a mi. Se encontraba de pie, a escasos dos metros de mi. Llevaba un traje de ejecutivo, se notaba que valdría un ojo de la cara y mitad del otro. Era alto, muy alto, rondaría el metro ochenta y cinco como mínimo. Sus brazos estaban cruzados, a pesar de la camisa blanca que llevaba cubriendole, se notaba que el ejercicio no faltaba en su rutina diaria. Su mano izquierda sostenía un libro, uno del cual poco em importó el nombre mientras contemplaba lo que estaba contemplando. Un suspiro inaudible escapó de mi boca cuando posé mi vista en el fuerte cuello de aquel hombre que no conocía. miré su boca, esta esbozaba una sonrisa de esas que quitan el hipo y sólo las hacen los actores en las películas. Sus rasgos eran finos, se notaba que era rico. Pero al cosa no acabó ahí, fue cuando me fijé en sus ojos. De un azul profundo e impactante.

-Esto...-reaccioné y supe que em había preguntado algo.. lo que no supe era cómo me acordé de mi nombre.- No, sólo que... pensé que elal me acompañaría. -Bueno-me respondió encogiéndose de hombros-no teneis que estar pegadas, ¿o sí? -No-le dije casi sin aire.  -¿tomas asiento?-preguntó. -Emm... ok.

Me senté y él hizo lo propio al otro lado del escritorio. 

-Vale... Rebeca Torres, ¿no?-me dijo. -Sí... y creo que usted es Bruno Sanchez. -Ahí le has dado... ¿te contó Aliana? -Sí-le dije tímida, cosa que yo no era pero estar ante alguien tan sumamente guapo hacía que me intimidase... ¡qué haces pensando estas cosas que tienes novio Rebe!, me dije a mi misma. -Bueno, ella misma me ha dicho que eres muy eficiente. -Intento serlo, es lo mejor. -También me ha contado que tienes un master en Artes Escénicas-dijo algo más interesado en eso que en lo anterior. -Sí... he buscado trabajo en lugares donde poder utilizar mi carrera pero en ninguno me acpetan. Mi amiga me habló de que quizás necesiten una chica de servicio aquí y me ofrecí. -Pues... por mi estás contratada-dijo con uan encantadora sonrisa. -¿Puedo preguntarle algo?-le dije curiosa. -Desde luego. -¿Por qué ha querido hacerme una entrevista? -Siempre se hacen, quiero que sepas que no es nada raro esto, pero a las otras chicas y a mis empleados los han contratado entre mis hermanos o mi abuela, yo sólo he intervenido en tu entrevista, ya que tenía tiempo. -Ah... 

Después de un silencio, volvió a hablar mientras sacaba unos papeles de debajo de su mesa.

-bueno, entonces... ¿te quedarás?  -¡Por supuesto que sí!-reclamé. -¿Sabes las condiciones? -Em... la verdad es que no todas. -La primera es que te dejo de plazo hasta mañana para que te mudes aquí, tendrás que vivir en la casa menos los días libres, que puedes salir a donde sea, tampoco es que vayas a estar encerrada como en una cárcel. La segunda, es que no puedes entrar a a habitación del final de este pasillo, está prohibido a los empleados-le vi muy serio con esto, por lo que asentí en silencio-y la tercera normal es que tienes que hacer lo que te digamos, claro, siempre que no degrade tu moral como persona-me sonrió de nuevo y me sentí desfallecer en la silla de un momento a otro. -Va... vale. 

Me entregó el contrato, el cual firmé sin pensar.

-Bueno, oficialmente formas parte de esta casa, así qeu ya sabes, mañana ya vivirás aquí. Busca a Aliana en la cocina.- Le miré con cara de no entender nada y volvió a sonreir-Está en el piso de abajo, desde la entrada la puerta a la izquierda, al fondo.  -Bueno... gracias por contratarme. -Gracias a tí... Rebeca.

Mi nombre de su boca sonaba taaaan sexy que me quedé callada de inmediato, sabía que mis mejillas tendrían ahora mismo un ligero matiz de rosa. Me levanté y me dirigí a la salida, él susurró un "hasta pronto", luego yo cerré la puerta. 

Ya fuera me apoyé en la pared para poder aclarar mis ideas. Ya tenía trabajo, me pagarían de lo mejor, la casa donde viviría era uan pasada aunque no la había visto toda, mi jefe estaba buenísimo... ¡¿Qué más se podía pedir?! Bajé las escaleras recordasndo el camino y fui a donde él me había dicho.cuando entré, vi a Aly, pero no estaba sola. Una chica de cabello rubio oscuro y piel morena la acompañaba. Aly se giró en cuando la otra chica le hizo señas.

-¡Eh!-dijo mi mejor amiga-Dime que eres mi compañera de trabajo por fa-me rogó. -Soy tu compañera de trabajo-dije todavía algo aturdida, ella comenzó a dar saltitos de alegría, pero al ver que yo no lo hacía con ella paró-¿Qué demonios te pasa? -Le pasa que ha visto al jefe-dijo la otra chica, se levantó y vi que era más bajita que yo, caderona y muy guapa, con cuerpo latino, de esos de curvas peligrosas.-¿verdad que eso es lo que te pasa -Este... sí-le contesté confusa-¿Cómo0 lo sabes? -Soy Selene Gadhi, llamame Sele si quieres que aquí el único que tiene derecho a llamarme Selene es el jefecito... bueno, ¡y mis padres!-nos echamso a reir. -¡Esperense!-dijo aly-no lo pillo... ¿Qué pasa con el jefe? -Tía-le dije yo-tienes que verle... es tan... ¡Y taaan! -¡Tan qué!-dijo ella desesperada. -¡Sexy!-dijo la otra chica-atrractivo, está como un queso Chedar... vamos, que pocas veces se ve un hombre como él. -¡Joder!-dijo Aly-¡y yo me lo pierdo todo!

Informé a las chicas de lo sucedido. Según Sele, que llevaba aquí un año y medio ya, eso significaba que le caía bien al jefe. Tenía la sensación de que seríamos buenas amigas, pues era muy agradable. Aly se ofreció a enseñarme la casa.

Lo primero que me enseñó fue la planta de abajo, estaba el salón, ya lo había visto, y las puertas correderas llevaban a un pasillo que se dividía, por un lado había uan biblioteca, y por el otro el comedor. Luego fuimos a la planta superior, pasando de nuevo por el pasillo de antes, la oprimera habitación que se encontraba me dijo que era la de invitados, muy lujosa a decir verdad. Luego estaba la habitación de la hermana menor, Lelia Sanchez. Era luminosa, como la mayoría de la casa, según Sele, la chica era uan fashiion victim loca por la ropa, pero era una muy buena persona. La siguiente puerta era el despacho.  La cuarta y última entrada de acceso era a la habitación del otro hermano, se llamaba Aaron Sanchez, y según me dijeron las chcias, tenía un aire misterioso bastante atrayente. Su habitación le personificaba entonces. Me quedé intrigada de por qué no se podía ir a la última puerta, incluso se lo pregunté a mi amiga y ella se limitó a decirme que no lo sabía. Decidí dejar de pensar en ello y concentrarme en la visita guiada para no olvidar cada rincón de al enorme casa. Al subir la escalera, había otro pasilo igual que el de antes, pero esta vez con cuatro puertas. La primera era una sala de estar estilo bar. Con chimenea y vistas hacia el exterior trasero de la casa. En la segunda puerta estaba la habitación de la abuela, se llamaba Lorena Sanchez, y cuando entramos la estancia estaba vacía. Era de un estilo rústico, a decir verdad cada habitación personiificaba al ocupante. Las chicas me dijeron que la abuela era una mujer muy amable y sonriente siempre. La última puerta por visitar era la habitación del señor, del jefe, de Bruno Sanchez. Era una estancia bastante amplia y modernizada. La luz entraba aborbotones de los huecos que había en las paredes. Todo estaba impecable, las chicas hacían un muy buen trabajo y yo tendría que estar a su altura. Salimos a uno de los balcones y descubrí que los dos que estaban en los extremos tenían escaleras para bajar a la impresionante piscina y al jardín.  Las habitaciones del servicio también eran muy reconfortantes y bonitas, justo al lado de la cocina, y yo compartiría la mía con Aly. La casa era de en sueño, y ahora me tocaba vivir allí. no sabía qué me deparaba el futuro en ese lugar, pero esperaba que todo fuese bueno. Estaba a punto de irme a casa para hacer las maletas cuando escuché una voz que em sacó de mis casillas.

-¿Tú?-dijo la pija repelente e irritante que no me acordaba, tendría que ver muy a menudo.

Pvo. Bruno

Esperé sentado de espaldas a al puerta, en mi despacho, a que aquella chica entrase. Tenía curiosidad, y me apetecía contratar yo a alguien del servicio para variar. No tardaró en llegar con Aliana, y la rubia nos dejó solos. cuando em giré, no pude hacer otra cosa que observar su cuerpo de espaldas, ella suspiró.

-¿Tanto te disgusta estar buscando trabajo?-pregunté para sacar un punto de conversación.

cuando ella se dio la vuelta, jraría que el tiempo se detuvo, que todo dejó de pasar y de moverse para dejarme observarla algunos minutos más. Sus largas piernas enfundadas en unos vaqueros, sus caderas, tan bien puestas, su cuerpo con lo justo y lo necesario. Estaba seguro que no tenía un mínimo de grasa sobrante, y si lo tenía seguro qeu era tan encantador como ver su angelical cara rodeada por su cabello alborotado y medio tapada por el gorro que llevaba. Era una chcia de mirada penetrante. De ojos marrones que no me pasaron inadvertidos como se suele pensar que hacen siempre. Decidí apartar mi vista de su cuerpo y su rostro para hablar, si no em andaría por las ramas... ¡a parte de que ya tengo novia!

Comenzamos a hablar brevemente de su puesto de trabajo, y sin poder apartar la vista de ella, la contraté. Mañana viviría aquí. Cuando estaba a punto de irse, me habló.

-Bueno... gracias por contratarme.- sí que necesitaba un trabajo entonces... -Gracias a tí... Rebeca.

Cerró la puerta y su nombre y su imagen se quedaron en mi mente como algo difícil de borrar. Cogí los papeles de al empresa de mis padres y decidí concentrarme en ellos para no pensar en nada más.