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Te vi venir — capítulo 7
6º
Pvo. Leila
Esa mañana había conocido a la chica nueva del servicio. Era muy mona, hablé con ella un rato y luego me dispuse a salir de casa. Por el camino al aparcamiento em encontré con Bruno.
-Eh abuelete-le dije-¿Qué tal van esos despertares?-se el veía cara de sueño, aunque ya estaba trajeado y listo para volver al tajo, miré mi reloj-vaya por dios que se me hace tarde. -¿Se nota que ayer me quedé trabajando en el despacho hasta tarde? -Demasiado en mi opinión... vamos, no puedes seguir así. No tienes por qué cargar con este peso. -¿Tú no llegabas tarde a la uni? -¡mierda es verdad! -anda pasatelo bien y estudia mucho.
Le di un beso en la mejilal a mi hermano, cogí las llaves del cajón de la mesa de al entrada y cogí mi coche para irme a la "universidad". Sí, mentí, no em iba a la universidad, pero sí que em iba a estudiar. Desde siempre me ha gustado una cosa: la ropa, los diseñadores... ese mundo incierto que es la moda y mi debilidad es la pasarela. Mi familia no lo sabe. ni mi abuela, ni mis hermanos ni mis padres, ellos piensan que me encanta ponerme mona y punto. La cosa no va por ahí.
Cuando llegó la hora de apuntarme a una universidad, yo no estaba conforme. Mis padres me acompañaron hace unos meses a la facultad de derecho en Italia, la más prestigiosa y cara que pudiese haber, me negué en rotundo a que derrochasen tanto dinero en mi e hiciesen alargde de su riqueza, por que ser hija de unos padres millonarios no es sencillo, y menos si se es humilde como lo soy yo. Mis protestas no sirvieron de nada, me pagaron la universidad y desde entonces la gente se piensa que la benjamina de lso Sánchez va a ser una abogada de la más alta calidad. Mis padres se fueron a vivir de forma permanente a Estados Unidos dejando al empresa a mi hermano, yo me armé de valor y cedí mi plaza a otra persona que sí quería ese puesto. Busqué algo apropiado a mis espectativas y no tardé en encontrarlo. Aparqué en el parking de la escuela-agencia y me introduje por las puertas traseras de Elite.
Me metí al baño sin que nadie me viese, por que no era plan de venir aquí con un simple pantalón vaquero, zapatilals deportivas y una camiseta sencilla y lisa. Me cambié esta ropa por algo más profesional; una blusa de media manga blanca unida por un cinturón ancho y rosa con un pequeño lazo a una falda azul cielo decorada con flores de distintos tonos rosa. Ese conjunto era precioso y me lo combiné con unos zapatos de tacón muy lindos color crema. Salí del baño y me peiné el largo cabello rubio con los dedos.Dejé la mochila en el cuarto del conserje y salí a la sala principal, donde la gente me conocía, donde podía ser yo misma y sonreía a cada segundo que pasaba.
Pvo. Rebe
Salí al comedor, y allí estaba todo vacío a excepción de una persona; era un hombre a juzgar por la ropa, y estaba leyendo el periódico. El objeto de papel me impedía verle el rostro y él estaba muy concentrado como para darse cuenta de que yo me encontraba allí. Dejé las bandejas encima de la mesa, y fue como presionar un interruptor. El hombre bajó el periódico, lo dobló y luego lo dejó a un lado de su plato. Ok... echando memoria, este tendría que ser el hermano del señor Bruno, pues sólo me quedaban dos personas que conocer y estaba claro que él no era la abuela.
Sus ojos eran azules, pero sutilmente más oscuros que los de bruno. Su pelo era un poco largo, con media melena y un flequillo muy bien puesto, ni muy peinado y muy descuidado. iba de traje, y su expresión era seria.
-Gracias... -Rebeca-completé a sabiendas de que no conocía mi nombre. -Gracias entonces, Rebeca-me dijo.
Comenzó a servirse de la fruta picada de manera muy fina con las pinzas de plástico y yo me escabullí a la cocina. Aly ya no estaba, en su lugar se encontraba la cocinera y otra chica que no conocía.
-Rebeca-me llamó Issa-lleva esta las jarras de zumo y agua a los señores; ah por cierto, ella es mi sobrina Carla-me presentó a la chica. -Hola-saludó ella sonriente.
Aparentaba unos veinte años o un poco más. Su pelo era oscuro y sus ojos de un color gris oscuro.La saludé con dos besos y e apresuré a llevar las jarras con zumo y agua al comedor. Cuando entré, allí había más gente or no decir que estaban todos. El señor Bruno, la señorita (¡Cómo me repugna llamarla así!) Marian y el señor Aaron. A la que no veía por ningún lado era a la abuela... qué raro. Bruno y Marian comenzaron a hablar mientras yo recogía los platos que sobraban; el de Leila y el de la abuela.
-Cariño, ¿hoy también tienes que irte a la empresa? -Sí-contestó él, parecía distraido, al mirarle de reojo descubrí que estaba inspeccionando una PDA táctil-tengo que ir a una reunión muy importante a las diez, Aaron tienes que venir con migo-le dijo a su hermano, el otro asintió igual de ausente-y luego tengo que supervisar el presupuesto de la tienda de la calle Di Niro.- Ok... me estaba estresando y eso que no era mi agenda-pero saldré a las tres de trabajar... podemos salir si quieres. -¡Oh, qué bien!-dijo elal emocionada, me dieron ganas de pegarle una patada en su refinado trasero al escuchar su voz de pito.
Salí de allí asqueada con la esperanza de no tener que volver más al comedor por el día de hoy.
-Issa, ¿Y Aly? -Ha ido a llevarle la cmida a la cama a la señora Evangeline. -¿Evangeline? -La abuela de los señores. -¿Siempre desayuna en la cama? -Normalmente sí, sale poco de su habitación y le ha cogido bastante cariño a Aly.
Recordé que tenía que limpiar habitaciones... Clara no estaba allí, ya se había ido a hacer sus tareas. Cogí los productos de limpieza y los trapos y subí las escaleras saliendo por la puerta que llevaba directamente a ellas. Giré a la izquierda para ir primero a la habitación de al señorita Leila. Cuando abrí la puerta, todo estaba bastante iluminado. Las ventanas correderas estaban tapadas por finas cortinas blancas. Empecé por hacer la cama, luego ordené la poca cosa que había allí tirada y por último limpié el polvo, barrí y fregué el suelo. Luego limpié el baño que prácticamente no necesitaba que le hicieran nada.
El proceso se repitió de nuevo en el despacho. Me senté en la silla de ruedas y cuero mientras pasaba el trapo por la superficie de madera. Recordé el momento en que em crucé con su mirada, y me obligué a concentrarme en mi trabajo. Cuando salí de allí, me tocó lo que había estado retrasando hacía rato.
Su habitación.
Cerré la puerta del despacho y caminé con paso lento hacia el otro pasillo, me crucé con Selene que estaba saliendo del dormitorio de Aaron.
-¿Estás bien?-preguntó al ver mi cara. -Sí, estoy bien. -¿Qué te queda por hacer? -La habitación del señor Bruno. -Oh... bueno, entrar allí es interesante... después puedes chismear sobre lo que viste-me guiñó un ojo y yo seguí con mi camino.
Ya delante de la puerta, agarré la manilla y la moví hacia abajo. Al abrirla casi no salía luz. Entré sigilosa, como si fuese a robar... ¡qué estupidez! me dije a mi misma, y acabé de entrar por completo. Se podía ver perfectamente, la luz era tenue. La habitación tenía ropa tirada por el suelo. Me agachñé y examiné uan prenda. Un sujetador. Todas las prendas estaba ordenadas por el piso de modo aleatorio, miré al cama... Las sábanas estaban tan revueltas que me costó poco imaginarme qué había pasado allí la noche anterior.
Eso no era asunto mío.
Pvo. Bruno
al salir de casa, cogí mi coche y me dirigí a la empresa publicitaria que me habían encargado mis padres antes de irse definitivamente con mi hermano. No se podía decir que nos llevábamos de lujo, simplemente nos habábamos de vez en cuando y poco más. La reunión con los accionistas fue algo aburrida, hasta que llegamos a un punto interesante que comuniqué yo.
-El director de la agencia de cremas Beauty necesita publicitar un nuevo producto: anti-puntos negros Beauty, señores, me ha llamado expresamente diciendo que esta decidido a pagarnos una gran cantidad de dinero, pero que nuestros anuncios ya están demasiado vistos. -Necesitamos algo nuevo-dijo una de las accionistas que tenía el veinte por ciento de la empresa, ilusionada. -Sí-corroboró otro de ellos-tiene que ser algo fresco... que se vea poco. -¿Por qué no promocionamos con la imagen de una chica que no va a una fiesta por que tiene puntos negros?-aventuró otro de los accionistas. -Eso es lo común, siempre se hace-dijo Aaron. -¿Qué tal si hacemos una cosa?-propuse-. Mañana vendremos frescos de casa con nuevas ideas para este asunto. El director de Beauty me ha dado de plazo hasta el miercoles, y estamos a lunes.
A todos les pareció bien y dimos la junta por acabada. Aaron se separó de mi y fue por su cuenta a su oficina, yo fui a la mía, pero mi intención no era entrar.
-Hola Gabrielle-le dije a mi secretaria-¿tengo nuevos mensajes? -Sí señor-contestó ella-uno es de la señora Sanchez-mi madre-, y el otro es de su amigo Leo.- Me extendió dos papeles con los recados y saqué el móvil preparado para llamar. -Gracias, Gabrielle hoy no voy a estar en al oficina, me toca salir temprano, si hay algo urgente llama a mi hermano a la suya. -Sí, señor... que tenga un buen día. -Igualmente.
Miré el recado de mi madre cuando em subí al ascensor.
<<Espero que estés llevando bien la empresa es un privilegio que te la hayamos dejado, ya sabes que te queremos mucho y que pensamos que eres una persona muy responsable. Lláma en cuanto puedas, besos papá y mamá>>
Suspiré, ahora no tenía muchas ganas de llamar a mis padres, especialmente si ayer había tenido uan videollamada con ellos. Son algo sobreprotectores para la edad que ya tengo; veintitres años casi. Miré el mensaje de mi amigo.
<<Llámame>>
Sólo decía eso. Fruncí el ceño y saliendo hacia el aparcamiento marqué su número. Sonó tres veces y lo cogió.
-¿Diga? -Leo, ¿qué es eso tan urgente. -¡Calma empresario!--dijo burlón, hizo uan pausa-sólo quería saber cómo te van las cosas, hace casi una semana que no sé de tu paradero tío. -He estado liado... si quieres venir esta noche a cenar a mi casa por mi no hay problema.- Arranqué y puse el buetooth del coche para hablar mejor mientras conducía. -Ok, y lugo nso tomamos unas copas en esa sala-bar tan molona que tienes. -De no saber que eras mi amigo desde antes de que mis padres me cedieran todos sus líos juraría que sólo em queires por mi dinero. -¡No loco! Tí tu sabes que siempre estaré aquí para tí. ¡Hasta si me quieres pegar para deshaogarte! -No te emociones Robin Hood-me reí, ya casi estaba llegando a la tienda-venga, tengo que colgar... te veo esta noche. -¡No lo dudes!
Nos despedimos y colgó, luego yo me preparé para una matutina inspección de inventario en la tienda donde vendía mi familia carteles de todo tipo y a diseño anticipado.
Pvo. Rebe
Acabé de ordenar y limpiar toda la habitación. el resto del día fue muy tranquilo. Me dediqué a explorar un poco esa casa. La biblioteca era una preciosa estancia muy espaciosa. Si entrabas, podías ver un lugar lleno de cristaleras menos a las pareces de los lados de la puerta, donde habían estanterías altas ocupando las pareces que no eran de cristal, repletas de libros y libros. En medio del lugar, sobre una alfombra de colores rojizos habían dos sillones de cuero en los que sentarse plácidamente a leer con una mesita en el centro de madera. Una chimenéa estaba entallada en uan de las cristaleras, era de piedra. Y un piano se divisaba al final de la sala.¿Alguien tocaba el piano en esta casa llena de gente seria y empresarios? Era algo extraño... Una de las cristaleras era una puerta corredera, accedí por ella y acabé en uan parte desconocida para mi, llena de verde... era como un precioso jardín con flores y árboles en los que relucía el sol.