← Te vi venir · de
Te vi venir — capítulo 8
7º
Pvo. Rebe
Caminé rato largo por esos lares de hierba y ramas de árboles verdes. El sol estaba radiante en todo su esplendor, la suave brisa fresca me tocaba la piel evitando que ese calor se convirtiera en insoportable. Tenía un aroma a flores y naturaleza que me recordó a una escena de mi niñez, sonreí ante el recuerdo. Mi madre me había llevado a una llanura de las afueras de italia. Toda la extensión de terreno estaba llena de flores, margaritas, rosas y muchas otras especies de ellas. Con mi risa cantarina de niña me había echado a correr muy contenta por la sorpresa.
Salí de mis recuerdos al llegar hasta unos arbustos, los atravesé y salí a parar a la parte trasera de la gran mansión. Era un lugar amplio. Una piscina predominaba el centro, la mitad de la superficie terrenal era de baldosas canelas y la otra mitad era de hierba. Había un cenador con un sofá, un sillón y una hamaca amarrada a dos palos sobresalientes de la superficie de madera. De la casa salían dos escaleras en el piso inferior para bajar a la piscina. Lo demás estaba rodeado de verde. Pero claro, había algo que dañaba la bonita imagen.
-¡Selene!-llamó esa voz... -Sí, señorita, dígame. -Trae dos cocktails de fruta y tequila-ordenó. -Ahora mismo-respondió ella. -¡y no te tardes!-dijo Marian.
Ella y su hermana estaban hablando mientras se reían de forma sofisticadamente empalagosa y decían cosas que no lograba escuchar a causa de la distancia. Decidí dar mediavuelta y volver por donde había llegado para no tropezarme con ella y ganarme el despido instantáneo mas unos mecesitos en al cárcel por falta de respeto y agresión deliberada, respectivamente. Llegué a la cocina justo cuando mi compañera salía de allí con una bandeja y dos copas en ella.
-¿La bruja llama? -Oh, por supuesto-contestó haciendo una mueca, luego se fue y yo me introduje en la cocina.
Nada más saludar a las que se encontraban dentro, el teléfono sonó y yo fui a cogerlo por que las demás estaban ocupadas.
-Casa de los señores Sanchez, ¿en qué puedo atenderle? -Rebeca-era él, era Bruno... -Sí, señor-le dije. -Llamo para avisar a Issa que esta noche habrá un invitado más a cenar. -De acuerdo, yo el pasaré el recado. -Muy bien, gracias-me separé el teléfono del auricular cuando escuché que me llamaba, así que volví a acercármelo-, espera, Rebeca. -Dígame señor. -¿Qué tal tu primer día?-preguntó, parecía que lo hacía de forma casual y desinteresada. -Bien, todo ha ido bien. -Me alegro... hasta luego entonces. -Adiós.
Al colgar, me quedé con el teléfono en la mano y pensando en esa pregunta hasta que Aly me pegó una colleja y tuve que dejarlo y ponerme a ayudar en la cocina. Después de esto, llegó al hora de la cena. No había tenido oportunidad de salir de la cocina hasta ahora, que iba a ayudar a Carla a servir la mesa a los señores y sus invitados, por que a parte del amigo del señor Bruno también se había quedado a cenar Christina, la hermana menor de Marian.
Me fijé en que a la cena tampoco bajó la señora Evangeline. Aly le había llevado la cena como hacía con todas las comidas y la curiosidad de saber su apariencia cada vez era más inminente. El amigo del señor Bruno se llamaba Leo Salvingelio, era alto, casi tanto como él, de cabello y ojos marrones y también era bastante guapo. El resto de la cena pasó sin ningún suceso digno de mención. Marian se portaba tan encantadora que costaba creer que fuese ella. Esperé que siguiera de ese buen humor mucho tiempo y que no empezase a hartarse de mi, claro, tampoco le había dado motivos para que lo hiciera.
La vibración de mi móvil me despertó una mañana, la segunda semana de trabajo. Era un mensaje de texto, sonreí al ver de quién era.
<<No t he visto casi desd q trabajs... m hacs falta... spero k podams verns pronto solo avisam cuando stes disponibl... bsss TQ!>>
Era Max. A mi también me había hecho mucha falta sus compañías. durante ese tiempo sólo habíamos contactado por pocas llamadas y escasos mensajes. Me preparé y fui directa a la cocina para que Aly me dijese algo que me sorprendió.
-Hoy hemos cambiado los lugares que toca limpiar a cada una-me dijo ella. -¿Y a mi qué me toca?-pregunté bebiendome luego un vaso de zumo de manzana. -Pues... te ha tocado la habitación del señor Aaron, la de la señora Evangeline, el salón superior y la de la señorita Leila de nuevo. Hoy libra Clara así que cadas uan tiene qu ehacer una cosa más de lo que normalmente se hace. -Ok, vale.
Me pareció raro que me tocase limpiar la habitación de la abuela, durante las semanas que levaba en mi trabajo no me la había cruzado una sola vez. Segun Aly ella tenía todo lo que necesitaba en su habitación... pero yo no estaba tan convencida de eso. La señora tenía curiosidad por conocerme así que serví el desayuno como siempre y luego subí a su habitación. Di dos toques a la puerta y escuché un débil "adelante" del interior, así que abrí.
El lugar estaba oscurecido, no entraba muchya luz a pesar de haber dos ventanas, las mismas tenían las cortinas corridas. Frente a un tocador, se encontraba una mujer cerca de cumplir los cincuenta y cinco por un tanteo pero no los aparentaba. Sus cabellos ya estaban plateados a causa de al edad, su piel era tostada, y al verme a través del espejo esbozó una cálida sonrisa. Llevaba un precioso collar de perlas que hacían juego con sus pendientes y la verdad hay que decirla, era una abuela muy guapa y bien conservada.
-¿Eres Rebeca?-dijo ella en tono amable. -Sí, señora Evangeline, Rebeca Torres para servirla-iba a inclinarme un poco pero ella me paró. -No, mi niña, no, no quiero que me trates con tanto respeto, por Dios em siento como si tuviera cien años-se rió y yo con ella. -De acuerdo, señora. -Tenía curiosidad en conocerte-comentó después de un silencio y de analizarme de arriba abajo-. Aliana me habla mucho de tí. -Sí, somos amigas desde hace mucho tiempo. -La amistad es importante, hay que conservar a los amigos si no queremos perder a nuestros hermanos. -En eso estoy de acuerdo con usted.
La señora se levantó del tocador y caminó firmemente, tenía vitralidad y se notaba en sus largos y decididos pasos. Llegó hasta una mesa y de allí cogió un bolso blanco.
-Hoy saldré, así que podrás limpiar esta habitación más tranquila. -No es molestia si usted está aquí. -Bueno, hace tiempo que no salgo de todas formas-abrió la puerta-ha sido un placer el conocerte, Rebeca. -El placer ha sido mío, señora.
Cuando se fue yo me puse a la faena que me tocaba.
Pvo. Aly
-Aliana-me dijo con su caracteríastica voz suave la señora Evangeline-¿Puedes pedirle a tu amiga que suba a verme antes de que salga? -Claro, señora, pero... ¿puedo saber para qué? -Es tu amiga... y me caes muy bien, quiero conocer la gente con la ue te relacionas y saber quién vive en esta casa también. -De acuerdo, se lo diré.
Después de dejarle el desayuno bajé y le comuniqué a mi amiga que subiera. Cuando lo hizo, hablé con Issa que me mandó al mercado para comprar algunas cosas que hacían falta para la comida. Salí y fui caminando. El mercado era un lugar algo bullicioso y la gente era alegre en su mayoría. Preferíamos comprar la fruta y las verduras allí por que eran más frescas que en cualquier supermercado que hubiera. Estaba cogiendo una bolsa con tomates cuando alguien me dió un empujón.
-¡Eh!-era un hombre-podrías tener más cuidado. -¡Pero si has sido tú el que...!-me giré y pude ver quién era-Oh... ¡Ya decía yo que la gente aquí no era tan mal educada! -¿Disculpa? ¿Me estás llamando mal criado? -¡No!-dije con la voz cargada de ironía-, ¡Te llamo animal si se adapta más a tu escaso vocabulario! -Mira Aliana, yo no tengo la culpa de que no sepas por dónde vas. -¡Mira Máximo!-le dije llamándole por su nombre completo, él sabía que mi nombre no em gustaba y aun así lo decía... pues bien, yo tambiuén sabía jugar a chinchar-, yo no tengo al culpa de que tropieces con cualquier palo con tetas para intentar ligartelo. -Rubia, por si no lo recuerdas, tengo novia... y es tu mejor amiga. -¿Antes no hacías eso?-inquirí, acercándome más a él para no alzar la voz por el barullo del mercado-, ¿cómo aseguras que ya no lo haces? -Quiero a tu amiga, ¿tanto te cuesta entenderlo?
Analicé su expresión, parecía serio, pero a mi no me encajaban las cosas del todo. Aunque cueste creerlo yo conocía a Max mucho antes que Rebeca, pero eso ni ella lo sabía. Se podía decir que éramos amigos, nunca nos llevamos bien, sucedía que mis padres conocían a los suyos e ibana su casa, era o quedarme con ellos a hablar de política, crisis económica y dinero o quedarme jugando y discutiendo con él, y yo prefería la segunda devido a mi repulsión a los asuntos del gobierno.
Claro, que nos conocíamso no salía de su casa o la mía y cuando nos veíamos fuera hacíamos com si no nos conocíesemos. Eso siguiñó así hasta que tuvimos que fingir cuando mi mejor amiga nos "presentó".
-No me gustas, te lo dije desde los quince años y lo mantengo-le dije amenazante-, no estoy tan segura de que hayas dejado de ser el mujeriego de siempre. Hago el esfuerzo de no mandarte a la mierda por que sales con Rebe. -He cambiado, no soy el mismo-me decía.
Yo me giré y seguí a lo mío, susurrando para mis adentros "no te lo crees ni tú".
Pvo. Leila
Esa mañana entré a la agencia como cualquier otro día, con al diferencia de que hoy venía "nueva mercancía". Así llamábamos mis compañeras y yo a los nuevos chicos y chicas que se apuntaban cada mes buscando una pasión como la mía o un entretenimiento en el que gastar el tiempo.
-Eh Leila-me dijo una de ellas al oído-mira al guapetíon aquel-decía divertida.
Miré a donde me señalaba con su barbilla. Desde al escalera superior podía verse a mucha gente pero mi atención se centró en un chico de cabello oscuro, cuerpazo y ojos de color indefinido desde la distancia que nos separaba. Hablaba con otros dos chicos más y se reía. Dios... si esto es el infierno yo peco para siempre. -Joder está buenísimo-comenté con ellas sin apartar la mirada.
Yo tan descarada, seguí clavando mi vista en él. no se dió cuenta hasta que por un casual levantó la mirada, y la suya se encontró con la mía de pasada. Podría jurar que me sonrió y luego volvió a su charla, aunque con la cordura como la tengo mejor no poner las manos en el fuego por ello, lo que sí sé, es que estar en una agencia de modelos tenía mucha ventaja en cuando a hombres se trataba.
Al acabar el día, caminé hacia el cuarto de limpieza para coger mi mochila y cambiarme como siempre en el baño pero al entrar a los servicios, escuché el bajante de uno de los baños. Tiré al mochila al piso y la empujé con los pies para meterla debajo del lavamanos a prisas y luego hice como si no pasara nada y me hubiera ido a mirar el pelo en el espejo. El hombre salió del retrete y se puso a lavarse las manso a mi lado, disimuladamente le miré varias veces.
-Hola-me saludó. -Hola-le contesté.
Él cerró el grifo y se secó las manso con el secador en un momento. yo había olvidado que ese baño era mixto.
-Soy Bernard-se presentó, yo me encaré con él. -Yo Leila... ¿Eres frances? -Oui madame.- en ese momento su voz me pareció de lo más seductora. -Oh... yo hablo un poco francés, pero no sé mucho. -Podría enseñarte si quieres, me vine hace poco de París. -He estado uan sola vez y cuando era pequeña.
Seguimos hablando largo rato en el baño hasta que me di cuenta de la hora que era y recordé que mis padres venían hoy de visita a pasar dos días en la mansión. ¡Y lo bonito! No le habían dicho nada ni a Bruno ni a Aaron, sólo a mi y a la abuela. Esto iba a ser interesante.