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Te vi venir — capítulo 9
8º
Pvo. Rebe
El timbre sonó cuando me encontraba en la cocina a punto de salir para poner la mesa. Estaba sola, esperé a que alguien abriese pues tenía cosas que hacer. cuando l timbre sonó por segunda vez me quedó claro que la que tendría que recibir a la visita sería yo, y digo visita por que todos los señores estaban ya en la casa a las siete de la tarde. Al abrir, me encontré con dos personas. un hombre y una mujer. Ella llevaba unas gafas de sol grandísimas y uan pamela enorme y preciosa, me gustaron bastane sus complementos. él llevaba también unas rayban que el tapaban los ojos. Ambos iban con expresiones relajadas.
-Emm... ¿Puiedo ayudarles en algo? -Niña... ¿es que no nos conoces?-dijo la mujer con algo de arrogancia. -Cariño, ella debe de ser la nueva, según nos dijo Leila por teléfono. -Oh... en ese caso-dijo la señora-, nosotros somos Madeleine y Michel, los padres de Bruno, Aaron y Leila... y tú eres Rebeca, ¿no? -Sí-dije algo sorprendida de que supieran mi nombre -Bueno-dijo el señor con humor-, ¿podemos pasar o nos quedaremos a pasar la noche aquí fuera? -Eh... por supuesto, pasen por favor.
Me hice a un lado y ellos entraron, yo me encargué de introducir las maletas en la casa. Ellos se quitaron las gafas y la pamela. Pude ver que ella era una señora de cabellos largos y oscuros con muchas mechas que los hacía parecer claros, caían en ondas bien definidas a los lados de sus hombros y enmarcaban su ovalada y alargada cara. Sus ojos eran del mismo azul penetrante que los de Bruno y con un ligero matiz a los de Aaron. no era especialmente guapa, pero la sofistacación y la delicadeza de sus movimientos la hacía ver de distinta manera. Él era un hombre ya entrado en edad, tendría cerca de los cuarenta y cinco años. Sus cabellos ya tenían un aire blanquecino a pesar de ser oscuros y sus ojso eran de un marrón muy agradable, me recordaban a los de Leila. Sus hijos eran una mezcla de ambos en todos los aspectos.
-¿Aviso a alguien, señores?-pregunté educada. -No, de eso ya nos encargamos nosotros-dijo el señor, em sonrió amablemente-, tú lleva la maleta a la habitación de invitados. -De acuerdo, como manden.
Ellos ya iban camino de las escaleras cuando yo cogí la maleta y la metí a la habitación de invitados, pues no había más dormitorios en la casa. cuando bajé a la cocina, Issa estaba rellenando un pollo para luego meterlo al horno, supuse, me acerqué a ella.
-¿Sabes quienes han venido?-la interrogué. -Ilumíname-me dijo distraida y con una sonrisa. -Los señores. -Eso no es raro. -¡No tonta! Los señores, ¡Los padres! -¡¿Cómo?!-dijo alarmada, pegó un respingo y luego em miró con los ojos muy abiertos-, ¡No em digas eso! ¡Ahora tendré que preparar más cosas por que también vendrán a cenar la señorita Christina y el señor Leo! -Eso sí que no lo sabía-le comenté riendome por su desesperación. Ella se elvantó y sacó más ingredientes de la nevera y la despensa. -¡Pero no te quedes ahí! ayúdame, Rebe.
Me acerqué a donde estaba dispuesta a echarle uan mano. Pocos minutos después, llegó clara.
-Tía, ¿te has enterado de que los señores han llegado hace nada-cuestionó. -Por supuesto-le dijo Issa-, y tú tienes que preparar la mesa ahora mismo. -¡Allá voy!-dijo ella riendose y cogiéndo los platos para desaparecer.
Una pregunta asaltó mi mmente de un momento a otro, y era de estas cosas que hasta que no averiguase no iba a dejarme en paz.
-Issa. -¿Sí? -Llevas aquí muchos años, ¿cierto? -Con decirte que vicrecer a la señorita Leila... -Entonces sabrás por qué lso señores no viven aquí. -Mira que eres curiosa-se quedó callada un momento, pensé que había perdido las oportunidades para que me lo contase, no fue así-, pero te lo contaré. -Atiendo. -Es algo fácil de entender, si tienes la emnte abierta a cosas empresariales, claro. Resulta que a ellos les salió un jugoso negocio en Estados Unidos hace apenas unos meses, casi un año. Podrían adquirir una empresa allí a un bajo precio y hacerla prosperar tanto o más de lo que hicieron prosperar la suya propia aquí. Ya sabes que están forrados en dinero, así que no se lo pensaron mucho y decidieron mudarse para controlar el negocio lo mejor posible, puesto que ya tenían a dos hijos mayores de edad y una a punto de serlo.
El problema venía cuando no sabían a quien dejarle la empresa de Italia. Decidieron dejar al mando al señor Bruno, ellos pensaron que era el hermano más responsable a pesar de no ser el mayor. El señor Aaron se quedó con el puesto de vicepresidente de la empresa publicitaria y dejaron a la niña Leila en la universidad de derecho. La señora Evangeline ha vivido aquí desde siempre. Esta casa tiene muchísimos años y creo que se nota en la decoración y el toque rústico que tiene, pero es parte de su encanto. -¿Los señores no se sienten culpables por dejar a alguien tan joven al mando de su empresa?-pregunté-, quiero decir, el sñor Bruno debe tener menos de veinticinco años o algo así. -Ya lo creo, sólo tiene veintitrés, en poco tiempo cumplirá los veinticuatro, y acabó lso estudios de economía justo cuando lso señores se iban. -Madre mía, esto es peor que un culebrón. -Ya lo creo, esta familia es así, y creo que hay tantos secretos por descubrir...
La familia Sanchez era un mar de misterios, de eso no me quedaba duda, y no estaba segura de querer descubrirlos. ¿Qué se escondía tras la radiante y arrebatadora sonrisa del señor Bruno? ¿Por qué el señor Aaron era tan serio y callado? ¿quñe sucedía entre esos dos hermanos que casi no se dirigían la palabra? No les veía mucho juntos, pero estaba segurísima de que apenas se hablaban.
Pvo. Bruno
Finalmente, decidimos rechazar la oferta que nos ofrecía Beauty, pues no se nos ocurría nada, y para hacer una chapuza y que nos demandasen por fraude mejor dejarlo. Habíamos perdido esa opiortunidad, ya no había marcha atrás. Aquella tarde que tenía libre decidí darme un baño en la piscina. Necesitaba calmar mi mente y reordenar mis ideas. Hacía dos semanas que habíamos rechazado el trabajo y me sentía mal por ello. No había querido perder esta oportunidad. Dejé la toalla en la hamaca y me lancé a la fresca agua. Esta inundó cada parte de mi cuerpo, sin dejarse si quiera un recoveco por cubrir.
Salí del agua, caminé hasta la hamaca y me dejé caer en ella para que em meciera con el suave viento que soplaba, luego cerré los ojos bastante relajado. Marian había ido a buscar a su hermana a la casa de sus padres, y seguramente luego se iría de compras. No sabía por qué salía casi todos los días a comprar. Bueno, sí que lo sabía, para ella la moda era muy importante, y ese rollo de la ropa a la última... yo era más clásico, para ir formal un traje sencillo y para ir más casual unos vaqueros, zapatillas, camiseta... sin complicaciones. No me había dado cuenta de que el tiempo había pasado tan rápido, no me había dormido, pero sentía como si tal cosa.
Me levanté, miré el móvil. Tenía cinco llamadas perdidas de mi secretaria, y el móvil estaba en silencio. Cuando miré hacia delante, no pude evitar sorprenderme ante la visión. Allí estaba. Me miraba como concentrada, y a la vez asombrada. Me di cuenta de que llevaba un simple bañador oscuro, pero no era la ñúnica en la piscina que miraba atentamente. Sus cabellos castaños volaban al viento, sus ojos me perforaban de arriba abajo, y sus largas y esbeltas piernas se dejaban ver bajo el uniforme que le quedaba perfecto, señalando insinuantemente sus curvas y el inicio de sus caderas.
-Señor-dijo ella.- Es la hora de cenar. -¿Qué hora es -Las ocho, si tiene que prepararse o algo...-ella giró la cara, casi no pude apreciarlo, pero juraría que sus mejillas tenían algo de color repentino-es el momento. -De acuerdo, muchas gracias por avisarme. -Es mi trabajo-dijo solamente.
La noté rara, no era la misma chica sonriente que hacía dos semanas, algo le fallaba. su mirada estaba triste y había perdido ese brillo. Cuando se giró, me obligué a llamarla, no supe por qué lo hice, ni quise saberlo si quiera.
-Rebeca.- Ella se giró. -¿Desea algo?-dijo como un robot. -Acércate si quieres, que no muerdo-al menos le saqué un poco la sonrisa, pero se le borró al instante. Caminó con paso vacilante hacia mi posición.- ¿Qué te sucede? -¿a mi?-dijo con sopresa. -Sí, no te conozco mucho pero... no sonries como hacía unso días. -¿Por quñé iba a hacerlo? Tampoco es que tenga motivos para sonreir todo el día. -Eso lo dudo, seguro que tu familia tiene que adorarte... -Sí, ellos sí-su voz tomó un atisbo de rabia cuando dijo lo siguiente-, pero al parecer mi novio no em quiere como dice. -¿Tu novio?
Levantó la cabeza, me miró, muiró la casa y se miró los pies como buscando al respuesta a algo, yo necesitaba saber la respuesta a esa pregunta.
-¡Oh, dios! ¿qué hago hablando esto con usted?-dijo más para sí misma que para mi. -Te lo he preguntado yo, y no em importa. -Es inapropiado que em pregunte estas cosas y también lo es que yo se las cuente sin ton ni son. -Sé escuchar, por eso puedes contarme lo que quieras. -Pero usted es mi jefe, y no debo comunicarle de mis asuntos privados.
Se dió la vuelta pero antes de irse me habló por última vez.
-Recuerde que tiene que bajar a cenar a las nueve, sus padres el esperan.
Me quedé clavado en mi sitio pensando en dos cosas... ¿por qué demonios tenía tanta curiosidad por conocer su vida? ¡¿Y qué coño acababa de decir con que mis padres me esperan para cenar?! Como alma que lleva el diablo, agarré la toalal y entré en casa, directo a mi habitación. Allí estaba Marian, que estaba vistiéndose, más bien eligiendo qué ponerse ante el enorme armario-vestidor, con un conjunto de ropa interior puesto y por encima una ligerísima bata de seda blanca que dejaba ver perfectamente que llevaba un tanga negro.
-Hola cariño... ¿dónde te has metido toda la tarde?-me interrogó. -He estado en la piscina-abrí las puertas de mi armario que en comparación con el de ella y mi hermana era uan mierda, y saqué un simple vaquero, una camiseta a cuadros sencilla y unos zapatos normales-, oye... ¿tú sabías que mis padres venían' -Qué va-me dijo sonriendo-les vi antes, no tenía ni idea de que venían, ¿y tú? -Por algo te pregunto-dije mal humorado. -¡Pero cómo está el patio hoy!-dijo algo ofendida.
Se vistió y yo hice lo propio, para luego abrazarla por la cintura cuando se estaba peinando. Deposité un suave beso en su cuello y a ella se le escapó una sonrisa floja.
-Lo siento mi amor-le dije-pero sabes que ver a mis padres me pone de mal humor. -No tienes que pagarlas con migo por eso. -Perdóname-susurré contra su cuello. -Mm...-ella se mordió el labio inferiory me miró divertida y pícara mediante el espejo-ok, perdonado, siempre y cuando...-se dió al vuelta, se puso de puntillas y llegó hasta mi oído-, me hagas el amor hasta el amanecer. -Uf... no sé si darán mis fuerzas. -Oh...-ella mordió levemente el óvulo de mi oreja, y yo me estremecí-, ya lo creo que sí.
Con su risilla salió de la habitación, no sin antes cogerme la mano y obligarme a ir con ella. Bajamos las escaleras y yo abrí la puerta que llevaba al comedor para enfrentarme a verles a ellos.
Pvo. Leila Sanchez
Una vez llegué de la "facultad de derecho", saludé a mis padres sonriente y espreocupada. Subí a vestirme después de un rato corto. Me puse un mini-vestido a rayas blannco y negro, caído de un hombro y de media manga con unos taconazos negros que me volvieron loca en cuanto los vi en la tienda. (http://tendenci.us/wp-content/uploads/2009/11/emma-watson-con-un-mini-vestido-a-rayas.jpg)(http://flanfash.files.wordpress.com/2009/06/f70307740002bkk-b.jpg)Me dejé el cabello suelto y en ondas suaves, me hice la raya en el ojo y bajé de lo más natural a reunirme con mi familia. Cuando entré al comedor, Burno y Marian todavía no habían llegado:
-Dios qué hermosa que estás hija-me dijo mamá, yo me acerqué a elal y le di dos besos por segunda vez en el día. -Gracias mamá-contesté sonriente. -Estás tan crecida... parece mentira que hace solo unos meses que no nos vemos. -Casi es un año-diojo la voz de mi hermano Aaron, que entró con ropa sencilla pero elegante y saludó a nuestros padres. -Tú también estás cambiado y guapísimo-comentó mi madre, mirando orgullosa a Aaron.
Claro, ¿Cómo iba él a mirarla con alegría si estaba enfadado con ellos? Dios que si lo estaba... a juzgar por su expresión lo estaba tanto que le resultaba dificil sentarse en la mesa con ellos. El silencuio se hizo en la sala, sepulcral e interrumpido solamente por el sonido de la puerta corredera abrirse y entrar Bruno con Marian de su mano. Cada vez que veía a esa mujer... algo en mi mente chillaba "alerta, cuídate". Definitivamente, no me acababa de caer bien.
-Papá, mamá...-dijo Bruno.
no parecía muy soprendido cuando se acercó a darle dos besos a mamá y un abrazo a papá. todo muy frío y raro. Después de estar meses sin vernos, el calor no abundaba en las cenas, desayunos o almuerzos de la casa Sanchez.
-¿Qué tal el viaje?-sentí que mi hermano lo preguntaba por educación, no por interés verdadero, Aaron ni siquiera parecía estar presente. -Muy bien la verdad-dijo mamá-, aunque ya podrían poner mejor comida que para algo nos gastamos el dinero.
De la puerta del servicio entró Aliana con dos bandejas de comida, las dejó sobre la mesa destapándolas y luego se fué. Seguidamente entró Clara haciendo lo mismo y luego Rebeca con los zumos y el agua. Esta última no miraba al frente, si no que encontraba muy interesantes sus zapatos blancos combinados por con el uniforme, el cual había diseñado yo. Recordé esa mierda de ropa. Una bata negra casi por los tobillos y amarrada hasta el cuello. si las mujeres tienen algo bueno para mostrar, que lo enseñen.
Christina, la hermana de Marian, comía tranquila. Era una chica de pocas palabras y con la que no había hablado casi nada, según sabía, tenía diecisiete años recién cumplidos e iba a acabar el instituto en nada de tiempo.
-Madeleine, Michel-dijo Marian con uan "agradable" sonrisa-, no conocéis a mi hermana, ella es Christina. -encantada de conocerles-dijo al chica con rostro de angelita, que teniendo a tal hermana, me costaba imaginar que lo fuera.
Pvo. Rebe
Cuando esa noche Aly y yo nos acostamos, ninguna de las dos pudo conciliar el sueño. no supe por qué ella no pudo hacerlo, pero yo sí que sabía msi razones.
-A ver, cuéntale a tu confesora personal qué te sucede-me dijo dándose al vuelta y quedándo frente a mi. -no es nada, si te lo digo te pondrás paranoica o me dirás que es una tontería. -No, ahora me lo dices, que ma has dejado en intriga guapita-sonrió y yo con ella. -Tengo miedo-le dije. -¿miedo' -Sí, miedo de que Max me deje por... no poder vernos. -¡Anda tonta!-dijo ella-, no te dejará por que no os podáis ver. -Tú no sabes cómo es él. -Buneo, puede ser, pero... creo que si alguien te ama de verdfad resiste el no poder verte todos los días. -¿Cómo sabes tú tanto de los asuntos del corazón? -Digamos que... me gusta el amor. -¿Y por qué no te buscas algo serio? -Me gusta el amor, pero recapacito: e gusta para otros, en mi no da resultado. -Sí, sí, mucho dices, pero siempre te pillas de tus follamigos. -¿y tú ves que ellos me corresponden? -La verdad la verdad... no mucho. -Dí más bien que no. Por loq eu el amor es para otros, no para mi, yo no sirvo para enamorarme. si lo hiciera... sufriría, me conozco.
Ambas nos giramos al otro lado, mirándo yo el armario y ella la pared. Pero tenía que decir algo antes de dormirme.
-Aly...-susurré. -¿Qué?-dijo ella en el mismo susurro con algo de risa en la voz. -Eres uan gran amiga. -dime algo que no sepa-contestó burlona, ambas soltaron una baja carcajada.- Tú también te sales como amiga.
Después de eso, yo perdí al consciencia, y l sigueinte que sentí fue que em entraron unas ganas enormes de beber agua. No sabía qué hora era... ¿las dos? ¿las tres? ¡Qué más daba! Me levanté y salí en mi pijama compuesto por un pantalón blanco tan corto que podíapasar por culotte y una camiseta de Superman gris que casi me tapaba del todo, pero dejaba ver todas mis piernas y el comienzo de mi trasero(http://imagenes.solostocks.com/z14138733/camiseta-superman-gris-gastado-xl.jpg)(http://images.bubbleroom.se/data/product/thumb-600/mini-short-white-4961.jpg),iba descalza para no hacer ruido alguno. Dudaba que a esas horas hubiera alguien. Abrí la nevera y me serví un vaso de agua bien fresca. El cristalino líquido resvaló por el interior de mi garganta, pero casi se em va por el camino equivocado cuando escuché el ruido del agua correr por el fregadero. ¿Quién demonios estaba despierto?