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Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? — capítulo 10
Capítulo 10: Cuando James viajo por el tiempo para evitar volverse mujer.
**"**Tú tienes un cuerpo brutal, que todo hombre desearía tocar"
"Cuando veo en tus ojos, puedo ver un amor retraído. Y cariño, cuando te abrazo, puedes saber que siento lo mismo. Así que si quieres amarme, querida, no te frenes. O los dos terminaremos caminado bajo la fría lluvia de noviembre"
November Rain. Guns n' Roses
*Advertencia:*Los Merodeadores desean advertir al lector sobre el contenido del siguiente capítulo. Este capítulo estará atiborrado de cursilerías que a muchos pueden provocar incomodidad estomacal, tortura sentimental o aburrimiento total. Sirius quiere especificar que solo a James le agradó este capítulo. James menciona- mientras golpea al atractivo Sirius- qué a todos los Merodeadores les encantó este capítulo, pero su orgullo masculino les impide admitirlo. Remus sonríe cansinamente, Colagusano mira a Canuto como idiota, y se ríe de no-sabe-qué. James se acerca peligrosamente a Canuto y lo mira fijamente. Cornamenta se pierde en los oscuros y seductores ojos del guapo chico, quién…
-Canuto, ¿qué demonios estás escribiendo?- le pregunté, recostado desde mi cama. Mi voz se había oído extrañamente aguda, pero supuse que me estaría cambiando la voz nuevamente. Eso debía ser normal para cualquier chico, después de todo. Me había despertado el sonido de sus susurros y risitas en "voz baja". Era complicado saber que era "voz baja" para ellos. La última vez que habíamos hablado en voz baja, mi abuelo nos había ordenado furioso y desquiciado que "nos calláramos de una buena vez porque se iba a quedar sordo". Curiosamente, mi abuelo era completamente sordo antes de dicho comentario. Supongo que hicimos un verdadero milagro.
Mi habitación estaba como siempre. Adornada por los colores rojo y dorado, característicos de Gryffindor. Mis sábanas de seda, mis cortinas de terciopelo corridas. La luz del día entrando por la ventana. Los ronquidos de Colagusano. Las risas de Canuto. Los suspiros exasperados de Lunático. Y sobre todo, un chico desconocido y pequeño durmiendo a mi lado. Y como todas las mañanas, Lily durmiendo pacíficamente a un par de camas de mí.
…
¿¡Qué?! ¿Qué estaba sucediendo? ¡Por un demonio! ¿Cómo había llegado aquí? Me puse de pie lo más rápido que pude, y tuve un dolorcillo punzante en las costillas pero lo ignoré. Canuto me miraba serio, Lunático dormía tranquilamente a un lado de Sirius: había tanta tranquilidad y paz en su cara que me preocupé. El chiquillo a mi lado abrió los ojos y me miró con alegría. Me dio miedo y me estremecí. ¿Por qué me miraba así ese mocoso? ¡Demonios! ¿Qué sucedía? Estábamos… en la enfermería de Hogwarts. ¿Cómo habíamos llegado ahí? ¿Qué hacía Lily ahí? Lo único que no era raro ahí era que… Colagusano roncaba… como siempre.
¿Qué había hecho la noche pasada?
El corazón me latía deprisa cuando me volví hacia los ojos de Sirius. Estaba tan serio como nunca antes. Parecía triste y decepcionado, sus ojos tenían una extraña frialdad. El ritmo cardiaco se me acelero, pero sin pensar muy bien, abrí la boca y pregunté con una voz que no parecía mía…
-¿Qué sucedió…?- Me detuve. No, no era normal. Mi voz era… ¡demasiado aguda! Hablaba como una chica. Me llevé una mano a la garganta, pero entonces vi mis manos: delicadas, bien cuidadas, limpias, sin mugre, afeminadas, con uñas largas pintadas de un rosa chillón.- ¡¿Canuto qué pasó con mis uñas?!- grité. Mi voz se volvió aún más aguda. Miré con los ojos desorbitados de la preocupación a Sirius, pero él estaba impasible.- ¡Canuto! - insistí a la desesperada. -¿Qué pasa?
Por toda respuesta, Canuto señaló con el dedo índice mi pecho… más bien, dónde debería de estar mi pecho porque… ahora había una enorme cosa en su lugar. De hecho, eran dos cosas. Lo primero que pensé, fue que me habían salido dos enormes granos en el pecho. Luego, recordé con un poco de esfuerzo que… las mujeres tenía ese tipo de…cosas en lo que para los hombres era el pecho. Abrí la boca, pero nada salió de ella.
Carraspeé audiblemente, pero no pude decir palabra alguna. Con las rodillas temblorosas, me levanté y vi que mis piernas eran delgadas, sin vello y suaves. Mis pies descalzos eran tan delicados como una flor, y mis uñas estaba pintadas al igual que la de mis manos de un color rosa chillón, perfectamente colocado. Me puse las manos en la cadera, y sentí que habían aumentado bastante. Con el corazón latiéndome fuertemente, tan fuerte que temí que se fuera a salir de mi pecho, me toqué la cara. Pero inmediatamente, sentí una extraña sustancia sobre mis labios y algo medio polvoroso sobre mis ojos… al ver mis dedos, me quedé paralizado: había… ¡maquillaje y brillo labial! Solté un gemido.
Me giré hacia Sirius, que aún serio, me miraba con cierto desdén. Le lancé una mirada que esperaba que él la tomará como un "Explícamelo todo o te mato", pero negó decepcionado con la cabeza.
-Ca…Canuto… ¿soy… soy una chica?- me atreví a preguntar, conociendo la respuesta antes de que una voz aguda respondiera detrás de mí.
-Así es Potter.- dijo Lily, con rencor e ira retenida en la voz. Se había levantado silenciosa de la cama, y ahora me miraba con odio, sus brazos cruzados sobre el pecho.- ¿Ahora fingirás no recordar lo qué hiciste?
-¡Pelirroja!- susurré, sorprendido. -¿Qué sucede?
-No me llames así jamás, ¿de acuerdo? - replicó ella, con un brillo raro en los ojos.- No puedo creer que lo olvidarás. Eres un maldito, siempre lo supe. No sé porque acepte salir contigo.
Recordé, súbitamente, la cita de… ¿ayer? ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Creí que todo había sido un sueño… aunque, esto parecía más un sueño. Desperté convertido en mujer con Canuto y la pelirroja a punto de matarme, además de un niño que me veía con cara de baboso.
-Papá…- murmuró el niño, saliendo de su cama y abrazándome por la cintura con ternura e inocencia. Me aparté de él, bruscamente, antes de espetarle:
-¡Cuida dónde pones tus manos, pequeño mocoso! ¡No toques esas caderas!
-No creo que puedas llamarlo "padre", Harry.- comentó Sirius con frialdad. - Este… hombre-mujer no merece que lo llames así.
Harry- aparentemente ese era el nombre del chico con cara de idiota- bajó la mirada con tristeza. Me removí incómodo, sin saber qué hacer, sin saber qué pensar… ¡No entendía nada! ¿Padre? ¿Qué demonios estaba pasando?
-¡Explíquense!- exigí, mirando a Harry, quién solo murmuró palabras ininteligibles.- ¡Habla bien o te ató la lengua a…!
-¿Así le hablas a tu propio hijo, Potter?- me interrumpió Lily, corriendo protectoramente hacia el chico. Me quedé paralizado… había dicho… ¿hijo? Pero eso era…simplemente era… era…¡¡¡¡totalmente, irrevocablemente, incomprensiblemente imposible!!!! ¡Yo no tenía ningún hijo! Debía ser una broma de muy mal gusto.
-James, deberías de tener la hombría de tratar a tu hijo y a Lily como se lo merecen.
-¿¡Pueden decirme de una buena vez que sucedió?!- grité, al borde de la histeria. Canuto y la Pelirroja se miraron por unos segundos, y luego Canuto asintió. ¿Desde cuándo ese par se llevaban tan bien? ¡Deberían de estar matándose, no comunicándose secretamente frente a mis narices!- ¡Ahora!- exigí.
-James, en tu cita con Lily…- puso cara de estar oliendo algo asqueroso.- Decidiste que sería divertido obligarla a probarte su amor de la manera clásica.- sentenció amargamente. Lo miré extrañado… ¿yo le había pedido "eso" a Lily? ¿Era cierto? ¿Por qué no lo recordaba?
-Yo…- comencé, pero sorprendentemente, Lily me interrumpió.
-Yo no quería.- aseguro Lily, con el rencor expresado en su tono de voz.- Pero no sé cómo, me lanzaste un hechizo o me diste alguna poción en mi cerveza de mantequilla. Eres un maldito, Potter. Cuando te dije que estaba embarazada, dijiste que ese hijo no podía ser tuyo. - Lily parecía que no podía dejar de hablar, y desahogaba todo su rencor y dolor en cada palabra que decía y que para mí era como una bofetada en rostro.- Canuto y tú discutieron. Él sí fue un hombre, y supo defenderme y ponerte en tu lugar, Potter. Tu solución fue estúpida, pero insististe que era la única manera. Tan engreído como siempre, decidiste que con un hechizo lograríamos viajar al pasado y cambiar todo. Pero no funcionó. Terminamos atrapados en el tiempo, alteramos la historia de alguna manera que… todo ha cambiado. Nos salteamos la infancia de Harry. Lunático está en coma ahora, está a punto de morir, el tiempo pasó más rápido para él que para nosotros, aunque su rostro no lo demuestre. El qué no debe ser nombrado gobierna el mundo mágico ahora, perdimos la guerra. Canuto es un semivampiro. Colagusano y yo… somos squibs. Perdimos nuestra magia. Y tú, Potter… Eres mujer. - dijo con un hilo de voz. Esperé a que continuara, pero no lo hizo.
-Lily, yo… lo siento, en serio.- dije, sin pensar antes de hablar. No podía haberle hecho eso a Lily. Simplemente…yo no sería capaz. -Canuto, yo… Lunático…chicos, yo…
-Déjalo así, Potter.- musitó ella. Sirius se acercó a ella, y le paso un brazo por los hombros, consolándola. Me quedé estupefacto ante ese gesto…- Canuto será mejor padre que tú.
No podía ser cierto. Yo no podía haber hecho todo eso. No sería capaz, simplemente yo...
-Creo que ya son suficientes bromas por hoy.- dijo una voz. Me giré de inmediato hacia la entrada de la enfermería, dónde Dumbledore sonreía, recargado en el marco de la puerta. Observé a Lily y Canuto, y me sentí confundido al ver como se separaban conteniendo una carcajada. ¿Qué demonios sucedía? Dumbledore agitó su varita, y… nada pasó.
-¿¡Qué sucede aquí!?- exigí saber, sin entender nada. No me intereso que Dumbledore estuviera ahí, solté una bola de palabrotas. ¡Todos parecían esconderme algo! Lily estalló finalmente en una tremenda carcajada, a la qué después se le unieron Canuto, Harry, Colagusano e incluso Dumbledore. Lunático se levantó de la cama con una cansada y forzada sonrisa. Se veía sano y joven, no a punto de morir, pero en sus ojos había mucha tristeza y cansancio. Recordé todo de pronto.- ¡Mentira! ¡Yo ayer tuve una cita con Lily! ¡Pero no le hice nada malo! ¡Y Canuto… tú y yo si peleamos, pero no fue porque Lily estuviera embarazada! ¡Lunático… tú ayer estabas… indispuesto! ¡Y tú, niño! ¡A ti te salvamos de un hombre lobo! ¡Había un hombre lobo, Lily y yo peleamos contra él!
-Bien hecho, James.- repuso Lily, con una sonrisa cariñosa y burlona. No quedaba rastro alguno de la ira y coraje que había presentado antes. Comencé a dudar que quizás, solo quizás, Lily fuera bipolar.
-Cornamenta, feliz día de San Patricio.- dijo alegremente Canuto, dándome un golpe en la espalda.
-Hoy no es San Patricio.
-Bueno, feliz día de… no sé, feliz día de Colagusano.- murmuró.- ¿Te gustó nuestra broma?
-¿Broma?- gruñí, entre dientes.- ¿Es todo esto una broma?
-Así es.- respondió él con tranquilidad, como sí del clima hablara. Arqueé las cejas.
-¿¡Y creíste que esto era divertido!? ¿Transformarme en mujer, en padre/madre y decirme que les arruiné la vida les parece divertido? ¡A tú mamá le parecerá divertido cuando…!
-Señor Potter…- interrumpió Dumbledore. Me sonrojé al recordar que él estaba ahí. Pero no parecía molesto.
-Lo…lo siento profesor.- balbuceé.
-Quería darte una lección.-explicó Sirius, aún tranquilo.- Tómalo como una venganza por haber hablado de más ayer con Evans. Sabemos que la pelirroja es de fiar, pero el problema está en el hecho de que hablaste. Tuviste la suerte de que fuera solo Lily quién te escuchará, porque si no…- miró a Lunático, que guardaba silencio, aún serio.
-Lunático, yo… lo siento amigo.- me disculpé, con la vista en los ojos de Remus.- Te juro que yo…
-No hay problema, James. Creo que aprendiste tu lección.
-Diablos, extrañaré esas caderas tuyas, Cornamenta.- dijo de pronto Canuto, dramáticamente. Automáticamente, miré mis caderas, pero descubrí, que mágicamente ya no estaba ahí. Volvía a tener las mismas piernas masculinas, los pies sucios y apestosos, el pecho plano y sin maquillaje. Me sentía, totalmente hermoso.
-Eran más grandes que las mías. Creo que hiciste a James una mujer demasiado…voluptuosa.- comentó Lily, con una sonrisa.- Que bueno que saliste niño, hijo, o hubieras sufrido por ser una chica demasiado despampanante. - añadió, dirigiéndose a Harry.
-Yo opino que no hubiera sufrido mucho. Hubiera tenido a muchos chicos tras de ella…- contraatacó Canuto. Lily lo miró, con aire ofendido.
-¡Canuto!
-Tienes que admitir, Lily, que la apariencia física atrae, de alguna manera…las chicas feas no tienen muchos pretendientes, mientras que las guapas…
-¡Lo que verdaderamente importa es lo de adentro!
-Sí, claro, vale, pero un chico no va a ir a ligarse a una chica porque está muy buena por adentro… ¡no me veas así! Me refiero a qué sí ves a una chica, no vas a saber sí es buena por adentro o no… tienes que conocerla, y para conocerla, te tiene que atraer físicamente primero.
-Pues yo opino que la hubieran tachado de ser…
-Me siento terriblemente mal al interrumpir su interesantísima plática, pero alguien puede explicarme qué demonios sucedió. - interrumpí de mal humor. Mi cara estaba retorcida del malhumor. Dumbledore, se acercó sonriente hacia nosotros y se sentó a la orilla de mi cama, con tanta paciencia que pareciera que iba a vivir para siempre.
-Pensándolo bien, yo tampoco tengo claras algunas cosas- dijo Lily con gesto pensativo.Se sentó también en la cama, y la siguió Harry que observaba a Dumbledore como sí se encontrará frente a una estrella de rock.
-Pues yo… yo me preguntó porque demonios Colagusano no ha dicho nada.- todos nos giramos hacia Colagusano… para sorprenderlo dormido. Qué sueño tenía ese chico. Milagrosamente, esta vez no roncaba lo cual resultaba muy anormal.- ¿Por qué demonios no ronca?
-Mil disculpas.- dijo Dumbledore, con un tono travieso.- Pero creí que con los ronquidos del señor Pettigrew, no lograrían escuchar la historia.
-Excelente idea, profesor.- lo felicitó Canuto.- ¿Qué hechizo usó? Nos serviría bastante aprender a usarlo… La última vez que dormí una noche completa fue…hace siete años. La misma noche que conocí a Colagusano.
Dumbledore soltó una risa cansada y corta, antes de seguir hablando.
-Creo que ya habrá tiempo para eso, señor Black. Creo que nuestra prioridad ahora es que el señor Potter está ansioso por saber que sucedió anoche.
-No sabe cuánto…
-¿No les parece increíble lo rápido que sanaron nuestras heridas? ¡La señora Pomfrey es una Diosa!- dijo Canuto, alegremente.
-Profesor, ¿podría continuar? Canuto, vuelves a hablar y verás.- gruñí.
-Había algunos hombres lobos en el bosque.-comenzó Dumbledore, como si nada.- Quizás media docena, quizás más. Seguramente eran aldeanos de Hogsmeade, o quizás pertenecían a las huestes de los Mortífagos y decidieron "divertirse" está noche. Aún no podemos definir claramente el origen de estos hombres lobos, puesto que no hemos encontrado sus cuerpos en la grandeza del bosque. Desafortunadamente, Harry se encontraba ilegalmente en Hogsmeade esa noche.- agregó con severidad. Harry bajo la mirada con vergüenza, y se puso de un color tan rojo que cualquier pudiera haberlo confundido con un tomate… o con un Weasley acalorado.- Y se vio perseguido por una de estas criaturas. Pero por cada acción incorrecta, hay un par de acciones correctas. Afortunadamente, el señor Black y el señor Lupin llegaron a tiempo para salvarlo.- añadió el hombre, agradecido, mirando con sus ojos azules a los Merodeadores. Canuto le quitó importancia con un gesto de la mano, pero en sus ojos se denotaba el orgullo que sentía hacia sí mismo. Con humildad, bajo la mirada, sonrió y se coloco las manos dentro de los bolsillos de su túnica. Me giré a mirar a Lupin, pero él estaba serio, con una forzada sonrisa en el rostro y el miedo en la mirada. Dumbledore pareció entender a qué temía Remus, y le guiñó un ojo, tratando de tranquilizarlo. Pero los ojos de Lunático, a pesar de estar un poco más tranquilos, se quedaron fijos por el resto del tiempo, en Harry, que distraído y avergonzado, parecía estar perdido en su propio mundo interior.- Tuvimos una batalla en las puertas del colegio contra algunos hombres lobos, y desconocíamos que ustedes hubieran estado en Hogsmeade al momento del ataque. Desconocíamos que había desaparecido un grupo de alumnos, hasta que un estudiante nos lo hizo recordar, atravesando la batalla y poniendo en riesgo su vida. Fue valiente. Muy valiente, al igual que todos y cada uno de ustedes.
Yo sabía quién era ese alumno, sin necesidad de preguntarlo. Miré a la Pelirroja, que se mordía un labio con preocupación. Quejicus. Claro. Bueno, estábamos… parcialmente a mano.
-¿Hubo más heridos, profesor?- pregunto Lily, con cierto temor en el timbre de su voz, pero aún así, hablo firmemente. Dumbledore tardó en responder.
-Menos de las que esperábamos pero más de las que deseábamos, señorita Evans.- murmuró en un tono sombrío y respetuoso. Suspiró audiblemente en nuestro silencio. Luego, volvió a sonreír.- Señor Creevey, ¡por poco lo olvido! Hay una chica haya afuera que asegura ser su novia y jura no moverse de la puerta hasta que usted acepte visitas. ¿La hago pasar o…?
Todos estallamos en una carcajada cuando Harry negó con la cabeza frenéticamente. Palideció y comenzó a respirar superficialmente, como si acabara de correr un maratón.
-¡No, profesor, por favor!- imploró con desesperación.- ¡No la haga pasar! ¡Dígale que estoy en coma!
-Es algo descortés de tu parte, chico.- dije, poniéndome de pie con una macabra idea. Me sentía perfectamente bien, aunque un poco entumido.- A una dama no se le debe de negar una cita, por muy terca y orgullosa que sea.- Mire a Lily de reojo, sonreía. Le guiñe un ojo, mientras caminaba hacia la puerta. Harry me miraba atónito.- Conócela un poco mejor. Ese es el consejo que te da tu padre con género alterado por los viajes en el tiempo dónde intentaba cancelar tu creación. Quizás esa loca acosadora sea el amor de tu vida.
-¡No entiendes! ¡Está loca!- susurró Harry, horrorizado. Contuvo un grito cuando me vio abrir la puerta lentamente… pero una estampida detrás de ella se abalanzó bestialmente al interior de la enfermería. Y fue… entre gritos agudos y arañazos, directamente a Harry, quién no pudo hacer algo más que protegerse la cara con los brazos.
Una chica,que parecía más bien un jugador bastante fornido de Quidditch que una chica, varios años más grande que mi pequeño hijo falso le echaba los brazos alrededor del cuello, y se sentaba sobre sus rodillas. La chica tenía el rostro rojo, y el cabello enmarañado de color rubio le caía por la espalda hasta la cadera. Tenía unos enormes ojos verdes, que habrían sido bonitos si no parecieran los ojos de Jack el Destripador, y en ese momento sollozaba audiblemente mientras besaba en la frente a un incómodo y avergonzado Harry, que parecía sentirse totalmente humillado.
Crucé una mirada con Sirius, y estallamos en un ataque de risa. Pero Lily nos golpeó las costillas con fuerza, y tuvimos que callar a la fuerza. Dumbledore observaba la escena con una sonrisa.
-¡Oh, Harryliny! ¡Creí que te perdería! Y… ¡oh, no sé qué haría sin ti! ¡No te obligaré a acompañarme a Hogsmeade otra vez, Harryliny! ¡Tuve tanto miedo!- gritaba la chica entre lágrimas. Harry nos pedía auxilio con los ojos.
-Eh, Pelirroja, podrías hacer lo mismo que ella, y la verdad me sentiría muy bien…- le insinué a Lily. Pero ella me dio un golpe en la cabeza.
-Ni lo pienses, James.- susurró, pero su tono era divertido y bromista. Sonreía. Le devolví la sonrisa.
-Considero que lo mejor será retirarme.- dijo Dumbledore. Carraspeó para llamar la atención de la "novia acosadora" de Harry, pero ella lo ignoro olímpicamente. El profesor sonrió, como si nada.- Creo que tienen cosas que hablar a solas.- añadió. Pero me miraba a mí, en lugar de a Harry y la chica, que ahora trataba de besarlo en los labios. Entendí el significado de eso, y asentí. Nos guiñó un ojo, antes de retirarse.
Entonces, tuve una duda existencial. Una duda que nos salvaría a todos de morir, y que nos daría una vida más digna. Una duda que había tenido desde el primer momento en que había visto a Dumbledore. Era el momento de preguntarla, y finalmente, acabar con el maldito misterio. Por fin, acabaría, después de siete años de hacerme la misma pregunta. Salvaría al mundo alresolver esa duda. Lo haría. Era lo único que necesitaba.
-¡Profesor!- Dumbledore se detuvo en el umbral de la puerta y se giro.- ¿Por qué siempre nos guiña un ojo?
Dumbledore sonrió misteriosamente. Entonces… nos guiñó un ojo, y salió de la habitación con un aire travieso.
-Demonios.- dijo Canuto con un suspiro, dejándose caer en una cama.- Siempre creí que solo me lo guiñaba a mí. Me siento usado.
-Canuto, Lunático… Lily.- dije, de pronto, poniéndome muy serio. Aspiré profundamente aire, para armarme de valor…
-Cosita hermosa…
-¡Ya, Gretel!
-Escuchen chicos, yo…- trate de seguir.
-¡Eres tan adorable!
-¡Déjame ya!
Suspiré con estrés. -Miren, lo que sucede es que…
-Me fascinas, ¿me oyes? ¡Me encantas! ¡Abrázame tu también, Harry hermoso!
-¡No!
-Lo que he hecho es…
-Puchurrumino, cosita de mi vida…
-¡Suficiente!- gruñí tan alto que la novia de Harry se volvió hacia mí, claramente molesta, claramente ofendida y lo peor, claramente celosa.- ¿Podemos ir a un lugar menos amoroso? - les pregunté a los Merodeadores. Ellos asintieron un poco asustados.
-¡No puedes dejarme aquí!- musitó Harry, a la desesperada.
-Sí que puedo.- sonreí malévolamente.- Pero soy tan genial que no lo haré. Oye, chica.- Gretel me dirigió una mirada desdeñosa.- Te propongo algo. Déjanos al chico diez minutos, ve y arréglate un poco más, que les regalaré una comida romántica al estilo Merodeador. ¿Qué te parece?
La chica se ruborizó y asintió frenéticamente, pero sin soltar a Harry, que parecía que se asfixiaba en el abrazo de oso de Gretel.
-Bien… te encontrarás con Harry en el tercer piso, detrás del retrato de un viejo bulldog con collar rosado que juega billar. La contraseña es: "Bomboncito".- agregó Sirius, con una sonrisa y aire garboso. Gretel asintió con más fuerza que antes, pero seguía sin soltar a Harry. -Eh…
-Ya puedes soltarme, eh.- musitó Harry, incómodo. Se removió tratando de zafarse, pero fue imposible. Los brazos de la chica no se separaban de su cuerpo.
-Oye… em… ¿serías tan amable de…?- comenzó Sirius, pero calló al ver la expresión ruda que le lanzó la chica.
-Gretel, necesitamos que…- trato de seguir Lunático, pacientemente, armándose de valor. Pero tras ser observado por los ojos de loca de la chica, tragó saliva y soltó un gemido.- Bueno, solo si tu quieres…- se apresuró a agregar.
-Gretel, vamos, tienes que ir a arreglarte un poco más para Harry. ¿No quieres lucir hermosa en su cita?- preguntó tiernamente Lily, con ese tonito dulce que solo las mujeres sabían usar para convencer a alguien. - Mira, puedes ponerte un poco de brillo y…- calló súbitamente. Gretel la observaba con desconfianza.- Bueno, no es obligatorio. Puedes quedarte ahí si quieres.
Harry la miró con aprensión.
-¡Al diablo! -gruñí.- Escucha tú, mocosa, o te vas de aquí a la cuenta de tres o…
Pero callé, sintiéndome avergonzado por haberme asustado por la mirada de una niña. Esa niña no podía tener una mirada tan demencial. Me estremecí de pies a cabeza, antes de agregar entre susurros.
-Era de broma…
-¿Qué sucede aquí? ¿Tú de nuevo, Gretel?- la voz de la señora Pomfrey fue como el bramido furioso de un elefante. Gretel se puso de pie, al ver a la mujer entrar como una bestia a la enfermería.- ¡Déjalo descansar! ¡Te lo he dicho cientos de veces! ¡Necesita descansar! ¡Fuera o te llenaré la cara de granos…!
Gretel reaccionó como un autómata. Con paso rápido pero sin dejar blasfemar contra la enfermera, quién iracunda corría a la chica de la habitación, Gretel desapareció tan rápido como había llegado. La señora Promfey se giró a hacia nosotros con una mirada demencial parecida a la de Gretel.
-¡Acuéstense! ¡Tienen que descansar! - bramó, dándonos un empujón a cada uno hacia la cama. Se puso las manos firmemente en la cintura, y nos observó con autoridad.- No se levanten.- nos ordenó. Y supe que ningún Merodeador, incluyéndome, sería capaz de desobedecerla.
Salió de la habitación sin decir palabra hacia su pequeña oficina, dando un portazo. Nos miramos atónitos, asombrados por lo que acababa de suceder. Pero Canuto se encogió de los hombros, tan acostumbrados que estábamos de ver cosas raras en ese Colegio. Lunático y yo lo imitamos en el gesto, mientras que Lily y Harry contemplaban la escena como si nos hubiéramos vuelto locos.
-Gracias.- susurró Harry, notablemente agradecido y aliviado, aunque un poco acalorado aún. Enarqué una ceja.
-Bah, de qué.- respondió Canuto, restándole importancia con un leve encogimiento de los hombros y una agradable sonrisa.- Podría haber sido yo el acosado por una chica.
-Retiro mi consejo, hijo.- comenté, muy serio.- Manda a volar a esa chica o te matará en un ataque de celos. El amor te mata lentamente, recuérdalo. Pero con esa loca puede matarte de inmediato. Aléjate de ella. Escóndete. Consíguete una novia, o finge que eres gay. Haz lo que sea para alejarla.- miré a Lily, esperando ver su gesto serio, pero en lugar de eso, me levanto los pulgares en señal de aprobación.
-Lo haré.- aseguró Harry, con los ojos muy abiertos, como si tratara de aprenderse todos mis consejos de memoria.- Lo haré, lo prometo.
-Bien.- me limite a responder. Aspiré una bocanada de aire, buscando las palabras perfectas para decir. Suspiré audiblemente. - Chicos, yo… esperen, ¿no deberíamos despertar a Peter?
-Bah, déjalo. Disfruta de la ausencia de ronquidos por hoy.- interrumpió Sirius. Asentí.
-Bien. Bueno… Merodeadores, quiero pedirles una disculpa.
-Ya lo hiciste.- replico Canuto,pero levante la mano para pedirle silencio.
-No, Canuto. La noche pasada entendí muchas cosas. Miren… saben que amo a Lily.- dije, con valor, sin vergüenza.- Y saben que ustedes son mis mejores y únicos amigos. Sé que prometimos cuidar unos de los otros, y lo hemos hecho por estos siete años. Prometí ser fiel a nuestra causa, a guardar nuestros secretos. A apoyarlos. Creo que no lo he hecho de la misma manera que ustedes. Han dado más por mí de lo que yo he dado por ustedes. Los abandoné, chicos. Y lo siento mucho. Los traicioné. Pero no lo hice con el deseo de hacerles daño. Lo hice porque estaba frente a la mujer que amo, y ante Lily no puedo ocultar ni pensar nada. No pensé en lo que significaba. No pensé, simplemente. Pero sé que no le habría confesado sobre tu…estado, Lunático, de saber que no podía confiar en ella. No se lo habría dicho a cualquiera. Se lo diría solo a alguien que amo. Y sé que no estuvo bien, pero…
-Basta, James.- me detuvo Lunático. Su voz fue seria, pero en su rostro había una sonrisa cansada.- Sé que por amor se hacen locuras.
-Pero me olvide de ustedes, chicos. Y jamás me lo perdonare.
-Todo fue mi culpa…-musitó Lily, en un sollozo.
-No creo que te olvidarás de nosotros. Ni tú, ni Lily. Volvieron al bosque, arriesgando sus vidas, por ayudarnos. - replicó Canuto. - No es tu culpa Lily, ni siquiera es culpa de James. No hay nadie a quién culpar.
-Porque en realidad, no hay un motivo por el cual culpar a alguien.- interrumpió Remus, aún sonriendo.-Entre el amor y la amistad, se puede mantener la balanza en equilibrio.
-Y no creo que eso sea un problema, puesto que hay una nueva Merodeadora entre nosotros. - completó Canuto, sonriendo a su vez. Lily y yo nos miramos unos instantes. Me perdí en sus ojos verdes, tan profundos que le océano parecía un simple charco. Tan llenos de vida, de amor, de ternura y de cariño. Con una luz de alegría que inundaba todo su rostro, una luz que venía desde su corazón y…
Puaj. ¿Desde cuándo me había vuelto tan cursi? Vino a mi mente el recuerdo de mi primer poema:
"Querida Lily: tienes los ojos verdes, como el sapo de Alice. Y el cabello rojo como la familia Weasley. Y sé que apesto en poemas como Colagusano en Pociones y Canuto sin bañarse, pero iré al punto. Pelirroja, ¿saldrías conmigo por favor?"
Definitivamente, mi alma se había sensibilizado desde ese magnífico poema. Sí, debía ser eso. Simplemente, era hermoso.
-Gracias, chicos.- fue lo único que pude decir. -Gracias por todo su apoyo.
Canuto y Lunático sonrieron más ampliamente.
-Creo que tienes más cabos que atar, Cornamenta.- murmuró Lunático, y miró de reojo a Lily que había bajado la mirada y observaba el regazo con interés. Asentí.
-Remus… gracias por todo.- le dije seriamente. Él solo asintió con su usual sonrisa cansada. Sus ojos estaban sobre las oscuras ojeras que destacaban en su pálida piel. Se veía mayor de lo que en realidad era.
-A Lunático le han comido la lengua los ratones.- dijo alegremente Sirius, señalando a Colagusano, que dormía tranquilamente varias camas más allá.- Iré a recuperarla. ¿Vienes Remus, Harry?
Ellos asintieron mientras se ponían de pie, dejándonos solos a Lily y a mí. Carraspeé, incómodo, sin saber que decir. Lily tenía ese no-sé-qué que me dejaba mudo. Quizás eran esos ojos verdes.
-Eh, tuvimos una cita bastante original, ¿no? Cualquier chica moriría por vivir algo parecido…- bromeé, tratando de romper la tensión. Lily sonrió tristemente, y me miró con sus ojos verdes, que contenían lágrimas. Pero Lily era tan orgullosa que nos las dejaría salir.
-James, lo siento tanto. No debí de haberte manipulado a que te quedarás conmigo. - musitó, en murmullos apenas entendibles.- Por mi culpa casi pierdes tu amistad con Canuto y Lunático. Oh, Lunático, pobre Remus. Lo juzgué como cualquier mago estúpido y soberbio lo haría. Debe ser tan difícil para él… y ustedes hicieron todo eso por ayudarlo. Y yo te obligué a…
-Lily.- la interrumpí, sentándome en la orilla de su cama, pero dándole su espacio personal.- Hace siete años que vi tus ojos verdes, y supe que no podía negarles nada jamás. No me obligaste a nada. Simplemente, me quise quedar contigo. Descuidé a mis amigos, pero ellos conocen mis motivos.Jamás me olvidé de ellos. Luché por ti desde hace siete años. No quería perder esta oportunidad.
-No quiero que pierdas a tus amigos por mí, James. - insistió Lily, y por su voz rota, supe que tenía mucha culpabilidad dentro de sí.- No quiero que tengas que elegir entre nosotros…
-No hay necesidad de elegir a nadie, Lily. Como dijo Canuto, ya eres parte de nosotros. Sí tú quieres, claro. -agregué rápidamente. Lily sonrió tristemente.
-¿Qué si quiero, Potter estúpido? Lo he querido desde hace siete años. - sentí que me derretía. ¡Lily me quería! - Pero fui tan orgullosa que no quería admitirlo. ¿Tú lo sabías, no?
-Lo sabía cuando te miraba a los ojos.
- Admití, un poco divertido.- No eres una buena mentirosa, Pelirroja.
-Lo sé, James, lo sé.- murmuro en voz baja.- Me será difícil admitirlo frente al colegio entero.
-No es necesario que lo hagas-respondí, en el mismo tono.
-Debo hacerlo.- repuso ella con fuerza.- Quiero hacerlo. Es hora de tragarme este estúpido orgullo y confesar que… soy una Merodeadora ahora. Mis amigas aullarán de felicidad.
-Yo también lo haré.
Me sonrió con esa sonrisilla suya, y nos quedamos en silencio, sonriéndonos el uno al otro. Entonces, Lily se ruborizó y bajo la mirada, antes de murmurar.
-Rompo la ley de restricción a mi espacio personal, Potter.
Solté una carcajada de euforia. Finalmente, Lily y yo estábamos juntos. Finalmente, después de siete años. Lo había logrado. La había conquistado. Y todo gracias a los Merodeadores. Se los pagaría de buena gana.
Me acerqué a Lily con cautela, solo por precaución de que decidiera que en lugar de besarme quería matarme. Pero no lo hizo. Nuestros rostros estaban tan cercas que podía contarle las pecas en la piel y perderme en sus ojos verdes. Sonreí, el corazón me latía acelerado como nunca antes había hecho. Sentí que se me saldría del pecho si no me controlaba.
-Aw.
Me detuve instantáneamente, y Lily y yo miramos a Canuto, que nos miraba con cara de embobado desde la cama de Colagusano, dónde él ya había despertado y sonreía con su cara de ratón.
-¡Continúen! Pueden tragarse el uno al otro, fingiremos no oír.- bromeó Canuto. Lily frunció el ceño, y yo crucé los brazos sobre el pecho.
-A mí me parecería bastante interesante.- comentó Remus, con una naturalidad ingenua. Colagusano soltó una carcajada.
-Recuerda usar el truco para besar que te enseñé, Cornamenta.- insistió Canuto.- La saliva que salpique no importara.
-Le han quitado todo lo romántico al asunto, chicos. - farfullé, con una sonrisa muy a mi pesar. Miré a Lily con gesto de disculpa, pero me devolvió una sonrisa.
-¿Les parece si vamos a las cocinas por un bocadillo?- propuso Canuto, frotándose la barriga.- Tengo un hambre voraz.Graaaaa.
-Yo igual.- agregó Remus, con el rostro pálido.
-¡Yo también!
-Cállate Colagusano. ¿Vienes Harry?
-Escóndanme de Gretel.
-¿A las cocinas? Pero… ¿cómo? Aún no es hora del almuerzo.- preguntó Lily confusa, poniéndose de pie.
-Oh, Pelirroja querida, hay mucho que tienes que aprender.
¡Hola lectores queridos! ¡Muchas gracias por seguir leyendo! Estamos a solo un capítulo más del final. Nos vemos en la próxima, para la última actualización. Gracias.