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Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? — capítulo 9
Capítulo 9: ¡Merodeadores al ataque!
**"**Hubo un tiempo en el que no estaba seguro, pero no hay duda de que estás en mi corazón ahora"
Patience- Guns n' Roses
Lo vi caer con el corazón vuelto loco. "¡James!" quise gritar, pero mi garganta irritada y seca no emitió ningún sonido. Cubierto en sangre, aterrorizado y sin esperanzas, creí que esa sería la última vez que vería a James. Quería abalanzarme contra él, abrazarlo por última vez y decirle aquello que nunca le había podido decir. Mis rodillas se doblaron para correr hacia James, pero entonces sentí la muerte tan cerca de mí que me estremecí. La bestia venía hacia mí.
Aferré mi varita, pero por más que intentaba, no podía articular ningún hechizo. Ni siquiera recordaba alguno. No me había servido de nada toda esa educación mágica, si ahora no era capaz de salvarnos. Era tan tonta… todo era mi culpa. Moriría. Moriríamos los dos. No había salida, no tenía caso luchar.
Una duda surgió en mí. Miré a los ojos, amarillos, fríos, filosos y salvajes del lobo. Clavé mi mirada en la de él, y suspiré, al menos con un poco de alivio entre tanta desesperación. Una pequeña lucecita de alegría apareció en mi corazón. Ése ser, no era Remus. Aún siendo un hombre lobo, Remus no podía tener esa mirada. No moriría en manos de Remus, al menos.
Miré a James. Y mis ojos se anegaron de lágrimas. Fui una tonta al rechazarlo por tanto tiempo, sabiendo que lo amaba. Lo había empezado a amar desde el día en que lo conocí, y sus ojos cafés se encontraron con los míos. Con una sola mirada me hizo sonreír esa noche, cuando sola en mi habitación, recordé sus ojos. Y aunque fuera engreído, su perseverancia me resultaba dulce. No lo admitiría, por supuesto. Simplemente el orgullo me obligaba a callar. No podía admitir que adoraba en secreto al chico que se burlaba de mi mejor amigo Severus, al chico que era tan popular y deseado, al chico perfecto… no quería ser como todas las chicas que lo amaban y veneraban como si fuera un Dios. Yo no quería ser igual a ellas. Yo era diferente, después de todo.
Siempre odié su egoísmo, y yo era más egoísta que él. En la oscuridad del bosque, recordé cuando en cuarto grado le pregunté de malhumor porque no invitaba a otras chicas a salir. Me había dicho que no tenía ojos para ninguna otra, porque yo era el amor de su vida. Los Merodeadores habían reído, y creí que era una burla. Pero en la noche, entre sueños, recordé lo serios y maduros que eran sus ojos. Había dicho la verdad, y yo lo sentía.
Y a pesar de tantos rechazos, él seguía insistiendo e insistiendo. Muchas veces creí que solo era un juego, pero sus ojos me decían lo contrario. Sus ojos. Su risa. Su sonrisa. No lo dejaría ir tan fácilmente. No lo dejaría ir, jamás.
No supe de dónde saqué las palabras, pero lo hice. Abrí la boca, con el ceño fruncido y las manos fuertemente apretadas alrededor de mi varita. Aspiré una fuerte bocanada de aire frío, el hombre lobo se abalanzó sobre mí ante la amenaza de mi varita… pero no logró tocarme.
-¡Levicorpus!- Voló en el aire y quedó colgado de cabeza, agitando sus patas y rugiendo feroz. Sus ojos me miraron, deseaba matarme. Se retorció desesperado, y yo grité sin saber que hacer ahora. ¡Parecía que se liberaría de mi hechizo y me mataría! Miré hacia todas partes, pero no había dónde esconderme. Podía huir y pedir ayuda en Hogwarts pero James… no sobreviviría. Estabaperdiendo mucha sangre. ¡No había ninguna escapatoria! ¿Qué haría, qué haría?
"James." Pensé, y sin meditar nada más, corrí hacia él. Se me llenaron los ojos de lágrimas al verlo. Sus ojos estaban cerrados. ¿Estaría…? ¡No! ¡No podía estar muerto!
-¡James!- grité, sacudiéndolo por los hombros. No respondía. ¡No respondía! ¡No podía estar muerto, no! - ¡James, James, James!
Seguí llamándolo, mis dedos estaban clavados en sus hombros. No podía estar muerto. No. Su piel estaba pálida, y estaba bañado en sangre y sudor. No podía morir. No estaba muerto. Lo agité más, no moriría. ¡No podía irse! Teníamos una vida por completo adelante… porque lo amaba. Siempre lo había hecho, y ahora podía decirlo al aire entero. ¡Amaba a James Potter!
Escuché un rugido y luego una caída estrepitosa. Solo tuve un segundo para ver al hombre lobo corriendo hacia mí, furioso.¡Se había liberado de mi hechizo! Maldije con un grito desesperado. Cerré los ojos y tomé la mano de James. La apreté con fuerza. Era el fin.
Pero otro gruñido me hizo abrir los ojos. Era un hombre lobo, de pelaje café. Fue lo único que alcancé a ver, cuando pasó como un borrón frente a mí, estrellándose contra el hombre lobo que venía a atacarme. Grité, y abrí los ojos de par en par, sin entender lo que pasaba. Antes de que pudiera pensar siquiera, otro borrón oscuro y enorme pasó a mi lado, y se abalanzó hacia el hombre lobo que había dañado a James. Congelada, rogué a mis pies que reaccionarán, pero parecían estar muertos.
-Podemos escapar, James, podremos hacerlo…- murmuré, hablando más para mí que para él.- Lo haremos juntos, James. Aguanta un poco más… por favor, no te vayas.
Mientras decía esto, trataba de ponerme de pie, con las rodillas temblándome tanto, que no me era posible caminar. Aún así, puse un brazo de James alrededor de mis hombros, y tiré de él. Pero no podía siquiera levantarlo. Miré de reojo a las bestias que ajenas a lo que me sucedía, peleaban a unos cinco metros de mí.
-¡Lily!- dijo una voz conocida, me sobresalté sin poder creerlo. Colagusano se encontraba a mí lado, sudoroso y pálido. Palideció aún más al ver a James. No me di cuenta que lo acompañaba un chico con un brazo cubierto totalmente de sangre. Era pequeño, y pecoso, tenía una expresión bañada completamente en el terror, pero en su mirada había una extraña alegría. Me pregunté quién era y qué hacía ahí, pero mis dudas no duraron ni un segundo, cuando otras cosas entraron a mi mente.
-¡Peter, oh, Peter!- repuse entre lamentos, hablando alto para hacerme oír entre los sonidos de la pelea de las bestias. Muchas preguntas salieron de mis labios a borbotones, imparables, sin entender nada. Peter no respondió a ninguna. Se limito a levantar a James del suelo, y mantenerlo de pie.
-Si-sigue vivo.- replicó, aliviado. No supe que decir. Solo abrí la boca. Estaba vivo. James estaba vivo. Los salvaríamos.-Ya vienen a ayudarnos del castillo… ya vienen. Hay que alejarnos de aquí… ahora… ayúdame a cargarlo.
Miré por un minuto a los lobos peleando, pero Colagusano me apremió. Entre lágrimas y sollozos, sostuve los pies de James mientras Colagusano lo tomaba de las axilas y hacía el esfuerzo para cargarlo. A duras penas logramos alejarnos unos quince metros. Los rugidos salvajes de la pelea aún se escuchaban fuertemente. Contuve la respiración, y le puse una mano a James sobre la frente. Ardía en fiebre, pero al menos estaba vivo. No encendimos ninguna luz. Pero sentí como si una luz extraña saliera de mis propias entrañas. Una luz que quemaba e irradiaba dolor. Era como sí la sangre se me congelará en un fuego ardiente y frío. Jamás había sentido con tanta fuerza esa sensación. Pero me puse de pie de un salto, y antes de que nadie pudiera detenerme, corrí hacia el lugar de batalla.
Venganza. La conocía bien. Quería venganza. Ése mounstro había tratado de matarnos, y seguramente estaríamos muertos de no ser la ayuda inesperada. No lo dejaría ir vivo. No permitiría que ese ser que había hecho tanto daño a James siguiera vivo… no merecía seguir vivo. Lo mataría. Lo mataría y vengaría todo lo que había hecho en su vida.
-¡No, Lily!- la voz de Colagusano sonó ahogada detrás de mí. Fue un susurro débil y desesperado, pero al poco sentí su mano aferrándose con fuerza a mi brazo, obligándome a detenerme. Me encontré con los ojos asustados y saltados de Colagusano, que embargados de pánico, brillaban en la oscuridad. -¡No! ¡Vuelve!
-¡Suéltame! ¡Suéltame, Peter! ¡Ahora o te lanzaré una maldición!- lo amenacé. No controlaba mis acciones, mucho menos mis palabras. Toda mi existencia estaba guiada por ese fuego que exigía quemar a todo aquél que me había dañado. A mis seres queridos, y a mí.
Ante la mención de la amenaza, Colagusano estuvo a punto de desistir y soltarme, sus dedos se aflojaron un poco. Me sacudí, tratando de liberarme nuevamente, pero el chico aferró sus dedos con más fuerza. Me giré a verlo, empuñando la varita, pero la mirada de Peter me hizo controlarme.
-James te necesita… con él.- susurro.-Sin ti… no logrará nada.-No eran unas palabras sabias ni un discurso de un graduado, pero fue suficiente. Suspiré, las manos me temblaban. Aún sentía el fuego arder dentro de mí. Pero la preocupación por James lo hizo apagarse casi por completo. Sin saber bien porque, me eché a llorar como una tonta. Me sentía inservible, pero James necesitaba que alguien lo cuidara. Con largas zancadas, llegué desesperada en pocos pasos hacia él, seguida fielmente por Peter.
-¡Aguamenti!- murmuré, empapando a James con un chorro de agua fría, con esperanza de que bajara la fiebre. Colagusano me miraba atento, había algo extraño en sus ojos. Respiraba superficialmente.- James…- susurré.- Aguanta un poco más… un poco más…
Los alaridos seguían. Miré seria a Colagusano. Y de pronto, recordé todos los hechizos que había aprendido durante mis siete años de educación mágica. Y me dispuse a sanar lo más que pudiera a James, murmurando conjuros por lo bajo. Un aullido cortó la noche en pedazos.
-¿Es… Remus?- cuestioné, temerosa. Mi voz no fue más que un murmullo casi inaudible.Él pareció sorprendido, abrió los ojos de par en par y arqueó las cejas, pero asintió en silencio. El chico pequeño sollozaba en el suelo, por lo que supuse que no había escuchado nada. Esperé que aunque lo hubiera hecho, no entendiera nada.
-Así es. Son Remus y Sirius.- agregó. Pareció esperar mi reacción, pero no hice otra cosa que sollozar.
-Gracias por salvarnos.- dije.- Gracias…
Mis ojos se posaron en James, y no se apartaron de él en un tiempo que pareció eterno. Pero finalmente, un largo alarido de dolor provino del claro dónde había iniciado la pelea. Y al tiempo, llegó entre los árboles el sonido de alguien acercándose. Por sus pisadas, parecía humano. Y lo era.
-¿Colagusano? ¿Lily?- era la voz de Black. Apareció entre la oscuridad, su rostro casi no se veía, pero cojeaba notablemente. Me levanté instantáneamente, y corrí hacia él.
-¡Sirius! ¿Qué ha pasado? ¿Qué…? ¿Dónde está Remus…? ¡Lo siento tanto, todo esto es mi culpa!- balbuceé, con aplomo. Sirius, me observó en silencio y luego sonrió. La sonrisa se desplazo de sus labios a sus ojos. El chico pequeño le entregó a Black una varita, que él tomó con gusto.
-Remus está un poquito de mal humor, así que fue a descargar su ira con un lobito que anda por ahí. Llegará a tiempo para la cena, por sí alguna de tus amigas quiere disfrutar de una velada romántica con él.- bromeó, su voz fue amable. Me escrutó un rato, y al poco tiempo agregó.- No te preocupes Lily, Remus estará bien. Ese hombre lobo está muy malherido y es bastante viejo, y Remus sigue siendo un jovencito voraz y ardiente.
Soltó una carcajada perruna, sonó mas al ladrido de un perro que saluda a su amo. Al poco tiempo se le unió Colagusano, con una risa más bien forzada y nerviosa y en unos segundos el chico pequeño soltó una risita y finalmente yo termine sonriendo. Le pasé una mano a James por su sudorosa frente, y mi repentina alegría desapareció súbitamente. Sirius se arrodilló pesadamente junto a James, y lo miró con nostalgia.
-Este chico… siempre tratando de lucirse.- murmuró entre dientes.- Pasó lo mismo en su primer partido de Quidditch. Trató de llamar tu atención dando un giro en el aire y casi se quiebra un brazo.- Sirius habló con seriedad, con los ojos plasmados en su amigo. Suspiró audiblemente.- Tranquila Evans, Cornamenta es fuerte. Y ahora tiene un buen motivo por el cual luchar.
Dicho esto, Canuto me miró con un extraño sentimiento en los ojos. Eran los mismos ojos de una madre que ve a su hijo crecer y salir de casa. Me tendió una mano, sucia y manchada de sangre, y yo se la tomé con alegría.
-¿Tregua?- preguntó, agitando nuestras manos.
-Tregua.- confirmé. La voz se me quebró por las nuevas lágrimas de alivio y miedo. No entendía muy bien que había pasado esa noche.
-No dirás lo mismo cuando me veas pulguiento y peludo cuidando de su hijo…- repuso Canuto, señalando con la mirada a James y luego a mí.- Creo que merezco ser el padrino.
Me reí, mientras asentía. Apreté la mano de James con más fuerza, y guardamos silencio por unos instantes. La noche parecía tranquila y silenciosa desde dónde estábamos. Perdidos en algún punto del bosque, probablemente lejos de cualquier mago o humano. Solos, solo nuestras respiraciones se escuchaban. Entonces, recordé de pronto algo, y mirando ceñuda a Colagusano, le pregunté:
-¿No dijiste que venían a ayudarnos del castillo?
Colagusano se inquietó, y se encogió de los hombros, avergonzado. Canuto respondió por él.
-Oh, no seas tímido Colagusano, Lily es uno de los nuestros ahora. ¡Incluso puedes tratarla como un chico…! Bueno, no, en realidad no… no veas así Lily.- no se me pasó por alto que por primera vez me llamaba "Lily" en lugar de "Evans".- Digamos que Quién-ustedes-saben mando unas pocas de sus huestes para hacer travesuras en Hogsmeade. El hombre lobo que los atacó era uno de ellos, hay un par más de esos perritos peludos por aquí…pero Lunático y yo ya nos encargamos de eso. Sin embargo, puede que se les complique encontrarnos… deberíamos tratar de llegar nosotros hasta el castillo… Oye, ¿estás bien? Esa herida se ve fea, está sangrando mucho…- mencionó preocupado Canuto, mirando de soslayo al chico pequeño. No había recordado las heridas de los demás. -
-Gra…gracias.- susurró. Tenía una voz frágil y pequeña.-Me duele un poco… pero estoy bien…- el chico miró con orgullo y respeto a James, en el suelo aún.
-¿Cuál es tu nombre?- preguntó Canuto. El chico bajo la mirada tímidamente.
-Ha…Harry Creevey.
-Qué lindo nombre…- murmuré para mí, pero Harry sonrió con gentileza, mientras se apretaba el brazo sangrante. Me dispuse a realizar hechizos que pudieran ayudarlo a detener el dolor. Cuando termine con Harry, me volví a sanar como pudiera la pierna que cojeaba de Canuto.
-Creo que debemos quedarnos aquí, será más fácil que nos encuentren sí permanecemos en un solo lugar.- propuse, después de un rato.- Pero…James me preocupa. He hecho todo lo que pude…y ya no sangra. Pero sigue estando pálido y teniendo fiebre. Además, el brazo de Harry no sanará con mis hechizos, tiene heridas muy profundas… Tiene que estar sucediendo algo muy grave para que nadie venga en nuestra ayuda…
Pero justo en ese instante, dónde mis esperanzas volvían a perderse, voces y pasos resonaron en la oscuridad, vociferando nuestros nombres. Entre la oscuridad vimos una luz inmensa, blanca y llena de esperanzas, y unas chispas rojas y verdes salpicaban el bosque. Al poco tiempo, el profesor Dumbledore apareció entre los árboles, con un feo tajo sangrante bajo la mejilla, pero con una enorme sonrisa. Todos nos pusimos de pie de inmediato, excepto James que seguía inconsciente, y coreamos su nombre al unísono con la alegría extendida en todo nuestro rostro. Detrás de Dumbledore había una media docena de magos, todos armados con varitas. Me sorprendió ver entre la multitud, la figura oscura y pálida de Severus, casi invisible entre las sombras. Tenía la mirada en el suelo, y evitaba mirarnos a cualquier costo.
Estábamos salvados. James estaría bien.
-Han sido muy valientes está noche.- dijo Dumbledore, con orgullo.- Y para los valientes siempre hay esperanza, a pesar de qué tan oscuros sean los días. Volvamos a casa.
Y con un simple movimiento de su varita, hizo volar delicadamente a James por el aire, como si estuviera recostado en una camilla invisible. Y caminamos en una caravana hasta llegar al final del bosque. Los jardines de Hogwarts eran tranquilos, pero había un gran alboroto en Hogsmeade. Gritos y lamentos llenaban el aire, lo que me provocó una horrible sensación. Me pregunté qué habría pasado. Me pregunté qué tanto daño había hecho ese ataque a los aldeanos. Las pérdidas, ¿cómo se sentiría perder a alguien que amabas? El sentimiento de desesperación, nostalgia y tristeza que me había invadido en el bosque junto al cuerpo enfermizo de James… ¿podrían compararse algún día con el dolor de la muerte? Apreté los puños con fuerza. El qué no debe ser nombrado hacía mucho daño. Demasiado para permitirlo.
Avanzábamos en silencio, a excepción de las voces de Canuto y Colagusano que cantaban desentonadas una balada alegre, celebraban salir a salvo del Bosque Prohibido. Me parecía demasiado extraño que estuvieran tan relajados con su amigo delirando e inconsciente y su otro amigo transformado en hombre lobo en el bosque. Al preguntarles sobre esto, ellos se encogieron de los hombros diciendo que "ya había estado peor antes". Severus caminaba al lado de Dumbledore, con su andar torpe y pretensioso. Sus labios estaban apretados en una fina línea. Tiré de su brazo.
-Severus… gracias.- le murmuré. Él no me miró a los ojos, ni respondió nada. Me ignoró. Pero aún así, vi que formaba una discreta y casi imperceptible sonrisa cuando creyó que yo ya no lo veía. Él siempre había tenido razón. Remus era un hombre lobo. Pero no era yo quién se lo confirmaría. Ese secreto se iría conmigo a la tumba. No causaría más problemas por abrir mi bocota.
Entonces, una duda me asaltó. ¿Sirius también era un hombre lobo? Colagusano había dicho que Remus y Sirius estaban peleando contra el hombre lobo… yo había visto bestias atacando al hombre lobo…una debía ser Remus y la otra Sirius… entonces, una vaga y loca idea abordó mi cabeza. James era un animago. Se había transformado en un ciervo. ¿Sería Sirius algo parecido? Sí esto fuera cierto… ¿qué sentido tendría convertirse en animago? ¿Serían legales o ilegales? Conociendo a los Merodeadores, obviamente todo sería completamente ilegal. Fruncí el ceño, y sacudí la cabeza, alejando esas preguntas de mí. No causaría más problemas por abrir mi bocota.
Pero una nueva duda que no había aparecido en mi cabeza ni un solo momento, llegó de improvisto… ¿James se convertiría en un hombre lobo, acaso? ¿Había sido mordido? De nuevo, el fuego de la venganza comenzó a arder dentro de mí… sí James era un hombre lobo… no me lo perdonaría ni a mí ni al hombre lobo que lo había convertido.
Cuando llegamos a las puertas del castillo, y estás se abrieron, una oleada de aplausos nos recibió. Muchísimos alumnos nos adulaban y felicitaban con alegría cuando pasábamos frente a ellos. No entendía porque, pues que yo recordará no había hecho nada que mereciera ser aclamado esa noche. No entendía porque aplaudían. El mérito era de Canuto, Colagusano, James y por supuesto, Remus. Ellos nos habían salvado en el bosque, hasta que Dumbledore nos había rescatado.
Tenía los oídos aturdidos por el ruido, y no terminaba de captar que sucedía. La señora Pomfrey, vestida con una bata descolorida, se acercó a nosotros y nos condujo hacia la Enfermería, acompañados por Dumbledore. Yo tomé la mano de Jamesfirmemente, decidida a no separarme de él en ningún momento. Me aferraría a su cuerpo aunque Dumbledore y todo el colegio se negaran. Pero nadie intento dicha hazaña.
Todo estaba bien. La señora Pomfrey insistió en qué debía descansar, pero me negué hasta comprobar alguna mejoría James. Fui totalmente apoyada por Sirius, quién se aferró a James de igual manera que yo. La enfermera no renegó tanto, quizás aceptando que aunque insistiera, no lograría que Sirius y yo descansáramos hasta ver a los chicos bien. Colagusano fue vencido por el cansancio y cayó dormido apenas su cabeza tocó una almohada. Harry y James fueron curados rápidamente, la señora Pomfrey era hábil y les aplicó una gran variedad de ungüentos, hechizos y bebidas que al poco tiempo les confirieron un aspecto mejor. El color volvió al rostro de James antes de lo que imaginábamos y su cuerpo volvió a una temperatura normal. Las heridas cicatrizaban rápidamente. La señora Pomfrey nos calmó diciendo que ninguna de las heridas convertiría a James en hombre lobo. Tuve una enorme sensación de alivio. Harry había tenido suerte también, pues solo había recibido rasguños por parte de la bestia.
No había señales de Lupin, pero Sirius me sugirió no preocuparme mucho, asegurando que él estaría bien. Pero Black no parecía totalmente convencido con esto, y se alegró bastante cuando Dumbledore llegó con paso fugaz a la enfermería y nos susurró en voz baja:
-El señor Lupin está bien. No se preocupen.- antes de salir corriendo con una bruja menuda que lo llamaba desesperadamente desde el umbral de la enfermería.
Dumbledore andaba de un lado a otro, ocupado, pero se daba su tiempo paraguiñarnos un ojo amistosamente. Pero por fin, podía respirar tranquila. No entendía muy bien lo sucedido esa noche, pero los párpados se me cerraban sobre los vidriosos ojos, que me ardían y estaban rojos de tanto llorar. Mañana sería otro día, y podría preguntar con exactitud a todo el mundo lo que realmente había sucedido esa noche. Suspiré, mientras recostaba mi cabeza sobre la almohada de la enfermería. Veía la silueta de James a dos camas de mí. Aún estaba inconsciente, pero la señora Pomfrey había asegurado que pronto despertaría lleno de "nuevas locuras con las cuáles hacer sufrir al colegio entero". En medio estaba Harry, durmiendo apaciblemente.
Sentía que había aprendido más esa noche que en toda mi vida. Me sentía nueva.
Lo habíamos logrado. Estábamos vivos, y sanos. Todos nos recuperaríamos pronto. James estaba conmigo. Estábamos juntos. Y no habría nada que me pudiera alejar de él de ahora en adelante.
Pues sí, Jennifer, Nany y Alice estarían muy felices cuando les confesará lo qué habían esperado escuchar desde hace mucho tiempo: que yo, Lily Evans, amaba a James Potter, había encontrado a mi otra mitad… y era una Merodeadora ahora. Me quedé profundamente dormida al poco tiempo.
¡Hola queridos lectores!
¿Cómo están? Espero que muy bien. Como siempre, perdón por la tardanza… pero espero que les haya gustado este capítulo, que en lo personal, a mí se me hizo algo emotivo ;) Nos quedan tan solo dos capítulos más (o quizás solo uno, depende de cómo quedé el siguiente capítulo) para el final.
¡Nos vemos a la próxima! ¡Muchísimas gracias!