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Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? — capítulo 8
Capítulo 8: El hombre lobo II
"Por favor, perdóname. Quizás así tú entiendas, y dejes de llorar por este hombre, porque este hombre está vencido."
Low's Man Lyrics. Metallica
Lily puso una cara de completo desconcierto, mientras que sus facciones se endurecían y sus ojos se tornaban severos. Abrió la boca, pero lo único que salió de sus labios fue un gemido tembloroso. Yo, trasformado en un ciervo, la observé sin hacer ningún otro sonido que el de mi profunda y ruidosa respiración. Veía mi aspecto de animal reflejado en sus ojos verdes y brillantes.
Supe, con el solo hecho de mirarla a los ojos, que era lo que estaba pensando: que Quejicus siempre había tenido razón, él siempre había dicho la verdad sobre nosotros. Éramos unos muchachos estúpidos e inmaduros, que rompíamos las reglas por mera diversión. Teníamos muchos secretos ocultos, entre ellos, ser animagos ilegales. Remus no estaba enfermo, era un hombre lobo, y habíamos engañado por siete años a todo el colegio. Era cierto, todo era cierto. Snape siempre lo había sabido todo.
Resoplé con fuerza al pensar en la sonrisita que Quejicus pondría en su cara de idiota en ese momento. Casi podía escuchar su voz apagada y asnal, mientras le repetía a Lily cientos de veces la misma oración: "Te lo dije.", con sus ojos fríos y su presuntuosidad. Snape no tardaría en extender el chisme. Y Lunático no podría seguir estudiando. Y Canuto, Colagusano y yo probablemente iríamos a Azkaban. Y ahí se acababa el futuro. No me casaría con Lily, ni tendría ocho hijos con ella. No habría "Vivieron felices para siempre".
No entendía como pequeños detalles podían convertirse en grandes errores. Quizás Sirius había tenido razón, y había puesto a Lily sobre todas las cosas, incluso la seguridad e integridad de mi amigo Lunático. Lunático, quién nunca nos había fallado. Lunático, quién lloraba a escondidas cuando él creía que nadie lo oía. Lunático, a quién el amor le parecía algo lejano e imposible. Remus siempre deseaba proteger a los demás. A mí. Y yo puse a una chica sobre todo aquello.
Las cosas cambiaban tan pronto. En esa misma mañana yo había sido feliz. Tenía el apoyo de mis amigos, una cita con la mujer de mi vida y un día que parecía estar lleno de felicidad. Todo se había caído abajo, y no entendía porque. Había sido injusto. Cruel. Siete años luchando por esa cita, y justo ese mismo día, pierdo a mis mejores amigos y pongo en peligro a varios alumnos, e incluso a Lily. ¡Era injusto! ¿Por qué hoy? ¿Y por qué yo? Habiendo tantas personas en el mundo, me tocaba a mí. Sólo a mí.
Un sonidito me sacó de mis oscuros pensamientos. Jamás había estado tan emotivo en mi vida, probablemente nunca había sentido lo que sentía. Me sentía devastado, incompleto… me habían quitado dos piezas importantes en el rompecabezas: Mis amigos y Lily. Y ahora, la última lloraba. Sollozaba en silencio, con la cabeza apuntando al suelo, y los ojos cerrados. Por las mejillas resbalaban perladas lágrimas, y sus puños estaban apretados, junto a sus costados. Parecía furiosa, supuse que lloraba del enojo.
De mi garganta animal salió un dulce sonido. Quise decir "Perdóname", pero lo único que logré fabricar siendo un ciervo fue ese sonido. Al ver mi incapacidad para hablar, baje mi enorme cabeza de ciervo, y cerré los ojos. Esperé en silencio a qué Lily dijera algo, pero no lo hizo. Supuse, cuando volví a abrir los ojos y ver su mirada asesina, que ninguno de los dos diría nada.
Me di media vuelta, listo para echarme a andar hacia el bosque. Aún podía hacer algo bueno esa noche. Aún podía hacer algo. Pero justo cuando flexioné las rodillas para ponerme a correr, Lily habló. Y lo hizo con una voz fría y repleta de resentimiento.
-Severus tenía razón sobre ti. Siempre la tuvo.- me espetó. Me quedé congelado, sin mover ni un músculo.- Me dijo que ustedes no valían la pena. Que eran unos inmaduros que escondían algo malo. Animagos ilegales, ¿eh? Nos mintieron a todos. Me mentiste a mí.
No entendía. Estaba de acuerdo que Lily tenía el derecho de estar molesta, pero quizás estaba exagerando. No era la orgullosa Lily que fingía no importarle nada que se relacionara conmigo. Era como sí le importará. Como sí yo le importará.
-Ahora sé en quién sí puedo confiar.- murmuró.- Me pregunto qué otras cosas que dijiste fueron mentiras.
Negué con la cabeza, sin saber bien porque. No había mentido en nada más. Podía jurarlo.
-Seguro que la cita también es una mentira.
¡Demonios! ¡¿Por qué todas las mujeres se lo tomaban tan personal tan de repente?! Apenas les mientes gravemente un par de veces, y creen que también tus conquistas son mentiras. ¡Mujeres! ¿Quién las entendía? De lo único que podía estar completamente seguro y jurar ante quién fuera que era cierto, era que Lily no era un juego.
Me transformé de nuevo en humano. Después de mucha experiencia en mi transformación, me resultaba fácil hacerlo. Mi cabeza me daba muchas posibles respuestas a las sentencias de Lily, pero no pude decirlas. De nuevo, fui cobarde, y no me atrevía a decirle que la amaba.
-Tienes que volver.- le dije, muy serio. Mis ojos traspasaban sus ojos por detrás de mis gafas. En sus ojos verdes aún quedaba el rastro de las lágrimas que habían aparecido hace un momento.
-No.- respondió fríamente. Suspiré, exasperado.
-¡Vuelve o vas a morir, entiende!- continué, agitando las manos. Lily se plantó firmemente en el suelo, y cruzó los brazos sobre el pecho.- ¡Hazlo, Lily!
-¡No!- le tomé el brazo con fuerza, y tiré de ella, cruzando el claro de un lado a otro con grandes y ruidosas zancadas. Lily se retorcía y gritaba.- ¡Déjame ahora, Potter!
Recordé con pesar que en algún momento ella me había llamado James, con voz dulce y nerviosa. Lily tenía carácter, decidí, mientras me fulminaba con la mirada. Parecía desear golpearme. Le solté el brazo, y le respondí la mirada. No entendía. Era terca y descuidada, no se daba cuenta de que estaba en peligro. ¡Ella podía morir! Y jamás me perdonaría eso. Estaba seguro.
-¡Vete!- le insistí, mascullando a medias, con la mandíbula apretada.- ¡No hay tiempo, vete!
-¿Para qué? ¿Para qué hagas una tontería? ¿Para qué finjas ser un héroe? ¿Para probar que eres valiente y fuerte como un Gryffindor?- respondió en un tono burlón.- ¿Por qué quieres que me vaya, Potter?
-¡Por el simple hecho de que quiero protegerte!- gruñí. Lily se quedó pasmada, por un momento pareció ser débil, y luego volvió a ser la misma Lily de siempre: dura y orgullosa. Cruzó los brazos sobre el pecho nuevamente, y supe por la expresión de su cara, que no se iría. Hubo una dolorosa punzada de la herida sangrante de mi mejilla. Seguramente tendría un aspecto horrible. Estaba perdiendo mucha sangre, y mucho tiempo. Valioso tiempo. Sentí un nudo en el estomago al pensar en que podría estar sucediendo con el chico secuestrado. Y con Lunático… Estaba desesperado.
-Voy contigo.- anunció. No me quedó de otra que seguirla, renegando, mientras se insertaba entre los árboles del bosque. Andábamos sin luz, con las varitas apagadas para no atraer a ninguna criatura. Ninguno de los dos decía nada, y el silencio era total. El mayor ruido era el sonido casi afónico de nuestros pasos sobre el pasto. Se sentía la tensión entre ella y yo, pero al mirarla de reojo, descubrí que ella estaba haciendo justamente lo mismo.
Al poco tiempo, comencé a dudar hacia dónde íbamos. Mi sentido de orientación me decía que nos dirigíamos hacia el norte, justo al lugar de dónde hace unos momentos habíamos escuchado el aullar de un lobo. Apreté con fuerza mi varita, y aspiré una profunda bocanada de aire. Lucharía por mi vida y por la de Lily.
Mis oídos estaban alertas, puesto que mis ojos solo veían las sombras de los árboles. El vello de mi nuca estaba erizado, pero no le di importancia. Sentía como si unos enormes ojos rojos miraran mi espalda escondidos entre la hierba. No podía evitar sentirme observado.
Lily respiraba ruidosamente a mi lado. Sus ojos brillaban, y su melena pelirroja estaba cubierta de hojas y ramas. Tenía la cara manchada de un poco de tierra, justo sobre su ceja derecha. Me pregunté cuando se había manchado así, pero no tuve tiempo de hacerme de una respuesta.
Escuché un ruido de algo moviéndose detrás de nosotros. Lily contuvo un grito ahogado, y se giró al mismo tiempo que yo hacia el arbusto de dónde provenía el ruido. Vi claramente algo agitarse entre las sombras, y el corazón se me detuvo por un momento. Inmediatamente, la frente se me llenó de sudor frío, pero mi mano estaba fuertemente aferrada a mi varita. Flexioné las rodillas, respiré profundamente, y escudriñé a la oscuridad. De reojo vi a Lily hacer lo mismo, haciendo uso de su valentía.
-Está aquí.- susurré. Ella se limitó a asentir.- Lista para su ataque.- le aconsejé. Mis palabras eran más para mi mismo que para ella. Levanté la vista a la oscuridad. - Podemos usar un Homorphus*, pero… no soy capaz de realizarlo.
-Ni yo. Es magia muy poderosa.- susurro Lily, a su vez. Nos miramos preocupados, sin perder la guardia. No sabíamos que íbamos a hacer. Pero teníamos que hacer algo.
-¡Expelliarmus!- susurré, apuntando al arbusto. Una luz verde y centellante salió de mi varita, encandilándome los ojos por un momento de desesperación, en el que oía un gruñido, el ruido de ramas quebradas y un golpe seco y dulcemente lejano. Me giré hacia Lily, que sostenía su varita con fuerza.
-¡No te descui…!-comenzó, pero se vio interrumpida con el nuevo aullido de la bestia. Escuché un inquietante sonido que persecución, avisándonos que se acercaba la misteriosa criatura otra vez.
-¡Corre!- me limite a ordenar, echándome a correr rápidamente yo también. Tome la mano de Lily y tire de ella, guiándola entre las ramas del bosque. Podía oír la respiración ruidosa y los pesados pasos del hombre lobo detrás de nosotros…mire hacia atrás impulsivamente, para alcanzar a ver entre la oscuridad, una figura aún más oscura que la noche misma… Estaba casi pisándonos los talones.
Apreté el paso, y tome con más fuerza mi varita, sin dejar de mirar de reojo hacia atrás…el corazón me latía a mil por hora, como el de un colibría asustado, y sentía mis manos sudar del nerviosismo. Escuchaba el latido de mi corazón en mi sien, y al poco tiempo apareció un punzante dolor en el fato. Eché una miradilla a Lily, cuyo cabello se hallaba cubierto de ramas y hojas, despeinado y mojado por el sudor. En sus ojos brillaba el miedo, y supuse que en los míos también.
Escuché un silbido, y me volví justo a tiempo para ver como una garra con enormes uñas lanzaba un zarpazo hacia nosotros. Le di un empujón a Lily, pero yo era muy lento: una pequeña herida se abrió sobre su brazo, derramando oscuras gotas de sangre. Lily soltó un gemido agudo y escalofriante, y se aferró a mi brazo, mientras que yo me quedaba congelado viendo como el hombre lobo se volvía hacia nosotros para volver a atacar.
Tenía el cabello crespo, erizado y de un color gris oscuro, sin brillo y sin movimiento, como sí lo hubieran cubierto de cera para que no se le levantara cabello alguno. Los ojos eran macabros y penetrantes, salvajes y fríos, de un horrible color gris. El hombre lobo tenía una enorme cicatriz sobre la nariz, que terminaba en la mitad de su frente, después de atravesar su ojo derecho. La saliva que salpicaba de su boca estaba pintada de color rojo, y había unas cuantas heridas sobre sus patas.
La revelación me cayó encima como un piano. ¡Ese lobo no era Remus! Tenían un color parecido, y eran igual de salvajes, pero, definitivamente, había algo en ese mirada, en esos gestos y en ese rostro; que no pertenecía a Remus. Ese no era Remus. ¡Remus no era ese lobo salvaje que nos había intentado matar!
Pero entonces… ¿dónde estaba Remus?
Un grito de Lily y su dedo tembloroso señalando al hombre lobo me hizo despertar y recordar dónde estaba. Lily estaba aferrada a mi brazo, con la varita en una mano temblorosa y fría.
La mire de reojo, y en ese momento supe que era lo que tenía que hacer. Había jugado a ser hombre durante mucho tiempo, creyendo que lucir genial, ser popular y tener muchas chicas a la mano era ser un verdadero hombre. Hasta esa mañana creía que la vida de un hombre era fácil. Que ser un hombre feliz era simple. Que solo necesitaba conquistar a Lily y ya. Todo sería perfecto.
Ser un hombre era más que eso. Ser un hombre era lucha por defender lo que amaba. Tenía que ser valiente para proteger a aquellos quienes apreciaba. Me vino a la mente el rostro asustado de Lily, el molesto semblante de Sirius, la cara de rata de Colagusano… y la palidez y tranquilidad de Remus.
No había sido un hombre jamás. Y ahora, debía serlo sí realmente quería ser feliz.
Aparté con un empujón fuerte y rápido a Lily, quién cayó al suelo. El hombre lobo, al notar movimiento, se abalanzo sobre mí, pero…
Cuando llegó hasta mí, yo me había vuelto un enorme ciervo. El hombre lobo soltó un gemido de dolor al estrellarse contra mis astas, y cayó a mis pies. Lily soltó un grito cuando me prepare para atacarlo nuevamente, lanzándolo unos metros lejos de nosotros. El lobo volvió a gemir, ahora de furia. Se puso de pie en sus cuatro patas, y corrió hacia mí a gran velocidad, volviéndose un simple borrón oscuro.
Retrocedí unos pasos, pero sus dientes alcanzaron mi pata izquierda, la cual inmediatamente comenzó a sangrar y temblar. Resoplé.
-¡Potter!- gritó Lily, poniéndose de pie y apuntando con su varita al hombre lobo. Este la miró por unos segundos, gruñéndole, antes de abalanzarse sobre ella. Hubo un destello de luz, y el lobo salió disparado hacia atrás, estrellándose contra el tronco de un árbol. Aulló lastimosamente, y se quedó así unos segundos, mientras su pecho se inflaba y desinflaba al ritmo de su profunda respiración.
Aproveché el momento para volverme hacia Lily y señalarle con la cabeza el bosque. Ella, por toda respuesta, negó con la cabeza y se aferró aún más a su varita. Le temblaba el labio inferior, y su ropa se estaba manchando de sangre. ¡Era tan testaruda! Resoplé furioso, y volví a señalar el bosque. Volvió a negar con la cabeza.
Escuché un poderoso gruñido detrás de mí. Me giré inmediatamente, y me encontré con el hombre lobo, listo para atacarme, mostrándome sus filosos colmillos. Las comisuras de sus labios temblaban.
Golpeé el suelo con mis patas, y doblé mis rodillas, listo para defenderme del ataque.
Se lanzó hacia mí con más furia y odio que antes, y cuando sus dientes se clavaron en mi carne, la salvaje criatura uso todas sus fuerzas. Se aferró a mí con sus uñas largas, y lo único que pude hacer fue devolverle la mordida como un animal salvaje, y sacudirme con fuerza tratando de desprendérmelo.
Pero mientras oía los gritos ensordecedores de Lily, las heridas que me causaba la lucha me dejaban agotado. La sangre corría sobre mi pelaje, y mis movimientos se habían vuelto lentos y agotados. Me faltaba aire, mientras resoplaba ruidosamente entre ataque y ataque. El hombre lobo era más veliz y más fuerte. Él quería matarme. Solo se escuchaban nuestros gruñidos y los gritos de Lily.
La miré de reojo una vez más. Su rostro estaba sucio y cubierto de lágrimas. Cerré los ojos un instante. No podía hacerlo. No era tan fuerte… no podía protegerla. Sí no podía protegerme a mí mismo, ¿cómo podía cuidar de ella? No era un hombre. Estaba vencido.
En ese justo instante, en una milésima de segundo, el malvado hombre lobo aprovechó para asestarme una mordida en el cuello. Sentí dolor, y solté un gemido, antes de que mis rodillas se volvieran débiles y me hicieran caer al suelo con un ruido seco. La sangre caliente brotaba de mi piel, manchándome el pelaje. Agonizando, vi que el hombre lobo se volvía hacia Lily.
Yo era un estúpido. Solo había cometido errores en mi vida. Error tras error. Había sido inmaduro. Y esa inmadurez me traía aquí, moribundo en un bosque solitario, únicamente acompañado por la mujer que amaba y que había traído al peligro. Lily estaba en peligro…y yo no podía defenderla. Porque no era un hombre fuerte. La vi llorar, y la escuché sollozar. Traté de ponerme de pie, pero, mis rodillas no respondieron.
Volví mi vista al cielo, dónde la luna llena seguía mostrando su odioso brillo plateado. Como odiaba esa luna.
Y me transforme en humano nuevamente. Un humano ensangrentado y cubierto de heridas que no me permitían moverme. Busqué a tientas mi varita en la oscuridad, pero la detecté varios metros lejos de mí, con el Lumos aún funcionando. Estiré patéticamente la mano, como sí eso me fuera a llevar hasta la varita. No funcionó, y solo logré causarme más daño.
Respiré profundamente, mientras bañado en sudor, trataba de arrastrarme hacia la varita. Lily estaba acorralada, con la espalda pegada al tronco de un árbol y el hombre lobo gruñéndole de frente. No pude moverme ni un centímetro. Estaba vencido. Humillado. Derrotado. ¿Quién imaginaría al gran James Potter así?
Lo último que alcancé a ver, antes de que mi vista se tornará borrosa y se apagará por completo en una oscuridad total; fue al hombre lobo abalanzándose hacia Lily. Escuché, con horror, su grito.
Aquí esta, finalmente, la segunda parte del capítulo, después de mucho tiempo de espera. Les pido una disculpa-espero que no se me haga costumbre pedir disculpas por tardarme en actualizar- y les comento que el final está a 3 capítulos más, en apariencia.
¡Muchas gracias por su paciencia!