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Pelirroja: ¿Saldrías conmigo, por favor? — capítulo 7

Capítulo 6: El hombre lobo I

**"**Sí me necesitas, sabes que iré corriendo"

Love will keep us alive. Scorpions.

-¿Un hombre lobo?- preguntó James. Por un momento su voz resulto temblorosa. Los chicos asintieron, y se enfrascaron en su propia conversación, haciendo lujo de la mayor apatía del mundo. No notaron como James recibía la noticia como un balde de agua fría en la cabeza: negaba con la cabeza, y sus ojos reflejaban profunda tristeza y decepción. Pensé en que podría estar decepcionado, sí en la actitud salvaje de Lunático o en su propia responsabilidad en el hecho de que Lunático hubiera secuestrado a algún alumno.

Todo debería ser mi culpa. No, todo era mi culpa. Mi estupidez, mi lengua habladora, mi actitud chismosa…todo eso había conllevado a esto: Lunático vagando como un salvaje hombre lobo, con un inocente chico que nada tenía que ver. ¡Todo era mi culpa! Canuto no tenía razón al acusar a James de haberme dicho de más… ¡porqué había sido yo quién había obligado a James a hablar! Y ahora, por mi inútil curiosidad, había un chico en riesgo, por no decir una gran y hermosa amistad.

Las cosas se estaban poniendo feas. Horribles, por decir algo. Una vida corría riesgo, y todo por mi culpa.

-Vuelve al castillo, Lily.- me ordenó James, con una fingida expresión serena. Me sonrió tristemente, ante mi mirada de incredulidad.- Anda, todo estará bien.

-James…-fue lo único que pude ser capaz de articular. Sentía como un nudo en mi garganta crecía a cada segundo del tenso tiempo que pasaba. James me puso una mano sobre la mejilla, un gesto que en otra ocasión yo hubiera quitado con una bofetada, pero en este momento, mi debilidad era grande que no me atrevía a moverme. La caricia me resulto confortante, incluso.

-Fue una cita genial. Deberíamos hacerlo más a menudo… pero sin grano.-bromeó, tristemente. Quito su mano de mi cara, y mi piel se quedo fría, gritando a aullidos la necesidad de la mano de James.- Gracias, Lily.

Entonces, se dio media vuelta y se echó a correr en dirección al bosque. No pasó ni un momento, en el que yo me quede con los pies plantados firmemente en el suelo, cuando la oscuridad ya se había tragado a su figura, desapareciéndola en las tinieblas.

Tardé en reaccionar. Al parecer mi mente aún no asimilaba el hecho de que el día había comenzado tan bien…quién imaginaría que hace unas horas bromeaba y reía en la calidez de Las Tres Escobas, disfrutando de la compañía de un James maduro y comprometido a no ser un idiota. Y pensar que podía admitir que la cita me había gustado.

-¡James!- grité, al aire. Sabía que no me escucharía, y mis gritos solo se mezclarían con los otros gritos que se escuchaban en Hogsmeade. El pánico de las personas me aterrorizaba como nunca. Todos corrían de un lado a otro, gritando, murmurando hechizos, llorando… Un par de magos apagaban el fuego con sus varitas. ¿Y yo? ¡¿Y yo?!

-¡James! ¡James!- grité. Tenía que insistir, tenía que intentarlo. El corazón me latía como nunca antes, muerto del miedo, aterrorizado. ¡Todo era mi culpa, tenía que hacer algo!

¿Pero qué podía hacer yo? ¿Yo?

Corría hacia el bosque, impulsivamente. Creo que solo seguía a James. O creía seguirlo. Mis piernas me llevaban, mi cerebro no ponía pensar en otra cosa que James y el chico secuestrado por Lunático. No entendía, y llevaba años creyéndome una bruja inteligente y talentosa. Qué tan equivocada estaba.

Me detuve al borde del bosque, dónde los abetos comenzaban a crecer. Todos tan juntos que las ramas se estrechaban en el sendero, casi invisible bajo la luz de la luna llena que quedaba atrapada en las hojas de los árboles, evitando iluminar el camino. Tuve miedo, y mis piernas se volvieron a plantar en el suelo con tanta fuerza que no ve sentía capaz de moverme aunque mi vida peligrará.

"¡Yo iré a Gryffindor, dónde habitan los valientes!" James había dicho eso cuando nos conocimos en un vagón del Expreso Hogwarts, hace siete años. Lo taché de arrogante, que tan equivocada estaba. James estaba arriesgando supropia vida para salvar a sus amigos. Amigos que ahora lo odiaban por mi culpa.

No. Tenía que hacer algo ya.

Empuñe con fuerza mi varita, y respire una fuerte bocanada de aire, antes de que, con el corazón acelerado, diera mi paso hacia los árboles. Las rodillas temblorosas no me ayudaron a caminar, por lo que me eché a correr.

-¡Lumos!

Mi varita iluminó el camino que ahora recorría. Me sentía sola, perdida…ni siquiera sabía a dónde iba. Seguro sí me encontraba con un hombre lobo moriría sin siquiera poder defenderme. Mis ojos se anegaron en lágrimas, haciéndome borrosa la vista. ¡Me dificultaban más el viaje! Quise dejar de llorar, pero mi mente no tenía control sobre mi cuerpo esa noche. Posiblemente nunca lo tendría. Porque nunca lo tuve…

Solo fui una más. Nada especial. Ni una única bruja, ni la mejor…el valor y la inteligencia se probaba en situaciones como está. Y yo era un asco. Un asco.

-¡James! ¿Dónde estás, James! ¡James! ¡¡James!!- mis gritos eran en vanos… y lo sabía, pero no podía dejar de gritar el nombre de James. La oscuridad era casi total a excepción de de mi varita… no se escuchaba más en el bosque que mis pasos, mis gritos y mi respiración agitada. Una gota de sudor resbaló por mi frente, mientras las lágrimas eran contenidas por mi última reserva de fuerzas…

Escuche un ruido detrás de mí. Parecieran los pasos de un animal…fuerte, enorme…y cercano a mí. Me detuve al instante, con un nuevo nudo en el estomago: todos los nervios acumulados en mi estomago. Apagué la luz de mi varita en un susurro y pegué mi espalda al grueso tronco de un árbol detrás de mí. Guardé el mayor silencio que pude.

Algo se movió en un arbusto. Moví mi cabeza hacia todas partes, pero mis ojos no acostumbrados a la oscuridad no vieron nada. Contuve la respiración… pero podía oír los latidos de mi corazón como si lo tuviera en la palma de mi mano. Comencé a sudar… y tuve que aferrarme más a la varita.

Otro ruido, parecía un gemido de dolor. Había alguien ahí. El corazón se me detuvo en ese momento. Moriría. La realidad se me antojo fantasía. Pero no…moriría, en manos de un hombre lobo que era mi amigo. Lupin me devoraría con sus colmillos…

Otro ruido, más cerca de mí. La impresión me hizo soltar un gemido de miedo, y la varita cayó al suelo produciendo un ruido seco y sordo. Fue suficiente para darle una señal al hombre lobo de que había alguien ahí.

Cerré los ojos.

-¡Lily!

Abrí los ojos de un sopetón, y me encontré con el rostro de James Potter. Tenía el cabello revuelto y cubierto de hojas y ramas. Un profundo rasguño derramaba sangre sobre su mejilla. Su ropa tenía rasgones, y sostenía firmemente la varita. Un sentimiento de seguridad se mostraba en sus ojos.

-¡James!- sollocé. Y me lancé a sus brazos, sin darme cuenta que estaba perdiendo el orgullo por el que había luchado siete años. Siete años que no me habían servido de nada.

-¡Lily…!- dijo James impresionado. Aún así, me estrechó contra él.- ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí!

-¡Oh, James…! ¡Lo siento…! ¡Todo es mi culpa!- balbuceé. Trate de serenarme rápidamente, y pude lograrlo. Me separé de Potter, quién me miraba anonadado.- Yo iré contigo.

-No, Lily.- repuso firmemente.- Ve al castillo y ponte a salvo. Yo lo haré solo.

-¡No, no me voy! Gryffindor es de los valientes, y yo te acompañaré. ¡No me harás volver, James! ¡Esto es mi culpa y…!- dije, con la voz firme. Me limpié las lágrimas con el brazo.

-¡No es tu culpa! ¡Ve al castillo!- me interrumpió.

-No. No lo haré.- busque en el suelo a mi varita.- ¡Entiende que esto es también mi problema! ¡No me iré de aquí…!

-¡Lily! ¡Silencio!- me susurro. Compuso atentamente una mirada, y yo agudicé mi oído. De nuevo, un aullido lejano me hizo estremecerme.

-Es Remus…-murmuré, con la voz quebrada. James asintió.

-Esto es muy peligroso, Lily.

-Puedo con ello.

-¡No! ¡Lo hago por tu bien!- respondió, elevando ligeramente la voz.- ¡Puedes morir!

Su voz se vio interrumpida está vez por él mismo: una rayo de luz rojo salió de su varita, hacia el un arbusto. Un grito mío cortó el silencio del aire. Vi, presa del pánico, como una criatura se abalanzaba contra James. Una criatura enorme y peluda, salvaje… la sangre se me congeló al instante.

Era un hombre lobo.

-¡Corre, Lily!- me ordenó James, mientras luchaba contra la bestia lanzándole hechizos a diestra y siniestra. La bestia no retrocedía ante los hechizos de James, quién tenía que dar pasos hacia atrás para evitar las garras de está. Mis pies no se movieron.

No tenía sentido. El aullido de hace unos segundos era lejano, como sí el hombre lobo estuviera a algunos kilómetros de aquí. El hombre lobo que nos atacaba no podía ser el mismo que había aullado…¿significaba eso entonces, que había más de uno?

¿Y sí eran Canuto transformado en hombre lobo por culpa de Remus?

Para tal caso, James estaría peleando a muerte con su mejor amigo.

-¡Desmaius!- grite, apuntando al hombre lobo con mi varita. Una luz roja salió disparada de esta, hasta impactarse en el hocico del hombre lobo, quién soltó un aullido. La criatura se giró inmediatamente a mí, dispuesto a atacarme. Me observó un rato con sus ojos deseosos de sangre…

-Remus…-tartamudeé.

-¡ Lily!- me grito James. El hombre lobo se giró hacia él nuevamente, y le lanzó un rápido zarpazo. James soltó un grito, y de un salto logró salvarse de la garra por un pelo. El hombre lobo no tardó ni una segundo en lanzar un segundo golpe, y otro tercero. Supe que debía actuar.

-¡Petrificus Totalus!

El lobo se detuvo, congelado. Cayó al suelo con un estrepitoso ruido, y quedo inmóvil en el suelo.

-Hay que correr Lily, el hechizo no durará mucho. ¡Vamos!- me avisó James. Me eché a correr, no sin antes observar por última vez al hombre lobo, que me renegaba mi injusticia con la mirada.

Me tomó la mano y me obligó a correr. Fue entonces, cuando horrorizada vi el brazo de James bañado en sangre. El lobo había logrado cortarlo… ¿o morderlo?

Esquivábamos las ramas de los árboles como desquiciados. Andábamos hipnotizados, solo deseosos de huir. Huir del lobo que en un momento recuperaría la movilidad, y nos seguiría, furioso y deseoso de sangre.

No nos detuvimos hasta llegar a un claro, rodeado de árboles viejos: altos y de tronco gruesos. El dolor en el fato era intenso, y la respiración de ambos era superficial y acelerada. No había suficiente aire.

-James…tu…brazo…- susurre, señalando el ensangrentado brazo. Él hizo un gesto de dolor que trato de fingir con una sonrisa.

-Solo es un rasguño…tranquila…-me dijo. Se volvió serio de un momento a otro.- Tienes que regresar al castillo. Ya.

-No te dejaré solo con esa cosa… ¡te matará!

-¡Esa cosa, Lily…era Remus!- gruño.- Solo yo puedo vencerlo. Confía en mí… ¡puedo hacerlo solo!

-¡No, no puedes! ¡Los hechizos no funcionarán…!

-No estoy hablando de hechizos.- dijo, ahora en un tono misterioso. Se alejo de mí varios metros, cuidando de no romper el contacto visual entre nosotros.- Me refiero a esto:

Y dónde segundos antes había estado un sudoroso James, malherido y pálido, ahora había un enorme animal. Un ciervo, con dos enormes astas, patas fuertes y veloces.

Tardé varios minutos en entender que James era el ciervo. Y cuando lo entendí, deseé que no fuera cierto.

¡Hola a todos!

Es un gusto muy grande volverlos a ver. Espero que les haya gustado el capítulo. Les pido disculpas, como siempre, por tardarme tanto en actualizar. Espero que de ahora en adelante, las actualizaciones puedan ser más constantes, pues ya estamos en la recta final de la historia.

¡Muchas gracias!