Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← El cuervo y la hija de La Luna · de

El cuervo y la hija de La Luna — capítulo 4

Una hermosa y pálida niña, corría en la noche atravesando un oscuro bosque, por la forma en que lo hacía parecía que huía, tratando de alejarse lo mas posible de algo que la asustaba demasiado. Sin querer, iluminaba toda clase de vida a su paso: pequeños animales, fascinantes y extrañas flores, ramas y hojas de árboles que sorprendidos la veían pasar en su frenética escapatoria. Por alguna extraña razón, eso la hacía sentirse molesta, no era su intención resplandecer de esa manera. Su pálida piel emitía un nacarado brillo perlado y de sus cabellos se desprendían unos suaves rayos dorados. ¿Porque tenía que ser tan notoria?, ¿Porque tenían que fijarse en ella de esa manera? Cuando todo lo que deseaba era pasar desapercibida a las miradas de otros. Sin querer un molesto pensamiento vino a su mente: ¿Por qué precisamente él tenía que haberse fijado en ella de esa manera?

Finalmente llegó a un claro del bosque donde ya no se veían más animales ni árboles, solo el oscuro y nublado cielo a través del cual se asomaban tímidamente unas pocas estrellas.

-¿Madre… madre… en donde estas? —Llamaba la niña mirando al cielo— ¿Madre puedes escucharme?

Pero no obtuvo respuesta, solo podía escuchar a lo lejos el extraño y melancólico silbido de un ave, que el viento se encargaba de transportar hasta sus oídos.

— ¿Zen? —Pensó y la pequeña ave de oscuro plumaje que se consumía en un oscuro hoyo nuevamente ocupo sus pensamientos.

Zen estaba enamorado de ella, ¿que significaba aquello? Muy en el fondo creía saberlo, pero no quería aceptarlo, tenía miedo, pero ¿miedo de que? ¿De lastimar?…

De pronto sintió como algo se arrastraba dando tumbos en el suelo, desvió la mirada y vio no muy lejos de ella una de las muchas amigas que había conocido en sus paseos con Zen.

— ¿Pequeña come hojas?... ¿eres tu?

Una débil y moribunda mariposa con las alas rotas y descoloridas le respondió.

—Hola Dián que gusto de verte.

— ¿Que te pasó, porque estas así? —Pregunto Dián al tiempo que la levantaba suavemente del suelo y la sostenía en la palma de su mano— Estas toda lastimada.

— ¡Ooh! No te preocupes por mí —Respondió amablemente la mariposa— cuéntame de ti y de nuestro querido amigo Zen… ¿Cómo esta el?

—El está… está… enamorado de mi.

En el arrugado rostro de la mariposa se dibujo una radiante sonrisa.

—Eso es maravilloso Dián, me alegro mucho por ti.

— ¿Cómo puedes decir eso? —Reclamó Dián— ¡Es terrible!… cuando Mill me lo dijo me quede Helada, no supe que decir, no sé lo que eso significa, solo sentí algo muy grande crecer dentro de mi, eso me asustó, sentí deseos de salir corriendo y eso fue lo que hice… estoy confundida y tengo miedo pequeña come hojas.

—Ya veo —Dijo seriamente la mariposa— pero dime… ¿Sientes miedo cuando estas con Zen?

Dián se sorprendió ante aquella pregunta y por un momento no supo que responder, pero en su mente comenzó a revivir todos los momentos que pasó junto a Mill y Zen y no pudo evitar sonreír. Recordó sus divertidas conversaciones, sus juegos, las ocurrencias de Mill, la sonrisa de Zen, su hermoso cabello plateado, el brillo de sus ojos… mientras más recordaba más feliz se sentía y aquel enorme sentimiento que la había asustado en un principio ahora le parecía en verdad maravilloso.

—No —Respondió al fin— Cuando estoy con Zen no siento miedo, todo lo contrario, me siento segura a su lado, siento que me lleva a volar con el y recorro el mundo a través de sus ojos, con el aprendí muchas cosas, me enseñó a ver todo de una manera diferente, y Mill… Mill siempre me hace reír, aunque algunas veces quisiera estrangularlo, no puedo evitar sentirme única a su lado, me hace sentir especial.

—Veo que tu también estas enamorada —Dijo la pequeña come hojas con una débil sonrisa— enamorada de Zen y Mill.

Al escuchar esas palabras nuevamente la confusión y el miedo se apoderaron de Dián reflejándose visiblemente en su rostro.

—No te preocupes —Se apresuró a decir la mariposa al ver el repentino cambio en las facciones de Dián— Mill forma parte de la personalidad de Zen, los dos son uno, solo que fueron separados por la necesidad de Zen de tener una compañía idónea…

—Eso ya lo se —Repuso Dián con una mirada triste— lo supe todo el tiempo… es solo que, me asusta reconocer que estoy enamorada de ellos… ¿es que acaso tengo miedo de expresar mis sentimientos?

—El miedo no tiene cabida en el amor —Respondió cada vez más débil la pequeña mariposa— lo que en verdad temes es que éste se termine, porque cuando termina realmente duele, por eso sientes miedo incluso antes de que empiece… sientes miedo de dejarte llevar y...

—Pero mírate pequeña come hojas… mira como terminaste por dejarte llevar por la brisa, estás lastimada y ya no puedes volar.

—Es cierto, me dejé llevar —Reconoció la mariposa— y de alguna manera la brisa lastimó mis alas, pero ahora que mi final se acerca, lo único que de verdad me hubiera lastimado y hubiera lamentado sería el no haberme dejado llevar, el no haber experimentado la sensación de volar, de formar parte de algo hermoso, de ser una con la brisa que me llevo en sus brazos a lo mas alto y me dio la oportunidad de amar y de sentirme amada…

Con una profunda mirada de tristeza y ternura dirigida a la pequeña mariposa, que en sus últimos momentos en la tierra trataba de ayudarla a comprender sus sentimientos, Dián exclamó:

—Pero ¿De que te sirvió pequeña amiga?, de que te sirvió amar si ahora estas rota y abandonada.

—Todo en esta vida está destinado a romperse y a terminar, todos abandonaremos en algún momento esta experiencia terrenal y aunque duele mucho cuando se termina… —Una expresión de dolor apareció en las arrugadas facciones de la mariposa, pero continuó diciendo—… lo único que recordaremos al final será lo hermoso que fue amar… todos recuerdan con cariño su primer amor… y es el amor lo que perdurará por siempre. Es preferible dejar este mundo habiendo amado y no con el remordimiento de haber dejado pasar la oportunidad… la oportunidad de aunque sea, por un instante… dejarse llevar…

Con estas ultimas palabras, el brillo de los ojos de la mariposa mientras hablaba del amor, se perdió en la oscuridad y sus débiles y descoloridas alas se plegaron. En ese preciso instanteuna oscura nube se hizo a un lado y por detrás de ella la luna hizo una magnifica aparición.

— ¿Dián… eres tú? —Preguntó preocupada— ¿Pasa algo malo?

—Todo está mal —Respondió Dián mientras derramaba una lágrima y sostenía en sus manos a la pequeña come hojas— Madre… —Dudó unos segundos, había muchas cosas que quería decir y preguntar pero le dio prioridad a la cosa que más le intrigaba en ese momento—… ¿Que es un beso?

La luna sorprendida, tardó un momento en darse cuenta de lo que estaba pasando al ver a su hermosa hija sola y de rodillas en el suelo, sosteniendo una mariposa sin vida y preguntando lo que ella siempre temió responder.

—Un beso es algo difícil de explicar, pero básicamente es la expresión física del amor, es la consumación del inocente deseo de sentirse lo mas cerca posible de la persona que amas.

— ¿Expresión física? —Repitió Dián— eso quiere decir que en cierta forma para besar a alguien ¿Debes tocarlo?

—Así es pequeña, cuando besas… tus labios entran en contacto con los de esa persona que quieres y a través de ellos sus almas se conectan.

Al escuchar esto Dián imaginó como sería besar a Zen y de inmediato sintió en su interior la necesidad y el inextinguible deseo de hacerlo; entonces comprendió el extraño comportamiento de su amigo y su deseo de permanecer en aquel agujero.

— ¿Como sabes estas cosas?, ¿Cómo es que sabes del amor?, ¿Por qué nunca me dijiste nada al respecto?

—Lo sé porque lo he vivido y no te lo dije antes porque no se puede enseñar como es el amor, tienes que aprenderlo sola, debes sentirlo por ti misma.

Después de un momento de silencio en el que Dián meditó las cosas que había escuchado decir a la mariposa y a La luna pregunto nuevamente:

—Madre… ¿Por qué Zen no puedo tocarme?

Con una mezcla de emoción y de tristeza la luna respondió.

—Simplemente porque eres hija mía y… y… del sol… y perteneces a un lugar que está muy lejos del lugar en el que en estos momentos se encuentra Zen, lo que ustedes dos viven ahora es solo una ilusión, un hermoso sueño del que despertaras si…

— ¡No es un sueño! —Interrumpió Dián cerrando los ojos y moviendo la cabeza de un lado a otro— Zen quiere besarme y creo que yo también quiero que lo haga… todo lo que he vivido junto a el me parece mas real que cualquier otra cosa y no es justo, no es justo que…

Poco a poco la terrible verdad se fue introduciendo en la mente de Dián y no pudo terminar de decir lo que su corazón quería expresar. Lentamente abrió sus ojos que hasta el momento había mantenido cerrados en un inútil y desesperado intento de no ver lo evidente.

—…Si despierto... el no estará a mi lado cuando lo haga ¿no es así?

—No.

—Entonces, por favor llévame contigo madre —Suplicó desesperadamente Dián— prefiero seguir soñando que el es real… que él realmente existe… por favor llévame contigo….