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El cuervo y la hija de La Luna — capítulo 5

Al filo de una lúgubre media noche, débil, cansado y en tristes reflexiones sumido, posado en la rama de un viejo y raro olivo, cabeceando, pretendiendo estar casi dormido, se encontraba un pequeño cuervo dejado al olvido. Oyó de súbito un leve golpe, como si suavemente alguien se deslizara por la superficie de un lago.

  • "Podría ser ella—Pensó erizando sus plumas como intentando sacudirse de encima algo pesado y saliendo por un momento de su letargo— no, no puede ser ella, es solo el viento besando el agua…eso es todo, un beso y nada más."

-"¡Ah un Beso!" -A su mente vino aquel lúcido recuerdo de una vida pasada, de la cual solo quedaban espectros de memorias moribundas, reflejados en el cielo, en el lago, en el césped y la grama, en todos los lugares en los que vivió junto a su amada y donde ahora solo quedaba la angustia y el anhelo de verla de nuevo algún día. El sabía que era en vano pero esa pequeña esperanza le daba tregua al dolor, dolor por la pérdida de la más increíble y maravillosa cosa que jamás había visto, de aquella que había sido su razón para vivir un nuevo día y que ahora ya sin ser capaz de pronunciar su nombre, consideraba para siempre perdida.

Ahora solo el crujir triste, vago, y a veces escalofriante de las ramas eran su única compañía, ya no le interesaba descubrir nuevas cosas durante el día, no quería volver a sentir nunca lo que jamás antes había sentido y que ahora por designios del destino amplificado mil veces sentía. Desesperado trataba de olvidar pero era como tratar de olvidarse de vivir, era como tratar de los latidos de su corazón silenciar.

  • "¿Acaso es esa la respuesta -Pensó afligido- para liberar mi alma del dolor mi corazón debe ser abatido y para siempre frenar sus latidos?" Ahora su ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos, resuelto a encontrar la manera de acabar con el vacío, extendió sus alas y se dispuso a dejarse caer a tierra, al agujero frío. Mas el caso es que, adormilado aun, no se había dado cuenta de que ignoraba completamente como llamar a la puerta de la insensible muerte. De pronto cayó y se vio envuelto por la oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura permaneció largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar: cruzar la infinita distancia para junto a su pedacito de luna llegar. Más en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: Dián. Lo pronunció con miedo en un susurro, y el eco a través de las paredes del agujero lo devolvió en un murmullo: Dián, Dián, Dián …y eso fue todo, y nada más.

Vuelto hacia aquel nombre su alma toda, abrazando poco a poco el deseo de oírlo nuevamente con mayor fuerza. Ciertamente se aprestaba a pronunciarlo más claramente pero se dio cuenta de que algo sucedía y ese algo no era solo en su mente. Unas voces que perfectamente conocía, como taladros en su cabeza sentía, la molestia que le provocaba escuchar a la culpable de su desdicha, de odio le llenaba completamente.

-"¡Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio -Pensó molesto, incapaz de soportar la alegre y dulce voz que flotaba en el ambiente- solo tengo ganas de escuchar al viento y nada más!".

Sobrecogido al romperse el silencio, con sus patas dio un amortiguado golpeteo en la tierra y con un suave batir de alas alzo vuelo, intrigado, majestuoso, sin asomos de reverencia, en un instante fue a posarse con insolencia en aquella rama para así penetrar en el misterio, de tan afable charla. Posado, inmóvil, cual pájaro de ébano, cambió sus tristes fantasías en una amarga sonrisa al darse cuenta de que en la ribera del lago dos figuras reflejadas, sin percatarse de su llegada, hablaban a toda prisa.

Hace mucho… mucho tiempo, fue creada una hermosa niña con el noble propósito de iluminar con su sonrisa las mas oscuras noches de los hombres, y ese mismo día también se creó a un muchacho con un propósito similar: el debía mantener y hacer posible toda vida en la tierra irradiando luz y calor desde el fondo de su alma…

Ante tales palabras el Cuervo, posado solitario en la rama, no movió ni una pluma, como quien se limita a escuchar, simplemente se limitó a pensar: "Nunca más."

…Eran muy pequeños en ese entonces y todavía no tenían la edad ni la experiencia suficientes para cumplir con tan grandes asignaciones así que su creador les permitió estar juntos y hacerse compañía en un lugar en el que no existía la maldad y en el cual los dos vivían en un estado de inocencia, aprendiendo cosas nuevas y viviendo increíbles experiencias. A pesar de que se les dio todas las condiciones necesarias para que pudieran sobrevivir, crecer y desarrollarse, también se les dio una ley, por cierto una muy extraña ley: No debían tener ningún tipo de contacto físico… jamás...

"Idóneas palabras, sin duda —pensó— es todo lo que sabe decir, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien debía su existir". Esa sola regla que lo acosó sin dar tregua hasta obligarlo a encerrarse sólo y sin sentido, no volvería a recordarle lo que tenía prohibido… "nunca más".

…El tiempo pasó y los dos niños disfrutaban de su mutua compañía, vivieron incontables aventuras y forjaron una sólida amistad, llegaron al punto de ser los mejores compañeros complementándose perfectamente el uno al otro y como era de esperarse su relación traspasó mas allá de los limites establecidos y empezaron a sentir algo especial el uno por el otro, algo mas grande de lo que jamás habían sentido, sin embargo al principio no se dieron cuenta de lo que les sucedía, hasta que fue demasiado tarde, ese intenso sentimiento se transformo en deseo, deseo de pasar todo el tiempo juntos, deseo de sentirse lo mas cerca posible el uno del otro…

Esta vez aquellas palabras como tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de su pecho, el aire se volvía denso y su respirar se tornaba lento al darse cuenta de que su deseo mas intenso ahora jamás se realizaría y lo que una vez había sentido por ella no volvería a sentir, ¡ay!, ¡nunca más!.

… Obviamentepara poder hacer realidad sus deseos se vieron obligados a romper la única regla que se les había dado…

En este punto el Cuervo no podía creer lo que llegó hasta sus oídos, no por diversión y mas por nerviosismo dibujo en su rostro una leve sonrisa y se dio cuenta que había enlazado su propia fantasía con un evento acontecido hace mucho tiempo.

…Y así lo hicieron…

  • ¿Y ahí fue cuando la tragedia comenzó?

  • Mi querido Mill, si piensas que Dián es una tragedia podría decirse que si, ahí fue cuando ella apareció… ella es el resultado de que rompiéramos la regla.

El flaco y ominoso pájaro no aguantaba mas, quería decir graznando: "Nunca más." Pero la curiosidad por saber como la historia terminaría pudo más.

-¿Quiere decir que esa hermosa niña de la historia es usted?...pero y el muchacho ¿quien es?

  • Mucho me temo que no lo conoces -Respondió la luna melancólicamente- el muchacho de la historia es el sol.

  • ¿El sol?... ¿No es ese orbe resplandeciente que te hace poner carita de chino feliz cada vez que lo miras y que solo sale de día?... Pues si es ese no lo he visto jamás porque yo solo existo de noche igual que usted.

-"¿El sol?"...El cuervo en esto cavilaba, inmóvil, sin pronunciar palabra, aprovechando lo que se le había concedido: una tregua de los recuerdos de su amada.

La luna sonrió gentilmente ante las palabras del tenue reflejo que apenas se vislumbraba en la superficie del lago y con una voz cargada de la más pura compasión de la que era capaz dijo:

  • Realmente espero que algún día lo puedas conocer mi querido Mill…

  • Zen me ha contado mucho sobre el…no es necesario que lo vea…desde ya siento que lo conozco, lo he visto a través de sus ojos.

En un profundo suspiro la luna amablemente recordó a aquel loco muchacho, que hace mucho tiempo desapareció escondiéndose de todos para sufrir solo su perdida.

  • Si, Zen siempre conseguía transmitir lo que veía con tanta claridad y entusiasmo que prácticamente te llevaba hasta los lugares que recorría… y por cierto Mill, ¿tu sabes en donde esta?

-"¡Miserable! —Pensó—, tú que fuiste la causante de apurar la partida y de llevarte lejos de mí a Dián, con tu dulce voz pretendes recordar al olvidado, ausente y ahora ave del mal, ten por seguro que a Zen no volverás a ver "Nunca más."

  • El siempre esta por aquí y por allá…-Respondió Mill tratando de parecer despreocupado- solo que ya no habla mucho, solo repite dos palabras…

  • ¿Y como puedes estar seguro de que el esta por los alrededores? -Preguntó la luna impaciente- Debo encontrarlo y decirle algo muy importante…

  • Fácil -Respondió Mill- simplemente lo se porque si el no estuviera aquí, yo tampoco lo estaría.

-"¡Sean esas palabras mi señal de partida —grito presuntuoso en sus pensamientos- ¡He de volver a la tempestad, a la ribera de la Noche, extenderé mis alas y me echare a volar, no dejaré pluma negra alguna, prueba de la existencia mía, ¡oh traidor! no te das cuenta que eres una mentira e imitación de la vida mia, un espíritu que no se merece mi compañía, deja mi soledad intacta, abandona el lugar de mis tormentos, aparta tu pico de mi corazón y tu figura del lago de mis recuerdos. En ti no volveré a confiar: "Nunca más."

  • ¡Ven cuervito cuervito… aquí cuervito -Llamaba Mill en todas direcciones- ¡ven aquí bichito… psst... psst... cuervito…!

El ave cuyos ojos de pájaro en otro tiempo reflejaron inocencia y refugio para toda criatura en necesidad, ahora reflejaban tempestad, del brillo que una vez hubo solo quedaba en ellos una tierra desolada e impávida, reflejo de aquella desértica tierra encantada, hogar hechizado por el horror de la soledad, vacíos y solo dispuestos a llenarse de ira y maldad. Ante aquel llamado irrespetuoso y despreocupado no acudiría: "Nunca más."

  • No lo entiendo -Dijo Mill contrariado- siempre acude a mi llamado…en fin ¿que es eso tan importante que le tienes que decir?

  • Es algo que tiene que ver con Dián, ha habido un cambio en las circunstancias, un cambio muy importante de lo que Zen y tu se tienen que enterar.

El rostro de Mill reflejó una gran sonrisa al escuchar esas palabras y sin poder contener más su alegría preguntó:

  • ¿Eso quiere decir que finalmente Zen tendrá en sus brazos a una hermosa Doncella por los astros regentes llamada Dián?

Y el cuervo dijo: "Nunca más."

Esta vez su voz se oyó clara e impoluta, sin rastros de piedad, sus palabras resonaron en el cielo abovedado y tintinearon como en una cúpula de cristal.

Ambos: Reflejo de su espíritu y la causante de su desgracia giraron la vista en dirección de donde había tenido su origen aquel graznido infernal. Allí los esperaba el Cuervo que nunca emprendió el vuelo, con sus ojos, que tenían la apariencia de los de un demonio que está soñando, fijos en esos dos seres que lo estaban mirando. La luz de la Luna sobre él se derramaba tendiendo en el suelo su sombra y su alma, y la forma de esa sombra que flota sobre el suelo es la de un muchacho del que no podrá liberarse. ¡Nunca más!.

  • ¡Ahí estas! -Exclamó Mill emocionado- ¿cuanto tiempo llevas ahi?...Escuchaste lo que dijo la luna …hay algo muy importante sobre Dián que debemos saber…

-No me importa lo que ella tenga que decir… yo se que Dián no volverá, no te hagas ilusiones tu también, no te dejes engañar por su apariencia de bondad, ella es la que nos ha condenado a vivir solos, eternamente separados de nuestra querida Dián, y no me mires así que también es por tu culpa que ella se ha marchado, no debiste haberle confesado lo que en secreto debimos haber guardado para su propia seguridad…

Mill atónito escuchaba como finalmente Zen se desahogaba y por su mejilla una lágrima plateada rodaba.

-No te das cuenta acaso…que hemos sido abandonados y solos nos quedaremos…

  • ¡Nunca mas!

Esta vez el cuervo no fue el que pronuncio aquellas palabras que como cantaleta memorizada había pronunciado una y otra y otra vez más. No, aquella era la dulce voz que Zen no esperaba volver a escuchar jamás y que entre lagrimas de emoción una y otra y otra vez decía:

  • ¡Nunca mas Zen…nunca mas!

Disclaimer: Capítulo basado en el poema de Edgar Allan Poe, El cuervo.