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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 32
1971
Cuando Avery los vio entrar, quedó boquiabierto.
-Así que finalmente la trajiste... aunque no recuerdo que el Señor Tenebroso la haya llamado.
Rosier se limitó a bajar la cabeza y esquivar la mirada burlona. Ambos sabían que probablemente era la última vez que el Mortífago pisaba la cede. Tras él, Black no se dejaba inmutar y devolvía su mirada desafiante al que osase observarla. Por dentro, sin embargo, temblaba. Estaba rodeada de gente enfundada en capas negras, con tétricas máscaras ocultando el rostro. Dentro de poco, estaría frente a frente con el Mago más grande de todos los tiempos, y sus probabilidades de salir ilesa (que decir sobre lograr un triunfo) eran escasas.
No estaba preparada. Todo había ido demasiado rápido. No sabía a que enfrentarse, ni cómo debía reaccionar, ni lo que debía decir, ni cómo debía actuar. No conocía el protocolo, no conocía el lugar en el cual se hallaba, no conocía a la gente que la rodeaba y, sobre todo, no tenía la más remota idea de cómo era Él. Confiaba en mantenerse firme, en no dejarse intimidar y en demostrar que ella valía más que el puñado de Mortífagos que la rodeaban, pero temía no ser lo suficientemente fuerte.
Caminaba con pasos apresurados, acercándose a cada segundo más a su destino. ¿Lograría lo que tanto ansiaba? ¿Penetraría en Sus filas? ¿Qué podía ofrecerle ella al Señor Tenebroso? ¿Cómo convencerlo?
Rosier se detuvo y ella hizo otro tanto. Estaban frente a una puerta doble imponente de roble, exquisitamente tallada en estilo gótico. A ambos lados, la pared había sido convertida en una obra de arte atemorizante. Sombras por doquier, gente en agonía, cuervos y buitres alimentándose de las sobras, miles de encapuchados torturando... y sobre la puerta, sentado de espaldas, estaba el Señor Tenebroso, observando el caos y la destrucción que había logrado. Una gigantesca serpiente se enroscaba a su alrededor, silbando y reptando sobre su Amo. Un prisionero era traído al terrible Mago, y este alzaba con elegancia Su varita, para luego torturar al Sangre Sucia.
Black observó con fascinación la escena. Mirase por dónde mirase, veía muerte y terror. Deseaba ser parte del cuadro. Deseaba ser una de aquellas figuras encapuchadas. Deseaba probar con su propia vara si lograba hacer sufrir del mismo modo a los muggles que se retorcían de dolor. Deseaba estar frente al Señor Tenebroso, ofrecerle una víctima y admirar fascinada cómo la torturaba. Deseaba lanzar el Mosmorde que iluminaba el hermoso paisaje.
La madera comenzó a crujir y lentamente se abrió, dejando entrever un salón largo, alto y oscuro, apenas iluminado por algunas antorchas de llama débil. En el centro, una mesa de mármol negro descansaba elegantemente, rodeada de finas sillas. El asiento de la cabecera se destaca al ser más alto y con un decorado más detallado, además de estar vacío.
Cuando las puertas estuvieron abiertas de par en par, Black pudo apreciar que la pintura que decoraba el exterior también invadía las caras internas del salón. Con pasos que fingían ser seguros, siguió a un Rosier temeroso. Se quedaron de pie allí, contemplando a los encapuchados volverse lentamente contra ellos, olvidando sus presas.
-No recuerdo haberte pedido traer a esta mocosa, Rosier.
La voz llegó de la nada, retumbando contra las cuatro paredes y elevándose a la cúpula que formaba el techo. Al instante, el Crucio obligó al hombre a gritar de dolor pidiendo clemencia.
-Haz desobedecido mis órdenes. Sabes cuál es el castigo.
Solo entonces lo distinguió de entre las sombras. Un hombre alto y delgado, de tez blanca como el papel, enfundado en una túnica de seda negra. Los dedos largos sostenían una varita como la del cuadro, y unos fríos ojos cafés miraban con desdén e ira al Mortífago que se retorcía en el piso.
Cuando el hechizo se levantó, y el hombre quedó jadeante sin fuerzas a los pies de su Señor, los ojos del poderoso Mago se dirigieron a la mujer que esperaba a algunos metros de distancia.
Black se concentró en mantenerse derecha y serena. Sintió los ojos en ella e intentó cerrar su mente sin éxito. Intentó entonces controlarse y evitar el pánico. Debía ser fuerte. Debía, pero no podía. Sabía que el Señor Tenebroso jugaba con sus pensamientos. Que hurgaba en ella y la ponía a prueba. Se mantuvo firme por fuera, aunque por dentro se estuviese desmoronando. Los recuerdos de Greyback, la azotaron. Ambas torturas se volvieron vívidas. Sintió nuevamente cómo la forzaba y cómo se reía de ella.
-Esto no está bien. No es esto lo que debe ver. Debo ser...
Pero no pudo. Intentó cerrar los ojos, pero no logró desalojarlo. El dolor y la humillación eran demasiado reales. No se hubiera sorprendido si Greyback hubiera estado a su lado, manoseándola, hundiendo sus dientes y uñas en su carne, riéndose de ella. Intentó gritar, pero no sintió nada por su garganta. O quizá eran sus oídos los que no escuchaban. Intentó moverse, girarse, buscar la salida, pero cada movimiento parecía llevarla siempre a Greyback. Veía su rostro por todas partes, sus dientes rojos sonrientes, su boca chorreante de sangre, sus uñas sucias con trozos de carne, de susangre, de su carne.
De pronto, todo cesó. Seguía sintiendo una y otra vez el pasado, pero ya nada importaba. Su mente se había sobrepasado y ahora era incapaz de sentir. Una extraña calma la invadió. Los miedos de la infancia parecieron lejanos, y la incertidumbre del futuro era insignificante. Las imágenes que veía eran carentes de significado, la voz helada que le susurraba en el oído ya no la desesperaba. Ya no hallaba significado alguno en su rededor.
Abrió los ojos y se irguió. Ya no dolía. Ya no desesperaba. Ya no aterrorizaba. Dejó al Mago hurgar a su antojo en sus recuerdos, y comprobó como Él se retiraba.
-Ya sabes por qué estoy aquí -le dijo.
Él se limitó a observarla, a evaluarla. Comenzó a caminar a su alrededor, estudiándola.
-¿Tú? ¿Una mujer?
Su escepticismo la ofendió.
-Sí. Una mujer. Una bruja.
-No acepto mujeres en mis filas. Son débiles.
-Ponme a prueba.
El Señor Tenebroso detuvo su andar. Nadie tenía permiso para tutearle o contradecirle. Esta vez, el Crucio fue para Black.
-Nadie me da órdenes -susurró amenazante, para recibir de respuesta una mirada desafiante- ¡Crucio!
Sobre el frío piso, Black cerró los ojos al sentir la nueva descarga. Intentó no gritar, pero le fue imposible. Nunca había sentido un poder tan grande presionándola. Recién en aquel momento conoció el verdadero pánico. Ni siquiera Greyback había logrado hacerla gritar de ese modo. Semanas después, una vez recuperada, se sentiría halagada de haber recibido Su tortura y no haber sucumbido a la locura, se sentiría fascinada, cautivada y tentada a imitar la destreza del Mago.
-Llévenla a los calabozos.
Apenas sentía sus miembros cuando dos Mortífagos la levantaron y llevaron fuera del salón.
-No confíe en el lobo... -alcanzó a balbucear antes de que se cerraran las puertas, atenuando los gritos de su tío que aún permanecía dentro.
Hola. Estoy muerta, no me tomen como que volví. Este fic me está... pesando. Quiero subirlo todo de una pero hay un cap entremedio que aún no está listo. Por el momento, subo todo hasta ese cap. Luego subiré el resto.
Volveré algún día y daré las dedicatorias pertinentes. Ahora realmente quiero entrar, colgar el cap y terminar cuanto antes el fic. Para todos los que lea sus historias, las terminaré cuando vuelva. Y, cuando vuelva, lo más probable es que haga la segunda parte. Espero.
Esta es la última nota hasta el final del fic, por lo que quiero aclarar una cosa:
Black no está enamorada. Solo siente una lealtad absoluta, una devoción descontrolada y una buena parte de locura y mal juicio común. Algún día escribiré sobre una dimensión paralela en que sienta amor, pero eso no va con este fic.
Sobre la recomendación... les recomiendo "Un extraño lugar" de C_Bianco ( http://www.potterfics.com/historias/31048) , con caps largos y abundantes y una trama exquisita. Hagan el intento de leer más allá de los primeros 5 capítulos para engancharse. A mi no me suelen gustar los fics de Ron o los fics que vuelven a relatar los 7 años de Harry, pero este ha asendido a mis favoritos y no puedo dejar de recomendarlos. No lo he terminado. Apenas llevo la mitad, pero me encanta. (bueno, lo leo muy poco ya que apenas entro a PF)
Saludos1