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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 33
1972
Era la primera vez que la dejaban salir. Luego de casi un año de cautiverio, por fin estaba libre. Bueno, libre no era el mejor término.
Las torturas que había sufrido durante su estancia en la cede Mortífaga la habían endurecido. Si antes podía hacer lo que quisiera sin sentir remordimientos, ahora tampoco sentía si el dolor se dirigía a ella. Ya no le importaba lo que sucedía con su cuerpo o con el de los demás. Solo importaba su meta, su propósito, su destino.
Había sido más fuerte de lo que todos habían apostado. Había sobrevivido al hambre, al miedo y al terror. Había sobrevivido a los Mortífagos y al Señor Tenebroso. Finalmente, había logrado llamar Su atención.
Claro que, Greyback también había logrado llamar Su atención. Con promesas de legiones de Hombres Lobo y el hecho de ser del sexo correcto, había ascendido en cuestión de horas a postulante de Mortífago, mientras que ella había necesitado meses de supervivencia para que decidieran probarla.
No es que se quejara. Se sentía a gusto con su nueva realidad. Le gustaba el hecho de haber perdido un punto débil, de resistir las torturas como si fuese una simple lluvia desconectando su mente. También había tenido la oportunidad de conocer a los integrantes del grupo, de estudiarlos tras los barrotes y aprender de ellos. Sabía ahora cómo comportarse, sabía quiénes ostentaban mejores posiciones y quienes eran Mortífagos por meras casualidades.
También se aventuraba a afirmar que conocía un poco al Señor Tenebroso, de poder predecir uno que otro gesto o reconocer ciertos timbres de voz.
Ah, el Señor Tenebroso. Jamás había conocido alguien tan… poderoso. No lo admiraba, ya que eso sería poco en comparación a la devoción que sentía por Él. Era su icono, su ídolo, su modelo a seguir. Jamás había sentido lealtad a alguien como lo había sentido hacia el terrible Mago. Si Él le hubiese ordenado que se suicidara, con gusto lo hubiese hecho por complacer Sus órdenes.
Lo reverenciaba con cada fibra de su ser. Deseaba con toda su alma lograr ser una pizca de Su sombra, lograr ser tomada en cuenta, lograr dejar de ser una simple mujer para convertirse en alguien. Antes de conocerlo, su meta se basaba en unirse a sus tropas para ganar conocimiento y luego imponerse ella misma como Ama del mundo. Ahora, sin embargo, su vida entera había sufrido una metamorfosis. Nada tendría sentido si no lograba complacer al Señor Tenebroso.
Evocó nuevamente la sensación de su primera tortura a Sus manos, dejando fluir por su cuerpo el recuerdo del dolor. Lo hacía a menudo, por el mero placer de sentir aquel eco de poder que guardaba en su memoria. A menudo, durante su cautiverio, esperaba ansiosa el momento en que la sacasen de la celda y la condujesen al salón en dónde la aguardaba el Señor Tenebroso por el mero gusto de torturarla. En aquellos instantes, se sentía parte del cuadro, y ella era la ofrenda para divertir a su Señor (porque ella le pertenecía, aunque Él no lo reconociese).
No era frecuente, y eso le molestaba. La mayoría de las veces, eran los Mortífagos los que buscaban entretenerse un rato, y ella se dejaba con la esperanza de que la próxima vez, la celda se le abriese para llevarla a Su presencia.
Pocas eran las veces en que Él le permitía hablarle. En aquellas contadas ocasiones, hacía su mejor esfuerzo para parecerle útil y para disuadirlo de elegir a Greyback.
-Es divertido -le dijo Él una vez- ver como ambos intentan eliminarse y comprar mis favores.
Black entonces le habló de sus anteriores encuentros, aunque odiase aquella parte del pasado y el Señor Tenebroso ya conociese la historia por sus recuerdos. Dejó salir todo su odio, su rabia y sus deseos de venganza entre palabras cortantes. Sabía que a Él le gustaba. Porque su Señor disfrutaba viendo sufrir a otros, y ella sufría por haber sido tan débil.
Sin embargo, cuando le habló sobre las pociones que preparó, y que aún tenía guardadas y ocupaba en contadas ocasiones, logró llamar su atención. Le confesó dónde las guardaba y se las ofreció libremente.
-Usted les dará un buen uso, mi Señor -le había dicho.
Luego habían seguido las torturas.
Poco a poco, comenzó a ganarse el favor de su Amo. Comenzó a llamarla más seguido, permitiéndole hablar más a cambio de sesiones más largas de tortura. Black estaba encantada. Mes tras mes, tenía la esperanza de que Él atendiese a sus súplicas y le permitiese probar que era una buena bruja. Su actitud desafiante hace mucho había cambiado a una sumisa y devota.
Y, finalmente, había sido liberada… o mejor dicho, se le había entregado su primera misión. Era una oportunidad única. No podía fallar. No iba a fallar.
Fabius Watkins(*) se encontraba probando nuevas estrategias sobre la escoba cuando advirtió que se acercaba una figura encapuchada montada en una escoba. No dudó ni un segundo en intentar huir.
Si un muggle se hubiese decidido a levantar la cabeza aquella noche, hubiese visto un espectáculo de luces de todos colores.
En el aire, Black y Watkins lanzaba hechizos a diestra y siniestra. El jugador de quidditch tenía ventaja en el vuelo, pero era la bruja la que llevaba las de ganar en cuanto a magia.
-Petrificus Totalus
Antes de que el mago se estrellase contra el suelo, Black alcanzó a agarrarlo y desaparecer junto a él hacia la cede Mortífaga. Esperaba que, para la próxima, fuese algo más complejo.
()Watkins, Fabius: 1940-1975. Legendario cazador y capitán de las Urracas de Montrose. Murió en una extraña colisión contra un helicóptero (JKR Mayo 2006). Fuente: ElDiccionario.org*