Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 56813 · de

Historia 56813 — capítulo 3

Pasaron rápidamente aquellos ansiados dos días, y ya era 2 de Septiembre. Eran las 6 de la mañana y yo me encontraba ya dándome un baño con agua tibia, para calmar mis nervios por mi primer día. Salí de la ducha y me vestí rápidamente no con el uniforme del colegio, sino que con un traje beige con un listón rojo en la cintura (traje que pedían el primer día, y para ocasiones particulares). Decidí hacerme el peinado más sencillo y elegante posible: dejé mi negro y largo cabello suelto, decorado con una cinta haciendo juego con el listón. Observé mi cara: blanca y con ojos cafés, y una respingada nariz. Bajé rápidamente a la cocina, donde mis padres ya tenían el desayuno servido.

  • Oh, Helena, te ves bella -me dijo mi madre, apuntándome la silla para que me sentara. Debbie poseía un rubio y rizado cabello, y era un tanto más baja que yo (bien, yo era un poco más alta que lo normal).
  • Gracias -le respondí con una débil voz, mientras me sentaba.
  • Tus pertenencias (baúl, y otras cosas) ya están en el auto -me avisó mi padre: moreno y alto, y una leve mirada severa.
  • Está bien, papá. Gracias -me serví un cuenco de avena con jugo de naranja.
  • Y recuerda que nos vamos a las 7; debes de estar allá a las 8 -yo asentí. Mis hermanos asistirían a la primaria de Royal Holloway, la cual no era un internado. Terminé rápidamente mi desayuno y corrí escaleras arriba, para buscar las pertenencias que me faltaban. He de llevar otras cosas en otro bolso. Llevaría mis libros de Harry Potter (sin los cuales no podría vivir), mis gafas y otros libros. Me cepillé los dientes y volví a bajar las escaleras. Mis hermanos ya estaban en la mesa de la cocina, desayunando. Violet -de 9 años- tenía un rizado cabello castaño, poseía una estatura normal y era muy activa; mi hermano, Michael, de 5 años, era bien alto para su edad y era muy parecido a mi papá, aunque ambos poseíamos la misma nariz respingada, no común en mi familia.
  • ¿Por qué Helena no volverá? -preguntó Violet. Mi mamá fue quien respondió.
  • Bueno, porque cuando terminas sexto grado, debes ir al internado…
  • ¡No me gustaría! -replicó mi hermana.
  • La verdad es que nunca he estado fuera de casa tanto tiempo -repuse yo, con sinceridad: aquella era la principal razón de mi miedo. -Pero supongo que será algo nuevo, ¿no? ¡Será como Hogwarts! Aunque sin magia, claro…
  • Ya estás con eso de Harry Potter… -comenzó mi padre, como siempre hacía que mencionaba el mágico mundo. -Estamos en el 2009 y sigues con eso…
  • Pues a mí también me gusta -contestó mi madre-. Es muy educativo… -yo sólo sonreí. Mi padre se levantó de la mesa.
  • ¿Estás lista? -Preguntó, y como respuesta obtuvo mi asentimiento con la cabeza-. Bien, nos vamos entonces. Mi madre me dio un emotivo abrazo y me deseó suerte ("¡Ya verás que serás la mejor!", "Tendrás muchos amigos…", y cosas por el estilo). Mis hermanos también me abrazaron, y mi padre y yo emprendimos el viaje rumbo al colegio en nuestro antiguo auto (algo tenía ese antiguo, pero hermoso auto, que me encantaba). El viaje duró unos 45 minutos, los cuales se hicieron eternos, quizás, por el ya mencionado miedo. Cuando llegamos, y me bajé del auto, vislumbré un hermoso edificio estilo Medieval: enormes torres de piedra se alzaban entre espesos árboles y cientos de ventanas se observaban allí. Mi padre me acompañó hasta la puerta del colegio, me entregó el baúl y mis otras pertenencias y me abrazó.
  • Mucha suerte, hija… nos veremos en las vacaciones de invierno, y nos estaremos escribiendo muy a menudo -me dijo, sonriendo. Yo asentí como por enésima vez aquella misma mañana, y me despedí de él con la mano, con una especie de sonrisa en los labios. Cuando el auto ya se perdió de vista en la curva cercana, entré por la gran reja negra y de madera del colegio: ya estaba en un nuevo mundo. Jóvenes, chicas y chicos, caminaban por los terrenos del colegio junto a sus amigos, quizás comentando sus entretenidas vacaciones; todos arrastraban, como yo, sus baúles tras ellos. Observé a la muchedumbre: los chicos vestían pantalones y saco negro, y la camisa de algún color. En cambio, las chicas vestían, al igual que yo, aquel traje beige, pero con algún color determinado en el listón. Yo estaba informada que mi grado utilizaba el color rojo (otros tenían las camisas y listones verdes, azules, amarillos, malva, celeste, café y otros). Así que me decidí a explorar el magnífico (aunque no tan grande) colegio para encontrar a alguien que compartiera el mismo color… Por ahora no encontraba a nadie (la verdad es que faltaban aún 10 minutos para las 8, por lo que muchos no habían llegado), así que me dirigí al tablón de anuncios que encontré al centro del patio central: me alcé sobre otras cabezas que observaban las diferentes informaciones; logré leer algunas cosas como: "los horarios se harán entrega a las 9 de la mañana", "Las cosas perdidas se reportarán en…", "los colores de cada grado son…" y, lo más ansiado por mí en ese momento, la lista de alumnos de cada grado. Cuando varios curiosos ya se habían ido, satisfechos con la información, pude acercarme y poder comenzar a leer perfectamente. Me disponía a leer, cuando alguien me llama a mis espaldas.
  • ¿Helena? -Era una voz de chica-. ¿Helena Prince? -me di vuelta y me encontré con un rostro conocido, pero cambiado. Tenía el cabello color cobre, ojos verdes y pómulos sobresalientes. Tenía la cara salpicada en algunas pecas: ¡Era mi amiga de primer grado! Sonrió al ver que era yo.
  • Oh, Dios mío, ¡Rose! -nos abrazamos-. ¡Tanto tiempo que no nos veíamos!
  • ¿No es cierto? -estaba radiante; me alegraba mucho verla-. Leí en la lista que vendrías este año…
  • ¡Qué bueno es verte! Y qué alivio…
  • Ven aquí… -me tomó la mano y me jaló; no alcancé ni a replicar y ya estaba arrastrándome hasta unos metros (entre la gente), donde había un grupo de cinco jóvenes: tres chicos y dos chicas. Ellas vestían del mismo modo que yo, y los chicos aquel traje negro y camisa roja escarlata. Me miraron detenidamente, como pensando bien que decir-. ¡Miren, es Helena!
  • ¿Prince? -dijo una de las chicas.
  • ¿Caroline? -pregunté, ya que había reconocido a la chica morena que me observaba. Al cabo de unos segundos, me encontraba abrazándola.
  • ¡Helena! -llegó otra chica, de largo y sedoso cabello castaño y sonrientes ojos.
  • ¡Alice! -dije, y la abracé, al igual que aCaroline. Me costó un poco más acercarme a los chicos, producto de mi timidez. Aunque ya los recordaba.
  • ¡Chicos! ¿Recuerdan a Helena, no? -les preguntó Rose.
  • ¡Claro que sí! -saltó un chico alto, con gafas ovaladas y una amplia sonrisa. También me abrazó.
  • ¡Hola, Charlie!
  • ¡Cuánto tiempo sin verte, Helena…! -dijo otro chico; era un poco más bajo, moreno y también llevaba gafas y el pelo negro y corto. También lo recordaba y también me abrazó.
  • ¡Hola, Anton! El tercer chico simplemente me miraba con una mezcla de curiosidad y felicidad. Ese chico también lo recordaba: tímido y no muy sociable, pero muy amigable; bueno, lo recordaba pequeño, al igual que a todos ellos, pero no habían cambiado mucho.
  • Hola, Helena -dijo, sonriendo tímidamente. Le devolví una semejante sonrisa, y ninguno de los dos tomaba la iniciativa de abrazar al otro. Luego de un segundo, me abrazó breve pero amistosamente: ¡qué cálida bienvenida de todos mis antiguos amigos!
  • Hola, Gabriel -le dije, mirándolo. Alto y blanco, con el cabello desordenado y castaño, casi negro y ojos también castaños.
  • ¿No es genial? -terció Rose.
  • ¡Sí! -dijimos todos los restantes al unísono.
  • ¿Y los otros? -pregunté a todos en general, refiriéndome a los demás compañeros.
  • Oh, aún no han llegado o quizás anden por ahí -explicó Alice, con una sonrisa. Al final, cuando, en el reloj de la torre, dieron las ocho, nos dirigimos al ala oeste del edificio, donde se encontraban los dormitorios de nuestro grado. Había una especie de salón conjunto para nosotros -sí, como la sala común de las casas- y allí nos encontrábamos ahora, esperando a que llegara nuestro profesor tutor; a esa altura, ya había saludado a unos 15 compañeros que estaban en los tiempos en que pisé la primaria con ellos. Había otros nuevos que venían por primera vez, y había otros que estaban de años anteriores, pero que no había alcanzado a conocer. Me reencontré Tom, Lisa, Loreto, Mary, Alexandra, Andrew, Mady y otros… Pero me mantuve siempre junto a Rose y a los demás, quienes siempre recordé como amigos. De todas formas, tenía miedo. Ya habíamos dejado nuestras pertenencias allí, en aquel salón, ya que el profesor tutor nos designaría los dormitorios compartidos. Alice y Caroline se fueron a hablar con otros amigos del grado a una esquina del salón. Nosotros cinco, nos sentamos en unas cómodas butacas junto a una mesa. Me di cuenta que todos me observaban de reojo, pero no era a la única: habían otros dos chicos nuevos (Joseph y Horace), y también estaban siendo devorados por los demás.