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Historia 56991 — capítulo 10
Abrió sus mieles ojos lentamente, los rayos solares la habían despertado, se desperezo en la cama y al lado de ella sintió a una persona moverse, voltio su vista y allí estaba él. El hombre por quien suspiraba todos los días, por el que era capaz de morir, por el que había luchado tanto y ahora estaba allí junto a ella, durmiendo a su lado.
-Hola mi vida.-la saludo el blondo sonriente. Sus ojos grises estaban completamente posados en ella, adoraba observar eso mieles ojos, adoraba aquella mujer de quien se había enamorado.
-Hola amor.-susurró ella sonriéndole de igual forma. No lo aguanto más y unió sus labios con los de él. Sus besos eran tiernos; pero mucha era el conocimiento que tenían de cada uno, así que aquellos simples roces se volvieron mas apasionados. El blondo acariciaba los brazos de su esposa y poco a poco descendía sus besos hasta el cuello de la misma.
A pesar de los diecisiete años que llevaban juntos, aquel amor que había nacido en su séptimo año, aún no se había acabado; al contrario lo sentían tan latente como si se hubiera creado ayer.
-Te amo.-susurró el hombre comenzando a despojar a su esposa del pijama. Acariciaba cada parte de la piel de esta y proporcionaba besos a cada pedazo de piel que se presentaba ante él. Primero fueron los senos de la castaña, luego su abdomen y por ultimo aquel lugar en donde el se adentraba y se sentía el rey del mundo, aquel lugar que solo fue diseñado para él.
-¡Ah!-gimió la castaña al sentir como los dedos del rubio se introducían en ella, disfrutaba sentirlo dentro de sí, y mucho más de aquella manera; pero no solo ella se merecía tener tanto placer, sino también su rubio esposo.- Mmm ahora es mi turno.-susurró mientras se giraba para colocar al hombre debajo de sí.
Comenzó a besar el abdomen de su esposo y poco a poco fue descendiendo hasta el miembro de este, primero lo tomo entre sus manos y comenzó a acariciarlo de una manera muy intima. El rubio gemía constantemente sintiendo como las manos de su esposa hacían maravillas. Pero lo inesperado sucedió cuando la castaña introdujo aquel miembro en su boca.
-¡Merlín!-gimió con fuerza el rubio al sentir aquella placentera caricia. Sus gemidos se hicieron más constantes, cuando la ojimiel comenzó a sacar e introducir el miembro en su pequeña boca, ella inconscientemente también gemía ante aquella acción.
El hombre no aguantó un segundo más y volteo a su mujer para introducirse en ella. Gimieron sus nombres al unisonó cuando lograron alcanzar el clímax. Se recostaron en la cama, totalmente cansados; pero luego de unos minutos volvieron a comenzar su anterior acción.
Afortunadamente era sábado y ninguno debía ir a su trabajo. La semana había transcurrido maravillosamente y la nueva secretaria de Draco era muy buena en su trabajo, aunque a veces lograba incomodarlo con tantas atenciones.
* * *
A sus diecisiete años, muchos eran los pretendientes que tenía; sin embargo ninguno le llamaba la atención, ya que no se adaptaban a su prototipo de chico ideal, aunque aún no sabía las características de su chico ideal, ya que no pensaba en ello, siempre mantenía su mente ocupada en cosas mas interesantes, como lo son los estudios; quizás había seguido los pasos de su madre; pero la verdad era que le encantaba pasar horas y horas encerrada en aquella magnífica biblioteca.
Prefería no hablar de chicos, ya que en ese tema era una completa infante, con respecto a sus amigas, quienes habían tenido varios novios, sobre todo su "prima" Lily, aunque claro Albus y James no se enteraban de las andanzas de su hermana menor. Y hablando de Lily ella de seguro se encontraba en Hogsmade con Fernando Guyer, un chico de sexto año que la había invitado a salir.
* * *
¿Para que estar con otro si no podía estar con él? No, definitivamente no podía aceptar las propuestas que les hacían sus compañeros de casa. Ella solo era de ese dios griego que nunca podría tener, porque Scorpius Malfoy no era para ella, y nunca lo sería. Se encontraba observándose en el espejo, mientras cepillaba su pelirroja cabellera, debía admitir que su cabello rojo y sus ojos azules, aunque con algunos toques marrones, eran un gran atractivo que poseía. Aún no entendía porque tenía los ojos azules si su madre los tenía marrones, tal vez fuese por su padre; pero para que preguntar por alguien que nunca se preocupo por ti y tu bienestar. Jamás preguntaría por aquel hombre que hizo sufrir a su madre y que en una noche de copas la hizo suya sin ni siquiera una rosa de por medio. Y luego de nueve meses ella había venido al mundo. Debía aceptar que siempre quiso saber algo de ese hombre; pero su madre se negaba a darle algún tipo de información, quizás aún le dolía lo que él le hizo, solo la había utilizado para sus "necesidades", solo para eso y nada más.
Una lagrima traicionera surco su rostro, le dolía pensar en aquel hombre, a quien sin necesidad de conocerlo ya lo odiaba, lo odiaba con todo su corazón.
-Ya basta.-se susurró a si misma mientras limpia todo rastro de lágrima y trata de sonreír. Le duele y no puede evitarlo; pero aún así no volverá a soltar una sola lagrima por aquel ser, que de seguro ya no existe.
Ella solo debe pensar en cosas alegres y maravillosas, como su adorado Scorpius, aquel chico que constantemente estaba en sus sueños y que desde hacía tiempo ocupaba su corazón.
-Mi Scorpius.-susurró mientras cierra los ojos recreando la imagen del amor de su vida.
Observo el reloj de su cuarto y se alarmo notablemente.
-Amanda va a matarme.-susurró saliendo rápidamente de su habitación, ya que su amiga la esperaba para ir a Hogsmade.
* * *
-¿Qué tal tu semana, querida?-cuestionó un hombre de cabellera roja.
-Digamos que fue interesante.-susurra una pelinegra sonriendo coquetamente.
Los dos se encontraban totalmente desnudos. Minutos antes habían llegado juntos al éxtasis.
-¿Con que interesante? ¿Y eso?-le cuestionó el pelirrojo, mientras besaba los hombros descubiertos de la morena.
La chica volteó su rostro y beso al ho9mbre de manera apasionada, quedando a horcadas sobre él.
-Draco es muy guapo.-susurró la mujer mordiéndose el labio inferior.-Y muy excitante.-confesó.
El pelirrojo la miró de manera burlona.
-¿Te gusta tú presa, querida?-le cuestionó mirándola fijamente.
-Eso creo.-susurró la pelinegra antes de besar nuevamente al pelirrojo.-Pero tú eres más excitante, sobre todo porque tienes planes oscuros.-dijo la mujer mientras introducía el miembro del pelirrojo en su boca.
-¡Ah!-gimió el pelirrojo mientras empujaba la cabeza de la pelinegra, para que esta lograra sentir todo su miembro, el cual de por si ya palpitaba insistentemente, y muchos mas cuando la morena gemía.
El pelirrojo hizo gala de su fuerza y voltio a la mujer quedando sobre ella, comenzó al besar el abdomen de la misma y fue descendiendo hasta el sexo de esta, y cuando estuvo en aquel lugar tan íntimo introdujo su lengua en ella. Haciendo gemir con fuerza a la mujer.
-¡Oh!-gemía esta mientras movía sus caderas de manera inconsciente.
Perdónenme por la tardanza; pero la escuela me tiene loca jijijijiji