¡Es bueno ser el rey! — capítulo 11
La Noche llegó aterciopelada en ese invierno. Las estrellas salpicaban por doquier la negrura del cielo, rota por esa media luna filosa y sarcástica que se asomaba entre las nubes. Hermione se daba los últimos retoques para asistir a la fiesta de Slughorn. Se había puesto un vestido repleto de volados color azul, corto hasta arriba de las rodillas.
-¿Qué opinas? -le preguntó Ginny quien, aburrida, se cambiaba de color el vestido con la varita.
-Muy lindo -dijo la pelirroja sin mirar a su amiga- al menos mejor que el mío. Se supone que debería cambiar de color, pero no logro cambiarlo de este naranja horrible.
Hermione puso los ojos en blanco y, agitando la varita en el aire, lo cambió a un verde metálico que resaltaba con su cabello anaranjado.
-¿Está bien ahora?
-Tienes buen gusto para los colores -le dijo Ginny poniéndose de pie y dando una vuelta como una bailarina.
-Vas a deslumbrar a Dean -comentó la castaña, volviendo al espejo. Vio como el reflejo de Ginny fruncía la nariz- Claro que Harry también va a verte.
-¿Qué tratas de insinuar?
-Vamos, a mi no vas a mentirme -contestó Hermione y se volvió hacia ella. Ginny la miró indignada.
-¡Mentirte! ¡Si fuiste tú quien me sugirió salir con otras personas!
-No digo que esté mal-repuso Hermione- al menos no tienes que soportar ver a Harry enredado con alguna chica estúpida…
-…Como Lavender -Ginny miró atenta a Harmione, que había cerrado los ojos irritada.
-Exacto.
Abajo, Ron estaba sentado en la sala común, jugando ajedrez mágico con Seamus. Su compañero de cuarto estuvo a punto de hacerle mate pero el pelirrojo vio justo a tiempo al sospechoso alfil blanco. Estaba distraído por que, cada diez segundos, miraba por encima de su hombro para asegurarse de que Lavender no lo había encontrado aún. Además, cada minuto miraba hacia las escaleras, esperando ver a Hermione bajando por allí, preciosa como sólo ella.
-¡Jaque mate! -gritó Ron entusiasmado, derribando al indefenso rey con su oportuno peón. Seamus miró con el entrecejo fruncido el tablero y Ron aprovechó para mirar hacia los dormitorios, haciendo como si se estirara. Entonces apareció ella. Vio bajar primero sus piernas delgadas para luego observar como los pliegues de seda azul revoloteaban alrededor de sus muslos. La observó con la boca abierta hasta que fue visible su rostro, porque entonces desvió la mirada, sacando cualquier asomo de codicia insana de sus ojos azules. Seamus soltó un silbido.
-¡Hermione! ¿Por qué demonios te pones eso? ¿No ves que te verías grandiosa sin el vestido?
Ron miró escandalizado a su amigo irlandés, aunque de hecho él estaba pensando exactamente lo mismo.
-Irás al baile de Slughorn, supongo -continuó hablando Seamus, ofreciéndole un asiento junto a él. Hermione asintió, sin dignarse aún a mirar al pelirrojo, que estaba frente a ella- Sé que es estúpido preguntar, pero ¿Ya tienes pareja?
Ron se impresionó por la maestría con la que Seamus mezclaba los matices y las palabras. Estaba frente a un maldito experto en el ligue… debería pedirle algunso concejos, lo único que había podido hacer Ron desde que la viera bajar era balbucear y comérsela con los ojos.
-Sí, ya tnego.
Fue entonces cuando Hermione miró por fin a Ron y sus ojos se conectaron con fiereza. El pelirrojo sintió como algo se encendía en su interior, muy diferente al instinto de depravado que latía en su…cabeza, y estuvo casi seguro de que Hermione diría "Iré con Ron", hasta que llegó el estúpido de McLaggen.
-¡Hola, preciosa! ¿Nos vamos?
Hermione se levantó como impulsada por un resorte, siempre con la mirada clavada en Ron, y asintió con la cabeza.
Salió con McLaggen al fin y Ron soltó un resoplido y volvió a desparramarse en el sillón. Vio como Seamus ponía cara de desilusión, pero supuso que su expresión no debía de ser nada comparada con la suya propia.
Estúpida Hermione con su estúpido vestido sugestivo y estorboso.