¡Es bueno ser el rey! — capítulo 12
Ron resopló malhumorado. Sus padres bailaban alegremente una horrible canción estúpida, y Harry hablaba con Lupin sobre algo queal pelirrojo le importaba muy poco. Bill y Fleur se susurraban cosas entre risitas mientras Ginny los observaba con las cejas alzadas y cara de hastío. Ron separó sus ojos de la pareja, asqueado y deprimido, y se concentró en mirar los rayones que había en la mesa de madera.
Pensaba en Hermione mientras rascaba con la uña las astillas sueltas. Pensaba en ella y en que estaría haciendo ahora, donde estaría ahora, conquién. No podría evitarlo. Trató de concentrarse en Lavender, en su cabello rubio, en sus ojos… en sus ojos castaños, en su cabello rizado, en su sincera sonrisa, en sus labios ¡en sus labios! ¡los de Hermione! ¡MALDITA SEA!
-¡Maldita sea! -musitó malhumorado dando un golpe en la mesa. Se jaló el cabello con las manos, tratando de sacarse de la cabeza a su amiga. La extrañaba tanto. Necesitaba verla… necesitaba volver a dirigirle la palabra. ¡Al diablo con Lavender! Que se ahogara en el lago si quería…
-¡Oh, Ronnie… te ves tan sexy cuando maldices!
Ron dio un respingo y tragó saliva con las mejillas encendidas. Esa era la voz de Hermione… ¿pero qué? Oh, claro…
-¡Jódete George! -chilló enfurecido, mientras Fred y George estallaban en carcajadas.
-Yo no soy George, amor mío -dijo su hermano entre risitas… con la voz de Hermione. Ron le lanzó una manzana del frutero sobre la mesa.
-Calma, hermanito, estamos probando nuestro nuevo producto para Sortilegios Weasley.
Fred le mostró una caja repleta de lo que parecían ser pastillas de menta. Ron frunció el entrecejo.
-Se llaman pastillas de voz -explicó George recuperando poco a poco su tono normal- comes una y puedes imitar la voz de quien quieras, pero tienes que recordar perfectamente como habla esa persona…
-Si no, no funciona -completó Fred sonriendo de oreja a oreja. Si no hubiera estado tan molesto, Ron se habría mostrado interesado en aquellos dulces, pero en lugar de eso empujó violentamente la caja y las pastillas rodaron por el suelo como canicas.
-¡Eh, ten más cuidado o te costará más que unos cuantos galeones! -lo amenazó George, molesto. Ron, furioso aún, se puso de pie y les mostró el dedo medio.
-¡Métetelo por donde te quepa!
Ron puso cara de susto. Su propia voz había salido de la garganta de Fred, quién los miraba victorioso. Enseguida después se escuchó el grito de su madre.
-¿QUÉ HAZ DICHO, RONALD WEASLEY?
Ron subió de dos en dos las escaleras hacia su dormitorio y se encerró en él. No estaba de humor como para soportar una regañiza, y mucho menos para complacer a los gemelos. Pero qué susto le habían metido. ¿Por qué demonios habían tenido que imitar la voz de Hermione? Ya tenía suficiente con verla entrar y salir sugestivamente de sus pensamientos. Se tiró en la cama y apagó la luz. No tenía sueño, pero tampoco quería bajar a escuchar "Hechizo de amor". Pensó una vez más en su amiga antes de dormir, justo al mismo tiempo en que Hermione suspiraba por él, muchos kilómetros al sur, en el dormitorio de la casa de sus padres.