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¡Es bueno ser el rey! — capítulo 4

El sol se asomaba perezoso a través de las delgadas cortinas de lino, tiñendo la habitación de oro. Hermione abrió los ojos con desgana y miró alrededor. Ginny dormía profundamente, con la boca abierta, en uno de los camastros que la Señora Weasley había adaptado a su habitación. La castaña le aventó un cojín a su amiga en la cara, pero lo único que le dijo que Ginny Weasley estaba viva fue un sonoro ronquido que hizo que Hermione diera un respingo.

Frustrada, la chica se levantó a regañadientes y se estiró antes de tomar el libro que había estado leyendo la noche anterior, después de que Ginny se durmiera. Bajó de dos en dos las escaleras hasta la sala y salió alegremente hacia el jardín de La Madriguera. Hacía un espléndido día de verano y ella se sentó en un tronco cortado donde, por los tajos en la madera, posiblemente cortaban leña. Estuvo cerca de media hora leyendo sin apenas sentir la brisa mañanera hasta que un grito hizo que se cayera del tronco.

Se enderezó con la varita en ristre y apuntó hacia las copas de los árboles, donde había escuchado el sonido. Lo reconoció enseguida. Era Ron que perseguía a toda velocidad una pelota roja (Hermione nunca se había aprendido los nombres de las bolas que se usaban en quidditch) montado en su barredora. Se olvidó completamente del libro y caminó hasta donde supuso que se hallaba el campo de Quiddtch de los Weasley.

En realidad no era un campo de quiddtch hecho y derecho, sino más bien un pequeño claro en medio del bosque, con tres desgastados aros de anotación en la punta sur.En medio del claro se hallaba Ron, de pie, mirando ceñudo su pelota roja. Se montó de nuevo en su escoba y sobrevoló las copas de los árboles. Hermione lo observó desde abajo un buen rato ensartar varios goles impresionantes hasta que se le cayó de nuevo la pelota y ella la atrapó en el aire.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó el pelirrojo en cuanto bajó a recogerla, tal vez con demasiada brusquedad por que Hermione frunció el entrecejo cuando le lanzó la pelota de vuelta.

-¿No puedo tomar un poco de aire si quiero?

-¿Un ratón de biblioteca como tú? No suena normal -le contestó Ron, regresando de nuevo al suelo, con menos antipatía. Hermione puso los ojos en blanco y se dio la vuelta para regresar a la madriguera.

-¡Casi habría jurado que me estabas viendo jugar! -le gritó Ron mientras ella se alejaba. Sus palabras tuvieron el resultado que deseaba.

-¡No te creas tan importante, Ron!- -le espetó Hermione, deteniéndose repentinamente. El pelirrojo rió entre dientes.

-¿Entonces qué estabas viendo escondida entre los árboles, eh?

Hermione se quedó sin palabras un momento, indignada pero a la vez nerviosa ¿desde cuándo sabía Ron que ella estaba allí? Titubeó un momento y mintió lo primero que se le ocurrió- Eh… tu escoba.

-Ah, ¿de veras?

-Sí…-dijo ella con convicción, cruzándose de brazos- creo que es bonita.

-¡Vaya, no creí que tuvieras esa clase de intereses! -le dijo Ron, falsamente sorprendido. Ella podría ser una genio, pero a la hora de mentir simplemente fracasaba- Entonces, ¿quieres subirte?

-¿Qué? ¡No! -gritó Hermione, dando un paso atrás y mirando la escoba con temor.

-Oh, vamos… solo un paseo y ya…-la incitó él, casi burlándose.

-¡P…p… pero yo no sé volar! -chilló ella, asustada.

-Entonces deja que te enseñe -le pidió el pelirrojo. Hermione se mordió el labio… ¡Cachin! Punto para Ron.

-Pero… yo…

-¡Vamos, Hermione, no es tan difícil! -enseguida Ron adoptó un tono de seminarista sabihondo- ¡Bienvenida a "VOLANDO EN 50 SENCILLOS PASOS"! Y la lección empieza ahora.

El primer paso es… sostener la escoba -Ron tomó el palo de su escoba de forma cómica, Hermione giró los ojos- Paso dos: alzar una pierna -lo hizo, en una graciosa parodia de un perro que ha hallado el poste correcto- Paso tres: pasar la pierna por encima del…

-¡Sé cómo montar una escoba! -le espetó ella, entre molesta y divertida, y le arrebató la barredora de las manos.

-Genial, eso me ahorra explicarte los otros siete pasos de la primera lección, así que pasaremos a la segunda: -Ron alzó las manos como un presentador de circo- separar los pies de la tierra.

Hermione soltó un bufido y dio una patada en el suelo. Enseguida sus zapatos de despegaron un par de centímetros del suelo y volvió a bajar tras un par de segundos así.

-¿Los ves? ¡Hermione Granger SABE volar en escoba! -dijo ella, impaciente. ¿Por qué no se habría quedado leyendo su libro en el tronco del jardín?

-En ese caso, juguemos un partido -la retó Ron, apuntando al cielo. Ella palideció.

-¿Estás loco? -chilló ella, poniéndose a la defensiva- ¡Que sepa volar no significa que me guste!

-Te dejaré ganar, guapa.

Ese último comentario la espantó un poco, y la dejó tan mal parada que Ron sonrió abiertamente y dijo "Voy por las escobas".

-¿Guapa? -le soltó en cuanto lo vio volver. Ron le guiñó un ojo y recogió quaffle del suelo.

-Anda, te dejaré la barredora.

Hermione no consideró eso como una respuesta válida a su pregunta, pero decidió que podía sacarle mayorprovecho a la situación en otro momento. Por lo tanto, a regañadientes, se montó de nuevo en la escoba de Ron y se levantó varios metros hasta rozar las copas de los árboles con los pies.Temblando de pies a cabeza y añorando el libro que la esperaba abajo, en tierra firme, Hermione se impulsó hacia delante y Ron le tendió la pelota.

-Bien, haz lo mejor que puedas guapa.

-Me vuelves a decir así y te juro que no tienes descendencia.

"Eso te incumbe más a ti que a mí" pensó Ron para sus adentros, pero no lo dijo en voz alta por su bien físico.

-¡Dijiste que me ibas a dejar ganar!

-Lo intenté, pero eres condenadamente mala.

Hermione le dio un empujón cariñoso a Ron mientras entraban en la madriguera, embarrados de barro y con las piernas agarrotadas.

-Ron, ven a ayudarme con la comida -le pidió la Señor Weasley a su hijo en cuanto atravesaron el umbral. Él iba a replicar pero entonces Fleur se asomó con un delantal puesto a ver si había llegado Bill.

-Yo también ayudo, señora Weasley -se ofreció Hermione, mirando con los ojos entornados a Fleur. L mujer negó con la cabeza.

-Oh, no querida, estamos bien -le contestó ella con amabilidad y Hermione no tuvo más que subir las escaleras a regañadientes hasta el cuarto de Ginny.

-¿Te divertiste? -e dijo su amiga con tono severo cuando Hermione llegó a rellano.

-No sé a qué te refieres -murmuró ella con gesto esquivo.

-Se ven los aros de Quidditch desde mi cuarto -explicó Ginny y luego agregó- Realmente eres malísima.

-Ron me llamó guapa -dijo Hermione rápidamente, como si confesara algo malo. Ginny estuvo a punto de reírse de la cara de susto de su amiga, pero mantuvo el aire solemne.

-No te preocupes, en cuanto llegue Harry volverá a ser el mismo Ron estúpido -comentó la pelirroja- Por cierto, llega mañana.

Y dicho eso, bajó a desayunar. Hermione ya no estaba muy segura de si quería ver a Harry ese verano.