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Bajo llave — capítulo 10
--HHPG--** Me quedé sentada en la habitación, mirando los rayos de sol. Ese día, especialmente, mi bebé estaba muy emocionado. No dejaba de moverse y Ginny podía encontrarlo con facilidad, al colocar su mano sobre mi vientre. — Mira, está aquí— dije, colocando su mano sobre el punto que señalaba. Ella sonrió llena de felicidad y suspiró. — No puedo espera a que nazca. Seguro será un bebé precioso. Coincidí con ella. Amaba a mi bebé y lo creía el ser más hermoso del mundo. Ninguno se parecería a él, ni él se vería opacado por ninguno. ¡Lo amaba es verdad! Bajé las escaleras y noté que Sirius estaba en el salón y charlaba con la Sra Weasley. A pocos días ya de mi parto, todos esperábamos lo mismo. No teníamos algo más que hacer. Ya habían pasado las semanas y tendría a mi hijo. Harry seguía enviando sus informes y las cartas las leía una vez Snape, la otra, Remus. Se turnaban para ello. Sirius no lo soportaba y rehuía de esa obligación. Lo último que le habíamos leído, era que había encontrado el guardapelo que yo le había descrito y pensaba destruirlo pronto. Se acercaba a nuestra caza y yo, sin embargo, no sabía qué hacer. Estaba ocupada con el parto. De él enterarse de que había nacido, sin duda alguna, podría fraguar algún plan para arrebatármelo. Ginny caminó hacia mí con una enorme caja, que parecía muy pesada. Sirius le ayudó cuando una de las piezas dentro, amenazaba con caerse. Parecía según mis ojos, partes de una cuna d madera. Estaba en blanco. Lista para ser pintada. — Ron la envió. Dice que a lo mejor con esto, te distraes y te ayuda a liberar tensión. ¡Te ayudaré! Me encantará pintar esta adorable cunita. Caminé junto a ella y cuidadosamente, me senté en el suelo. La sra. Weasley había traído un par de pinturas y pinceles. Nos harían mucha falta para el acabado. Pensaba barnizarla luego de terminar. Sí, tenía nuevos planes y me hacía sentir bastante bien. Ese día pintábamos ovejas y ositos. Pintamos cielos y mares. Un par de rayos de sol y muchas flores. Sin duda, el trabajo estaba quedando maravilloso desde mi punto de vista y desde el de otros. Como Remus y Sirius. Ron regresó esa tarde, estaba nevando. Comenzaba el crudo invierno y no dejábamos de sentarnos frente a la chimenea para calentarnos. Se retiró la bufanda que cargaba y caminó hacia Ginny y a mí, para besarnos las mejillas. Admiró nuestro trabajo y sonrió. — Me gusta. Tiene algo de no se qué, que me hace pensar que terminará siendo una obra de arte. — ¿Algo de "no se qué"?— preguntó Ginny y él asintió, cerrando un ojo para mirarla mejor. — Sí. tú entiendes a qué me refiero. Un poco de eso y de aquellos. Las pinturas y todo el efecto. Además de la técnica y la trama. Ginny me miró y negó con la cabeza. Yo me eché a reír, mientras ella decía con gestos, que él estaba loco de atar. Yo no paraba de reírme con las ocurrencias que a esos dos, se les pasaban por la cabeza. Y mi bebé estaba feliz, puesto que al reír... él se movía conmigo. Suspiré y acaricié mi vientre, mirando el atardecer cayendo en nuestro alfeizar. Pronto... muy pronto... vas a dormir en esa cunita. Y yo voy a llenarte de mimos. A besarte hasta el cansancio. Hasta que ya no pueda ver más. Ni sentir siquiera. — Hermione. — ¿Mmm? — Vamos a comer. ¿Vienes? Necesitas alimentarte y a tu bebé. Mucho trabajo por hoy y debes descansar un rato. No te beneficia hacer tanto ejercicio en estos dos meses tan importantes. Cuánta razón tenía ella. Caminé junto a ellos, hacia la mesa del comedor. En ella estaba sentada Nymphadora, mientras Lupin charlaba con ella. Sonrió con fuerza al verme y se bajó de un salto. Suspiró y antes de abrazarme, miró mi vientre. — Entonces es cierto. ¡Pero qué hermosa estás, Hermione! — Muchas gracias. Tú te ves muy bien también, Tonks. — Gracias. ¿Ves, Remus? Eso deberías decirme de vez en cuando. Sonreí cuando Remus compuso un rostro de no entender el significado de sus palabras. Ella me guiñó un ojo y sostuvo su brazo, guiándolo hacia el salón. En cuanto nos sentamos a cenar. Snape y Sirius hicieron lo mismo. No sin dejar de discutir. — No es correcto— dictaminó Snape, sin mirar lo que la sra. Weasley ponía en el plato y en la mesa— es mejor persuadir a Potter en ese tipo de cosas. — Disculpe. ¿En qué?— pregunté, cuando escuché aquello. Bien, era el padre de mi hijo y tenía que saber de él. — Harry quiere que se le permita declarar al ministerio de magia, que tu hijo es un peligro potencial y que se decida qué destino recaerá sobre él. Negué rotundamente y mis manos temblaron. Ginny me miró asustada y Ron sostuvo mi mano con fuerza, sobre la mesa. Él no podía hacerme esto. — Pero... ¿cómo? — Porque nosotros no tomamos una decisión al respecto. Entonces él decidió tomarlo por su cuenta y pedirle un consejo al ministerio. — Lo mataría de seguro— dijo Snape como si nada y yo lo miré sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Eso sin duda, era lo más grave que jamás pude oír en lo que llevaba de vida. Harry no podía ser tan inhumano. Era mi hijo, no un pedazo de carne. Tragué con fuerza y me eché a llorar de inmediato. Ron me abrazó en silencio y la sra. Weasley me miró con una sonrisa suave o un intento de ella. — Tranquila cariño, Alastor y Kinsgley lo detendrán. Lo disuadirán. Si Sirius no pudo. ¿Por qué ellos podrían? Negué nuevamente y me levanté de la mesa y caminé hacia el salón. Apenas podía respirar. Contuve mi vientre, llenándome de terror ante la imagen viva de Harry, haciéndose con mi hijo y su vida. Lo mataría de ser posible. Yo misma y luego, simplemente le miraría sobre la tumba y quizá... solo quizá... Lloraría su muerte. O simplemente escupiría sobre la tumba y le agradecería por tanto sufrimiento y dolor. Quería guerra. Eso tendría. Yo se la daría sin arrepentimientos ni sentimentalismos vagos. La vida de mi hijo estaba en juego.