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Bajo llave — capítulo 11

--HHPG--** Esa mañana, me levanté con una extraña sensación. Sintiéndome ingrávida por un par de minutos. No sentía a mi bebé. ¿Qué estaba ocurriendo en mi interior? Negué con la cabeza y traté de pararme de la cama. Sin embargo, eso no fue posible. ¡Estaba rompiendo fuentes! No podía creerlo. Por fin sucedería lo que había estado esperando. En ese momento no pensaba en algo más. — ¡Remus! ¡por favor, ven rápido a la habitación! ¡Alguien que me ayude por amor a dios! Mis gritos de dolor, atrajeron la atención de la madre de Sirius. Incluso de Kreacher, cuyos enormes ojos me miraban con sorpresa. Yo solo me sostenía el vientre, tratando de levantarme de la cama y caminar hacia la puerta. De inmediato, Sirius vino a socorrerme. No podía creer, que había pasado todo ese tiempo y ya estaba lista para dar a luz. — ¡Ay, Hermione! ¿qué se supone que haga en un momento así?— me dijo y yo negué con la cabeza y apenas lo miré. — ¡Llévame al hospital, por favor. Dudo que este bebé quiera esperar! Sirius me miró sorprendido y asintió deprisa. Bajábamos las escaleras tan aprisa, que Ginny que se disponía a subir ante el alboroto, me hizo la misma pregunta que yo esperaba escuchar de sus labios. — ¿Vas a parir? — Sí. Avísale a Remus que tuvimos que levantar la protección del cuartel. Que sea él o Snape, quién la coloque de nuevo. — Pero... ¡yo tengo que ir! — Quédate y dales ese aviso. Luego, yo volveré por ti. Ginny asintió mientras Sirius se preguntaba si debíamos aparecernos o si debíamos tomar otra vía para ello. La mejor forma era aparecernos y por chimenea, podía ser muy inseguro para mí y por supuesto para el bebé. Nos apareceríamos. Al aparecer, mi gemido de dolor fue causal de que alguien nos prestara la debida atención. Buscaron muchas mantas y una camilla para que yo pudiera recostarme. Sirius estaba nervioso. Me pregunto qué habría pasado de él mirar aquel parto. No quería ni saberlo. Inspiré con fuerza. Pidieron que respirara para pujar. Pujé. Con toda esa ira contenida hacia su padre. Con todo ese dolor arraigado en mí. Pujé. Todo ese esfuerzo tenía que servir para algo. Suspiré, esperando el momento preciso para continuar pujando. Hasta que entonces, escuché su llanto. Lo vi salir, sonrojado. Lleno de líquido amniótico y muy vivaz. Sirius suspiró al otro lado, escuchando aquel fuerte llanto. ¡Sí que tenía pulmones, mi bebito! — Sirius...— susurré, mientras lo sostenía— míralo, es mi pequeño hijo. — ¿Cómo lo vas a llamar? Medité. Harry y yo no tuvimos tiempo para discutir eso. Continué pensando, mientras Sirius le acariciaba la cabeza con mucho cuidado. — Aún no lo sé. ¿Me ayudarías a escoger un hermoso nombre para mi hijo? Sirius se sentó a mi lado y meditó con detenimiento. Con una sonrisa me miró en silencio y yo esperé por su mensaje. Seguro era un gran nombre. — Lo llamaría Liander. Me gusta como suena Liander. ¿Qué te parece? — Tengo que pensarlo. O tenemos. Sonreía, mientras miraba a mi hijo. Liander sonaba bien. Imponente. Bueno ya decidiría eso. Él bostezó y me miró, en los brazos de Sirius. Lo tomé entre los míos y suspiré lentamente. Le acaricié la cabeza una vez más y creía que me sonreiría. Suspiré y estaba exhausta. Esa era la mera verdad. Antes de que Sirius me dijera algo, Remus y Ginny estaban allí. Snape se había quedado en el cuartel. A ciencia cierta, no le importaba mucho tampoco. — ¡Es hermoso, Hermione!— chilló Ginny llena de emoción y me miró con un gesto suplicante que yo entendí de inmediato. Lo coloqué cuidadosamente entre sus brazos y sonreí al verla casi sollozar de felicidad. Remus lo miraba con atención. Parecía ya familiarizado con lo que le rodeaba. Pero claro, ya yo le había hablado de todos ellos. Ya solo le quedaba conocerlos. — Tienen que descansar, ambos— dijo Sirius y Remus asintió, sonriendo. Con una inspiración fuerte, Ginny ladeó la cabeza hacia la puerta. Alguien iba a entrar y yo me pregunté en todos esos pensamientos, si Harry estaba interesado. Pero no. Era Ron. — Creo que es un bebé hermoso. Me parece. — Gracias, Ron. Por dentro, un padre como él habría anhelado. Pero la ciencia y verdad era, que amo a Harry y no podría pensar en otro padre para mi hijo. Fuera o no el monstruo que es ahora. Ladee la cabeza y miré a Remus. Me miró a mí y entendió lo que quise decirle sin hablar. No necesitaba hablar para eso. — ¿Comentarle a Harry? ¿Necesitas eso? — No lo sé. Solo temo que... — No pasaría... nosotros no lo permitiremos. Es tu hijo, no un animal para ser comido o siquiera para que lo matemos. Incluso Severus lo piensa y hará lo que tenga que hacer para protegerlo. Él lo dijo. Para Snape era fácil. Él odiaba a Harry. Pero ¿y para mí? Mi hijo se durmió rápidamente. Sonreí al verlo y lo cobijé cuidadosamente. Mientras estaba en ello. Un mensaje para mí, llegaba de manos de un sanador. Parecía ser muy urgente, que no podía esperar. Era la sra. Weasley. Parecía que como todos ya lo sabían, le habían escrito a mis padres y ellos estaban deseosos de conocer a mi hijo. Sonreí y le pedí a Ginny que les respondiera para que vinieran a verlo. No estaríamos mucho tiempo dentro. Aunque este era el lugar más seguro. Harry no podría atacarnos aquí dentro. Remus me dijo que montaría guardia. Sirius dijo que regresaría al cuartel y Ron me susurró que iría con él para que no peleara con Snape. Yo traté de despejar mi mente y en realidad era fácil, con mi hijo a mi lado. Suspiré y cerré mis ojos. Todos los sueños que tuve, eran sobre nosotros. Me encantaba tenerlo a mi lado. Su dulce aroma. Tantos meses de espera y ya se había hecho realidad. Aunque justo ahora comenzaba la verdadera lucha. Por su protección y por la mía. Y cada uno de los miembros, tenía un papel distinto. Y yo iba a participar en ello. Con o sin la aprobación de la orden o del mismísimo Harry. Si quería morir. Entonces por mi hijo, yo lo iba a ayudar a ello.