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Bajo llave — capítulo 12

--HHPG--** El pequeño estaba en la cuna, mientras la sra. Weasley y mis padres lo miraban con mucho detalle. Mirándole los pequeños ojos casi verdes, el cabello castaño. Tenía mucho cabello. Me recordaba tanto a Harry. Que simplemente lo miraba allí, mientras dormía. — Mira sus manitas, Hermione.— me dijo la sra. Weasley. ¡Son idénticas a las de Harry!— miró mi expresión y guardó silencio de inmediato. Era idéntico a mi hijo. Era su padre. ¿Qué esperaba? Sonreí y ella sonrió. Ese día Tonks y compañía me visitaban. Y cuando mencionaba compañía; hablaba de muchos miembros de la orden. Querían conocer al primer hijo de Harry Potter. — ¿Cómo piensas llamarlo, Hermione?— me preguntó Tonks y yo aún no había meditado sobre ese detalle tan importante. "Hola extraño". Así pensaba cuando lo miraba. Hermoso extraño. No quería asociarlo con nadie. Ni siquiera con él. Dudé, no había pensado en los nombres y nada que identificara lo guapo que era, me llegaba hasta el pensamiento. Nymphadora sonrió mirándome. Estaba muy feliz. El pequeño movía sus manos. Parecía emocionado y a temprana edad. — Sirius pensó en Liander. No sé si sea un buen nombre para mi bebé. — Liander Potter. Suena bien para mí, Hermione. Aunque me gustaría escuchar algo como Nicholas, Marcus. ¡Oh ya lo sé! Quizá algo como Neithan... Nathaniel. No lo sé. Tantos nombres para bebés. — Lo pensaré— me reí y ella sonrió con mucha felicidad. Tenía tiempo para pensar en ello. Con una inspiración suave, noté y notaron, que mi hijo tenía apetito. Lloraba y Ginny se encargó de llevarlo hasta mis brazos. Le sonreí, sosteniendo su pequeña nariz con suavidad. Lo acerqué a mi pecho y santo remedio. El llanto cesó y él estaba feliz, mientras cenaba. Esa noche, no tuve tiempo para preocuparme. Kinsgley había venido de visita. Alastor Moody. Incluso Mundungus. Ni lo conocía bien, pero no me importaba. Mientras más risas y cuentos, estaba todo en orden. Nos llenábamos de alegría, ante la llegada del pequeño. — Hermoso, sin duda una preciosidad de niño— Minerva lo miraba, mientras yo lo sostenía entre mis brazos. Estaba dormido y no podía moverlo de allí. Lloraba si quería ponerlo en la cuna. Estaba mañoso. Dije y reímos. Quizá se sentía tan solo como yo. Ginny se sentó a mi lado y me hacía compañía. No quería quedarme sola y la realidad era, que las visitas se iban luego de un par de horas. Mientras estaba sentada a mi lado, trataba de no dormirse en la silla. Estando en ello, Ron entró en la habitación y nos miró con una sonrisa. Plantó un beso en la frente de su hermana, que abrió los ojos y asintió con la cabeza. Se levantó de la silla y caminó hacia la puerta. Él se sentó a mi lado y acarició la cabeza del pequeño. Al final, lo había devuelto a la cuna. Cuando ya eso no le importaba. Me miró en silencio y yo miré la cama con el mismo gesto. No sabíamos qué decirnos. Ni siquiera qué pensamiento tener, para avivar aquel ambiente que de una u otra forma, terminaba muerto. — ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?— me preguntó y yo sonreí. Reí ante su pregunta y él me miró con un gesto feliz. — Como la mujer más afortunada del mundo y sus alrededores. Tengo un hijo, Ron. Tengo un hermoso hijo. Asintió con un suspiro y yo creí que esa sensación no se iría jamás de mí. Esa sensación de que flotaba en un ambiente tan distinto. Algunas veces chocaba con el real, como dije antes, pero esta vez no. Y Harry parecía sentirse igual. A sus oídos había llegado que yo ya había dado a luz. No sé como, pero algo en su rostro me estaba diciendo que tal vez, había algo del viejo Harry en su interior. Apagó las luces, antes de subir por las viejas escaleras de aquella casa y creo que... Algo de él vivía apagado en su interior. Ron se acercó a mi sien y depositó un beso en ella. Sostuvo su mano y me miró. Algo había en él, que se me hacía tan familiar. Algo en él, me hacía pensar en el amor que Harry me había dado. Cuando creyó que me lo merecía. — Hermione... me alegro que seas feliz. Nosotros, vamos a cuidar que siempre ocurra. Que siempre seas feliz. No supe qué decir, el sentimiento de felicidad se me apagó de pronto. ¿Y si Harry decidía hacerles daño? Yo iba a morir con ellos de eso pasar. Iba a sentir el dolor de ellos, si alguna herida los cruzaba. Como hechizo y varita. No sabía qué decir. Qué sentir. Pensar... Hacía mucho que no sabía qué pensar. Me quedé en silencio y Ron comprendió que no estaba bien contestar. Que estaba indispuesta para eso. Quise ahogar las lágrimas en ese mismo silencio, pero me fue imposible. — Ron, tengo tanto miedo— sollocé y él sonrió dulcemente. ¿Qué nunca temían por sus vidas? ¿Yo era la única con sentimientos? Quizá. — No tienes por qué temer, Hermione. El bebé y tú estarán bien. Te lo prometí cuando nos conocimos. Que haría todo lo posible, todo, por ti y por Harry. Y eso voy a hacer. — ¿Irás contra Harry? — Esta vez, eres tú. Me quedé en silencio nuevamente, derramaba lágrimas por inercia. Ni estaba pensando, cuando ya había comenzado a llorar. Ron trató de ayudarme y se sintió por un momento, impotente. Yo sonreí entre esas lágrimas. Estaba haciendo tanto. Lo extrañaba. Extrañaba oír su voz y escuchar también aquellas palabras dulces, que Harry me debía. — Descansen. Esta noche es mía. Yo me quedaré a vigilar. Ginny está muy cansada y debe dormir. Será mejor que ustedes dos hagan lo mismo. O tú, por que el bebé ya parece dormir muy plácidamente. Sí, yo necesitaba dormir. Estaba exhausta. Ladee la cabeza hacia el pequeño, por última vez. Dormía y parecía que estaba bien. Entonces, pude cerrar mis ojos y pensar en relajarme. Pensar en descansar mi mente por un momento. No sabía si por siempre, pero trataba de no pensar en las oportunidades de morir, que él y yo teníamos. Trataba de pensar en positivo. Harry me daba razones para temer, pero yo tenía que prepararme para evitarlo.