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Bajo llave — capítulo 13

--HHPG--** Esa mañana, regresamos a casa. El bebé estaba dormido en su cuna y yo, estaba a su lado, mirándolo con una sonrisa. La sra. Weasley no quería que me levantara y en cuanto Snape lo había visto, había dicho algo como "muchos Potter para un solo día". Imaginé recordaba a James. Sonreí en cuanto Tonks me había pedido que le permitiera ayudarme con el cambio de pañales. Asentí y en realidad, me había hecho la tarea más sencilla. Creo que las cosas estaban por mejorar. Aunque no podía decir lo mismo para Harry. Estaba sentado, solo, en el salón de aquella casa. Seguía meditando, con las manos juntas frente a su rostro. Como si rezara. No sabía qué estaba pasando por la mente de mi marido. Ya desde hace mucho, no podía comprenderlo. Ni siquiera podía mirarlo a los ojos, sin sentir que ya no tenía conocimiento de la materia. Sin sentir que ya no sabía nada de él ni de lo que éramos. Sospechaba que eso iba a terminar de mermar. O que había terminado de mermar, nuestra relación. Lo que se suponía; teníamos. Pero que al final no fue nada más que odio y resentimientos. Odio suyo, en contra de nuestro hijo y resentimiento mío, por no permitirle vivir feliz en un hogar cálido y familiar. Pero bien, ese era mi destino y lo aceptaba con mucha fuerza. Iba a luchar y no me iba a dejar aminorar por todos esos sentires. No iba a aminorar mi paso. A la hora de la cena, todos estaban congregados alrededor de la mesa. Yo estaba sentada allí, sosteniendo al pequeño. Aún no habíamos decidido su nombre. Él estaba mirándolos a todos. Reconociendo el ambiente. Era muy curioso y los ruidos atraían su atención. En cuanto alguien se paraba o sentaba, él soltaba un sollozo. Miraba con detalle, cuando algo se movía o simplemente cambiaba de forma. No sabía aún, que era un pequeño mago. Que su destino era ser un mago, como ambos padres. Por ende, todo le parecía tan fascinante. Yo cenaba coles con patatas y pavo al horno. Él, bien lo amamantaba mientras cenaba. No incomodaba, casi no se sentía cuando tenía apetito. Enseguida ahogaba un bostezo y tenía deseos de dormir. Así eran a esas tempranas horas. Todo era relativamente sencillo para mí. Mientras lo acunaba para dormir y terminaba el postre, tartaleta de zarzamoras, la chimenea se encendió con fuerza y Moody junto a Snape, miraron atentamente. Era Harry. Sí, a sus oídos había llegado que ya mi hijo había nacido. Me quedé en la cocina, apenas pudiendo tragarme el último pedazo de tartaleta. La sra. Weasley colocó una mano sobre mi hombro y escuchaba la conversación. Parecía que los tres discutían acaloradamente y yo solo quería echarme a llorar. Me levanté, pero ella insistía en que me quedara dentro. Al menos mientras la visita terminaba y él no pudiera verme. ¿Qué iba a ver? ¿A nuestro hijo y a mí? Por supuesto que no. Iba a ver la forma de cómo destruirlo. Lo iba a ver como la llave para el final de muchos males. Aunque solo fuese un niño inocente, del que estuviésemos hablando. Me quedé allí dentro, hasta que ya no oímos más. Severus fue el primero en entrar, parecía obstinado. Moody le siguió los pasos y con su bastón, hizo un llamado a la calma, que Snape no atendió en lo más mínimo. Quizá había dicho alguna de las locuras a las que estaba acostumbrado y el profesor Snape, se había ofendido. Bueno, no era difícil ofender a ese hombre. Parecía que siempre andaba en forma defensiva. — Potter no puede estar hablando enserio— enfatizó y yo me preguntaba de qué hablaban ambos. La sra. Weasley quería sacarme de aquel lugar y yo me negaba. No me iba a mover hasta saber de qué hablaban, sobre mí y mi hijo. — El ministerio decidiría si el niño es una amenaza. Dudo que lo sea. Es solo un bebé. No crecerá y se convertirá en un segundo Quién no debe ser nombrado. — Eso no lo sabe él. Porque parece actuar como un calamar con poco ceso. Siquiera el calamar gigante que Albus insistió tener en Hogwarts, es tan ignorante. Yo insistía en quedarme, pero la sra. Weasley trataba de llevarme hasta el salón. Moody miró a Snape con un gesto sombrío. —¿Y si Potter ganara? ¿Qué podríamos hacer de pronto? ¡No tenemos alternativa alguna! No podemos recurrir a Dumbledore para que nos salve. — Entonces tendremos que ser nosotros mismos, quienes extraigamos y destruyamos ese pedazo de alma que queda. Yo me preguntaba cómo podía ser eso posible. Moody negó enfáticamente con la cabeza y yo suspiré, asustada. — Estamos hablando de almas. Nadie sabe qué carajo es un alma y no sabemos en qué forma se presenta el horrcrux. ¿Es que acaso será un trozo de hueso que tenemos que fracturarle, para que se acabe? Snape meditó y se preguntó lo mismo. Yo imaginé lo mismo que Alastor. Si el alma era algo indivisible. ¿Cómo separar a alguien de ella? El velo del departamento de misterios podía hacer eso. Harry había soñado con eso. Pero una vez allí, solo morías. Cuando el alma estuviera fuera de tu cuerpo... No quedaba nada dentro. Esa noche subí a la habitación y me quedé allí dentro, sola. No supe qué más hacer. Me eché a llorar en silencio. Ladee la cabeza hacia el bebé. Dormitaba, inocente. Sin saber que sobre sus hombros, pesaba un alto precio. Y yo, no quería cobrarlo. Ni siquiera esperaba que alguien lo hiciera. Quería verlo feliz. No parte de un experimento cruel y sin significado. Estando allí, Severus Snape subió las escaleras y llamó con suavidad. Suspiré, secándome las lágrimas con las muñecas y le abrí la puerta. — Granger, tenemos que hablar sobre Potter y su hijo. Asentí, permitiéndole pasar. No dijo nada y se detuvo junto a mí, mientras yo me sentaba en la cama y lo contemplaba con mucho detalle. — Es probable que Potter le pida al ministerio que decida qué vale más. Su vida o la vida de millones de personas. Ellos escogerán a las personas y usted perderá al niño. Por ello, tendríamos que fraguar un plan muy costoso en recurso humano. No escatimaríamos en nada y nos echaríamos a la humanidad encima, prácticamente. ¿Harry podría transmitir tanto odio? — Prepárese para lo peor.