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Bajo llave — capítulo 14
--HHPG--** Respiré ya que por un momento, sentí las manos de algo sobre mí. Suspiré a sabiendas de que nada podía tocarme, puesto que solo estábamos el bebé, Ginny y yo. Ladee la cabeza y descubrí una mirada sobre mí. Estaba en un rincón, mirándome atentamente. Sentí mucho miedo al pensar que podía tratarse de alguna criatura peligrosa. Inspiré y me senté lentamente en la cama. Con mucho cuidado, me levanté para caminar y para alcanzar a quién estuviera interponiéndose entre mi hijo y yo. Podía hacerle daño. ¿Cómo saberlo? Ginny se levantó al escucharme tropezarme con la pata de su cama. Me miró sin dar crédito y se levantó para ayudarme. Me miró. Yo solo quería ir a un rincón oscuro. Pero en cuanto ella sostuvo mi mano, me di cuenta de que todo era una mentira. Que nadie nos miraba y que yo solo estaba delirando. Ladee la cabeza hacia el bebé, estaba dormido. Su cabello negro, estaba adherido a su rostro. Tenía mucho calor. Caminé hacia él y acomodé su pijama, para que no pasara tanto calor. Levanté un poco los ruedos. Esa noche, dormimos un poco. Desperté cada cierto tiempo, porque el bebé tenía cólicos y estaba enojado por el calor. Tenía una rabieta. Bajé las escaleras y caminé por el salón con él. Snape estaba allí. Me pregunté si ese hombre dormía alguna vez. Nos miró desde un sofá, mientras yo caminaba con mi hijo. Inquieto. Inspirando, caminé alrededor del salón. No sé por qué hacía tanto calor esa noche. Pronto se calmó y se chupaba uno de sus dedos, mientras yo tarareaba una canción de cuna. Severus Snape nos miraba atentamente, mientras yo caminaba con mis descalzos pies y mi paciencia. Me senté en el sofá y lo miré dormir. Estaba muy conmocionado. Seguro los cólicos lo estaban matando. Lo acuné entre mis brazos y sonreí, mientras él simplemente estaba dormido. Al poco tiempo, Severus se levantó de donde se había sentado y tendió frente a mí, un vaso con agua. No se lo había pedido; pero me sentó muy bien. Hacía mucho calor y sin duda, era una desestabilización climática. Pronto volví a la habitación y Snape también. Con un suspiro, lo tendí sobre la cuna y lo miré. Se movió un par de veces, pero parecía contento. Con una sonrisa suave, lo contemplé, para luego dejarme caer en la cama y tratar de dormir. En cuanto el sol volvió a salir, yo no me percaté. Estaba muy cansada y solo me dejé llevar. Cuando me desperté, mi bebé no estaba. Liander no estaba en la cama. Así lo llamaba. Realmente no tenía idea de cómo llamarlo. Caminé hasta la cocina y noté que estaba muy entretenido, en los brazos de Ron. Mientras desayunaban. Volví a respirar con una sonrisa suave y sentí que todo tenía sentido. Que eran solo mis pesadillas. Mis nervios y malestares, obrando en mi contra. Pero claro, solo estaba nerviosa de que el pequeño conociera a su padre. Que tenía que suceder en lo que restaba de vida. Supuse. Mientras me sentaba a desayunar, escuché que la chimenea se revolvía entre sus llamas y esperaba que no fuera lo que creí que era. Aunque sí, si podía ser. Si ya se había enterado de todo ello. Era él, seguramente. — Harry Potter— Alastor lo sorprendió en el salón y a mí, sin habla. No supe qué hacer. Pero antes de pensarlo, él se acercó a la cocina. Ron y Harry, intercambiaron miradas tensas y él, bajó la vista hacia mi hijo. No puedo describir lo que sentí en cuanto lo vio. Ni lo que sus ojos me dijeron acerca de lo que él sentía. Todo era tan confuso. Tan complejo. Lo miró por unos segundos más y luego, ladeó la cabeza hacia mí. Era la primera vez que nos mirábamos a la cara, formalmente. Los aurores estaban alrededor de mí, protegiéndome. Incluso Ginny. — ¿Cómo lo llamaste? — Liander o Lisander. No nos hemos decidido aún— dije, con nervio a flor de piel. Temblando. Ginny tomó una de mis manos y me sonrió dulcemente. Lo miró con rabia que sus ojos no supieron ocultar. Normalmente ella lo vería como una amiga. Pero todo estaba de cabeza. Todo estaba mal, torcido en nuestras vidas. Asintió en silencio y luego se dio media vuelta. Caminó hacia la chimenea y no lo vimos más. Me di cuenta de que había estado reteniendo el oxígeno. De que estaba asustada y de que jamás quería volver a ver esa mirada sobre mí. Que me llenaba de terror y de tantas preocupaciones. De pesadillas sin acabar. Harry era un ser tan distinto que lograba ponerme los vellos de punta. Pero bien, así era el nuevo Harry Potter. Estaba acostumbrada a verlo. Ya estaba comenzando a entender que él no volvería a ser el mismo. Cobardía suya o mía, daba lo mismo. Me senté y muy pronto, me eché a llorar. Ginny trató de consolarme, pero le fue imposible. Solo sentía el miedo fluyendo a través de mi sangre y mis venas. Sentía que mi corazón se acongojaba y luego, el embate de rabia por tener a un padre así, para mi pequeño hijo. No, él no era su padre. Él era un adefesio. Un parapeto de lo que fue una vez, el Harry que amé y que ahora odiaba con toda mi alma. No quería volver a verlo. Mucho menos, cerca de mi pequeño. Que jamás le pusiera un solo dedo encima. Podría matarlo. Esa tarde, todos nos mirábamos en silencio. El asunto no era nada sencillo y requería de nuestra atención. Pero claro, Harry era el único que decidía someter a un bebé, a un juicio. Siendo apenas un infante de unas pocas horas. No tenía escrúpulos ni sabía de lo que hablaba. Pobre pequeño, cuyo padre era un maldito insecto. Pero no podíamos hacer nada al respecto. Me quedé sentada en el salón, mirándolos deliberar sobre el plan de acción para mi hijo. Como si fuera un juguete. Eso era para él, un maldito juguete. Pero no, era un niño. ¿Por qué, dios padre? ¿Por qué? Solo me pasaba esto a mí, supuse. Y a madres como Narcisa, cuyo esposo era un miserable mortífago.