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Bajo llave — capítulo 15
--HHPG--** Me quedé sentada, mientras sostenía a Lisander entre las piernas. Lisander era un lindo nombre. Estábamos en mi cama y Ginny estaba limpiando la cuna y colocando sábanas limpias. Yo, colocaba sobre su cuerpo, la ropa de diario. Era tan lindo, aquel regalo que la sra. Weasley me había hecho. Un conjunto negro con rayas rojas. Lo hacía lucir tan grande. Solo quería abrazarlo. Solo quería abrazar sus pequeños brazos, contra mí. Acariciar su brillante cabello negro y mirar sus brillantes ojos. Tan brillantes como los de su padre. Bien, era como él. Gran novedad para mí. No me importaba, lo amaba y para mí no había nadie igual. Aunque mi corazón gritara por ser liberado. Por quedarse dentro de las paredes donde el de Harry, estaba durmiendo. Pero desde que él lo había desahuciado del suyo, de sus labios...¿por qué iba a molestarme en abrirle las puertas? Aún recordaba nuestra experiencia sexual. Me sentí como una mujer fuerte, como una roca. Nada podía detenerme. Pese a lo rudimentario que decidimos experimentar, en el suelo, nada podía detenerme. Ni mucho menos a él. Me subí a horcajadas, me quedé en silencio... lo miré en el suelo. jadeaba y trataba de comprender qué lo había golpeado. Era yo. Ante todas las heridas en su cuerpo y piel, yo también quería un poco de él. Y debo decir con propiedad, que me encantó poderlo hacer una realidad. Yo al final, era suya. Puesto que... bien, él me hizo así. Él me hizo comprender a través de todo el curso y el resto de lo que sucedió luego, la guerra y todo ello, que tenía que estar a su lado. Que tenía que vivir mi vida con él. Que así debía ser hasta que ya no tuviésemos fuerzas. O en el peor de los casos, que dejásemos de amarnos. Creo que el peor caso se volvió realidad. Creo que mi peor temor me trajo hasta aquí. Pero puedo decir con todo lo que siento y dando fe de ello. Que fue un placer, pertenecerle. O haberle pertenecido. Lo demás me quedaba sobre entendido. Me explicaba que pese a ser una realidad, yo había esperado lo mejor de algo cuyo destino era el fracaso. Sinceramente no sé por qué creí que eso sería lo mejor en mi vida. Por qué permanecía despierta, mientras él dormía. Sí fue lo mejor, pero tan pronto me lo dio... él me lo quitó. Creí muy pronto como para decir que cada momento que iba a pasar con él, iba a ser un tesoro guardado en mi corazón. Ahora solo quería cerrar mis ojos y extrañarlo. — Listo, ya he limpiado la cuna y este señor, ya puede volver a quedarse allí. Necesita dormir mucho, para crecer sano y fuerte. Ginny lo sostuvo entre sus brazos y el pequeño soltó un pequeño sollozo. Imaginé que se trataba de hambre o cansancio. Pero no, ella sonrió cuando miró sus brazos mojados. Había tenido un accidente. — Oh, pero si tenemos un bebé orinado. Sonreí mientras ella caminaba hacia la cama y lo recostaba allí. Al menos no habíamos ensuciado la ropa. Mientras lo cambiábamos, Ronald entró en la habitación. Era hora del almuerzo y al vernos, sonrió y miró al pequeño. — Los niños grandes, no se orinan— bromeó y Ginny le preguntó si aquel manchón que encontró en su cama ayer, era suyo o de Lisander. Dejó de bromear y miró a Ginny de mala gana. Con una risa suave, Ginny me devolvía a mi hijo. Limpio y contento. Parecía emocionado. Oír reír a Ginny, solía despertar sus sentidos. Supuse que se trataba de todo el tiempo que pasaban juntos. Mientras yo trataba de descansar. Mientras yo trataba de solventar su vida. Me reí, cuando Ron trataba de hacer reír a mi hijo. Me hacía reír a mí con sus payasadas, mi hijo aún era muy pequeño para reírse. Suspiré y decidí que era hora de comer. Que ambos necesitábamos comer. Mi pequeño me lo recordó, cuando el olor del almuerzo llegó hasta su nariz. Tenía hambre y necesitaba comer. Lo coloqué entre mis brazos, mientras almorzaba. Al terminar el almuerzo, Tonks decidió que era su tiempo de jugar con él. A mí no me inquietaba. Entre más tiempo pasara con todos ellos, más aprendería. No dejaba de decirle a Lupin, que quería tener un hijo como el mío. Noté que se ponía nervioso; al escucharla decir aquello. Suspiré una vez más, cuando Alastor y Snape, volvían a discutir el asunto de mi hijo. De qué hacer con una audiencia que se aproximaba. Con un ministro que decidiría qué era más importante. Como ya dije, las masas estaban por encima. Seguramente, él sería sacrificado. Mi bebito sería sacrificado como una burda bruja en las épocas de aquellas mentalidades cuadradas. Me sentí tan poca cosa en ese momento, que creí llorar entre todos ellos. Pero no, solo tuve la sensación. Mi hijo me miraba, abnegado, mientras Tonks jugaba con él. No podrían quitármelo. No iba a permitirlo, aunque me costara la vida y ser llamada traidora universal. Era mi bebé. El único hijo que tenía. — Debemos protegerlo. No sabemos si es un horrcrux o no. Cómo podríamos saberlo, con un niño tan pequeño como él. Podría ser cualquier cosa.— dijo Alastor y Remus coincidió con él. Kinsgley trataba de meditar qué ocurriría luego. Muchas cosas sí. Pero no un objeto de peligro. Me quedé sentada, oyéndolos hablar, una vez más. No teníamos otras cosas en las qué pensar. La audiencia vendría pronto. En un par de días. Tres según escuché de la sra. Weasley. Tonks se quejaba. Tildaba a Harry de inhumano. No lo era. Ya no. Sonreí, cuando mi hijo había tomado una cucharilla y trataba de llevársela a la boca. Snape estaba sentado a pocos metros de mí, eso era lo que estaba usando para cenar y bien, mi hijo lo había marcado como suyo. Era muy fuerte, pese a su edad temprana. Más fuerte que yo, incluso. Me disculpé con él y le quité la cucharilla de las manos. La podía dejar caer o golpearse con ella. Sucedió lo primero, en cuanto me descuidé. Snape se inclinó para tomarla y notó que mi hijo la quería de vuelta. Negó con la cabeza y dijo: "Estará sucia para cuando te la lleves a la boca". Me sorprendía aquello. Hasta él, era mejor padre que mi esposo. Y hablaba de Snape.