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Bajo llave — capítulo 16
--HHPG--** Esa mañana, desperté con un brioso llanto de mi hijo Lisander. Parecía que estaba fastidiado de estar en la cuna. Quería que lo sacara de allí y eso hice. En cuanto lo recosté en la cama, giró y boca abajo terminó dormido. Me acomodé, para evitar que resbalara o continuara girando y lo miré. Estaba cómodo, entre una muralla de almohadas y sábanas. Yo sonreí y me dije que tener un hijo, era algo maravilloso. En cuanto desperté, Ginny nos miraba con una sonrisa. Yo me encogí de hombros. El bebé no dormiría, si no me acompañaba en la cama. Se lo comenté y ella rió. Quizá descubrió que yo estaba más cómoda que él; en la cama. Fuera como fuera, ambos despertamos para el desayuno que amablemente, Tonks subía a la habitación. Al bajar las escaleras, Severus estaba al pie de ellas y junto a él estaba Harry. Me detuve en seco y fue entonces, cuando sentí todo el peso del pasado. Snape me miró en silencio y se apartó para que yo bajara. Pero yo no iba a bajar. No con Harry allí, mirándome seriamente. Yo, el resto del mundo y Snape, no existiésemos. Solo el niño. — Potter y usted, hablarán. Yo me sentaré justo a usted, Granger. Supervisaré que Potter; no se pase de listo. Bien, al menos con eso contaba. Ladee mi cabeza hacia una esquina de la casa y me dije si podía perderme en una de las grietas allí visible. Sonreí con sarcasmo, mientras Harry caminaba militarmente hacia el sofá y se sentaba con una sonrisa escueta. Me recordó tanto a Snape, que sentí escalofrío. Pero Snape al menos, solía ser más civilizado que eso que estaba sentado frente a mí. — ¿Qué es lo que quieres? Harry no me contestó y me miró de mala gana. Con un suspiro suave, miró al bebé que sollozaba ligeramente. Estaba algo intranquilo. Seguramente tenía cólicos. Lo miré, mientras él solo le sonreía como si estuviera mirando a su hijo amado. Él solo miraba las formas de destrozarlo. De hacerlo añicos y obtener lo que deseaba. Inspiré, tratando de serenarme. — Su destino será decidido mañana en la tarde. ¿Su destino? ¿Decidido? Miré a Snape, que miró a Harry con una expresión dubitativa. Como si aquello fuese un chiste pésimo. Ladee mi cabeza, evitando que él mirara mis lágrimas. No Potter. Sino mi hijo. — No puedes andar hablando enserio de cosas como esas, Potter. No puedes andar por allí, diciendo semejante ridiculéz. Eso es una estupidéz sin sentido. ¿No se te ha pasado por tu brillante seso; que es tu hijo? ¿Que es un ser humano, de apenas un par de semanas? Harry negó con la cabeza y eso me atravesó como una bala fría en mi cálida sangre a punto de reventar. Pero claro. Así era. Estábamos hablando de Potter. Severus nos miró con mucho detalle. A mí y a mi hijo. Harry se levantó del sofá y Snape se preparó para cualquier eventualidad. Cosa que no sucedió en realidad. Lo único que hizo, fue caminar hacia la puerta de salida y antes de salirse, se dio la vuelta y nos miró. — No tengo más opciones, Hermione. Rompimos el sello que mi madre había mantenido sobre mí y ahora es un horrcrux libre. Viviente. Es un trozo de un alma que me pertenece. — ¡Pero entonces, tú también lo serías! ¿Vas a suicidarte? No me contestó y sonrió suavemente. — Yo destruiré a Voldemort. Y sin embargo no desearía que ese niño tuviera la misma fortuna que tuve yo. Ser perseguido para resurgir. No tenía sentido. Harry desapareció, llenándome de desasosiego. Por supuesto, por qué no pensé en ello. Estaba tratando de salvarle la vida a mi hijo. ¡Pero si pudo sobrevivir, él también podría! Estaba de acuerdo en que era una vida muy complicada, pero de todas formas... Era mi hijo. Ahora comprendía lo que Lily sentía. Suspiré en silencio y simplemente me senté nuevamente. Empalidecí o algo parecido, porque Snape pareció "preocupado". Colocó una mano sobre el reposa brazos del sofá y no dejó de mirarme. — No tiene sentido. — Pienso igual que usted, Granger. Pero así es Potter, más estupidéz que seso. No contesté semejante cosa. Porque en realidad, hablaría mal de mi esposo. Que ya necesitaba un buen escarmiento. Pero quizá no podía oír sus lágrimas, mientras me decía aquello. Quizá no podía oírlo desesperarse, mientras declaraba a su hijo como una amenaza. O quizá no estaba sintiendo nada de ello. ¿Cómo saberlo? Estaba empezando a sentirme devastada, cuando... Cuando recordé el motivo que nos había unido. Me levanté con violencia, sosteniendo a nuestro hijo. Tenía entre mis manos, al subir a mi habitación, un brazalete. Un regalo de cumpleaños. Colqué al bebé en la cuna y frente a los ojos de Snape, solo lo reventé en millones de pedazos y cuentas, que cayeron al suelo. No quería volver a verlo. No quería sentirme horrcrux de Harry Potter. No nuevamente. Solo quería que toda esa pesadilla se terminara. — Granger, cálmese. No le hará bien. No... — ¿Qué no me hará bien? ¡Ya con todo esto basta! Estábamos de acuerdo en eso. Severus me dejó sola y yo simplemente me deshice en un suspiro. Me eché a llorar en la cama, mientras miraba al pequeño Lisander. Parecía que se sentía igual que yo, porque también lloraba. Ante sus lágrimas, Ginny subió las escaleras y al verme solo un abrazo recibí. Solo eso necesitaba y eso quería. Que alguien me abrazara y jamás me soltara. Que alguien sanara mis heridas. Que alguien protegiera a mi hijo, en dado caso que yo fallase. Porque si fallaba, él iba a ser lo único importante de nosotros dos que iba a quedar en el mundo. La descendencia de los Potter. De haber tenido una peuqeña hija. Seguro aquello se habría perdido. Quizá eso habría sido lo mejor. ¿Para qué mentir? Pero bien. Esperaba que al menos Lisander, fuese un gran Potter. Que al menos amara a una mujer, con frenesí y que jamás le hiciera pasar algo como esto. No, nunca. Puesto que la guerra ya habría terminado y ya no tendría valor significativo. Él podría ser feliz con la mujer que amara. Por eso yo estaría allí, intentando conseguirlo.