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Bajo llave — capítulo 9
--HHPG--** Aquella noche, no pude dormir. No quería cerrar mis ojos ni dejarme vencer por el sueño. Permanecí sentada en la cama, mientras una torrencial lluvia caía y hacía sonar el tejado. Eso mantenía a mi bebé calmo, pero a mí me mantenía con insomnio. ¿Cómo podía dormir pensando en todo lo que había visto, como imágenes de flash en mi cabeza? — Hermione. ¿Estás dormida? — No, Ginny. ¿Qué ocurre? Ladee la cabeza sintiéndola acomodarse en la cama. No me había dejado sola luego de lo que ambas habíamos visto. Inspiró en silencio y se inclinó para encender la lámpara de noche que teníamos en la pequeña mesa de noche a nuestro lado. — Harry. Ese no puede ser él. Estoy segura de que ese no era él. Yo quería pensar en lo mismo. Pero cuando lo miraba, sabía que era él. En sus abrazos y sus besos. Pero claro, ya no podía pensar en ello. Porque ya no me besaría. Mucho menos me abrazaría. Solamente sería un beso de muerte. Una última despedida entre nosotros dos. Lo demás quedaba más que sentado. Quedaba finiquitado. — Ese Harry que acabas de ver, es el que yo conozco. Es que existe ahora y no podremos hacer otra cosa, sino acostumbrarnos. Inspiré y tragué con fuerza, las lágrimas iban a ganarme. Pero Ginny comprendía. Ella sabía de lo que estaba hablando. Sabía del dolor que había formado parte y de todo lo que había visto. De todas formas, no podía ocultar mis deseos más profundos. Mis deseos de que él cambiara con el tiempo y se diera cuenta de quién soy. Pero... ¿acaso mi deseo más profundo se podría hacer realidad. No sabía a ciencia cierta. Temía que fueran solo banalidades. Que yo estuviera durmiendo despierta y no mirara más que destrucción tras destrucción. Ginny me miró en silencio. Las lágrimas me habían ganado y se me habían disuelto en las mejillas. No tuvo otra opción que abrazarme. Y eso fue lo que hizo. No lo había hecho desde que había llegado allí. Al menos conscientemente. Sin duda alguna, ya no podía con el sentimiento que tenía entre mis manos. Entre mis pulmones. Eso llamado corazón. No podía con él. — Tranquila, Hermione. Ya verás que podremos superarlo. Tú preocúpate por cuidar de tu hijo. Por mantenerlo sano y feliz. ¿Podría eso ocurrir? ¿Podría él nacer sin la preocupación de que su padre iría detrás de él y acabaría con su vida? Él quería lo mejor para el mundo. Pero... ¿no podía yo ser un poco egoísta y pedir que él buscara lo mejor para mí? Harry ya no pensaba en nosotros. ¿Para qué? Era seguramente más productivo para él, pensar en sus victorias. En sus conquistas. Al menos tengo la dicha de poder decir, que era la mujer que él amo y consideró para tener un hijo. Pero pese a lo que yo estaba sintiendo, muchas cosas pasaban lejos de mi vista. Harry estaba sentado en el sofá de nuestro viejo salón. Estaba admirando una fotografía nuestra y resoplando en el silencio frío de aquel día. Algo podía decir, que Harry pensaba semejante a mí en ese aspecto. Que algo de mí, tenía que quedar dentro de él. Suspiró y soltó aquella fotografía en la mesa y la miró de reojo. No era malo. Para mí él no era malo. Solo estaba confundido. Solo tenía miedo. — Yo aún creo en él. Pese a todo el miedo, pese a las dudas. Creo en él, Ginny. Tengo que creer en él. Es el hombre que amo y... el matrimonio es para ello. Para creer en la pareja. Esa noche o madrugada, dormimos más que antes. Luego de habernos confesado nuestras dudas y temores, las cosas se hicieron más sencillas. Con una sonrisa esperanzadora, Remus caminó hacia nosotras y el desayuno. Al menos trataba de avivar el humor en la casa. — ¿Cómo está el desayuno hoy? ¿Delicioso? — Sí. Está muy bueno, Remus. Eres un gran chef— dijo Sirius y Snape, soltó otro de sus comentarios sarcásticos. Un día normal dentro del cuartel de la orden. Muy agradable habría sido, de no llevar sobre nosotros un peligro inminente. Tal cuál era, todos los santos días de nuestras vidas. — Será mejor nos vayamos ya, Sirius. Tenemos mucho trabajo por hacer y el tiempo parece que no mejorará. Antes de que llueva. — Sabes muy bien que bajo mi forma animal, no importa tanto mojarme. Parezco un perro cualquiera. — Te enfermarás y es contraproducente. Severus los miró mientras ambos discutían y negó con la cabeza. Con una sonrisa maliciosa, corroboraba su teoría. — Parecen un par de ancianos casados. Además, Black... te hace falta un baño para quitarte las pulgas de encima. Me sonreí ante la expresión de Sirius y la mirada de Snape. ¿Qué podía hacer? No pude evitarlo. Tenía que reírme de algo. Sirius despegó los labios y alzó un dedo. Luego negó con la cabeza y caminó junto a Remus, hacia la puerta. — Adiós Hermione. Cuida bien de ese niño.— me dijo y yo asentí. Severus se quedaba a cuidarnos. Nymphadora quizá nos haría una visita. Ese día, mientras Severus estaba ocupado leyendo, yo le enseñaba cartas que Harry me había escrito. Durante nuestro noviazgo, Harry me escribió muchas cartas mientras estuvo en Privet Drive. Muchas de ellas, contenían el mismo tópico. De igual manera, a mí me gustaba atesorarlas con mi vida y mirarlas de vez en cuando. Cuando me sentía perdida, recordaba de dónde venía y entendía cuál era mi rumbo a seguir y qué debía hacer a continuación. Soportar hasta agotar. Estábamos muy cómodas en la cama, mirando las diversas escrituras de Harry. Algunas hicieron reír a Ginny. Era muy tonto para el amor, pero muy bueno para disuadir los sentimientos de una mujer. O los míos. Había hecho un gran trabajo conmigo. Misterios de la vida, que todo hubiera terminado en malos términos. Aún así, esas cartas no dejaban de representar placer para mí. Ginny suspiró, recordando a ese viejo Harry. Imaginándoselo volver, siendo él. Algún día. Me decía mi mente en silencio. Algún día. Las cartas terminaban en mi historia de cómo había creído que estaba embarazada. No solo por mi periodo retrasado, sino por ciertos antojos y deseos de tenerlo cerca de mí. Abrazarlo hasta asfixiarlo y de comer mucho dulce. Eso confirmó muchas cosas para mí. Le conté una anécdota de los cinco meses. Cuando casi perdía al bebé por descuido y exceso de ejercicio. Por misterios de la vida, el niño había soportado todo eso. Pero la ira de su padre... ¿Podría soportarla?