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Bajo llave — capítulo 8

--HHPG--** Esa mañana, el cuartel estaba en tensión. No se trataba de un enemigo, se trataba de él. Se trataba de Harry Potter. Ese día, él iba de visita. Desperté escuchando la voz agitada de Sirius, mientras le indicaba a Snape que debía ocultarme. Con una inspiración fuerte, me pregunté en qué otro armario iba a terminar metida. Sirius me prometió que sería corto y estaría bien. En realidad no dudaba de su palabra, pero tampoco me fiaba de que Harry iba a hacerse el tonto. Sabía que me habían ayudado a escapar. Esa mañana, ni siquiera pudimos intercambiar palabras. Ginny se quedó junto a mí, dentro de la habitación. Yo estaba sentada en la cama, intentando alejar todo pensamiento negativo de mi mente. Realmente como si eso pudiera ser posible. Él llegaba a este cuartel, quién sabe para qué cosa y yo no podía evitar pensar que los ponía a todos en riesgo. Me levanté aireada, pero Ginny me pidió que permaneciera sentada. ¿Cómo podía hacer eso, sin enfrentarlo? ¿Cómo podía simplemente quedarme allí sentada, imaginando lo que él era capaz de hacer? Me negué varias veces, pero no tenía opciones. Harry podía hacerme daño a mí y a mi hijo. Debía dejar mi orgullo a un lado y pensar en él. Plegarme a sus necesidades. No podía ir de buenas a primeras y lanzarme al peligro. No era estúpida.  Aunque mis pensamientos me sumieran en la estupidéz momentánea. No podía hacerlo. Ginny tenía razón mientras me lo susurraba. Abajo, los tres hombres esperaban pacientemente. Harry iba a dar sus impresiones sobre la caza de los horrcruxes. Pero parecía que en verdad, Lord Voldemort se iba a presentar en el cuartel de la orden. Por supuesto los tres estaban calificados en muchas técnicas, que aún a Harry y a mí nos eran desconocidas. Pero eso no lo detendría. Me levanté aunque Ginny me lo había implorado y miré a través de una pequeña abertura de la puerta. Alguien caminaba hacia ellos tres y supuse era él. El resto de la orden aún no regresaba de hacer sus pesquisas mortífagas. — Nos honra con su presencia, el señor Potter.— Sabía que Severus lo provocaba, pero Sirius creía que eso no era una buena idea. Harry los miró a los tres y jamás había visto tanta soberbia en sus verdes ojos. Me dio tanto miedo que desvié la mirada y respiré. Recordaba esos ojos sobre mí, en la rendija de aquel armario en el que estaba. Harry no había dicho nada en ese momento. Alzó la mirada hacia donde estábamos Ginny y yo, y ambas sentimos un escalofrío que recorrió nuestra piel, con la misma intensidad. Ladee la cabeza para mirarla y ella comprendió lo dañado que él estaba. Ya no era el mismo. — No hay nadie más que nosotros.— Dijo Lupin con voz tranquilizadora. Ron no estaba en ese preciso momento. La sra. Weasley le había pedido que la acompañara a ver a su esposo. De haber estado allí, quizá lo habría golpeado para hacerle entender la verdad. No sabía si no estar o estar, era lo mejor para nosotros. Harry esbozó una sonrisa suave y los miró con mucho orgullo. Atípico en él. — No creía que hubiese alguien aquí, profesor Lupin. — ¿Y bien? ¿Qué has encontrado, Harry? — Sirius. He encontrado que son siete horrcruxes. Pero que de todas formas solo hay seis. Me hace falta uno que... Supuse qué iba a decir, pero Snape se había adelantado al hecho. Caminó hasta rodear el sofá y se dejó caer en él, frente a Harry. Él apenas lo miró, seguía focalizando su vista sobre la habitación en la que estábamos. — El séptimo eres tú, Potter. Me asombra tu poco razonamiento. Si no lo recuerdas, te lo explicaré de forma corta y precisa. El señor tenebroso tiene una conexión contigo, gracias al hechizo que te lanzó cuando eras solo un infante inocente. Ahora, vives de ello tras esa marca en tu frente. Tras esos poderes que sin duda, no te mereces. — Me asombra su capacidad de ser impertinente cuando así lo desea, que es casi siempre, profesor Snape. Pero yo me refería al séptimo horrcrux transmitido fuera de mí. Si mal no recuerda, el niño fue concebido cuando la magia que me protegía se rompió. Ese trozo de alma que era, se transmitió a un nuevo corazón. — Puede, sí. Aunque no ha sido comprobado y no lo vamos a comprobar. Matar a un niño inocente no es un acto de valentía para salvar a la humanidad, Potter. — Pero a los suyos, poco les interesa ese aspecto... profesor Snape. A Voldemort poco le interesa que... — ¡No menciones su nombre! Harry había sonreído y yo supuse que eso no estaba bien. Que algo maligno se avecinaba sobre nosotros. Sirius alzó una mano de forma apaciguadora. Severus estaba pálido, respirando apenas como si dependiera de un fino hilo de vida. Ginny trataba de mantenerse callada, pero de los gritos, gemía de la impresión. — Mientras, nos dedicaremos a destruir al resto— comentó Sirius y Remus asintió suavemente. Aunque no entendía qué harían con el séptimo. Comenzaba a creer que a mi hijo no le quedaba otro remedio, que sucumbir a las manos de su padre. A las manos que ya no eran piadosas. — Hago lo mejor por el destino de la humanidad— dijo y Snape había soltado un bufido, como si se tratara de mi gato. — Lo dudo mucho, Potter. — Eso usted no puede medirlo, puesto que no está a su altura. Sin duda alguna, Harry había cambiado lo suficiente como para enfrentar a Snape. Bueno, siempre lo hacía. Pero esta vez era diferente. Se dio la vuelta y sostuvo su varita frente a él. Ya podía aparecerse. Éramos ya, mayores de edad reglamentariamente. Con una inspiración fuerte, lo vimos partir y nos preguntamos qué iba a hacer a continuación. Cómo si no lo supiésemos. De todas formas, Ginny suspiró y sonrió ligeramente. Parecía que estábamos a salvo por los momentos. Los tres se dispersaron al final y Sirius subió hasta donde nos habíamos refugiado. Trató de sonreír, pero yo lo entendía. Ese no era ni la sombra de su ahijado. Ese ya no era su Harry.